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La frase anterior no fue literalmente dicha en el discurso de Paulo Guedes para empresarios norteamericanos, pero podría haberlo sido perfectamente. Guedes les ofreció a los empresarios norteamericanos un país entero, de tierras a aeropuertos, petróleo, minerales, reforma de la Seguridad Social, etc. Y, a cambio, recibió de Trump una camisa, que podría haber sido una “banana”.

Por João Ricardo Soares, de la Dirección Nacional del PSTU

Brasil debe dejar el estatus de nación en vías de desarrollo en la OMC (Organización Mundial del Comercio) y el mercado norteamericano seguirá cerrado para la producción agrícola y de carnes de las empresas instaladas en Brasil. A “cambio”, el gobierno comprará 750 mil toneladas de trigo de Estados Unidos con tarifa cero. Como si fuera poco, el deslumbrado Bolsonaro entrega la base de Alcântara en el estado de Maranhão, sin ninguna transferencia tecnológica por parte de los EE.UU.

Pero los matices de crueldad sobre el pueblo brasileño y la sumisión a los Estados Unidos, expresos en las declaraciones de padre e hijo sobre el trato a los inmigrantes, sintetiza la naturaleza de los actuales gobernantes del país: Eduardo Bolsonaro, parlamentar muy bien pago, con jubilación garantizada, dice que los padres y madres de familia que huyen del desempleo en Brasil para alimentar a sus hijos ¡“avergüenzan” el país! Para no quedarse atrás, Bolsonaro, en entrevista a una TV de Estados Unidos, afirma que la “mayoría de los inmigrantes no tiene buenas intenciones” …por eso él apoya la construcción del muro en la frontera con México.

O sea, este bien nacido diputado y su padre no se avergüenzan de que un país tan rico en recursos, como Brasil, no garantice empleos para que los padres de familia alimenten a sus hijos, pero se avergüenzan de que las personas luchen de alguna forma para ganarse el pan.

Pero el hecho de mayor relevancia en esta payasada, con el perdón de los payasos, fue que Bolsonaro, al ser cuestionado sobre una posible intervención militar en Venezuela, dijo que “en lo que sea posible hacer juntos para solucionar el problema de la dictadura venezolana, Brasil estará dispuesto”.

Para nuestro flamante presidente, la dictadura brasileña es un motivo de orgullo, pero la dictadura venezolana no tanto. Esta contradicción evidencia el hecho de que ni Trump ni Bolsonaro están preocupados con el pueblo de Venezuela. Las relaciones amistosas de Estados Unidos con la dictadura de Arabia Saudita, expresa el hecho de que Trump no tiene ningún problema con dictaduras, al contrario. Digamos que su interés no está en el suelo de Venezuela, sino en el subsuelo, en su petróleo. Y Bolsonaro hace su papel de sumiso.

Tenemos que repudiar de forma amplia cualquier intento de agresión a Venezuela. Maduro debe ser repudiado como dictador, pero es el pueblo venezolano quien debe colocarlo fuera del gobierno.

Pero ¿qué revela el viaje de Bolsonaro/Guedes a Estados Unidos, además de la sumisión a Trump? Las formas grotescas y el alineamiento incondicional a Trump, repudiados por un sector de la prensa, no puede engañarnos sobre el contenido que revela, el de un país en franca decadencia, en que su clase dominante, en la era de la inteligencia artificial y de la nanotecnología, sale por el mundo vendiendo azúcar y soya y, para que sus amos compren sus productos agrícolas y minerales, les entregan a su pueblo como esclavos a los detentores del capital y la tecnología.

Claman por inversiones del amo imperialista y este les entrega promesas. A cambio exige que sirva de capataz en su ofensiva contra Venezuela y China.

La ofensiva de Trump contra China y Brasil

Un día antes de la intervención de Guedes ante empresarios, la cuestión china fue pauta en la cena de la delegación brasileña con dos gurús de ultraderecha: Steve Bannon y Olavo de Carvalho. Ambos siguen la pauta marcada por el imperialismo norteamericano: su ofensiva contra China como la “gran amenaza al mundo Occidental”. La síntesis de la cena, más allá de los habituales líos, se puede definir así: comieron buitre y eructaron faisán.

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Después de destilar frases de efecto contra China y de aparecer como un país pujante, ante las miradas, no menos preocupadas, de la representante de la burguesía agraria brasileña, la ministra de la Agricultura, se colocan a disposición del imperialismo yanki en la empresa para colocar a China “en su lugar”. Al día siguiente, la reunión entre el ministro de Hacienda de Bolsonaro y Robert Lightzer, el negociador norteamericano para los acuerdos comerciales internacionales fue un postre amargo.

