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El gobierno kirchnerista asegura que caer en “default”, es decir, dejar de pagar la estafa de la deuda, sería una calamidad terrible, que causaría horribles sufrimientos al pueblo argentino. Y reclama simplemente plazos más largos para pagar.




Para justificar su afirmación de que dejar de pagar sería una calamidad, el kirchnerismo lo compara con la situación que se dio a partir de finales de diciembre de 2001, cuando el Congreso avaló la decisión de Adolfo Rodríguez Saá –que fue presidente por una semana– de dejar de pagar la deuda. Supuestamente, a partir de allí se produjo una tremenda caída de la economía, del empleo, de los salarios. Esa versión kirchnerista de los hechos es completamente falsa.



El pago de la deuda es la causa de la crisis



El país venía en una terrible crisis económica desde el final de la dictadura militar. Luego de un breve respiro, la crisis continuó en los años ochenta bajo el gobierno de Raúl Alfonsín. Este aceptó pagar la deuda externa fraudulenta que había dejado de herencia la dictadura militar. Se produjo entonces una hiperinflación que duró años. Con una grave caída de la producción, del empleo y el salario.



El siguiente gobierno, de Carlos Menem, junto con su ministro de economía Domingo Cavallo, en los años noventa impuso una política de aún más entrega al imperialismo. Hizo una gran devaluación que rebajó el valor de los salarios. Y privatizó el petróleo, el gas, la electricidad, los ferrocarriles, los teléfonos y todas las empresas públicas. Esto lo hizo con el apoyo de los Kirchner desde la gobernación de Santa Cruz, y de todos los políticos que hoy avalan el pago de la deuda.



Así, se entregaron las principales riquezas del país a cambio de unos pocos miles de millones de dólares y de bonos de la deuda completamente desvalorizados en el mercado financiero mundial. El dinero fue en parte para pagar más deuda y, otra parte importante, fue a los bolsillos de funcionarios corruptos.



Con la política del gobierno de Menem terminó la hiperinflación. Pero fue a costa de una enorme caída de la producción industrial y agropecuaria en el país. El 70% de la economía pasó a estar controlada por los bancos extranjeros y las multinacionales. Por primera vez en la historia, Argentina conoció la desocupación masiva. Se generalizó el trabajo en negro y precarizado de distintas maneras. Mientras unos pocos –incluyendo Menem y los Kirchner– se enriquecían y ostentaban su riqueza, la gran mayoría del pueblo se hundía en la pobreza y aún la miseria.



El gobierno menemista terminó muy desprestigiado y en 1999 llegó al gobierno la Alianza encabezada por el radical Fernando De La Rúa. Este continuó la política de Alfonsín y de Menem de cumplir con todos los pagos de la fraudulenta deuda externa. El resultado fue un agravamiento de la crisis, de la caída de la producción y del empleo. Los gobiernos provinciales, sin fondos, comenzaron a emitir bonos con los que pagaban a los empleados públicos, en lugar de dinero (y los comerciantes los recibían a menos de su valor, con lo que caía aún más el poder adquisitivo de los salarios).



Cuando ya no quedaron reservas en el país para seguir pagando a los buitres, en el año 2000, el ministro de Economía de De la Rúa, José Luis Machinea se encargó de negociar lo que se llamó el “Blindaje” del país contra el “default”. Se trató de un crédito de 40.000 millones de dólares que debía ir íntegramente al pago de la deuda.



Como la economía seguía cayendo, De La Rúa puso nuevamente de ministro de Economía a Domingo Cavallo, que canjeó bonos con vencimiento inmediato por 32.000 millones de dólares que pagaban una tasa anual de 6% de interés por otros bonos de vencimiento a más largo plazo con tasa anual de 12%. El gobierno de la Alianza además pagó comisiones a los bancos que intervinieron en la operación por 150 millones de dólares. Hoy Cavallo está siendo enjuiciado por esa nueva estafa con la deuda, que favoreció a los banqueros.



En realidad, todos los funcionarios que manejaron la deuda argentina deberían ir presos, porque todos hicieron estafas para favorecer a los banqueros y empresarios, como Cavallo. Pero ni esas sumas monstruosas les alcanzaba a los buitres.



Entonces, a finales de 2001, Cavallo, el hombre de los banqueros en el Ministerio de Economía, “inventó” el “corralito”: el Gobierno decretó que quienes tuvieran dinero depositado en bancos o cooperativas no podrían sacar su plata. Y que los bancos debían “prestar” ese dinero al Estado para que pague sus deudas. Es decir, fue un robo directo a millones de trabajadores y gente de clase media, que fue a manos de los buitres.



