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Castigar a los responsables, reestatizar la Vale y construir un nuevo modelo.
Hace un año ocurrió el mayor crimen de la historia del país cometido por una empresa contra los trabajadores, comunidades y medio ambiente. La ruptura de la represa I de Mina Córrego-Feijão da Vale, en Brumadinho, provocó en pocos minutos la muerte de 272 personas (oficialmente), la mayoría obreros y obreras de la Vale, además de habitantes de la región. Destruyó centenas de casas, el río Paraopebas, contaminó el río San Francisco, mató millares de animales y plantas, arruinó a pequeños propietarios rurales y comunidades, inviabilizó la vida en la aldea de los indios Pataxós.

Por: Geraldo Batata, Contagem, Mina Gerais – Brasil

La ciudad de Brumadinho vive un epidemia de enfermedades y sufrimientos mentales. El consumo de remedios para la depresión y la ansiedad explotó en la ciudad. Aumentaron los casos de suicidio. La vida de la ciudad está marcada para siempre por el luto y la tristeza. La mayoría de los muertos fueron identificados solamente por exámenes de DNA en partes del cuerpo, enterrados con el cajón cerrado…

El impacto de las muertes de Brumadinho, los traumas, el dolor, el sufrimiento, solamente puede ser comparado con las guerras. Una masacre, un crimen hediondo promovido por criminales con sed insaciable de ganancia. Eso solamente ocurre como consecuencia del grado de decadencia del capitalismo en el país.

La Vale es reincidente. Cuatro años atrás, en Mariana, 20 personas perdieron la vida. Destruyó ríos, canales, el río Doce (uno de los mayores del país), y… ningún ejecutivo de la Vale fue punido, como tampoco ninguno de sus cómplices que gobernaban y permitieron esos crímenes.

En primer lugar, nuestra total solidaridad con las familias, vecinos y amigos de la población de Brumadinho, con su dolor y su luto. Todos los que murieron son nuestros muertos. Sentimos juntos el dolor y el luto. La clase trabajadora de todo el país y de todo el mundo siente el dolor de Brumadinho.

El capitalismo decadente, parasitario, colonial, racista…

¿Qué explica que, en la alborada de la segunda década del siglo XXI, en que la humanidad alcanzó un grado de desarrollo tecnológico impresionante, este tipo de crimen sea posible? Lo que ocurre en Brumadinho no es algo que ocurre disociado de la realidad más general que vive el país.

No por casualidad ocurrió cuatro años después de la ruptura de la represa de Fundão, en Mariana. La lógica por detrás de este tipo de crimen, sus requintes de crueldad, son resultado directo del saqueo imperialista que vive el país. Un saqueo de riquezas, de productos primarios, tal como ocurría en los tiempos de la colonia, y que también se da sobre hospitales, escuelas, empresas públicas, tornando una diaria desesperación la vida de las personas.

Como también ocurría en la colonia, los explotados, antes esclavos, afectados por la minería, tienen color y clase social. En el informe “Minas, no más”, elaborado por investigadores de diversas universidades del país, se apunta que los mayores afectados fueron la población negra de baja renta. En los primeros kilómetros de destrucción por la lama tóxica, 63,7% de la población es de no blancos y la renta media es de R$ 475,25 (alrededor de 100 dólares).

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Claro, los crímenes de esos sirvientes del capital quedan impunes. Como los torturadores de la dictadura quedan impunes. Los señores de esclavos y sus capitães-do-mato [milicias represoras], que torturaban y dilaceraban los cuerpos de nuestros antepasados, se volvieron héroes de la patria. La justicia burguesa garantiza la impunidad. En Mariana, los ejecutivos de la Samarco fueron indiciados, para enseguida después ser promovidos por la Vale, y siguieron cometiendo crímenes, fraudes en los informes, terrorismo sobre las comunidades.