Según la agencia de noticias Reuters, Lightzer no hizo ninguna declaración de amor a Brasil. El reportaje dice que “una de las mayores cobranzas del gobierno norteamericano fue sobre el tamaño del espacio que China tiene en el comercio con Brasil”. Lo que ocurre es que China es hoy el principal destino de las exportaciones agropecuarias de los empresarios brasileños.

Guedes, dispuesto a ceder a cualquier cosa, pide una contrapartida: la apertura del mercado norteamericano para la carne de los productores brasileños. Recibió un rotundo no, pero en un gesto de “buena voluntad” abrió la entrada de trigo norteamericano en Brasil  con tarifa cero. En otras palabras, Lightzer dice que no va a pagar la cuenta de la “cena”.

En el intento de salvar el viaje, Guedes coloca en pauta la famosa entrada de Brasil en la OCDE, que se transformó en una gran panacea diplomática: Brasil entra en el club de los países “desarrollados” pero los salarios se quedan en el club de los no desarrollados.

Lightzer dice: si quiere entrar en el “club”, Brasil debe renunciar al estatus de “nación en vías de desarrollo” de la OMC (Organización Mundial de Comercio), la misma exigencia que Estados unidos le está haciendo a China y es objeto de un representación en los tribunales de OMC. [1].

¿Por qué China se volvió una obsesión de Estados Unidos y de la ultraderecha?

La restauración capitalista en China colocó un billón más de trabajadores con salarios de miseria para que sean explotados por las multinacionales de Estados Unidos y de los imperialismos europeos. Pero, a diferencia de la mayoría de los países dependientes y subordinados, China mantuvo algunas grandes empresas estatales (particularmente en el sector de energía y telecomunicaciones) y el sistema bancario y controlado por el Estado (los cinco mayores bancos de China son estatales).

La mano de obra barata de China disminuyó el costo de producción de las empresas norteamericanas, particularmente de los productos electrónicos (celulares, lavadoras, TVs, etc.) que son producidos en China y exportados para Estados Unidos y el resto del mundo. Todos saben que los smartphones de Apple tienen tecnología norteamericana, pero son montados en China por la Foxcom.

Mientras le interesó a los Estados Unidos, las reglas para que sus empresas entrasen en China eran consideradas parte de un costo: las leyes chinas exigían que las multinacionales se asociasen a una empresa china para producir en suelo chino.

Este factor, aliado a la manutención de los bancos estatales, le permitió a la burguesía china tener un grado de inversión en empresas que pasaron a competir en algunos terrenos con las multinacionales norteamericanas, principalmente en relación a la famosa cuestión de la propiedad intelectual.

Un ejemplo de ello es la empresa de tecnología Huawei, que sobrepasó a la Apple en el mercado mundial de smartphones y se tornó la segunda mayor en el ranking mundial. Además, rompió una barrera importante: la mayoría de las empresas chinas que fabrican celulares, como la ZTE, importan los microprocesadores (chips) de Estados Unidos, pero la Huawei fabrica sus propios microprocesadores y es la mayor fabricante mundial de equipos para la nueva tecnología de internet (5G), de la cual dependerá el futuro de los carros autónomos y la masificación de la Inteligencia Artificial de las máquinas.

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Algunas empresas chinas entraron en un terreno prohibido por Estados Unidos y este es el motivo de la guerra comercial abierta por Trump. Él exige, entre otras cosas, la privatización de los bancos – o sea, su entrega a los bancos yanquis. Así como el fin de la competencia de estas empresas de alta tecnología, por eso también exigió de Guedes lo mismo que hizo con Australia, Nueva Zelandia y Canadá: estos países no pueden comprar los equipos de la Huawei.

En la medida en que buena parte de las exportaciones de empresas chinas y norteamericanas instaladas en China exportan para el mercado norteamericano, Trump utiliza ese factor para presionar a China en el sentido de privatizar las estatales y los bancos y entregárselos a los grandes monopolios norteamericanos.

La campaña de la ultraderecha, clamando contra la “China comunista” es otra “fake news” (noticia falsa) para esconder los verdaderos objetivos de los EE.UU. China es un país capitalista, que se industrializó rápidamente por medio de las inversiones de las multinacionales, comandado por una dictadura, en lo que no se diferencia de la forma como Brasil se industrializó.

Soya y smartphone: ¿en qué campeonato juega Brasil?

La conversación de Guedes con el representante comercial de los EE. UU, divulgada por la prensa, resume toda la historia: “Quiero entrar en la primera división. Él me dijo: entonces ayúdame a limpiar la segunda división”. Ayudar a “limpiar la segunda división” es aliarse a la ofensiva norteamericana contra China y hacer el trabajo sucio en Venezuela.

