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Llegamos al final de 2018 con el país estancado, con millones de desempleados y otros millones con trabajo precario sin derechos y sin ninguna seguridad.

Por PSTU-Brasil

El nuevo gobierno recién electo escoge sus ministros entre militares, banqueros y extremistas de derecha, con los aplausos de los ricos. Sin embargo, hay una parte de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos que se opone. Al mismo tiempo, la mayor parte de la clase tiene grandes expectativas, aunque haya un sector al que le falta entusiasmo y le sobra desconfianza. Varios de los ministros, dicho sea de paso, tienen denuncias por corrupción.

Los banqueros aplauden entusiasmados las promesas de privatizaciones, la reforma de la Seguridad Social, la retirada de derechos laborales y los cortes salvajes en gastos sociales. Además de la promesa de orden, o sea, de la represión a pobres, negros, indígenas, palenqueros [quilombolas], mujeres, LGBTs y a las luchas y organizaciones de los trabajadores.

Bolsonaro y su entorno prometen pasarle por encima a quien se oponga. Para él y sus hijos, la defensa de la jubilación es cosa de comunistas, aunque el propio Bolsonaro se haya jubilado con 16 años de contribución, recibiendo R$ 29 mil, a los 57 años. Incluso, va a ganar más de R$ 30 mil mensuales.

La máquina de noticias falsas se encenderá para convencer a la población de que la reforma va a combatir privilegios y marajás, mientras intenta atacar a los pobres y a la clase trabajadora.
Todo eso para destinar mucho más dinero al pago de la deuda pública, que consume todos los años casi la mitad del Presupuesto. Es es el mayor robo al país, que consume casi el doble de lo que se gasta en jubilaciones. Billones van a los banqueros, mientras millones de padres de familia se quedan sin trabajo. Para pagar la deuda, el gobierno impone un límite de gastos sociales.

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Paralelamente, quieren venderle Brasil a los gringos, a especuladores internacionales y a multinacionales, especialmente de los EE.UU, a precio de banana. La Petrobras, la Caixa, el Banco do Brasil, la salud y la educación públicas estarán disponibles en la feria.

Paulo Guedes, el futuro ministro de economía, es un banquero y un especulador. Es un inversor del sector de educación a distancia, que le da ganancias enormes. Él va a comandar la nueva ola de privatizaciones y de desmantelamiento de la educación pública. Es por eso que el proyecto, falsamente llamado Escuela Sin Partido, que es en realidad un proyecto de escuela de partido único, el de Bolsonaro, es una cortina de humo para privatizar la educación.

El fin de feria, que es lo que significa este proyecto ultraliberal, copiado del dictador chileno Pinochet, va a implicar la recolonización de Brasil y el crecimiento de la barbarie sobre el pueblo pobre. Para contener a los pobres y negros, ellos van a aumentar el genocidio contra ellos, que hoy mata 65 mil personas por año.

Sin embargo, no todo son flores para Bolsonaro y sus generales. Este proyecto, de cierta forma, va a dividir también a los de arriba e, incluso, a los sectores medios que votaron en el capitán para derrotar al PT y ahora van a ponerlo a prueba. Ellos tienden a reaccionar y a luchar. 

La primera tarea de todo activista de la clase trabajadora y de la juventud consciente  es conversar con la mayor parte de la clase y explicarle los proyectos del futuro gobierno. Alertarla sobre lo que se aproxima.  Que se está preparando un enorme ataque a la jubilación, que va a perjudicar a los más pobres y acabar con el futuro de la juventud. Que nos van a atacar violentamente para entregarle Brasil a los gringos y a los banqueros.

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La segunda tarea es construir una unidad lo más amplia posible para luchar. En las fábricas, en los locales de trabajo y estudio, en el campo y en la ciudad. Es necesario unir las luchas de los funcionarios, los estudiantes, los trabajadores del sector privado con los desempleados, la juventud, los campesinos, los palenqueros, los negros, las mujeres, los LGBTs y los indígenas.

La tercera defensa es la de las libertades democráticas, del derecho de manifestarse, de luchar, de expresarse y de organizarse. Luchar contra la criminalización de los luchadores, de los movimientos, de los sindicatos y de nuestras organizaciones.
Finalmente, es necesario exigirle a todas las organizaciones, sindicatos y movimientos que organicen un plan de luchas y que construyan la unidad para luchar en defensa de la jubilación, del empleo, de la educación y la salud. Es necesario construir una huelga general.

Las direcciones de las centrales sindicales no pueden hacer lo que hicieron en 2017, cuando, con excepción de la CSP-Conlutas, desmontaron la segunda huelga general, que podía haber impedido la reforma laboral y hasta haber derrocado a Temer. En aquel momento, se sometieron a la estrategia de partidos como el PT, el Solidaridad y el PCdoB, que privilegiaron las elecciones y siempre estuvieron dispuestos a negociar reformas.

La bandera de Bolsonaro no es verde y amarilla. Él quiere colocar a los Estados Unidos por encima de todo y a los banqueros por encima de todos. Solo la clase obrera, los trabajadores y los sectores populares movilizados pueden impedir la entrega de Brasil. Al mismo tiempo, para cambiarlo todo de verdad, necesitamos un gobierno de los trabajadores, que gobierne para los de abajo, en consejos populares y que pare de engordar el cofre de los banqueros. Brasil necesita una revolución socialista.

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Traducción: Davis