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Hace más de 50 años que en Bolivia se repite, con variaciones, una misma historia. Por un lado el movimiento de masas, con la clase obrera a la cabeza, se entrega de lleno, pone el cuerpo, la sangre, la vida, desestabiliza, y en casos destruye, al régimen burgués. Surgen organismos alternativos que prácticamente tienen el poder en las manos y al final, por responsabilidad de las direcciones, que terminan dando el apoyo a algún sector patronal, todo se frustra y sobreviene más hambre y miseria, muchas veces acompañados de crueles masacres. ¿Podremos evitar que otra vez la historia se repita?

Por Alicia Sagra, publicado originalmente en la revista Marxismo Vivo n.° 8, 2004, pp. 49-61.

1952: Cuando el trotskismo pudo haber dirigido la toma del poder

Una serie de elementos se combinaron para hacer que en 1952 se diera en Bolivia lo más parecido que ha existido a la revolución rusa de 1917. Los trabajadores mineros encabezan una insurrección que derrota y desarma al ejército, crean su propia milicia y un poder obrero alternativo, imponen la nacionalización de las minas, el sufragio universal, la reforma agraria y lo hacen defendiendo un programa revolucionario (Las Tesis de Pulacayo) que plantea la toma del poder por los trabajadores.

Bolivia es un vivo ejemplo del desarrollo desigual y combinado y confirma la afirmación de Trotsky de que esta ley “no se nos revela en parte alguna con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos’’ Así, este país fundamentalmente agrario entra al siglo XX con relaciones semifeudales en el campo, donde su población (mayoritariamente quechuas y aymarás) está desposeída de todo derecho cívico y mantiene una relación de servidumbre con los dueños de las grandes haciendas. Pero al mismo tiempo, una extendida explotación minera da origen, por un lado a una fuerte oligarquía minera (los Patiño, Hottschild, Atamayo) que están entre las fortunas más grandes del mundo y, por otro lado, a un poderoso proletariado minero que está entre los más combativos del planeta.

En medio de esas contradicciones y de regímenes liberales de sufragio restringido, combinados con brutales dictaduras, el movimiento obrero va saltando etapas. No pasa por la Primera ni por la Segunda ni por la Tercera Internacional. Tampoco tiene éxito el intento stalinista y eso permite que el movimiento minero avance en su organización muy influenciarlo por los trotskistas.

Por otra parte, la extrema pobreza de la economía boliviana hace fracasar el intento de lograr un gobierno bonapartista, apoyado en el movimiento obrero, para resistir la presión yanqui. La deplorable situación económica, impide tener una política de fuertes concesiones, como se dio en Argentina con Perón, lo que provoca un colosal desarrollo de la influencia trotskista y abre las puertas a la revolución obrera.

Cómo se fue gestando la revolución

La rebelión del mundo colonial y semicolonial, con el triunfo de la revolución china en 1949, es el mareo mundial en el que se van a desarrollar los acontecimientos revolucionarios en Bolivia. En Latinoamérica habían surgido una serie de regímenes nacionalistas burgueses que resistían la entrada del imperialismo yanqui. Para hacerlo, se apoyaban en un movimiento obrero y de masas en ascenso, al que hacían importantes concesiones y al que a su vez controlaban con la amenaza del peligro imperialista. Fueron los regímenes que Trotsky (tomando el caso del cardenismo mexicano) definió como “bonapartismo sui géneris” (Cárdenas en México, Perón en Argentina, Vargas en Brasil, el APRA en Perú, Toro, Buhs, Villarroel en Bolivia).

En este período surgen en Bolivia los dos principales actores políticos de la revolución del 52. En 1940 nace el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que se reivindica nacionalista, antiimperialista, antinorteamericano, al principio con marcadas simpatías por la Alemania nazi. Su fundador y principal dirigente fue Víctor Paz Estenssoro. Por otro lado, en 1936 se funda en el exilio (en Argentina) el POR (Partido Obrero Revolucionario), que evolucionó hacia el trotskismo, y se convirtió en la sección boliviana de la Cuarta Internacional. Sus fundadores fueron Aguirre y Marof, pero tras la muerte accidental del primero y la marcha del segundo, la dirección cayó en manos de Guillermo Lora.

Se da una sucesión de gobiernos populistas y golpes reaccionarios que no dan respuesta a los crecientes reclamos de las masas. En julio de 1946 sectores de la clase obrera y del movimiento de masas –con excepción de los mineros– protagonizaron un levantamiento insurreccional que culminó con el apresamiento del presidente Gualberto Villarroel (en cuyo gobierno participaba el MNR) al que colgaron de un farol de la Plaza Morillo, enfrente de la Casa de Gobierno.

Esta insurrección espontánea no puede dar una respuesta por la positiva, lo que es aprovechado por los sectores de la oligarquía pro yanqui. A partir de ahí se inicia el llamado sexenio “rosquero”. Seis años donde la oligarquía del estaño, la “rosca”, gobierna dictatorialmente a favor del imperialismo yanqui. El antecesor del PC, el stalinista Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR) participa con ministros en el gobierno de la «rosca» con el argumento de que era “antifascista” por ser pro norteamericano. Esto impide que el stalinismo haga pie en los mineros, que rápidamente encabezan la oposición al gobierno.

En 1944 se había fundado la Federación de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y en noviembre de 1946 los representantes mineros se reúnen en Pulacayo donde por unanimidad aprueban las tesis presentadas por los mineros de Llallagua, redactadas por Guillermo Lora, principal dirigente del POR. Estas tesis, que se denominaban “programa de reivindicaciones transitorias” plantean, a partir de la movilización por las reivindicaciones presentes, la necesidad del armamento de los trabajadores para encarar la lucha por el poder.

