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El crimen de la empresa de minería Vale produjo la muerte de por lo menos 350 seres humanos, número que puede ser incluso mayor. Este verdadero asesinato, con matices de crueldad, produjo una mezcla de luto, consternación e indignación en el país.

Por Geraldo Batata, de Contagem (Minas Gerais, Brasil)

Las imágenes chocan. Obreros encima del dique, corriendo desesperadamente para huir, mientras sus cuerpos se mezclan con el lodo de desechos tóxicos en cuestión de segundos.
El lodo sigue su curso, mientras sangre y uniformes se unen a los desechos tóxicos. Sin embargo, para la multinacional Vale, los obreros que generan la riqueza de la empresa no pasan de desechos.

Más abajo, otro grupo es engullido por la pared de 20 metros de altura, que corre a una velocidad de 114 kilómetros por hora. Todo es destruido delante de ellos. El comedor fue barrido con por lo menos 100 obreras y obreros en horario de almuerzo. En minutos, el lodo baja, destruyendo decenas de casas, fincas, posadas, plantaciones y llevándose también a los habitantes y sus animales.

En Brumadinho y en toda la región de la Gran Belo Horizonte, las familias lloran a sus parientes, vecinos, amigos de infancia. Compañeros y compañeras de trabajo de otros turnos se desesperan por la falta de noticias y, a cada día que pasa, solo una certeza permanece: no existen más posibilidades de encontrar a sus seres queridos con vida. Los cuerpos son rescatados en pedazos y enterrados con cajones cerrados, con fotos encima. Algunos jamás serán encontrados. El luto va a perdurar y nuestras memorias se mezclan con el polvo de los minerales. ¡A los proletarios solo nos resta transformar nuestra indignación en acción!

En caso de que todavía haya dudas de que nos encontramos ante un asesinato, la noticia divulgada por la Policía Federal de que la Vale estaba consciente, dos días antes del rompimiento del dique, de que los sensores responsables por monitorear la estructura del dique no funcionaban, le pone fin a la discusión.

Los dos mayores “accidentes” ambientales de la historia del país, el asesinato inmediato de centenas de personas, sin contar las que se verán afectadas por la contaminación, no pueden ser clasificados como “accidente”. Además del fraude de informes falsificados, orquestado por los ejecutivos de la Vale, para “economizar” en la construcción y manutención de diques seguros, garantizando la falta de seguridad y la remuneración de los accionistas, bien sentados en sus sillones en Nueva York, debemos buscar en las relaciones sociales, construidas por detrás de este accidente, sus causas más profundas.  Las relaciones capitalistas, en un país cada vez más dependiente del imperialismo, la expoliación de la población trabajadora y el saqueo de nuestras riquezas estimulan y crean las condiciones para este tipo de catástrofe: el acelerado proceso de recolonización de Brasil y su “especialización”, todavía mayor, en producir productos primarios, como el mineral de hierro, a precios bajos en el mercado mundial son las razones por detrás de este asesinato.

Brumadinho muestra la etapa de la decadencia del capitalismo brasileño y de la división internacional del trabajo, en la que Brasil se encuentra rebajado a exportador de materias primas, mientras sectores enteros de la industria son desactivados. Es lo que llamamos desindustrialización relativa.

Las características generales de este proceso, llamado “recolonización” o “reversión colonial”, no podrían ser otras: el retorno de las relaciones sociales al siglo XIX, con matices de barbarie. Las privatizaciones, así como la destrucción de los derechos con la reforma laboral; el desmonte de conquistas sociales, como salud y educación públicas. El empeoramiento considerable de las condiciones de vida de la población, la destrucción del planeta en niveles nunca vistos, el genocidio de la juventud negra, la destrucción de las fuerzas productivas y la pérdida de la soberanía son rasgos, no solo en Brasil, sino en toda América Latina y en el conjunto de los países semicoloniales.

Los crímenes de la Vale en Mariana y Brumadinho forman parte de este proceso. Además de afectar millones de personas con los asesinatos en el momento de explosión del dique, la destrucción sigue por la falta de agua potable, las enfermedades, la destrucción de ríos y cuencas hidrográficas importantes, como el Rio Doce, el Rio Paraopeba y, probablemente, el Rio São Francisco. Las víctimas no pueden ser contadas solamente por el número de cuerpos que los bomberos encuentran enterrados en el lodo – vale decir que están trabajando incansablemente con sus salarios atrasados -, la destrucción del medio ambiente significará también, a corto plazo, la muerte de un número superior de personas.