Pero la frase de Guedes (“quiero entrar en la primera división”) es como si el IBIS, el equipo de Pernambuco, considerado el peor equipo del mundo, reivindicase jugar en el próximo juego del Mundial de Clubes. La respuesta obviamente sería: “puede ser, pero antes tienes que ganar el campeonato brasileño…”. La diferencia entre el IBIS y Paulo Guedes es que el primero se considera el peor equipo del mundo y no reivindicaría jugar en la final del Mundial de Clubes, ya el segundo…

En el sistema capitalista, el poder de cada Estado y su lugar en el mundo está determinado por el poder de su capital financiero, que también se refleja en el poder de su industria, y Brasil juega en la tercera división. El delirio de Guedes se refleja en su política económica, en términos del propio sistema capitalista, que va llevando a Brasil para la cuarta división, mientras él dice que quiere jugar en la primera.

En el siglo XXI no existe un país que pueda ocupar un lugar en la primera división entre los estados capitalistas como una “potencia agrícola”. Puedes preguntarte entonces por qué Estados Unidos empujó 750 mil toneladas de trigo a Brasil si es la mayor potencia industrial del planeta.

La agricultura en los países imperialistas, como Estados Unidos y Francia, es más un problema político que económico. La gran productividad de la agropecuaria norteamericana es el resultado del poder de la industria, que desarrolla la tecnología a la que se subordina la agricultura. Los insumos para aumentar la productividad son producidos por la industria, basta ver uno de los artículos más importados en Brasil.

La demencia del sistema capitalista es que, mientras más aumenta la producción agrícola, la caída de los precios arruina a los productores, porque ellos no producen comida, producen mercancías. Trump le debe sus votos a las regiones y a la ciudad centradas en la producción agropecuaria. Como China dejó de comprar productos norteamericanos, él tiene un gran problema en sus manos para resolver.

Por eso, no puede abrir el mercado norteamericano para los productores brasileños. Por el acuerdo anterior, Brasil se desindustrializa y debe venderle comida a China, pues, con el aumento de las grandes ciudades y la urbanización, cabría a América del Sur alimentar a los obreros que trabajarían en las fábricas norteamericanas.

Ahora todo eso entró en colapso, Estados Unidos quiere quitarle a China el estatus de nación “en vías de desarrollo” de la OMC para exigir la privatización generalizada y Brasil en esta historia no pasa de un “lleva y trae”. Guedes y Bolsonaro, anticiparían la discusión sobre China en la OMC, o sea, si Brasil, que no exporta productos industrializados es una nación desarrollada, ¿qué dirá la OMC de China, cuya empresa Huawei es capaz de competir con la Apple en el mercado mundial?

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Lo que llamamos decadencia del país es la decadencia del propio sistema capitalista. El modelo de industrialización de la dictadura, basado en las inversiones  de las multinacionales con la burguesía local, proveyendo autopiezas e insumos industriales, se agotó hace treinta años, cuando se iniciaron las inversiones en China y en el este de Asia.

Por un período corto, cabalgados por los gobiernos del PT, hubo un gran aumento del precio de las materias primas por la industrialización de China y su urbanización. Pero ahora, tanto la crisis capitalista en China, como la ofensiva de Estados Unidos, llevaron a una caída de los precios de los productos exportados por los países de América del Sur. La gran “zafra”, resultado de esta sumisión, entra en crisis, la fuente se secó y por eso se secaron las inversiones, ellos ya no pueden ganar dinero como antes.

Por eso, entregan cada vez más el país y aumentan la explotación de los trabajadores; quieren la reforma de la Seguridad Social para continuar siendo parásitos del Estado y ganando dinero con la deuda pública; e intentan vender azúcar y soya. Y esta sería la solución de esta cobarde clase dominante y de sus patéticos representantes. Mientras tanto, el desempleo obliga a nuestras familias a buscar trabajo fuera del país y estos “señores” afirman que es eso lo que avergüenza el país…

Traducción: Davis

Nota:

[1] La prensa ha hecho una confusión deliberada sobre lo que significa el estatus de Naciones en Vías de Desarrollo de la OMC. En el lenguaje de la OMC, los países en Vías de Desarrollo (como Brasil y China y los países Menos Desarrollados) pueden exportar a los Países Desarrollados con tarifas nulas, o menores, que las tarifas practicadas sobre los mismos productos entre los considerados Países Desarrollados. Eso significa que, si China exporta un celular para Estados Unidos, pagaría menos impuestos en la entrada de ese producto que si el mismo celular fuese importado por Alemania. Ese mecanismo fue utilizado ampliamente por los países imperialistas para importar mercancías producidas por sus propias empresas en sus excolonias, pero también fue utilizado por países como China para darles subsidios del Estado a sus propias empresas. Al eliminarse este criterio, Estados Unidos quiere decir que las condiciones de la competencia entre las empresas norteamericanas y chinas deben ser las mismas, vetando todo y cualquier incentivo a la industrialización de los países subordinados y seleccionando las mercancías, por las que cobraría tarifa al entrar a Estados Unidos.