Este programa fue propagandizado masivamente por la FSTMB y en especial por los militantes trotskistas, que fueron ganando peso y prestigio en la base minera. Esto se comprobó cuando meses después se forma, desde la federación de mineros, un Bloque entre dirigentes mineros y dirigentes de izquierda para presentarse en las elecciones. A pesar de que 90% de la población no votaba (sólo votaban los que sabían leer) el Bloque obrero gana en los distritos mineros y se eligen 7 parlamentarios (5 diputados y dos senadores) entre ellos Juan Lechín Oquendo, principal dirigente minero, ligado al MNR, y Guillermo Lora, principal dirigente del POR.

Estos parlamentarios obreros, que fueron conocidos como el Bloque Minero Parlamentario, dieron un gran ejemplo de cómo utilizar el parlamento al servicio de las luchas obreras y de la revolución. Además de poner sus escaños al servicio de las luchas, los utilizaron para desarrollar una gran campaña por la destrucción del ejército y por la formación de las milicias obreras. Esto llevó a que fueran desaforados, encarcelados y expulsados del país.

La revolución del 9 de abril

En mayo de 1951 Víctor Paz Estenssoro del MNR ganó las elecciones presidenciales con el apoyo de los votos obreros a partir de sus planteos antiimperialistas y antigubernamentales. Pero no le dieron el gobierno. El presidente saliente, Mamerto Urriolagoitía, dio un autogolpe (el «mamertazo»), anuló las elecciones y entregó el poder a una Junta Militar encabezada por el general Ballivian, quien instaura un gobierno altamente represivo.

El 9 de abril de 1952 la policía y un sector del ejército, en acuerdo con el MNR, intentan un contragolpe que es derrotado, y sus jefes se asilan en diferentes embajadas. Pero el frustrado golpe actúa como detonante de una impresionante revolución obrera que pudo haber cambiado el futuro del continente y de la dirección revolucionaria mundial.

La policía, al verse derrotada por los militares, entregó algunas armas a los trabajadores fabriles y al pueblo de La Paz. Por su parte los mineros de Oruro y Potosí, que ya habían tomado los regimientos, comenzaron a marchar hacia La Paz. Los mineros de Milluni (mina próxima a La Paz) copan un tren militar que transportaba armamentos. En La Paz, los trabajadores derrotan completamente a siete regimientos y les sacan todas sus armas. Así cae el gobierno dictatorial y los obreros insurrectos le entregan el gobierno al MNR. Paz Estenssoro vuelve del exilio y asume la presidencia mientras la multitud, en donde se destacaba la presencia de los contingentes de mineros y trabajadores fabriles armados grita: ¡Viva el MNR!, ¡Viva Paz Estenssoro! ¡Nacionalización de las minas! ¡reforma agraria!

El 12 de abril, los militares que seguían resistiendo a las milicias se rinden. Los prisioneros son obligados a desfilar en calzoncillos por La Paz, custodiados por las milicias mineras.

La fundación de la COB: se institucionaliza el doble poder obrero

El 16 de abril, apoyándose en las milicias obreras y en las organizaciones sindicales, y con los trotskistas jugando un papel de primera línea, se funda la Central Obrera Boliviana (COB), que agrupaba a todas las milicias y a todas las organizaciones obreras y campesinas de Bolivia.

La COB nace en medio del fragor de la revolución, enarbolando las Tesis de Pulacayo y con un importante peso de los trotskistas, aunque nunca dejó de ser dirigida por Lechín, quien siempre defendió la política del MNR.

De cualquier manera, el peso del POR era importante, muy superior en ese momento al del stalinismo. El historiador Dunkerley afirma que «gran parte del trabajo preparatorio (de fundar la COB) fue emprendido por los representantes del POR, Edwin Möller, Miguel Alandia Pantoja y José Zegada (…).2

A partir de ese momento se concentran en la COB las fuerzas del poder obrero, el que por la posición de sus direcciones se pone al servicio de sostener al gobierno burgués de Paz Estenssoro.

Las milicias y las Fuerzas Armadas

A partir del 11 de abril las milicias, organizadas por los sindicatos, eran la única fuerza armada del país y reunían entre 50 y 100 mil hombres. Las FF.AA están en un profundo proceso de desintegración y recién el 24 de julio (más de tres meses después), el gobierno saca un decreto de reorganización del ejército. Veamos cómo describe la situación el general anticomunista Gaty Prado Salmón: «En los cuarteles la situación era tensa en la medida que los oficiales estaban divididos entre los que apoyaban y los que condenaban la revolución. Nadie hacía nada excepto hacer guardias de tal modo que la mayor parte del equipamiento militar fue[se] preservado de la multitud revolucionaria. El sentimiento de derrota, sin embargo, se hacía peor cuando nos enteramos de los detalles de lo que había ocurrido en los tres días de combates confirmando que el ejército habla sido vencido por todos lados. La huida del Alto Mando hizo que los oficiales se sintieran incluso más abandonados. Un cierto número, temiendo la represión, desertó de sus unidades sin tardanza, y buscaron asilo en embajadas extranjeras o se fueron voluntariamente al exilio. Otros, olvidando su deber, se fueron a casa a esperar los acontecimientos. Unos pocos permanecieron en los cuarteles intentando reagrupar sus unidades, controlar a los soldados y mantener una apariencia de orden y disciplina (…) Mientras esto estaba pasando (17 de junio de 1952), la COB adoptó (…) el borrador presentado por los representantes mineros que decía: ‘El Cuerpo Nacional de Milicias Armadas de la Central Obrera Boliviana será organizado del modo siguiente: 1. El Mando Nacional 2. Mandos Departamentales y Especiales. El Mando Nacional consistirá del Líder Nacional, Camarada Víctor Paz Estenssoro, y el Comandante en Jefe, Camarada Juan Lechín Oquendo (…) los comandantes de las células serán elegidos por los milicianos de los departamentos, por los Centros Departamentales y por el Mando Nacional de la COB» (…) El análisis de los mandos militares es diferente. Pensaban que la resolución era un ataque a la institución de las Fuerzas Armadas y más aún, era humillante…).3

