Compartir

El 25 de noviembre es el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Instituida por la ONU en 1999, la fecha sirve para llamar la atención del mundo sobre el impacto de este tipo de violencia en las vidas de las mujeres. Para las trabajadoras, además de ser un día de lucha contra la violencia y el machismo es también día de rebelarse contra la explotación capitalista.

Por: Erika Andreassy, de la Secretaría de Mujeres del PSTU-Brasil

En todo el mundo, la violencia contra las mujeres crece de forma alarmante. Según la ONU, una de cada tres mujeres fueron o serán víctimas de violencia machista. En el Brasil, cada cuatro minutos una mujer sufre violencia física, y ese número cuenta apenas a las que sobreviven a las agresiones. El año pasado se registraron más de 145.000 casos de violencia física, sexual, psicológica y de otros tipos, en que la víctimas sobrevivieron. Los feminicidios también se dispararon. Solo en la ciudad de San Pablo hubo un crecimiento de 167% en los casos.

La violencia contra las mujeres también se expresa de otras formas, como en la desigualdad salarial, en la doble jornada, en los altos índices de desempleo, en la falta de acceso a la salud y a la educación de calidad, en la falta de vivienda y de condiciones dignas de vida. La criminalización del aborto, que condena a millares de mujeres y a secuelas y muertes todos los años, también es violencia.

El gobierno Bolsonaro no tiene política para las mujeres

Bolsonaro no solo no tiene política para combatir la violencia contra las mujeres como incluso contribuye para agravar esta situación. Los gastos del gobierno con políticas de enfrentamiento a la violencia fueron casi cero hasta ahora. El gobierno también extinguió consejos y comités responsables por la elaboración de políticas de combate a la violencia, como el Comité de Enfrentamiento a la Violencia Sexual contra Niños y Adolescentes o el Consejo Nacional de Combate a la Discriminación LGBT. En el inicio de noviembre, el gobierno elaboró un decreto que quita la obligatoriedad del gobierno federal de auxiliar en el mantenimiento de las Casas de la Mujer Brasileña.

Lea también  8M: de Uruguay a Hong Kong, un día de revolución
Brasilia DF 06 12 2018. Damares Alves. Valter Campanato/Ag. Brasil

El discurso de odio de Bolsonaro y de sus representantes, incluso de la ministro Damares Alves, refuerza el machismo y potencia la violencia. En abril, en medio de una entrevista colectiva, el presidente llegó a hacer apología del turismo sexual. Damares, por su parte, afirmó que la culpa de las violaciones de niñas en Marajó (Pará) era de ellas por no usar bragas.

Como si eso no bastase, los ataques del gobierno al conjunto de la clase trabajadora afectan a las mujeres en forma directa. La reforma de la previsión y el nuevo paquete de medidas dificultan el acceso al trabajo y a la jubilación de millares de trabajadoras.

La combinación entre racismo y machismo victimiza más a las mujeres negras

Noviembre es el mes de lucha contra la violencia a las mujeres y también el mes de la Conciencia Negra. En un país como el nuestro, en que las principales víctimas de violencia machista son las mujeres negras, un fecha no puede estar separada de la otra.

La combinación entre machismo y racismo hace de las mujeres negras las principales víctimas de la violencia. No por casualidad, 66% de los asesinatos femeninos son cometidos contra mujeres negras. Las negras están en la base de la pirámide social, son las que reciben los salarios más bajos, detentan los mayores índices de desempleo, y sufren de forma más contundente la violencia institucional.

Ellas también son la mayoría de las víctimas de la violencia doméstica, de los feminicidios y de los abusos sexuales. El estereotipo de la “mulata dotada de erotismo”, resquicio de la esclavitud, y reproducido de forma sistemática por los medios de comunicación, resulta, por ejemplo, en el hecho de que 60% de las violaciones sean cometidas contra mujeres negras.

Lea también  Todo el apoyo a la huelga de los trabajadores de la PETROBRAS

Por el fin de la opresión y de la explotación

El capitalismo decadente somete cada vez a las mujeres a la opresión y a la violencia. Eso sirve para dividir a la clase y superexplotar a una parte de ella, las mujeres trabajadoras. Por eso, la lucha contra el machismo y la violencia no es una tarea solo de las mujeres sino del conjunto de la clase trabajadora y debe ser tomada como parte de la lucha para destruir el sistema capitalista.

Las rebeliones en América Latina y por el mundo han mostrado el papel de las mujeres en la lucha contra la explotación. En el Ecuador, en Haití, en Hong Kong, en Irak, en Chile o en Bolivia, las masas explotadas toman las calles con las mujeres al frente, derribando todos los preconceptos y luchando contra sus gobiernos por una vida más digna. Las mujeres bolivianas, con sus hijos en brazos, enfrentan el golpe racista de derecha en su país y muestran que forman parte de la lucha. Las jóvenes chilenas enfrentan la represión de Piñera y se organizan en asambleas populares. Es fundamental que en este proceso las banderas de las mujeres, contra la violencia y el machismo, por igualdad y derechos, sean tomadas también por el conjunto del movimiento.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.