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La crisis capitalista mundial está lejos de acabar. En los últimos 20 días, los fondos de inversionistas extranjeros retiraron US$ 5 mil millones de los países llamados emergentes y se los llevaron a los países ricos. De esos, US$ 1.2 millones salidos de América Latina, colocando a Argentina contra las cuerdas y desvalorizando las monedas de los demás países. El real brasileño tuvo una desvalorización del 14%. Eso pone a las deudas en dólares del país más caras en reales, y los productos, que el país exporta y sus riquezas, más baratas para los capitalistas internacionales.

Por PSTU-Brasil

La guerra social no para en todo el mundo y en Brasil. Aquí, la vida sólo empeora. El desempleo continúa aumentando, dejando millones de trabajadores pasando necesidad y hasta hambre. La precarización del trabajo y el apriete salarial viene aumentado, aún más, luego de la reforma laboral.

La situación sólo no está peor porque, con la Huelga General [del año pasado], impedimos la reforma de la Previsión. En los sectores de la clase, incluso, hay huelgas durísimas que han derrotado el corte de derechos y la implementación de la reforma laboral de la patronal y de los gobiernos.

¡Necesitamos de una rebelión! ¡Que los ricos paguen la crisis!

En tanto aquí, para los de abajo, la vida va haciéndose más difícil, los de arriba aumentan la explotación y, en medio de la crisis, preparan las elecciones. Las elecciones no van a cambiar la vida. Casi todos los candidatos que se presentan, de Bolsonaro (ex militar, homófobo y racista que se presenta a la presidencia del país) al PT, defienden que hay que hacer la reforma de la Previsión contra los trabajadores y gobernar para los ricos.

Nosotros necesitamos organizar a los de abajo para derrotar a los de arriba y tomar las siguientes medidas para acabar con el desempleo, garantizar la vivienda, salud, educación, transporte y acabar con la violencia:

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– Reducir la jornada de trabajo a 36 horas, sin reducir los salarios, y realizar un plan de obras públicas necesarias, que genere empleo y construya viviendas, puestos de salud, hospitales y escuelas y garantice el saneamiento básico para el 100% de la población.

– Revocar la reforma laboral, la ley de tercerización y las medidas de Dilma contra o PIS (Programa de Integración Social) y el seguro de desempleo. Impedir cualquier reforma de la Previsión, sea de quien fuera.

– Suspender el pago de la deuda pública a los bancos y hacer auditoría. Ese robo tiene que acabar. Ese dinero debe ir para salud, vivienda, educación, tecnología. En ese sentido, es necesario acabar con la Ley de Responsabilidad Fiscal, que pone como prioridad del país el pago a los banqueros.

– Estatizar y poner bajo control de los trabajadores los bancos y las 100 mayores empresas.

– Hacer la reforma agraria, regularizar las tierras indígenas y los quilombolas.

– Apresar a todos los corruptos y corruptores, confiscar sus bienes y estatizar las empresas comprometidas en corrupción, bajo control de los trabajadores.

– Contra la violencia, desmilitarizar la PM, garantizar la elección de delegados en las comunidades y dar a la población el derecho al armamento y la organización de la autodefensa en los barrios. Acabar con la intervención militar en Río de Janeiro.

– A 130 años de la abolición sin reparaciones, ¡reparación YA! Acabar con el racismo y con la matanza de la juventud pobre y negra de la periferia. Combatir la LGBTfobia, garantizar el derecho al nombre social y que la transexualidad deje de ser una patología. Implementar un plan de educación que enseñe la diversidad en las escuelas. Acabar con la violencia contra las mujeres. Promover derechos y salario iguales para trabajo igual a mujeres, negros y negras, LGBT’s e inmigrantes.

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Estas medidas sólo pueden ser tomadas por un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne apoyado en consejos populares. Para conquistarlas, necesitamos de una rebelión. Queremos una nueva sociedad dedicada a atender las necesidades de las personas y no la ganancia. Una sociedad socialista sin explotados y sin explotadores.

No compre gato por liebre

Las elecciones no van a cambiar al país. Ellas deben ser usadas para aumentar nuestra organización, preparar nuestra lucha y hacer avanzar, entre los trabajadores, la conciencia y la comprensión de lo que sucede.

Es importante saber que Bolsonaro, al contrario de lo que piensan algunos jóvenes obreros, no es lo que parece. El votó a favor de la reforma laboral y defiende la de la Previsión.

Alckmin, Meirelles, Maia, Marina son peores de lo que fue el gobierno de FHC y Doria en la prefectura de Sao Paulo. Ciro Gomes es otro que va a acabar con nuestra jubilación si es electo. Ya gobernó Ceará y no cambió nada.

Lula, que muchos dicen de ser un mal menor, si fuera candidato (o cualquier otro del PT en su lugar) ya prometió la reforma de la Previsión a los banqueros y empresarios. El PT gobernó el país durante 14 años, dio mucho más dinero a los banqueros que a los pobres, y nuestro país continúa tan desigual como siempre fue.

Guilherme Boulos, del PSOL, junto con el PT, Ciro Gomes (PDT), Manuela D’ávila (PCdoB) y el PSB, conforman un Frente Amplio. Discuten un proyecto común para el país y el compromiso de apoyo mutuo en la segunda vuelta. Boulos, en reciente entrevista en TV Cultura, se presentó como ala izquierda de las demás candidaturas, pero no defendió ninguna propuesta que pueda enfrentar la crisis que tenemos aquí de raíz. No propone ni siquiera la suspensión del pago de la deuda pública, defiende simplemente aumentar impuestos a los ricos.

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Al revés de proponer el fin de la desigualdad social, defiende la igualdad de oportunidades, o sea, defiende gerenciar el capitalismo. Propone cambiar al país con elecciones, plebiscitos y propuestas superficiales. Un programa hasta, incluso, más comedido que el del PT de algunos años atrás. Este camino de administrar el capitalismo con distribución de renta, nosotros ya lo vimos.

Debemos defender una rebelión y un proyecto socialista.

Traducción Laura Sánchez