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La nacionalización de las minas

La nacionalización de las minas era una de las principales banderas de la revolución. Paz Estenssoro, con la inapreciable ayuda de Lechín, consiguió evitar que los obreros ocuparan las minas y los convenció de esperar el decreto de nacionalización que se concretó el 31 de octubre de 1952. Pero, a pesar de eso, la presión revolucionaria era de tal magnitud que el MNR tuvo que adoptar la reivindicación de la nacionalización sin compensación (aunque después se pagaron algunas indemnizaciones para no enojar al imperialismo) bajo control de los trabajadores. Esta consigna del POR era levantada unánimemente por los mineros y su logro (independientemente de que después fue siendo vaciado de contenido) significó un gran triunfo revolucionario y un gran fortalecimiento para el proletariado minero que por más de 50 años actuó como la vanguardia indiscutida de la clase obrera boliviana. La burguesía necesitó más de 30 años para acabar totalmente con esta conquista.

La revolución en el campo

Los campesinos, en su mayoría quechuas y aymarás, eran como mínimo 70% de la población y vivían una situación insostenible. Estaban al margen de la economía nacional, no tenían derecho al voto, no tenían acceso a la educación, tenían que cumplir obligaciones de servidumbre hacia los grandes hacendados, que actuaban como señores feudales con todos los derechos, incluso el de pernada; esta situación ya había provocado algunas explosiones y las masas campesinas venían despertando gradualmente y teniendo algunos avances en su organización. Ante el estallido en las ciudades y el colapso del ejército, estalló un fuerte movimiento de ocupación de tierra, centralmente en el valle de Cochabamba y en la zona del Lago Titicaca.

El odio acumulado por tantos años de explotación, opresión y humillaciones, se hizo evidente en estas ocupaciones, muchas de las cuales fueron muy violentas y provocaron el ajusticiamiento de los hacendados y sus familias. El proceso de ocupaciones se fue masificando, hasta que el 2 de agosto de 1953, el gobierno del MNR sacó la ley de Reforma Agraria, simplemente legalizando lo que las masas campesinas habían conseguido con su acción directa.

La reforma agraria no resolvió el problema del campo. La tierra no resuelve todos los problemas del campesinado y ni siquiera garantiza un gran incremento en el suministro de productos alimenticios para el país. Para ello debe haber electricidad, mecanización y modernización del sector agrícola, al igual que una mejora en las comunicaciones y medios de intercambio. Lo que es imposible de concretar si no es a partir de la expropiación de los principales resortes de la economía y de la extensión internacional de la revolución.

Sin embargo, las conquistas obtenidas fueron enormes y muestran la profundidad de la revolución. La Ley de Reforma Agraria que se imparte, no sólo legaliza las ocupaciones, disuelve las haciendas y entrega las tierras a las comunidades originarias o a nuevas comunidades formadas por los ex trabajadores de las haciendas, sino que establece que «no se reconoce al latifundio», que «la tierra es de quien la trabaja» y que por lo tanto está por fuera del mercado; esta es una conquista de la revolución que hasta hoy no han podido liquidar totalmente y que resulta una traba para avanzar en la explotación capitalista del campo.

La ley de reforma agraria fue impuesta por la movilización revolucionaria de las masas y desde un inicio el MNR trató de limitar sus alcances. Por ejemplo, al mismo tiempo que no se reconoce al latifundio, se legaliza la gran propiedad bajo la forma de Empresa Agrícola. Así muchos latifundios se mantuvieron a través del trámite de cambiar su denominación y pasar a llamarse Empresa Agraria. A pesar de ser una gran conquista, la reforma agraria fue insuficiente «entre 1954y 1968 sólo alrededor de ocho millones de las 36 millones de hectáreas de tierra cultivada cambiaron de manos. Después de dos años, 51% de los latifundios en La Paz, 49% en Chuquisaca y 76% en Oruro habían sido afectados, pero en Tarija la cifra era 33%, en Santa Cruz 36% y en Cochabamba sólo 16%, siendo el total nacional de 28.5%.» 4

¿Todo el poder a la COB o cogobierno y apoyo crítico al MNR?

Evidentemente se estaba frente a una situación inédita: una revolución que liquida al ejército burgués y organiza su propio ejército proletario, que impone la nacionalización de las minas y la reforma agraria, que gesta un organismo de doble poder nacional centralizado y armado, y que tiene un programa trotskista.

Por supuesto que no todo era a favor. Lechín, uno de los burócratas más hábiles y siniestros que ha dado la historia, tenía la conducción de la COB y, a través suyo, el gobierno y la reacción burguesa intentaban desmontar la revolución. Pero había extraordinarias condiciones para aplicar la política que Lenin aconsejó en las Tesis de Abril: convencer a la mayoría de los obreros organizados en la COB y en las milicias, que el de Paz Estenssoro no era su gobierno, que con él no venía la liberación del imperialismo, ni el trabajo ni el pan ni la tierra, y que para conseguir eso la COB tenía que tomar el poder.

