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En medio de la polémica desatada al interior de la izquierda sobre la consigna “fuera la policía de los barrios”, el Partido Obrero (Tendencia) publicó el 20 de abril un artículo titulado “La izquierda (democratizante) y “los militares”, una historia breve”.
Desgraciadamente, este articulo nos obliga a tener que desviarnos del debate concreto sobre qué política levantamos para enfrentar la represión en los barrios, y a que tengamos que responder a una serie de calumnias y tergiversaciones que se hacen en el mismo sobre la corriente morenista.

Por Gonzalo Quirno

El grupo de Altamira surgió como una fracción expulsada del PO que, en su disputa con la actual dirección del mismo, intenta posicionarse “a la izquierda” cuestionando el curso hacia el electoralismo y el reformismo tanto de este como del resto de los partidos del FIT.

Sin embargo, curiosamente o no tanto, defiende las tesis de la CRCI (al igual que el PO) (1) que son una reivindicación de las posiciones que dice combatir. Comparte además, como lo demuestra ese artículo, no solo una trayectoria de capitulaciones de las que nunca se autocriticó. También el método de la calumnia para sustituir el debate político, ampliamente utilizado por Stalin y las organizaciones stalinistas en general. Este método fue sufrido y combatido por Trotsky y luego por quienes nos reivindicamos sus seguidores.

No es la primera vez entonces que nos vemos obligados a responder a las mentiras de Altamira y sus partidarios. Lo hemos hecho en distintas oportunidades pero al parecer este sigue los consejos de otro de los “maestros” en este arte. “Miente, miente, que algo siempre quedará” aconsejaba Goebels, el ministro de propaganda nazi.

Esto nos obliga entonces a dar nuevas respuestas a viejas infamias, y restablecer la verdad histórica. Es necesario que las nuevas generaciones de luchadores obreros y juveniles la puedan conocer, se eduquen en el repudio a estos métodos canallescos y nos ayuden a erradicarlos de la izquierda. Llamamos especialmente a los militantes y cuadros de la TPO al estudio y la confrontación seria de textos y posiciones y a sumarse a este combate por restablecer la verdad que como decía Lenin, es revolucionaria.

Nahuel Moreno se autocriticó numerosas veces en su vida y no tuvo problema en reconocer sus errores y así nos educó. Altamira por el contrario forma parte del grupo de dirigentes que como decía Moreno se creen “infalibles”, nunca se autocriticaron de nada, y ante la evidencia de sus desastres se ven obligados a tergiversar la historia para salvar su prestigio. Fiel a su método, vuelve a mentir para evitar dar explicaciones sobre su responsabilidad en la debacle oportunista de su proyecto político y de la dirección que ayudó a formar.

Por cuestiones de espacio, nos vemos imposibilitados de responder aquí a cada una de las mentiras que el autor o autora (Jacyn) sostiene, por lo que nos referiremos a algunas de ellas, que ilustran el modo en que el PO (T) encara la discusión. El resto será respondido en otro artículo.

¿Cuál fue la política del morenismo frente al GAN y el regreso de Perón?

La nota en cuestión afirma que, frente al regreso de Perón en 1973, “El PRT (La Verdad), que dirigía Nahuel Moreno, se fusionó con una fracción del desprestigiado Partido Socialista, el PSA, de Juan Carlos Coral, dando nacimiento al PST. Este “polo socialista” abordó la maniobra militar en estos términos: “¿Para qué viene Perón? Ojalá que sea para imponer candidatos obreros y luchadores” (Avanzada Socialista Nª37, 8/11/72)”(PO 20/4 https://politicaobrera.com/politicas/971-la-izquierda-democratizante-y-los-militares-una-historia-breve)

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A continuación, citando a Julio N. Magri, (otro profesional de la tergiversación) se sostiene que “En lugar de decirles a los trabajadores que Perón retornaba como parte de un acuerdo con el lanussismo y el conjunto de la burguesía; que su retorno era para desviar a las masas del proceso revolucionario abierto con el Cordobazo; en lugar de esto el PSA reforzaba el elemento ilusorio en Perón que aún existía entre las masas” (Ídem).

