Compartir

La última encuesta de la Datafolha mostró una caída significativa en la popularidad de Bolsonaro: 38% considera que el gobierno es malo o pésimo, o sea, reprueban a Bolsonaro, mientras 29% lo considera bueno u óptimo. Más allá de la fotografía del momento, la encuesta indica una tendencia a la baja, en la medida en que Bolsonaro está perdiendo apoyo incluso de su base tradicional. Todavía mantiene 29% de aprobación, lo que, por ahora, no es un nivel de ingobernabilidad. La tendencia de caída, sin embargo, indica que Bolsonaro puede caer más. Él puede ser derrotado.

Por: Editorial Opinião Socialista n.° 577

Pero no va a caer o parar de hacerlo solo. No es dejar todo como está para ver como queda. El camino para organizar la defensa es articulando el ataque. Además, defensiva y ofensiva se relacionan de forma mutua en la lucha de clases, se articulan.

El proyecto de Bolsonaro expresa y responde a la profunda crisis capitalista. El largo estancamiento y la decadencia del país fueron parcialmente enmascarados por algún tiempo; con la crisis, cayó la posibilidad de concesiones, aunque fuesen mínimas, a los más pobres.

El proyecto de tierra arrasada de Bolsonaro es ultraliberal y autoritario. Está anclado en por lo menos cuatro pilares: ataque total a la soberanía y total entrega del país a los Estados Unidos; guerra social, superexplotación, semiesclavitud de la clase trabajadora y el pueblo pobre; destrucción del medio ambiente; un gobierno autoritario, de dictadura, para imponer ese proyecto hasta el final. Por eso precisa derrotar a la clase obrera, a la juventud, los quilombolas, los indígenas y todos los sectores explotados y oprimidos.

Las manifestaciones espontáneas contra la destrucción de la Amazonia fueron expresivas y demuestran la disposición y la capacidad de lucha de la juventud y de la clase trabajadora. La reacción de los pueblos indígenas, su unidad, e incluso la disposición para la autodefensa, la autodemarcación y la recuperación de sus tierras de los invasores, demuestra que va a haber combate. Las asambleas masivas de los petroleros todo el Brasil son otra demostración de fuerza.

Lea también  Derrotar a Bolsonaro y su proyecto. Ecuador muestra el camino

Sin embargo, esa disposición de lucha, que genera esperanza y alegría, no tiene correspondencia en las organizaciones de los trabajadores, como las centrales sindicales (excepto la CSP-Conlutas) y los partidos de la oposición parlamentaria, como el PT, el PCdoB y incluso el PSOL y sus respectivos frentes electorales.

Las burguesías imperialista y parte de la brasileña, así como los grandes medios, incluso divididos y haciendo reparos en el proyecto autoritario de Bolsonaro, apoyan su proyecto económico al por mayor. Apuestan con controlar o impedir sus exabruptos más dictatoriales vía el Congreso o el Supremo Tribunal Federal (STF). La oposición parlamentaria, por su parte, no se propone construir una oposición que de hecho pare a Bolsonaro.

Por el contrario, la oposición meramente “marca posición” en los corredores alfombrados del Congreso, deja correr los ataques, a la espera de las elecciones de 2020 y 2022 para capitalizar su desgaste. PT y PCdoB (y también PDT y PSB) entran en el juego de la burguesía y aceptan negociar, conciliar o apoyar parte de los planes de ajuste. Las cúpulas de las principales centrales se echaron para atrás en la construcción de la Huelga General, los gobernadores de oposición defienden la reforma de la Previsión en sus Estados, el PCdoB apoya la entrega de la Base de Alcântara [segundo centro de lanzamiento de cohetes del Estado brasileño, ndt] a los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, buscan construir frentes amplios o democráticos y electorales que no organizan, no movilizan y no sirven para unificar la lucha de los trabajadores y derrotar a Bolsonaro. Solo ponen a la clase a la cola de sectores y figuras burguesas como Rodrigo Maia.

Lea también  20 de setiembre: millones fueron a las calles en protesta global

Alertamos que tenemos dos desafíos frente a este gobierno:

1) Buscar construir un amplio frente único para luchar, capaz de parar a Bolsonaro. Hacer unidad para luchar en defensa del empleo, de la jubilación, de los derechos laborales, de la Amazonia, de la educación, de la juventud pobre y negra de la periferia, de todos los sectores oprimidos, de la Petrobras 100% estatal, contra las privatizaciones, por las libertades democráticas, y contra todo autoritarismo. Esa lucha defensiva es decisiva para dar vuelta el juego, derrotar a Bolsonaro y su proyecto de dictadura y semiesclavitud. Es un desastre no parar a Bolsonaro con la acción directa y esperar su desgaste para capitalizar en las elecciones. Mientras tanto, la Amazonia se prende fuego, millones continúan desempleados, las universidades y la educación son destruidas, las libertades democráticas son atacadas y el país se torna el patio trasero de los Estados Unidos. El PSTU defiende la unidad para luchar, y si las cúpulas [sindicales y políticas] no vienen, será preciso superarlas. La construcción de una huelga general continúa siendo necesaria.

2) Es preciso presentar un proyecto alternativo que realmente transforme el país y no un mero proyecto liberal más deshidratado. El Brasil precisa de una nueva independencia, que solo podrá ser garantizada por los trabajadores movilizados, organizados, por una revolución socialista. Ese proyecto socialista solo podrá ser aplicado por un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de consejos populares. Para hacer que sean los capitalistas lo que paguen por la crisis y garantizar empleo, revocación de las reformas laboral y previsional, dinero para educación, salud y defensa del medio ambiente, suspendiendo el pago de la falsa deuda a los banqueros, revocación de la PEC [Proyecto de Enmienda Constitucional] del techo de gastos, garantía de la Petrobras 100% estatal bajo control de los trabajadores, y el fin de todas las privatizaciones.

Lea también  Brasil | petróleo en las playas del nordeste es un desastre ambiental más y revela la podredumbre del capitalismo

¡Vamos a la lucha! Bolsonaro quiere hacer del 7 de setiembre un día de defensa de la dictadura y defender un nacionalismo fake news. Él es un mero lacayo de Trump.

El día 7 vamos a las calles en defensa de la educación, de la Amazonia, de la Petrobras, y contra Bolsonaro. El día 20, comienza la Semana de Clima. Es necesaria una nueva huelga general.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.