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Migajas imperialistas

La cobarde burguesía brasileña acepta pasivamente las migajas que el imperialismo le tira a la mesa, aunque el precio sea la destrucción del país. Antes aliada al proyecto “nacional-desarrollista”, promoviendo alguna industrialización dependiente del capital internacional, hoy se dedica a saquear el Estado, a través de títulos de la deuda pública, de la corrupción y de la exportación de productos primarios a costa de la sangre de la población y de la destrucción del medio ambiente.

Su servilismo al imperialismo mata cualquier posibilidad de desarrollo, incluso de la economía capitalista del país. Su decadencia produce la barbarie: la caída de viaductos, los museos quemados, el genocidio de la juventud negra, la destrucción del Amazonas. A lo que se le suma ahora la destrucción de ríos y cuencas hidrográficas importantes, que afectarán la vida de millones de personas, mientras los directores de la Vale ganan un salario de más de R$ 23 millones.

El social-liberalismo del PT, de Lula y Dilma, profundizó esa dinámica y sus consecuencias. Utilizando dinero público del BNDES, financiaron grupos económicos en los sectores en que el imperialismo permitía la entrada del país en las mercancías intensivas en recursos naturales: la propia Vale, privatizada por Fernando Henrique Cardoso (FHC), JBS, BRFoods, Gerdau, CSN. El objetivo utópico era entrar en el mercado mundial con grandes empresas capaces de dominar o, por lo menos, disputar nichos del mercado, autorizados por el imperialismo, en empresas cuyas acciones también son controladas por los fondos de inversiones del capital financiero internacional, aumentando así la sumisión del país.

Una “Vale” de lágrimas

A partir de 2010, la Vale paró la explotación de otros tipos de minerales y amplió su producción de mineral de hierro. Además de aplicar una reestructuración productiva y la precarización en las relaciones de trabajo que, entre otras cosas, llevó al despido de por lo menos 12 mil trabajadores.

Fue privatizada por US$ 3 billones de dólares, en 1997, y solo entre 2000 y 2017 la empresa tuvo una ganancia líquida de US$ 86 billones de dólares. Mientras el lucro se dispara, el aumento de la productividad alcanzado por la empresa se relaciona con los millares de despidos, el empeoramiento constante de las condiciones de trabajo y la destrucción inaudita del medio ambiente, con la connivencia de los gobiernos estadual y federal.
Desde la privatización, la producción aumentó en 300%, o sea, se multiplicó por cuatro. Para ello, se utilizaron métodos de producción arcaicos, sin inversiones en nuevas tecnologías. A medida que avanzan los rasgos parasitarios de la actividad minera, más evidentes son también los rasgos autoritarios. La expansión de la producción y, por consecuencia de los diques, se hace utilizando el método de dique más barato y también más arriesgado. Era el mismo usado en el dique de Fundão, en Mariana.

Los análisis de los impactos de esas expansiones fueron realizados sin tener en cuenta las condiciones físicas de los diques, sin discusión con las comunidades, muchas veces perseguidas por sicarios, contratados por las empresas de minería, y presionadas por los alcaldes y concejales, financiados por la Vale. Como ya dijimos, acompañados por despidos, tercerizaciones y precarización de las relaciones de trabajo.
Además, el fraude en los licenciamientos ambientales evaluados por los gobernantes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves, Anastasia y también Pimentel (Partido de los Trabajadores-PT), estimularon la creación de varios “relojes bomba” en el Estado. Son 698 diques estimados y por lo menos 300 de ellos presentan riesgos. Algunos de ellos están abandonados hace décadas sin ningún control del Estado.

Corrupción de los gobernantes

Para expandir la barbarie, las empresas de minería realizan inversiones en las campañas electorales de los principales candidatos en todos los estados en los que tienen actividades. El financiamiento de las campañas electorales se extiende a la Cámara Federal, el Senado, las Asambleas Legislativas, los Ayuntamientos, las Cámaras Municipales, la llamada “bancada del lodo”. En las elecciones de 2014, la Vale gastó R$ 82 millones, en 25 Estados. Son 139 parlamentares estaduales y 101 federales, además de siete gobernadores y diez senadores, electos en 2014 – para la legislatura que culmina ahora – que cuentan con alguna participación de las empresas de minería en sus campañas.