Y los trotskistas bolivianos estaban en muy buenas condiciones para encarar esa tarea. Aunque no habían logrado consolidar orgánicamente su influencia, habían ido ganando gran prestigio político. Su rol en los acontecimientos de abril fue tal que incluso uno de los fundadores del partido stalinista reconoció que «Este levantamiento armado fue dirigido y guiado a la victoria por el personal dirigente del MNR, Hernán Siles Suazo, por Juan Lechín Oquendo, Edwin Möller, Alandia Pantoja, Villegas y otros».5. Es decir, el POR, tenía muy buenas condiciones para, con una política correcta, dar la pelea por ganar la dirección mayoritaria de la COB y dirigir la lucha por la toma del poder.

Pero, el POR boliviano, siguiendo los consejos de la dirección pablista de la IV Internacional6, aplicó una política opuesta a la leninista.

El propio Lora reconocía que «La COB era el amo del país, y en realidad, durante un cierto período fue el único centro del poder digno de ese nombre.» (…) que «Para la mayoría de las masas, la COB era su único líder y su único gobierno.»7. Sin embargo, no llamó a desconfiar del gobierno burgués y a luchar por el poder de la COB como única forma de responder a los intereses de los obreros y campesinos. Por el contrario, dio el apoyo crítico y defendió el cogobierno, es decir, la participación de ministros de la COB en el gobierno del MNR, confiando en que, de esa manera, la COB podría controlar al gobierno burgués.

Nueve días después del levantamiento del 9 de abril, declaraban que «en la medida en que lleva a cabo el programa prometido, el POR apoya al Gobierno que surgió de la insurrección popular del 9 de abril (…) que tenía dos ministros obreros en el gabinete pequeñoburgués, pero estaba enteramente controlado y ligado a las decisiones de la COB».8 Y en las resoluciones de su X Conferencia plantea: “En el momento presente nuestra táctica consiste en agrupar nuestras fuerzas, en aglutinar el proletariado y los campesinos en un solo bloque para defender a un gobierno que no es el nuestro”. “Lejos de lanzar la consigna del derrocamiento del régimen de Paz Estenssoro, lo apuntalamos para que resista la embestida de la ‘rosca’ (…) Esta actitud se manifiesta primero como presión sobre el gobierno para que realice las aspiraciones más sentidas de los obreros y campesinos”.9

La situación en Bolivia después del 9-12 de abril de 1952, era similar a la de Rusia después de la revolución de febrero de 1917. Dos poderes existían en el país, pero el más fuerte, el que tenía carácter de masas, era el de las organizaciones populares y obreras, que, debido a sus direcciones conciliadoras le entregaron el poder a un débil gobierno burgués. La toma del poder por los soviets y la COB podría haberse hecho pacíficamente. El viejo aparato militar ya había colapsado. El camino estaba abierto para el poder obrero, que tenía sus propias armas y al pueblo tras él, y podría haber tenido el poder total. El único obstáculo para que la COB y los soviets rusos llevaran a cabo esta tarea era que sus direcciones eran insistentes en rescatar a la burguesía. En Rusia ese obstáculo fue superado y los obreros se apropiaron del poder. En Bolivia no.

La gran diferencia estuvo en cómo actuó el partido revolucionario. Los Bolcheviques exigieron que los soviets rompieran con el gobierno provisional burgués y tomaran el poder ellos mismos como única forma de conseguir la paz, el pan y la tierra. Mientras que el POR llamó a defender al gobierno burgués para que este «realice las aspiraciones más sentidas de los obreros y campesinos».

Y cuando, como no podía ser de otro modo, el gobierno de Paz Estenssoro comenzó su giro a la derecha, encontraron otra variante burguesa en quien depositar sus esperanzas: la izquierda del MNR, encabezada por Lechín. En su conferencia nacional, de noviembre del ’52 que declaran que «el POR apoyará a la izquierda del MNR en su lucha contra la derecha del partido» y en agosto de 1953, después de una crisis ministerial, afirmaban: «El único resultado político de la situación presente: el desplazamiento de la derecha del MNR del poder por la izquierda. ¡Todo el poder a la izquierda!»10

El ala izquierda del MNR no tenía un carácter de clase diferente; aunque su principal figura fuera Lechín, solamente era el ala izquierda de un partido burgués. El POR no sólo no enfrentaba las ilusiones de las masas, sino que estaba preso de sus propias aspiraciones de deseos. Así, pasó de confiar en que Paz Estenssoro avanzase hacia la revolución y el trotskismo11, a poner todas sus ilusiones en el «ala izquierda», en especial en Juan Lechín Oquendo a quien consideraba bajo su influencia. En uno de sus análisis de la revolución, Lora dice: «Lechín no hizo más que operar bajo la poderosa presión de las masas y el POR. En los discursos de los líderes obreros de este período (se refiere al 52-53) y en los planes presentados al gabinete de Paz Estenssoro puede ser encontrada la impronta del POR»12. A partir de la política del astuto burócrata de usar al POR (así como después usó a otras organizaciones) para que le escribieran los rojos discursos que le permitieran maquillarse ante las masas radicalizadas, Lora cayó en la ilusión de que ellos dirigían a Lechín. A nivel de la IV Internacional se llegó a decir que Lechín era un «militante clandestino del POR». Cuando se dieron de cuenta de que, por el contrario, era el POR el que inconscientemente estaba militando para la política contrarrevolucionaria de Lechín, ya poco se podía hacer.

