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En este nuevo aniversario del 2 de abril volvieron  levantarse las voces de aquellos que comparan la gesta que significó la guerra de Malvinas con los crímenes de la dictadura, minimizando la lucha por la soberanía.

Por Nepo

Esta postura, tomada por sectores “progres” y parte de la izquierda local,  deja espacio para que represores y carapintadas arrebaten las banderas de la acción antimperialista más importante del siglo pasado en nuestras tierras, y encima hablen en nombre de los soldados  que ellos mismos entregaron. Y lo que es aún peor, abonan la política de “desmalvinización”,  ayudando  a quienes quieren que el pueblo trabajador acepte la ocupación británica de las Islas.

La  “desmalvinización” fue la política impulsada por todos los partidos patronales en los  años 80, intentando así desmovilizar al conjunto de los trabajadores y el pueblo que se habían alzado en armas contra el agresor imperialista. En aquel momento, todo el país se movilizó y estaba comprometido con la causa. Solo basta recordar que la clase 62´, que en ese momento estaban terminando la colimba, cuando fue citada para ir a la guerra no sufrió ni una deserción, pese al asco que ya producía una conducción militar que ya se venía cayendo.    A su vez, como había sucedido en la guerra de independencia, se empezaba a despertar la solidaridad de los pueblos hermanos en el continente.   

Parte de esta política fue construir el  mito de la imposibilidad de cualquier victoria argentina ante la abrumadora ventaja militar británica, algo que es obviamente cierto.  Una teoría que dice que el error fue la guerra en sí,  y no la cobardía y el aventurerismo de las juntas militares que comandaron la misma.   Mito que, que a su vez,  encubre a los sectores que desde la gran patronal argentina y sus políticos como Alfonsín, junto a la cúpula de la Iglesia Católica, trabajaron arduamente para provocar la derrota argentina. Una política que quiere enterrar para siempre cualquier posibilidad de lucha verdadera, y que solo favorece a sostener la ocupación imperialista, reduciendo la pelea únicamente a la utopía de lograr recuperar lo nuestro a través de  “la negociación y la vía diplomática” en los organismos dominados por los propios ocupantes.

A esta campaña le surgió una “vertiente progre”,  que más allá de cualquier intención, terminó yendo en el mismo sentido. Estos son quienes desde la denuncia de los sufrimientos de los soldados, buscaron emparentar a la gesta histórica que significó la guerra,  (y la causa de Malvinas en general) con los crímenes de la dictadura.

Y desde allí, son los mismos que hablan de nuestros soldados como víctimas, y no como ex combatientes heroicos que protagonizaron la última guerra de su tipo, de combate cuerpo a cuerpo, incluso con bayonetas,  registrada en la historia mundial contra un enemigo con muyo mejor equipamiento.

Por eso, nuestro PST (el partido antecesor al PSTU) y la LIT,  que enfrentó con bravura a la dictadura genocida y sufrió muertos y desaparecidos por parte de ésta, no dudó un minuto en combatir al enemigo inglés en todos los terrenos, sin depositar ninguna confianza en la conducción militar de las Juntas genocidas. Esta fue la prueba de fuego que otras corrientes no pudieron pasar.

Los ex combatientes son héroes obreros y populares

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Desde el vamos, el sostener que “héroes y víctimas” son categorías excluyentes no solo es un razonamiento falso, sino peligroso.  Además de minimizar el coraje de quienes resistieron, es un intento de tergiversar la historia.

Porque ciertamente los excombatientes fueron víctimas de la dictadura, que los mandó al muere e incluso los torturó, sin desarrollar una verdadera política de combate en todos los terrenos contra el enemigo. Y también lo fueron de  la “democracia” falsa y colonial que le siguió, que los ninguneó hasta el cansancio y los intentó esconder con vergüenza bajo la alfombra.  

Pero decir solo esa media verdad, puede servir para instalar una mentira. Porque los ex combatientes, ante todo,  fueron héroes que pelearon con convicción e hidalguía, la que no tuvieron los cobardes generales que se quedaron en sus cómodos sillones y luego escaparon como ratas.   Resistieron la muerte, las mutilaciones, el dolor intenso, y el abuso por parte del enemigo británico. Llegaron incluso a obtener proezas militares, reconocidas por el propio ejército inglés. Y lo hicieron pese a que la dictadura argentina los mató de hambre y frío, jamás los equipó y los abandonó en el campo de batalla, llegando incluso a robarse gran parte de las donaciones que masivamente hacía el pueblo argentino.  Por eso fueron echados al grito de “los chicos murieron, los jefes los vendieron”.

Y nuestros héroes revalidaron su título en la dura batalla contra el olvido que vienen dando desde hace 37 años, contra la “democracia” patronal que los humilló y los escondió. Lo hicieron  siempre al lado de las luchas populares, haciendo suya la causa de Malvinas y manteniendo viva su llama.

Ellos serán siempre nuestros héroes y merecen ser reconocidos como tales, igual que  los patriotas que ganaron la independencia hace más de 200 años. Ellos son como los miles de pobres y esclavos que pusieron el pecho con honor  contra los españoles  y tuvieron  también que padecer a los enemigos “internos” que hablaban de la supremacía del amo invasor, mientras negociaban por atrás apostando a la derrota.

Ellos, a su vez, simbolizan la lucha del pueblo trabajador, que viene peleando hace décadas para recuperar las miles deMalvinas incrustadas en el continente en forma de multinacionales. Pero también son nuestros héroes por ser parte del pueblo trabajador, como el maestro Julio Cao, o el peón rural Oscar Poltronieri. . Nuestros héroes pertenecieron al pueblo trabajador;  y al pueblo trabajador le corresponde la tarea histórica de recuperar las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

Sin Malvinas no hay revolución

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Decir que los combatientes “fueron víctimas y no héroes”  implica amputarles la lucha por las Malvinas Argentinas, bandera que han levantado durante estos 37 años. Implica dejar esa bandera en manos de los cobardes carapintadas como Rico o Gomez Centurión, para que sigan presumiendo el falso “heroísmo” que les inventó Alfonsín en 1987, para garantizarle la impunidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

También significa ponerse del lado de todos los “Macris” de la historia,  que han tratado de hacernos aceptar mansamente que el imperialismo británico y la OTAN usurpen y depreden un pedazo nuestro suelo, para instalar bases militares y así amenazar en forma constante a nuestro continente.

Desde el PSTU rechazamos estas falsedades. Al contrario de los “desmalvinizadores” y sus aliados “progresistas y de izquierda”, seguimos homenajeando a nuestros héroes. A los que cayeron y a los que pusieron el pecho en las Malvinas.  Y también lo hacemos con los millones que no bajan la cabeza y cada día levantan las banderas de nuestra soberanía.

Sabemos que la lucha por recuperar nuestras islas formará parte de la lucha por acabar con la explotación, la opresión y el saqueo de nuestro país. Y serán los trabajadores y el pueblo  los únicos capaces de librar esta batalla hasta lograr la segunda y definitiva independencia a través de la revolución obrera y socialista a escala internacional que necesitamos.

Para ello militamos todos los días, y te invitamos a que nos acompañes.