La corrupción se extiende también a la esfera judicial. La Vale debe billones en multas ambientales, laborales o relacionadas con la seguridad social, sin que eso signifique una intervención o que gobernantes o el poder judicial la obligue a pagarlas. En Mariana no pagó ninguna multa por haber matado 19 personas, destruido diversos poblados, destruido arroyos y el Rio Doce, afectado la vida marina y de los pescadores.

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Eso garantiza que esos gobiernos desguacen los órganos de fiscalización y concesión de licencias ambientales. Además de aprobar leyes que limiten las multas en caso de desastre o que faciliten la concesión de los licenciamientos. En 2015, por ejemplo, 20 días después del rompimiento del dique de Fundão, en que murieron 19 personas, el gobernador del PT, Fernando Pimentel envió un proyecto para la Asamblea Legislativa, sancionado en 2016. Los cambios en ese proyecto fueron usados por la Vale para aprobar la expansión en 70% de la Mina Córrego Feijão, en Brumadinho.

Además de la facilidad de licenciamiento, también hay fraudes en los informes ambientales, promovidos por empresas contratadas y directores de la propia Vale. En este momento se cuestiona la validez de informes de otras minas, promovidos por los mismos que certificaron la Mina de Córrego Feijão. Podemos tener otros desastres consecutivos. En la expansión de la Mina Casa de Pedra, de la CSN, en Congonhas, el desastre puede ser mayor todavía. Un coloso de 50 millones de metros cúbicos (seis veces mayor que la de Córrego Feijão), 76 metros de altura, clasificada como clase 6 (más alto grado de riesgo), que acecha millares de familias, como un recuerdo de que sus vidas penden de un “hilo”. La sed de la CSN por lucro quiere aumentar 11 metros alimentados para abastecer el bolsillo de los accionistas y crear más pánico en la población.

El capital financiero y el imperialismo profundizan la “rapiña”. Desde el caso Mariana, las acciones de la Vale crecieron 200% en relación a 2015. O sea, cuanto menor es el “costo” para mitigar la destrucción del medio ambiente, más lucros para los accionistas. A partir de 2017, los accionistas extranjeros consiguen cambiar la composición accionista y pasan a tener el control absoluto de la Compañía. Lo que tampoco es un proceso aislado, forma parte de la entrega del país, mantenida intacta por el gobierno Bolsonaro: la “venta” de la Embraer para la Boeing, las subastas del pré-sal para las multinacionales y la ofensiva sobre los derechos laborales y de la seguridad social.

El caso de Brumadinho y la Vale evidencia todas las relaciones de clase entre el Estado y el capital financiero internacional, la servidumbre de la burguesía nacional y de los gobiernos, de todas las esferas, el racismo colonial y la imposición y desarticulación de comunidades. La falta de interés con la vida de los trabajadores y la precarización del trabajo y los derechos sociales.

La Vale, los sindicatos y los movimientos sociales

La Vale tiene una política de cooptación muy fuerte. El sindicato Metabase de Brumadinho está en manos de la Vale. Esto ocurre en varias regiones mineras como Mariana, Nova Lima en Minas Gerais y también en el complejo de Carajás, en el estado de Pará. Este hecho no solo le permite a la empresa aumentar la explotación directa de los trabajadores, sino también dificultar la alianza de los trabajadores de la Vale con la población local, que sufre los efectos de la destrucción, causada por la acción predadora de la empresa.

En el otro extremo existen movimientos que buscan representar a los perjudicados por la destrucción causada por la Vale. Sin embargo, en su mayoría, colocan las reivindicaciones de las víctimas en oposición a los intereses de los trabajadores, que quieren preservar sus empleos, así como de las ciudades que sobreviven en función de la existencia de las minas. Esta perspectiva no clasista conduce eses movimientos a los brazos de la conciliación de clase con algunos de sus dirigentes, asumiendo cargos en el gobierno del Estado en la gestión de Pimentel.