Como era de esperar, la izquierda del MNR no dio ninguna salida revolucionaria a la situación. Lo que sí hizo fue dar el tiempo necesario para que el gobierno reconstruyese el ejército y para que las milicias gastasen sus municiones y quedasen con sus armas prácticamente inservibles.13

Recién cuatro años después de que estallara la revolución, El POR percibió cuál era la verdadera situación. En una resolución [de] su CE de mayo de 1956 se dice: «Fortaleciendo y desarrollando todos los órganos del poder, frente a los choques con el gobierno, con la burguesia, con la oligarquía y con el imperialismo, frente al parlamento y a las tentativas de restar influencia a los sindicatos que desarrollará el gobierno de Siles, nosotros empujaremos la tendencia de las masas planteando: ¡Que la COB resuelva en todos los problemas! ¡Todo el poder a la COB!14

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¡Por fin se planteaba la salida revolucionaria! Era una victoria de los que habían defendido esa política dentro de las filas de la Cuarta Internacional, como fue el caso de nuestra corriente. Pero era una victoria tardía. Tantos años con la política equivocada de sembrar ilusiones en el gobierno burgués y en la burocracia lechinista, tuvo sus frutos. Esta propuesta del POR quedó en total minoría dentro de la COB. Se había dejado pasar el momento en que los trotskistas pudieron haber dirigido la toma del poder en Bolivia. Esto fue reconocido por el propio Lora en 1963, en una de las pocas autocríticas que se le conocen y que después nunca más volvió a mencionar: “El POR usó estos acontecimientos para lanzar la consigna de “control total del gabinete por la izquierda” (…) La consigna, sin embargo, contenía los signos de un error ideológico enorme: creer que los trabajadores podían alcanzar el poder vía Lechín. Habría sido más correcto movilizar a las masas tras la consigna de “todo el poder a la COB” (…) «El lema de “todo el poder a la COB” podría haber conducido a la victoria de los trabajadores en dos ocasiones excepcionalmente favorables. La primera fue cuando la agitación alrededor de la nacionalización inmediata de las minas sin compensación y bajo control obrero alcanzó su punto más alto (primera mitad de 1952). las segunda surgió con la derrota del golpe de estado del 6 de enero de 1953. No tomar la debida ventaja de estas oportunidades y adaptarse a marchar por detrás voceando las consignas de la izquierda del MNR, fueron los errores más grandes del POR».15

El desmonte y la derrota de la revolución

Como era de esperar, el gobierno comenzó a tener una política para responder a uno de los problemas centrales que había planteado la revolución: el del armamento. El ya citado General Gay Prado explica una de esas tácticas: «Con este objetivo (el de tener un grado de control sobre las milicias), por medio del engaño, el Jefe del Cuartel General, Germán Armando Fortún, ofreció suministrar a la COB todos los consejos necesarios para mejorar la organización de las milicias armadas tales como el nombramiento de suficientes instructores para dar a los milicianos actitudes disciplinadas, entrenamiento militar básico y responsabilidad, sobre el entendimiento de que las milicias serían, en el análisis final, la reserva de las Fuerzas Armadas de la Nación (…)

La oferta del Cuartel General fue cálidamente aceptada por la COB (…) de este modo se tuvo éxito en cierta extensión en tratar el problema de las milicias, al menos desde el momento que les impedía volverse una estructura que las convertiría en un ejército paralelo. El Mando Nacional de las milicias nunca funcionó apropiadamente».16

Así, el gobierno de Paz Estenssoro, con el apoyo de las organizaciones obreras, fue sometiendo las milicias obreras al ejército burgués. En vez de luchar por hacer cada vez más independientes a las milicias obreras y oponerlas a las fuerzas armadas burguesas la dirección Lechín “cálidamente aceptó” la propuesta del Alto Mando del ejército genocida, que había sido derrotado por la revolución.

A partir de la reconstrucción del ejército se van sucediendo diferentes gobiernos del MNR (en uno de ellos Lechín fue vicepresidente) que se movieron con el mismo objetivo, ir poco a poco desmontando el doble poder. Es falso lo que se decía (para justificar la capitulación a los gobiernos del MNR) de que, en ese momento, el imperialismo estaba preparando un golpe. Por el contrario, el imperialismo dejó que el MNR y la burocracia lechinista cumplieran la tarea de desmontar la revolución. Y el MNR (lo mismo que Lechín) se preocuparon de hacer muy buena letra para conseguir el apoyo imperialista. El famoso viaje de Lechín (como vicepresidente) a la China Nacionalista de Chiang Kai-Shek fue parte de eso.

El golpe vino más tarde, después de que el MNR completara el trabajo sucio y comenzara su desgaste. El accionar cada vez más reaccionario del MNR, les costó bastante caro. Abrió una gran crisis en su relación con el movimiento de masas que se fue expresando en diversas rupturas (Walter Guevara Arze, funda el PRA, Lechín crea el PRIN, Hernán Siles Suazo, segunda figura del partido, constituye el MNR de Izquierda).

Con la pérdida de fuerza del MNR, el centro del poder fue pasando gradualmente hacia el ejército reconstruido. Y, en noviembre de 1964, triunfa el golpe encabezado por los generales René Barrientos Ortuño y Alfredo Ovando Candía.

A mediados de 1965 el gobierno militar desata una ofensiva para liquidar los restos del doble poder. El Ejército ocupa las minas y derrota una huelga general llamada por la COB. Los barrios obreros de La Paz se insurreccionan sin dirección alguna. El Ejército y la Aviación usaron todas sus armas para despejar las barricadas obreras y consiguieron su objetivo. Así se enterró la gran revolución obrera de 1952.

La polémica en la IV Internacional: dos políticas frente a la revolución boliviana

Hay corrientes que opinan que el trotskismo en su conjunto fracasó al no ser capaz de mantener una política bolchevique en Bolivia en 1952. Tal es el caso, por ejemplo, del argentino Liborio Justo17. Esa posición no tiene que ver con la realidad. Primero, porque no es cierto que nadie cuestionara la política que se estaba aplicando en Bolivia. Y segundo, porque la realidad es que, en la IV Internacional, no hubo una, sino dos políticas frente a la revolución boliviana.