Para cualquier persona que actúe de buena fe, leer el artículo original y releer la “interpretación” que del mismo hacen Jacyn y Magri, debería ser suficiente para rechazar los dichos de estos dos difamadores, que tienen el cinismo de reclamar “una polémica honesta”.

La tapa de Avanzada Socialista Nº37 desmiente de manera contundente las tergiversaciones de Magri y su aprendiz Jacyn. En la misma puede leerse el titular completo, sin el recorte malintencionado que hace Jacyn: “¿Para qué viene Perón? Ojalá sea para imponer candidatos obreros luchadores y no para pactar con la oligarquía”.

Y el artículo, escrito en tono de diálogo con la amplísima masa peronista, precisa: “La pregunta que corresponde hacer es si el retorno se produce para ayudar a los trabajadores o si es para abrazarse con los explotadores y acordar con el gobierno militar una salida política. Desgraciadamente, todo indica que ocurrirá esta segunda variante”. (2) Resaltados nuestros).
Aun cuando esto alcanza para demostrar el método canalla con que polemiza PO, no queremos dejar sin responder otras calumnias.

A partir del Cordobazo El PRT (La verdad) había intervenido en primera fila en todas las luchas obreras y estudiantiles que se desarrollaron y había denunciado al GAN como una política de la dictadura para lograr una salida pactada con Perón y el resto de las fuerzas burguesas para canalizar el ascenso. Descartada la caída de la dictadura por la vía insurreccional por la crisis de dirección del movimiento obrero, Moreno caracterizó, contra el resto de la izquierda, que la dictadura se vería obligada a dar elecciones y que las masas irían masivamente a votar.

Armados con esa caracterización, los militantes del futuro PST llamaban desde 1972, a la construcción de un Polo Obrero y Socialista para nuclear a la vanguardia clasista surgida a partir del Cordobazo, y dar una alternativa en las luchas y también en las elecciones.

Ningún sector de la izquierda aceptó pero varios de los dirigentes más importantes del Cordobazo y del SITRAC-SITRAM se sumaron a las listas. Entre ellos el “Petizo” Páez, Raúl Suffi y el Gringo Bizzi. Fuimos los únicos que dimos una alternativa de clase a las masas que iban a las elecciones confiando en que la salida estaba en el retorno de Perón al poder.

Este acierto le permitió al PST ubicarse como partido de vanguardia en las luchas que, en los años siguientes enfrentaron al gobierno de Perón e Isabel. No fue por casualidad que sufrimos las masacres de Pacheco y La Plata, o el asesinato de dirigentes como César Robles por parte de la Triple A.

Mientras tanto Política Obrera, al no saber analizar la dinámica de la lucha de clases terminó sin saber qué hacer en las elecciones y levantando recién en la segunda vuelta una política ambigua: “Vote en blanco o al PST”.

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La verdadera política del PST ante el gobierno peronista

La nota de Política Obrera continúa con una ensalada de mentiras que se contradicen y debates políticos mal desarrollados, un método de amalgama que tiene por finalidad embrollar la discusión para no dejar en claro las posiciones y ensuciar al oponente.

Para peor, en este tramo no se cita ninguna fuente, más que los propios trabajos de PO (Esta vez de otro falsificador, Osvaldo Coggiola).

Según PO, el PST habría integrado el grupo de los 8, ya que su política era la defensa de la “institucionalidad burguesa”. Esto nos habría impedido prever la huelga general de Junio-Julio de 1975, y caracterizar el golpe de estado, en tanto que para PO “defender la institucionalización es entregar las libertades democráticas”
Es cierto que una de las consignas del PST en ese momento fue la “defensa de las libertades democráticas” ya que días antes se había producido el golpe semifascista en Córdoba contra el gobernador Obregón Cano conocido como el “Navarrazo”. Lo que es falso es que el PST haya suscrito el “bloque de los 8”.