En lucha contra la Samarco cumplieron justamente el papel de dividir el movimiento al proponer políticas que intentaban preservar el gobierno Pimentel y el PT. LLegaron al sectarismo de criticar la minería por ser minería, sin hacer una crítica al sistema capitalista y al modelo exportador de materias primas. Todo ello llevó a la población a clamar por empleos y a caer en los brazos de sectores de derecha que defendían la vuelta de la Cia a cualquier. costo.

Gobiernos de Zema y Bolsonaro propusieron ampliar los desastres
Durante y después de la campaña electoral pasada, tanto Zema (actual gobernador de Minas Gerais) como Bolsonaro, propusieron ampliar los desastres ambientales. Zema, semanas antes de Brumadinho, estaba negociando la facilidad del retorno de las operaciones de la Samarco en Mariana. En la campaña electoral, llegó a proponer que las propias empresas de minería se “auto certificaran”, o sea, que produjeran las licencias. O que las auditorías independientes realizasen el proceso de licenciamiento ambiental, al estilo de la Tuv-Sud, empresa de consultoría alemana que certificó que no había problema en el dique de Córrego Feijão en Brumadinho. Jair Bolsonaro llegó a decir varias veces que acabaría con la industria de multas del IBAMA, para favorecer el agronegocio y las empresas de minería.
Ahora, tanto el ministro del Medio Ambiente, Ricardo Salles, ex secretario del Medio Ambiente de São Paulo, como el Secretario de Medio Ambiente de Minas Gerais, Germano Luiz Gomes Vieira, son acusados de favorecer a las empresas de minería. El ministro responde a diversos procesos de improbidad administrativa en su gestión. Algunos por favorecer empresas de minería. El secretario de Minas Gerais, Germano Luiz, es prácticamente un funcionario de la Vale. Cambiaron los gobiernos, pero él se mantiene en el cargo: sirvió al gobierno del PT y ahora permanece en el cargo durante el gobierno Zema. Fue él quien firmó las normas, flexibilizando las concesiones de licenciamientos ambientales.

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Prisión a los ejecutivos y estatización inmediata de la Vale

Existe hoy una mezcla de luto, dolor y desolación en la ciudad y en toda la región, pero también de indignación con la Vale y con los gobiernos cómplices. Eso puede sentirse en todos los lugares de Minas y del país.

El crimen de la Vale en Brumadinho no puede quedar impune. Debemos exigir prisión para el presidente de la Vale y para todos los ejecutivos involucrados en este asesinato. Prisión también para los cómplices en los gobiernos, independiente del partido al que pertenezcan, pues ellos favorecieron y aceleraron el licenciamiento fraudulento para la expansión y funcionamiento de los diques.

Pero eso no basta. La clase trabajadora debe comenzar a entender que por detrás de estas tragedias y crímenes, más allás de quien aprieta el gatillo, existe un sistema, el capitalismo, que busca apenas el lucro y está dispuesto a destruir todo lo que se le ponga por delante para garantizarlo. Nuestra lucha es también contra los gobiernos vinculados a los intereses de las grandes empresas. En ese momento de crisis, ambos, sistema y gobiernos, arrastran a la humanidad hacia la barbarie, las muertes y la destrucción de las fuerzas productivas (de la humanidad y de la naturaleza).  

Saludamos a los trabajadores de la Mina de Fábrica en Congonhas que se paralizaron por cuatro horas, el último 31 de enero, en protesta contra la empresa. Esta acción debe ser encarada solo como un inicio para construir una fuerte alianza con la población trabajadora e impedir nuevos asesinatos.
En este sentido, el 25 de febrero, a un mes del asesinato en Brumadinho, debemos luchar con todas nuestras fuerzas para organizar una huelga general en el Estado. Debemos luchar para construir una amplia unidad entre los sindicatos, las centrales y los movimientos sociales contra la barbarie capitalista, instalada en Minas, que avise al gobernador Zema y a Bolsonaro que no aceptaremos otras Marianas ni otros Brumadinhos. No permitiremos, señores de las bolsas, que continúen matando a nuestros hermanos y nuestras hermanas, que continúen destruyendo nuestros ríos y peces, que acaben con nuestra tierra, para garantizar sus banquetes y su sed insaciable de lucro. Iremos a la lucha y a la resistencia para construir un futuro sin miedo y sin sangre.

Traducción: Davis