La responsabilidad, sobre la política del POR boliviano, que no sólo fue un error sino que se constituyó en una traición, recae centralmente en la dirección pablista de la Cuarta Internacional, que ganó para su política a la joven e inexperta sección boliviana. Ya antes del estallido de la revolución, desde la dirección internacional se había dado la orientación de apoyo al MNR: «Por otra parte, en caso de movilización de masas bajo el impulso o la influencia preponderante del MNR, nuestra sección boliviana debe sostener con todas sus fuerzas al movimiento, no abstenerse, sino por el contrarío intervenir enérgicamente en vista de llevarla lo más lejos posible, comprendiendo esto basta la toma del poder por el MNR, sobre la base del programa progresivo del frente único antiimperialista»18. Un año después de la revolución decían: «El POR comenzó con un apoyo justo pero crítico al gobierno del MNR»19.

Pero esas no eran las únicas voces que sobre la revolución boliviana se escuchaban en la Cuarta Internacional. Hubo quienes pidieron explicaciones, fue el caso de la tendencia californiana del SWP dirigida por Vern y Ryan (que después salió del trotskismo), que denunció que la política del POR era menchevique, centralmente por no oponerse al gobierno burgués sino apoyarlo “críticamente”. Pero, además, hubo quienes defendieron incansablemente una propuesta alternativa a la de la dirección de la Cuarta y el POR boliviano. Fue el caso de nuestra corriente encabezada por Nahuel Moreno20.

La corriente dirigida por Moreno fue precisando su política en la medida que avanzaba en el conocimiento de la realidad boliviana, pero desde un primer momento llamó a enfrentar al gobierno burgués del MNR. En mayo de 1952, contraponiéndose al apoyo critico al gobierno del MNR, Frente Proletario, el periódico del POR argentino, decía: «la vanguardia obrera boliviana debe ser consciente de que su lucha recién comienza ahora y que se halla en el momento crucial de determinar por su propio y decisivo peso si se gana avanzando por el camino revolucionario hacia el poder auténticamente obrero o se pierde por el camino de la conciliación y de la esperanza pasiva en los cuadros dirigentes del MNR.21 El 26 de junio de 1952, ante la reorganización del ejército, bajo el título de «Paz Estenssoro quiere desarmar la revolución», decíamos «Hoy como nunca la consigna ‘¡Cuadros obreros armados!’ debe hacerse carne para enfrentar con ella al gobierno de Estenssoro que prepara el camino de la traición».

Desde mayo/junio del 52, el POR argentino empezaba a plantear el control del gobierno por la COB y la denuncia de Juan Lechín Oquendo como agente del gobierno en la central obrera. Finalmente, en enero de 1953 denunciábamos el carácter traidor de la dirección de la COB, planteando «Lechín sirve a la Rosca», al tiempo que con total claridad planteábamos la consigna «Todo el poder a la COB».22

Durante todo ese período no se encuentra ni una línea en donde la dirección pablista de la Cuarta, que definía a la situación como de «kerenkismo muy avanzado»23, llame al poder de la COB y de las milicias. En 1954, ante el giro a la derecha del MNR, la dirección pablista propone un programa democrático: elecciones generales, voto universal, asamblea constituyente y la presentación de listas obreras en estas elecciones, como forma de provocar una diferenciación en el seno del MNR. Moreno (utilizando la misma táctica de Lenin en 1917) responde: «La línea sería perfecta con un agregado: Para garantizar todo eso (constituyente, elecciones, etc.) es necesario que la COB tome el poder».

La existencia de las dos políticas contrapuestas es indiscutible. Por eso el problema no es del trotskismo en general. Fue la política de la dirección pablista (basada en la convicción de que había que entrar o apoyar a los PCs, partidos socialistas o nacionalistas burgueses, [de donde] saldrían las corrientes centristas que dirigirían la revolución), aplicada por Lora, la que fracasó en Bolivia y frustró la gran oportunidad que la revolución le abrió al trotskismo latinoamericano.

Las lecciones de la revolución

La de Bolivia del 52, fue la más grande, perfecta y clásica revolución obrera que se dio después de la rusa de 1917.

Fue tan profunda esta revolución que, a pesar de ser derrotada, se necesitó la derrota de otra revolución (la de 1985) para terminar de revertir sus conquistas. Y algunas, como las de la reforma agraria aún no han conseguido ser eliminadas totalmente.

Pero, estas grandes conquistas de la revolución: la nacionalización con control obrero, la reforma agraria, al no ser seguidas de la conquista superior que estaba planteada: la toma del poder por los trabajadores, se fueron vaciando de contenido y comenzaron a ser utilizadas a favor del poder burgués. Así, las empresas nacionalizadas sirvieron para el enriquecimiento de los administradores del MNR y así se fue formando una nueva burguesía que reemplazó a la vieja oligarquía minera desplazada por la revolución. El control obrero se institucionalizó en la forma de los directores obreros de la COMIBOL24 que al final sólo sirvieron para fortalecer el poder de la burocracia sindical. La ley de Reforma Agraria fue burlada, y volvieron los latifundios, utilizando la argucia de redenominarse «Empresas Agrícolas», y la realidad es que 2 millones de familias campesinas (en su gran mayoría pertenecientes a los pueblos originarios) trabajan 5 millones de hectáreas de tierra, mientras que menos de 100 familias poseen los 27 millones de hectáreas restantes de tierras cultivables.

