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El derrame de petróleo que afecta las playas nordestinas desde el comienzo de setiembre es un verdadero crimen contra el medio ambiente y es una muestra más de la pudrición del sistema capitalista. Las manchas de petróleo ya alcanzaron casi 140 puntos de playas en todos los Estados nordestinos.

Por: Gilvani Alves, de Aracaju (SE) y Roberto Deyvis, de Fortaleza (CE)*

El Estado de Sergipe (SE), más afectado por el petróleo, tuvo que decretar estado de emergencia. Ya fueron recogidas más de 130 toneladas de petróleo y, según entrevista cedida por el presidente de la Petrobras el 8 de octubre, el petróleo no daba señales de estar retrocediendo.

Hasta ahora, se encontraron más de diez animales muertos, entre tortugas y un ave marina, como consecuencia del contacto con el material. Pero no se sabe todavía la extensión de los daños ambientales que este desastre causará. El ecosistema costero del Nordeste es muy frágil, con arrecifes de coral, mangales y ensenadas rocosas, y puede ser seriamente perjudicado por el contacto con el petróleo. En los mangales es prácticamente imposible remover el petróleo y serán necesarios varios años para su completa recuperación. El Proyecto Tamar, que cuida de la preservación de las tortugas marinas, suspendió la liberación de más de 600 pichones de tortugas en el litoral norte de Bahia por miedo al contacto con el material.

Existe incluso preocupación de que acaben siendo contaminadas las tortugas que van a desovar en las playas y los pichones que nacen en los nidos y se dirigen al mar. Además, existe preocupación de que el petróleo alcance la desembocadura del río San Francisco, la principal fuente de abastecimiento de agua y sustento con la pesca en varios municipios nordestinos.

Hasta ahora no se descubrieron los responsables por el derramamiento. Se sabe apenas que el petróleo tiene origen venezolano. Pero ya se descartó que este haya brotado naturalmente del fondo del océano. Entonces, se trata ciertamente de un derrame a propósito o accidental, fruto de la actividad comercial.

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De una forma u otra, se trata de un crimen ambiental grave, que debe ser punido ejemplarmente. Incluso si se trató de un derrame accidental, el silencio de los responsables durante más de un mes, después de que fueran arrojadas más de 130 toneladas de petróleo al mar, los hace culpables tanto como si el derrame hubiese sido a propósito.

Bolsonaro y su ministro del Medio Ambiente, Ricardo Salles, intentan sacarle el cuerpo y pasar la responsabilidad del desastre a Venezuela, de donde es el origen del petróleo. Pero la verdad es que, independientemente de cualquier responsabilidd que pueda haber por parte del gobierno venezolano, los principales responsables por el desmantelamiento de los órganos de fiscalización ambiental y por la proyección que toman desastres como estos, son, sí, Bolsonaro y Ricardo Salles. El gobierno, en las palabras del propio Bolsonaro, no está preocupado con “a porra da árvore” [“la mierda de árboles”] o del medio ambiente, incluso después de la repercusión internacional y las protestas en el mundo entero como consecuencia de las quemas criminales en la Amazonía.

Ellos están preocupados, sí, con abrir las puertas para el desmonte y la devastación ambiental en función de garantizar las ganancias del agronegocio, las mineras y los bancos. Reflejo de eso son los ataques del gobierno al Inpe, al ICMBio y al Ibama. Hasta mediados de agosto de este año, el Ibama disminuyó en 29,4% las multas aplicadas por crímenes ambientales en el país, en función del desmantelamiento del organismo, a pesar del aumento evidente de los ataques al medio ambiente.

Además, el remate de la Petrobras y la privatización del petróleo brasileño causan serios problemas ambientales, sin contar que es un ataque a la soberanía nacional. Este año ya hubo dos derrames de petróleo de grandes proporciones en la operación de la empresa. Uno en la hondonada de Campos, en Rio de Janeiro, en un navío plataforma, y otro en la refinería de Suape, en Pernambuco, que llegó a afectar áreas de mangal. No es posible tener producción de petróleo de manera ambientalmente responsable con la privatización y el desmantelamiento de la Petrobras. El gobierno no está preocupado con la preservación del medio ambiente. Eso quedó claro en la última subasta de la Agencia Nacional de Petróleo (ANP) que llegó a ofrecer campos que quedaban dentro del Parque Nacional Marinho de Abrolhos, a pesar de recomendaciones contrarias del Ibama a raíz de los riesgos ambientales que eso podría ocasionar.

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No podemos confiar que este gobierno llevará hasta el fin las investigaciones de este otro desastre ambiental. Así como no hizo las investigaciones sobre las quemas en la Amazonía. Por eso, es muy importante la participación de la sociedad civil a través de las universidades, de los organismos de control ambiental y de las entidades de petroleros, para garantizar que se hagan las investigaciones con las consecuencias debidas. Los culpables por este crimen deben ser castigados ejemplarmente, con multas y casación del derecho de ejercer cualquier tipo de actividad comercial en aguas brasileñas.

Además, es preciso parar con el desmantelamiento de los organismos de control y fiscalización ambiental para que este tipo de desatres pueda ser detectado a tiempo y sus efectos mitigados. Es necesario, también, reestatizar la Petrobras bajo el control de los trabajadores, para que la explotación de la actividad petrolífera sea hecha de manera que respete el medio ambiente.

Los trabajadores y el pueblo deben continuar luchando para derrotar a Bolsonaro y su ministro “exterminador del futuro”. El capitalismo es incompatible con la preservación ambiental, porque en primer lugar viene siempre la ganancia. Ellos no dudan en arrojar centenas de toneladas de petróleo en el mar o en quemar millares de kilómetros cuadrados de selva para aumentar sus ganancias. Es preciso destruir el capitalismo y construir un gobierno socialista de los trabajadores antes de que la sed de ganancia acabe con el planeta.

*Gilvani es técnica ambiental de la Petrobras, dirigente del Sindipetro Alagoas/Sergipe, y presidente del PSTU en Sergipe.

*Deyvis es químico y dirigente del PSTU en Ceará.

Traducción: Natalia Estrada.