Además de la justicia, los gobiernos garantizaron sus intereses. Zema (Novo), luego de asumir el gobierno del Estado, así como Bolsonaro, se apresuraron en ponerse a favor de la minera. “Una fatalidad”, decían ellos. Pimentel (PT) no fue diferente cuatro años atrás. Al contrario, aceleró los procesos de liberación de licencias y actuó para facilitar que la Vale continuase cometiendo sus crímenes. Una cobardía y una sumisión increíbles por parte de esos gobernantes. Dóciles funcionarios de un almacén comercial. Bolsonaro, por ejemplo, aparece autoritario combatiendo las luchas contra la homofobia, el machismo y el racismo, defensor quijotesco de la familia tradicional, pero, ¿adónde está en la defensa de la familias afectadas por los crímenes de la Vale?

El otro lado de esa riqueza es que no es solamente con la ruptura de las represas que se destruyó el medio ambiente. La propia extracción, con la forma parasitaria de la Vale, destruye las reservas de agua, las nacientes, las matas, altera el clima de las regiones, y pone en riesgo el abastecimiento de agua para millones de personas.

La Vale expulsó familias después de la tragedia

Y el terror continúa también para las familias alcanzadas en los municipios mineros por la lama invisible. Barão de Cocais, Santa Bárbara, Nova Lima, Itatiauçu, Ouro Preto, municipios donde los informes de las represas fueron fraudados y la población vive bajo la posibilidad de ruptura de represas ya en vías de ocurrir. Familias fueron expulsadas de las tierras, y fueron desactivados y cercados por la Vale algunos distritos, en los cuales se construyeron muros y se transformaron esas áreas en posibles áreas de explotación de minerales.

¿Qué motiva tales crímenes?

Ganancia. Nada más que eso. Pero en un grado sin precedentes. La Vale tuvo un ingreso líquido de R$ 409.000 millones de reales entre 2012 y 2018. Extrajo casi 3.000 millones de toneladas de mineral de hierro, produciendo otros miles de millones de residuos depositados en las represas, como la de Córrego do Feijão. Otras 17 corren el mismo riesgo de ruptura. La Vale produce también otros minerales, pero centra su ganancia en el mineral de hierro.

Para producir tal riqueza se necesitan decenas de miles de obreros y obreras que extraen, procesan, trasportan, embarcan y entregan por miles de kilómetros, en China, en los Estados Unidos, en Europa. Estos viven con la incertidumbre de garantía de empleo, otros miles tercerizados fueron despedidos, también víctimas de los crímenes de la Vale.

No obstante, la apropiación de esa riqueza es privada. Un puñado de capitalistas, banqueros, fondos de inversión, se quedan con la mayor parte de la ganancia. El lucro es enviado a miles de kilómetros, a bolsas de valores, para “inversores”, para el mercado financiero, nombres que nadie conoce, Littel, Bradesco, Mitsui, que se quedan con 27% del lucro líquido (en promedio). Mientras que trabajadores se quedan con 5% de la riqueza producida, 4% son impuestos.

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Privatización de la Vale y políticos en los bolsillos

Para garantizar ese saqueo es que la Vale fue privatizada en 1997 por Fernando Henrique Cardoso (FHC). Y así permanece hasta hoy. Pasados los gobiernos Lula y Dilma, que en lugar de revertir las privatizaciones ayudaron en el crecimiento de las mineras y su saqueo de riquezas. Por otro lado, se beneficiaron durante años de contribuciones a sus candidaturas en elecciones. Es bueno que se diga, en materia de corromper políticos la Vale siempre estuvo a la cabeza, y mantiene en su bolsillo a concejales, alcaldes, diputados, gobernadores y presidentes, de varios partidos.

Los crímenes de la Vale, la impunidad de los ejecutivos, demuestran con una pasible crueldad que la democracia en el Brasil es la de los ricos y son garantes del saqueo de las riquezas y de la regresión colonial. Por último, Bolsonaro, un gobierno de ultraderecha, defensor de la dictadura, de la tortura, que ataca las libertades democráticas, racista, homofóbico, machista, es el “joven propaganda”, la cara decadente de la decadente burguesía nacional.