En primer lugar, el bloque nunca funcionó como tal, sino que se limitó a un par de entrevistas con el gobierno nacional (tres en dos años). Participar de esas entrevistas no nos obligaba a nada y fueron utilizadas por el PST como una tribuna de agitación de las posiciones obreras y socialistas y de denuncia implacable del capitalismo y del gobierno peronista.

“Consideramos no sólo lícito, sino también obligatorio, realizar acuerdos circunscriptos, tácticos y circunstanciales con todos los sectores que se pronuncien por la defensa de las libertades democráticas. […] Uno de los ocho partidos propuso que se hiciera una declaración conjunta y presentó un proyecto. Nuestro partido propuso una serie de cambios que fueron parcialmente aceptados. Nuestra redacción creyó en el momento de cerrar nuestra edición, que el documento llevaba la firma del Partido Socialista de los Trabajadores. En realidad, no había sido firmado por subsistir todavía diferencias”. (3) “Dicho documento nos resultó totalmente inaceptable, entre otras cosas, tanto por lo que planteaba (la defensa de un gobierno burgués y sus instituciones), como por lo que omitía (la movilización de la clase obrera en defensa de los derechos democráticos).” (4)

En segundo lugar y como se puede ver en el texto citado, el PST no apostaba a la defensa de la democracia por vía institucional, sino que apostaba a la movilización obrera para esa defensa. Para el marxismo (a diferencia de los ultra izquierdistas) mientras la clase obrera aun tiene confianza en el régimen democrático burgués, la defensa del mismo frente a un golpe reaccionario o fascista es fundamental.

Ambos regímenes (la dictadura y la democracia) son regímenes burgueses. Pero quien no ve las colosales diferencias entre ellos, es un sectario ultra izquierdista.

Todo depende de la conciencia de clase y de la existencia efectiva de un peligro inmediato de golpe fascista o bonapartista. Si tal peligro no existe, agitar el espantajo del golpe reaccionario sólo sirve para confundir a la clase. Pero si tal peligro existe, habrá que buscar en el nivel de conciencia de la clase cuál es la consigna para movilizarla. Si la clase, o algún sector importante de ella, ha llegado a la conciencia de que la democracia burguesa está en putrefacción y de que la única salida es la toma del poder por el proletariado, la consigna de la defensa de la democracia burguesa es reaccionaria, impide la movilización de los trabajadores.

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En ese caso, habrá que utilizar otra consigna, también de tipo defensivo, como es la defensa de los elementos de democracia obrera conquistados dentro del estado burgués. Pero si la inmensa mayoría de la clase aún no es consciente de la putrefacción de la democracia burguesa, si aún confía en ella, la consigna para movilizarla sólo puede ser la defensa de ese régimen (pese a su carácter burgués) frente a un régimen totalitario. En esencia es la política de los bolcheviques frente al golpe contrarrevolucionario del general Kornilov.

A menos que Política Obrera considere que en 1974 la clase obrera (que había votado en masa al peronismo) estaba lista para tomar el poder, o que en ese periodo no había peligro de golpe, debería reconocer que el planteo del PST fue correcto.

Pero entonces se caerían las otras mentiras que nos presentan en la nota. El PST participó en primera línea en la huelga general conocida como “el Rodrigazo” siendo parte e impulsor de las coordinadoras. Ya a finales de 1975 empezó a debatir la probabilidad del golpe y comenzó a tomar medidas de seguridad para garantizar la continuidad de la actividad del partido en la clandestinidad. En una próxima nota responderemos otras calumnias referidas a la actividad del PST bajo la Dictadura y debatiremos con las posiciones que levantó Política Obrera.

Notas:

1- Comité de Reconstrucción de la Cuarta Internacional, agrupamiento internacional impulsado por el Partido Obrero en 2004 y hoy casi disuelto.
2- (Avanzada Socialista N°37, 8/11/72, disponible en https://archivodeizquierdarosario.wordpress.com/partido-socialista-de-los-trabajadores/
3 -Avanzada Socialista, 26 de junio de 1974 e Intercontinental Press, 15 de julio de 1974.
4 – Suplemento del N° 119 de Avanzada Socialista, 4 de septiembre de 1974 e Intercontinental Press, p. 1149.