Todo esto muestra que la terrible crisis que sufrimos en aquellos años fue producto del enorme saqueo de nuestras riquezas, principalmente a través del pago de la estafa de la deuda externa.



La presión de la deuda llevó al estallido de 2001, la suspensión de los pagos dio un breve respiro al país



La crisis a la que fue arrastrado el país tuvo como una de sus causas fundamentales la presión de los pagos y los miles de millones destinados a la deuda externa. Esos pagos, acompañados por la política de privatizaciones y de entrega de nuestros recursos, llevaron al país a una de las crisis más profundas de su historia.



El “corralito” de De la Rúa y Cavallo fue la chispa que provocó el incendio. El 19 y 20 de diciembre de 2001 se produjo el estallido popular que acabó con el gobierno de De La Rúa. En medio de la sucesión de presidentes interinos –hubo seis en total– se dio la declaración de la cesación de pagos de la deuda externa.



La crisis seguiría por un año más, hasta finales del breve gobierno de Duhalde. Pero a partir de allí se combinaron hechos fundamentales para cambiar la situación.



• En primer lugar, la suspensión de pagos de la deuda fue impuesta, en contra de la voluntad de los jefes peronistas, el radicalismo y todos los partidos tradicionales, los empresarios y los burócratas sindicales, por la inmensa movilización obrera y popular que se mantuvo por mucho tiempo.



• En segundo lugar, el gobierno de Duhalde utilizó esos fondos para dar créditos y subsidios a las empresas industriales y de servicios. También comenzó la política de dar subsidios a los desocupados, tratando así de terminar con las crecientes movilizaciones y luchas de los piqueteros y las asambleas populares. Esta política sería continuada por Néstor Kirchner a partir de su llegada al gobierno, en marzo de 2003.



• En ese período, China comenzó a comprar grandes cantidades de soja argentina (y de otros países). Y Brasil comenzó a importar grandes cantidades de autos armados en nuestro país. Con esto crecieron las exportaciones y el Gobierno comenzó a recibir muchos miles de millones de dólares anuales en impuestos por las exportaciones.



• Entre la entrada de dinero por las exportaciones y la suspensión de los pagos de la deuda, se acumularon más de 50.000 millones de dólares de reserva en el Banco Central.



• A la política de subsidios de Duhalde, el kirchnerismo agregó el otorgamiento de créditos a tasas bajas de interés a los bancos, los que a su vez ofrecieron mucho crédito para el consumo. Con lo que aumentó la demanda de autos, electrodomésticos, el turismo y otros rubros. Esto llevó a su vez al aumento de la producción y del empleo.



• Los trabajadores, sintiéndose fortalecidos, salieron a luchar y consiguieron importantes aumentos salariales.



• Así, Argentina gozó de varios años de crecimiento a altas tasas, hubo más empleo, aunque mayormente en negro o precario, y por un tiempo aumentaron los salarios gracias a las luchas de los trabajadores. Durante ese período los fondos buitre y las potencias imperialistas se vieron obligados a aceptar que Argentina dejara de pagar temporariamente la deuda externa. Lo hicieron porque veían que si exigían los pagos y el país volvía a caer en la crisis podía producirse un estallido político y social aún más grande que el de 2001. Y que la movilización terminara, no solo volteando al gobierno sino echando del país a los banqueros y las multinacionales que saquean nuestras riquezas.



Esto demuestra claramente que es mentira lo que dice el gobierno kirchnerista de que el “default” –dejar de pagar la deuda– sería una gran calamidad. Por el contrario, cuando se dejó de pagar la deuda el país pudo crecer, comenzó a bajar el desempleo y a subir los salarios. Y los fondos buitre, el FMI y las potencias imperialistas se vieron obligados a aceptar la suspensión de los pagos ante la fuerza de la movilización obrera y popular.



Esto también desmiente que si no se paga la deuda el país se queda sin plata para invertir. Por el contrario, cuando el país suspendió los pagos, tuvo plata para invertir y acumuló reservas en el Banco Central.



Finalmente, esto muestra cuál puede y debe ser la respuesta ante la amenaza del embargo de fondos y propiedades argentinas en el exterior, como lo hace hoy la justicia de Estados Unidos: dejar de pagar a los buitres de la deuda. De ese modo queda plata en el país para cubrir las necesidades del pueblo. Y que ese sea el primer paso hacia la estatización bajo control de los trabajadores, de la banca, el comercio exterior y la gran industria. Y así terminar con el dominio de las multinacionales y los banqueros imperialistas sobre nuestra economía.



Artículo publicado en Avanzada Socialista n.° 70, 2 de julio de 2014.-
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