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Sumado a la crisis sanitaria, social y económica, el gobierno Bolsonaro ve ahora un nuevo repunte de la crisis política. Después de la dimisión de uno de los pilares del bolsonarismo, Sergio Moro, fue la ocasión del recién investido ministro de Salud, Nelson Teich, pedir las cuentas. Teich, quien asumió el Ministerio prometiendo ser un buen ventrílocuo de Bolsonaro y de los militares, y lo hizo muy bien, no quiso asumir el riesgo de obedecer al presidente y decretar el uso de la cloroquina de forma indiscriminada.

Por Diego Cruz

Detrás de eso está la desesperación e Bolsonaro en hacer volver la economía a costa de centenas de millares o de más de un millón de vidas. Como él mismo confesó durante una entrevista al Datena, “si la economía se funde, acaba el gobierno”. El gobierno y su proyecto de poder, electoral o dictatorial.

Gobierno chiquero

Si la salida de Moro por sí sola ya desgastó al gobierno, sus desdoblamientos prometen tener consecuencias peores. Cuando cerrábamos esta edición, el video de la reunión ministerial en que Bolsonaro habría dicho que intervendría la Policía Federal de Río para proteger a sus hijos y amigos estaba en manos del Supremo Tribunal Federal. Pero ya es muy evidente que Bolsonaro intentó interferir en la PF para alejar a sus hijos, Queiroz y alejarse él mismo.

Por si ya no fuese crisis suficiente, explota una nueva bomba que puede colocar en jaque inclusive la propia elección de la lista Bolsonaro-Mourão. El empresario ex aliado Paulo Marinho acusa a la Policía Federal de haber filtrado al entonces diputado Flavio Bolsonaro la operación Hogar de Jaguar, la misma que identificó movimientos de 1,2 millones de reales en la cuenta de Queiroz, su entonces asesor. Mas que eso, la policía habría pospuesto la operación para después de la segunda vuelta en aras de no perjudicar la elección de Bolsonaro.

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Un acuerdo frágil por arriba

Al mismo tiempo en que la crisis política se profundiza, Bolsonaro se aísla y parte a la ofensiva como un cachorro herido. Instiga a los empresarios a atacar a los gobernadores y a la cuarentena, además de colocarlos contra el STF e intenta reforzar la base de su gobierno con dos movimientos.

Por un lado, refuerza aún más el ala militar, que de forma vergonzosa se muestra dispuesta a todo para mantenerse en el poder. El general Heleno demostró eso al calificar de “antipatriótica” la posible divulgación de la reunión ministerial. En realidad, la reunión muestra bien que de patriótico este gobierno no tiene nada. Tiene, sí, mucha bajeza, incluyendo a los militares.

Ya el vice Mourão culpó a los gobernadores y hasta a la prensa por la pandemia y por la crisis, llegando a hacer una amenaza velada de golpe.

Por otro lado, Bolsonaro cerró con el “centrão” comandado por figuras como los expresidiarios Roberto Jefferson y Valdemar da Costa Neto. Es por eso que la temperatura dio una bajada en la relación con Rodrigo Maia (DEM). Si antes el bolsonarismo elegía a Maia como enemigo número uno, ahora los dos conversan en cuanto el presidente de la Cámara permanece sentado sobre los treinta pedidos de impeachment.

La mayor parte de la burguesía no quiere un impeachment ahora. Aunque prefiera un gobierno de centro derecha más adelante, aún sustenta a Bolsonaro con la promesa de reabrir la economía a cuesta de una política genocida y de mantener a Paulo Guedes y su proyecto ultraliberal.

Maia y la oposición liberal tocan el proyecto que la burguesía quiere y cuenta con la legitimación de la oposición parlamentaria de conciliación de clases. Esta hasta ahora había adoptado, por la presión de la base y de forma oficial, el “Fuera Bolsonaro”, no lo colocó como una tarea de verdad. La realidad, sin embargo, puede empujar ese proceso.

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Estando frágil y con una base que se puede romper, sin embargo, es aún un gobierno peligroso, que ocupa el aparato del Estado con militares que viven chantajeando con amenazas de autogolpe. Intentan también organizar un sector paramilitar, que hoy es bien pequeño, pero que la clase necesita enfrentar

Fuera Bolsonaro y Mourão

Desgaste del gobierno y la polarización se profundizan

Por abajo, el desgaste de Bolsonaro se amplía. Investigación CNT divulgada en mayo mostraba que el 43,4% consideraban al gobierno malo o pésimo. En enero, ese índice era de 31%. Aunque el apoyo al presidente aún sea de 32% hay una radicalización en la polarización. Por ejemplo, los que consideran buena la gestión de Bolsonaro crecieron 5%, pero los que la consideran pésimo subieron 10%.

El hecho es que cada vez más los trabajadores y el pueblo se van colocando contra ese gobierno genocida de forma más radicalizada. Contradictoriamente, Bolsonaro se beneficia del hecho de poder realizar protestas masivas en las calles por la pandemia. Igualmente, es fundamental una amplia compaña por el “Fuera Bolsonaro y Mourao, uniendo amplios sectores y utilizando todas las formas que fuera posible en la situación de hoy para involucrar y movilizar el amplio sector de masas que se opone a él, a fin de sacar a este gobierno. Esta es la primera necesidad de la clase trabajadora en este momento.

Traducción: Cristian González