Estatización de la minería bajo control de los trabajadores y de las comunidades

Cuando hablamos de capitalismo decadente en el país, estamos diciendo sobre algunos factores importantes para el desarrollo del país como nación independiente. Mientras para el país queda la explotación de productos primarios de bajo valor agregado, que agrega poca tecnología, la industria de punta es destinada a otros países. El crecimiento de la producción minera y del agronegocio hunde aún más el país en el subdesarrollo.

Una tonelada de mineral de hierro es vendida a China por R$ 400 (en media). Un celular Xiomi 9T, producido en China e importado, es vendido a R$ 2.300 y pesa 150 gramos, o sea 1 kilogramo de celular significa 6,6 toneladas de mineral de hierro y 6,6 toneladas de residuos.

Para aumentar sus ganancias, las mineras y el agronegocio aumentan vertiginosamente la producción. Mientras las principales industrias nacionales fueron privatizadas y desnacionalizadas, el agronegocio y la minería avanzan hacia tierras indígenas, quilombolas, sobre la Amazonía y el Cerrado.

El “Brasil moderno” es más parecido con una colonia que con cualquier país desarrollado. Por ese mismo motivo es que los grandes empresarios avanzaron para acabar con los derechos de los trabajadores y flexibilizar las legislaciones ambientales y de seguridad del trabajo. Por ese motivo también, está permitido que los ejecutivos de las mineras y del agronegocio comentan sus crímenes bárbaros. Una economía primaria exige menos derechos, precarización, salarios más bajos, esclavitud económica. Ni siquiera es preciso garantizar agua potable, proteger ríos, el medio ambiente, las condiciones básica de vida.

La burguesía nacional no tiene proyecto de desarrollo nacional. Si antes se contentaba con migajas de la producción industrial permitidas por el imperialismo, hoy se contenta con crear OSs para asumir el control de hospitales y escuelas privatizadas, o retroceden a productores de carne, soja y café. Si antes abastecía directamente materia prima para las multinacionales, hoy está prematuramente colocada como accionista minoritaria en fondos de inversión. Es una burguesía que precisa ser derrotada [si se quiere] revertir esa tendencia a la decadencia.

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Por eso, un programa que revierta las tendencias de destrucción de nuestro país, de empeoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo, de pérdida de las libertades democráticas, que castigue a los verdaderos responsables por los crímenes de la Vale en Mariana y Brumadinho, significa un enfrentamiento que, necesariamente, va a meterse con el lucro directo del capital financiero. Debe partir de la estatización de la Vale y de las mineras, de la reparación a los afectados, con la reconstrucción de las economías, la estabilidad del empleo de los trabajadores de la empresa, de los activos y de los tercerizados, la prisión y la confiscación de los bienes de los ejecutivos de la empresa.

Para garantizar también que esos crímenes no continúen, la gestión de la empresa debe ser puesta en manos de los obreros y obreras, con participación de las comunidades de las ciudades mineras. Son las comunidades y los trabajadores los que pueden definir la mejor manera de extraer riquezas respetando la vida del conjunto de la población.

La única garantía de que ese programa sea aplicado es promover un gran proceso de movilización unificado de los trabajadores, de los afectados, de las comunidades bajo riesgo de las represas. También es preciso que los sindicatos, las centrales sindicales, pongan ese programa en su temario, como parte de la lucha contra los ataques del gobierno Bolsonaro y Zema. De inmediato, es preciso organizar, aglutinar las fuerzas de los afectados, unificar a la clase trabajadora, realizando un gran encuentro para organizar la lucha por este programa.

Con el control de las mineras en manos del capital financiero, desgraciadamente, crímenes como los aquí relatados continuarán sucediendo. Esa es la esencia del capitalismo en el Brasil. Una fuente de saqueo para el imperialismo, y de dolor, sangre y muerte para la población trabajadora.

Traducción: Natalia Estrada.