Pero la principal consecuencia negativa de la derrota de la revolución del 52, tiene que ver con la crisis de la dirección revolucionaria. En el 52 se planteó la posibilidad de que se comenzara a revertir esa crisis. Si en Bolivia se hubiese desarrollado la lucha por el poder obrero encabezada por el partido trotskista (ni hablar si hubiese triunfado), se habría abierto la posibilidad de que la Cuarta Internacional ganase influencia de masas, como mínimo en Latinoamérica. Eso hubiera podido cambiar el destino de nuestro continente. Imaginemos, lo que podría haber pasado si en 1959 el estallido de la revolución cubana hubiera encontrado una Internacional revolucionaria con peso de masas, con capacidad y voluntad de extender la revolución a nivel continental.

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Pero esa posibilidad se frustró. Y esa frustración se dio de la peor manera. No por la superioridad del enemigo sino porque el partirlo revolucionario no estuvo a la altura de la circunstancia. No se propuso la pelea por el poder obrero, sino que capituló al gobierno de conciliación de clases. A partir de ahí, en Bolivia se cumplió la ley enunciada por Engels: «un partido revolucionario que pierde su oportunidad desaparece por toda una época histórica».

El POR entró en una crisis muy profunda y comenzó un proceso de sucesivas divisiones que llevó a la dispersión del trotskismo boliviano, que nunca más volvió a recuperar el peso de masas que tuvo en el 52 y así abrió espacio para que se desarrollara el stalinismo, que hasta ese momento no había podido echar raíces en la clase obrera boliviana.

En las elecciones de 1956, el candidato apoyado por los sectores en los cuales se había dividido el POR sacó 2.239 votos para presidente, contra 786.729 de Siles Suazo del MNR y 12.273 del stalinismo.

Por dos veces más, la historia se vuelve a repetir

La clase obrera boliviana tiene una capacidad extraordinaria de recuperación. Así, después de pasar por dictaduras y fuertes represiones, se dan otros dos importantes procesos revolucionarios, en 1971 y 1985 que, aunque de menor magnitud que el del 52, vuelven a plantear el problema del poder. En los dos casos, la COB dirige y centraliza los enfrentamientos y su dirección (encabezada aún por Lechín) se niega a luchar por el poder, dando (explícita o implícitamente) el apoyo a alguna variante burguesa. Posición que, de hecho, es fortalecida por los diferentes sectores de la izquierda que, con diferentes argumentos (la COB no es un soviet, es sólo un sindicato; está dirigida por una burocracia) se niegan a exigir a su dirección que rompa con la burguesía y tome el poder para aplicar el programa obrero de la COB.

El resultado era previsible: la derrota de la revolución. En el primer caso esta se produce por medio del golpe dirigido por el general Banzer que inaugura 7 años de una represiva dictadura.

En el segundo caso la derrota se da de forma «pacífica». Lechín convence a los 10 mil mineros cargados de dinamita que por 16 días ocuparon la ciudad de La Paz, de que tenían que volver a sus distritos porque no tenían armas. La burguesía, con la mediación de la Iglesia, adelanta la elecciones para reemplazar al agonizante gobierno de frente popular encabezado por Siles Suazo. Los obreros, profundamente desmoralizados por haber visto fracasar al que creían su gobierno, ven cómo el viejo conocido Paz Estenssoro surge como el nuevo presidente. Irónicamente el que fuera el presidente impuesto por la revolución del 52, es quien aplica el plan neoliberal de desmonte de lo que quedaba de las conquistas de esa revolución. Esta derrota que fue mucho menos violenta que las anteriores, fue la más profunda de todas ellas.

Los trabajadores, influenciados por el Partido Comunista y por otras organizaciones de izquierda, creían que habían llegado al poder por medio del gobierno de frente popular y ahora sentían que habían fracasado en el cumplimiento del objetivo histórico que marcaban las tesis socialistas de la COB. Esto provocó un masivo sentimiento de desmoralización, el que se fue profundizando con las consecuencias de la aplicación del plan neoliberal: privatizaciones, cierres de minas, despidos masivos de trabajadores.

Pero, haciendo honor a su tradición, otra vez la clase obrera boliviana, con su gloriosa central obrera, encabezando a los campesinos y demás sectores populares, ha vuelto a poner en jaque al poder burgués. Es responsabilidad de los revolucionarios bolivianos y latinoamericanos, hacer todos los esfuerzos por construir la dirección revolucionaria que impida que, otra vez, la historia se vuelva a repetir.

Notas:

1 Historia de la Revolución Rusa. Cap. l.

2 Rebellion in the Veins, Verso, London, 1984, p. 64.

3 Poder y Fuerzas Armadas, 1919-1982, General Gay Prado Salmón, Cochabamba 1984.

4 Rebellion in the Veins, Durkerley, Verso, p. 73.

5 Memorias del primer ministro obrero, Waldo Álvarez, La Paz, 1986, p. 188. Möller y Alandia Pantoja eran poristas.

6 La IV Internacional sale muy debilitada de la segunda guerra. Trotsky había sido asesinado y habían tenido que sufrir la persecución y la muerte de gran cantidad de sus cuadros en manos del nazismo y del stalinismo. La dirección que asume (Michel Pablo y Ernest Mandel) muy joven e inexperta, se impresiona con las expropiaciones que hace el ejército rojo. Caracterizan que se viene la tercera guerra mundial, (entre la URSS y el imperialismo) y que eso hará que los PCs se radicalicen. Orientan al “entrismo sui generis” en los PCs (para orientar a su dirección hacia una política revolucionaria), y en los movimientos nacionalistas en los países coloniales o semicoloniales.

7 Guillermo Lora, Historia del Movimiento Obrero boliviano.

8 Lucha Obrera (periódico del POR) 18.1V.1952, p 2. Los ministros obreros son Lechín y Butrón.

9 Tesis de la X conferencia del POR, citadas por Liborio Justo en Bolivia: la revolución derrotada, Rojas Araujo editor, Cochabamba: 1967, p. 223.

