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En un video de Facebook Live publicado en su página Juan Grabois abrió el debate y planteó que un futuro gobierno de Alberto Fernández debería impulsar una reforma agraria en caso de asumir las riendas del país el próximo 10 de diciembre.

Por Ariel Castro

El planteo del líder de la CTEP generó un revuelo político y en seguida salieron al cruce los líderes de la Sociedad Rural. Sin embargo, la mayor munición vino justamente desde el mismo Frente de Todos,  donde rápidamente todos los voceros del Kirchnerismo y el PJ salieron a desmarcarse de Grabois. Hasta el propio Alberto Fernández tuvo que pronunciarse luego de que días antes se había reunido con la Mesa de Enlace (donde se encuentran las 4 entidades de las patronales agrarias) para garantizar la paz y los negocios para los dueños del campo. 

¿Qué es lo que propone? 

Grabois propone expropiar a los grandes terratenientes que posean más de 5.000 hectáreas para repartirlo en pequeñas propiedades que sean explotadas por familias de productores. Esta expropiación en realidad sería a través de un pago a los viejos propietarios en un plazo de 20 años, entregando una pequeña porción a las 1500 comunidades originarias usurpadas y empezando a abandonar el uso de agrotóxicos en forma gradual, sin establecer algun plazo con claridad.

Esta propuesta, si bien tiene aspectos progresivos porque afectaría a los grandes terratenientes, cuanto menos es confusa e insuficiente en relación a qué otros sectores de clase se beneficiarían con la misma.  

Todo indica que lo que se plantea entonces es generar una gran masa de pequeños productores. Desde el PSTU no creemos que haya ninguna necesidad de generar una masa de pequeños capitalistas agrarios en nuestro país.   

Que Grabois impulse a una gran movilización por la expropiación de los latifundios 

Nuestra posición en ese sentido es clara. Que Grabois no se quede solo en palabras.  Más allá de tener otro programa, los socialistas acompañaremos cualquier convocatoria que impulse la lucha de los movimientos sociales y trabajadores rurales por la expropiación de los latifundios y el fin de los grandes terratenientes. Y si la “tierra es para quien la trabaje” no hay que indemnizar ni pagar un centavo por ello, es un derecho luego de años de saqueo de nuestros recursos. Desde allí seguiremos debatiendo cuál debe ser la verdadera salida que solucione el problema de la tierra en nuestro país. 

Lo único que le exigimos es que sean consecuentes en la lucha que ellos mismos proponen hacer, convocando ampliamente a acciones concretas que nos acerquen a ese objetivo y no se quede tan solo en declaraciones. Hay que poner en marcha un gran movimiento de lucha por la expropiación de los latifundios y de los grandes terratenientes, sabiendo que eso lo va a enfrentar al propio Frente de Todos que él integra, que se opone tajantemente a este proyecto. 

¿Qué es la renta agraria?

La renta de la tierra es la ganancia diferencial que obtiene el propietario de la tierra por la producción agraria. A diferencia de otras ramas productivas, el agro depende de ciertas condiciones especiales para poder funcionar. El factor principal es la fertilidad de la tierra y por otro lado la distancia del puerto por donde va a salir la producción. La región Pampeana posee unas de las tierras más fértiles del mundo; es por eso que la burguesía agraria argentina obtiene una ganancia extraordinaria. Esto genera una contradicción, ya que el 90% de la población argentina es urbana y está abocada a otro tipo de ramas productivas que no son tan competitivas a nivel mundial como el agro y que muchas veces puede sobrevivir sólo gracias a subsidios. ¿De dónde se obtienen estos subsidios? En general estos salen de la renta diferencial que son apropiados por el Estado en forma de impuestos como las retenciones. Muchas de las últimas crisis políticas del país fueron producto de esta contradicción, uno de los más significativos fue la crisis de 2008. Con la tecnificación e industrialización de la producción agrícola se ha producido un cambio en la producción agrícola. Los antiguos pequeños productores no pueden afrontar la inversión que requiere la producción para ser competitivos y entonces se han convertido en propietarios que alquilan a grandes pooles de siembra sus tierras. Hoy en día un «pequeño propietario» es dueño de un campo que vale entre 5.000 USD  y 10.000 USD la hectárea y obtiene ganancias millonarias por no hacer nada. Es decir, en el “campo argentino” los famosos «pequeños productores» son solo parásitos millonarios y son los primeros que salen a la calle a cortar rutas cuando le quieren tocar sus ganancias a traves de suba de impuestos o retenciones. Es muy pequeña la proporcion de campesinos pobres que solo se quedan con lo que producen y no explotan a otra mano de obra, siendo importante la cantidad de trabajadores agrícolas que reciben salarios miserables y en condiciones de semi esclavitud. 

Una propuesta socialista para el agro 

Los socialistas proponemos otro tipo de programa de cara a este problema. Justamente porque la gran cantidad de trabajadores rurales que existen, y porque se trata de una de las ramas productivas más rentables, creemos que la salida es nacionalizar todas las tierras y las rentas que de ellas se obtengan para ponerlas a producir bajo control de los obreros rurales. No creemos que repartir la tierra entre varios pequeños capitalistas permita un  mejor rendimiento, planificación y administración de las ganancias. Por lo menos no lo será desde el punto de vista del pueblo trabajador.  Necesitamos garantizar comida barata y de calidad en la mesa de los argentinos y utilizar esta palanca de la economía desde una perspectiva que beneficie a la mayoría de la población y no de algunos pocos que se transformen en millonarios.

Por eso lo que planteamos es la propiedad estatal de la tierra y los pooles de siembra bajo control de trabajadores, junto a otras medias como la nacionalización de la banca y el comercio exterior. Solo la clase obrera apropiándose de la renta diferencial tiene el potencial para poder industrializar el país y darle otro rumbo que el de sufrir crisis devastadoras a cada 10 años.

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