10 Boletín Interno del POR, citado por Liborio Justo en Bolivia: la revolución derrotada.

11 “Su discurso (el de Paz Estenssoro) del 21 de julio (1952) es bastante claro. No sólo ofreció “nacionalizar las minas y llevar la revolución al campo sin tener en cuenta las consecuencias” sino que prometió “armar a los mineros y a los trabajadores fabriles” de tal modo que pudieran defender la revolución a su propio modo» Lucha Obrera, 5-8-52 . «El Presidente, revisando el conjunto de su actitud política pasada, apunta a objetivos anticapitalistas y no meramente antiimperialistas y antifeudales para la revolución. Este discurso puede muy fácilmente ser considerado como trotskista (….)» Lucha Obrera, 5-8-53.

12 La Revolución Boliviana: análisis crítico. Guillermo Lora, La Paz: 1963, p. 254.

13 Una de las políticas de Paz Estenssoro fue cambiar el calibre de las armas del ejército, por lo que se dejaron de importar las municiones para el calibre anterior.

14 Resolución del CE del POR boliviano de mayo de 1956, citado por Liborio Justo, y por Nahuel Moreno en El Partido y la Revolución.

15 Guillermo Lora, La revolución boliviana: análisis crítico. La Paz: 1963

16 Poder y Fuerzas Armadas, General Gay Prado Salmón.

17 Liborio Justo (Quebracho). Uno de los fundadores del trotskismo argentino, autor de uno de los mejores trabajos sobre la revolución del 52 (Bolivia: la revolución derrotada). Abandonó el trotskismo y la IV Internacional y pasó a defender la construcción de la V Internacional.

18 «Tareas específicas y generales del movimiento proletario marxista revolucionario en América Latina», Tercer congreso de la IV Internacional, agosto 1951- Citado en El Partido y la Revolución, Nahuel Moreno.

19 Revista Quatrieme Internationale, abril, 1953.

20 Nahuel Moreno, trotskista argentino, fundador y principal dirigente de la LIT-CI. En 1952 dirigía el POR argentino desde donde participó en la polémica sobre la revolución del 52, junto a otros trotskistas latinoamericanos con los cuales había formado el SLATO (Secretariado Latinoamericano del Trotskismo Ortodoxo).

21 Frente Proletario, nº 73, 29 de mayo de 1952.

22 Frente Proletario, nº 107, 15 de enero de 1953. Citado en: “El Trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina”.

23 Quatrieme Internationale, julio 1953, Citado por N. Moreno en El Partido y la Revolución.

24 Empresa estatal minera.

TESIS DE PULACAYO

En noviembre de 1946, en el Congreso de Pulacayo de la FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia), se votaron las “Tesis” presentadas por los delegados del POR, a pesar de que no eran mayoría.

La FSTMB fue fundada en 1944. La mayoría de sus dirigentes, encabezados por Juan Lechín Oquendo, respondían al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario). Había asimismo minorías del Partido Obrero Revolucionario (POR), trotskistas, y del stalinismo (PIR).

Las históricas Tesis de Pulacayo planteaban un programa revolucionario para los mineros, la clase trabajadora y el pueblo de Bolivia. Comienzan sosteniendo el rechazo a la colaboración de clases, junto con la lucha contra la burguesía, los terratenientes, el imperialismo y el fascismo. Levantan un conjunto de reivindicaciones transitorias, orientadas hacia la toma del poder. Citamos sólo algunas líneas:

“[…] 1. Salario básico vital y escala móvil de salarios…

“[…] 2. Semana de 40 horas de trabajo y escala móvil de horas de trabajo… Sólo estas medidas nos permitirán evitar que los cuadros obreros sean destrozados por la miseria y que el boicot patronal cree artificialmente un ejército de desocupados…

“[…] 3. Ocupación de la minas… Los Comités de Minas deberán decidir los destinos de la mina y de los obreros que trabajan en la producción… ¡Para rechazar el boicot patronal, ocupad las minas!

“[…] 6. Control obrero de las minas… Los obreros deben controlar la dirección técnica de la explotación, los libros de contabilidad, intervenir en la designación de empleados de categoría y sobre todo deben interesarse en publicar los beneficios… y los fraudes que realizan cuando se trata de pagar impuestos… ”

“[…] 7. Armamento de los trabajadores… Si queremos evitar que la masacre de Catavi se repita [1], tenemos que armar a los trabajadores… ¿De dónde sacar armas? Lo fundamental es enseñar a los trabajadores de base que deben armarse contra la burguesía armada hasta los dientes; los medios ya se encontrarán. ¿Hemos olvidado que diariamente trabajamos con poderosos explosivos?

“Toda huelga es el comienzo potencial de la guerra civil, y a ella debemos ir debidamente armados. Nuestro objetivo es vencer, y para ello no debemos olvidar que la burguesía cuenta con ejército, policía y bandas fascistas… Todos los sindicatos están obligados a formar piquetes armados con los más jóvenes y combativos. Los piquetes sindicales deben organizarse militarmente…

“¡Contra futuras masacres, cuadros obreros armados!’’

NOTA: 1.- Masacre de Catavi: el 21 de diciembre de 1942 el Ejército ametralló una marcha que había partido de la mina Siglo XX hacia la localidad de Catavi, donde estaba la gerencia. Murieron decenas de obreros, mujeres y niños. El lugar de la matanza vino a denominarse “Campo María Barzola”, que era el nombre de una mujer caída que encabezaba la marcha con una bandera. Asimismo, el 21 de diciembre es recordado todos los años como el “Día del Minero”.