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Como ocurre en todo cambio de gobierno del régimen burgués, Mauricio Macri, cuando asumió en 2015  argumentó que por populismo del kirchnerismo, heredó una economía deteriorada por la “irracional” distribución de recursos hacia sectores improductivos y que recurría a fondos externos para cambiar la matriz económica capitalista “estatista”. Alberto Fernández ya es presidente también argumenta que hereda un país con una economía devastada. Con índices de aumento de pobreza y enorme endeudamiento público que impedirían a la brevedad atenuar la calidad  de vida y situación social y económica de millones de trabajadores, culpando all “liberalismo” macrista. Lo cierto que ambas gestiones de gobiernos burgueses se acusan mutuamente de la catástrofe económica que atravesamos en el país, muy similar a las sufridas por economías capitalistas de Latinoamérica, como Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, Haití, por ejemplo, con estallidos populares. 

Por Guillote

Macri fue una parte de la crisis capitalista

Algunas variables económicas demuestran como dejó el  país el gobierno de Macri luego de cuatro años de saqueo a los trabajadores y al pueblo. Pero teniendo en cuenta que este lapso político-económico es parte del funcionamiento del sistema capitalista, que busca siempre los diferentes gobiernos y socios patronales que se adecúen a la lucha de clases. El objetivo es  seguir garantizando sus millonarias ganancias para las empresas nacionales y multinacionales, en un contexto de crisis económica internacional.

La gestión de Macri le sirvió al capitalismo para continuar el saqueo permanente de nuestro recursos a favor de los capitalistas. No cometió errores ni tenía inexperiencia, como acusa el aparato peronista. Fue el ejecutor de un plan determinado y consciente de la burguesía nacional y el imperialismo que cumplió con la etapa que se le asignó.

Y ahora la esperanza está en los Fernández que vendrían a cicatrizar el desastre, pero alertando que será muy difícil sin recursos y piden caraduramente el esfuerzo de todo el pueblo. Es decir tanto el esfuerzo de un trabajador o jubilado empobrecido, que no generó el desastre, a la par de un patrón burgués que tiene sus sustentos garantizados y que acompañó a sus gobiernos capitalistas de distinta índole.

Pero veamos como deja el macrismo las principales variables económicas:

UNA DEUDA PUBLICA IMPAGABLE: llegaría a fines de este 2019 a los U$S 400.000 millones, con el préstamo del FMI, más lo adeudado por el Banco Central por Leliqs (Bonos/letras) a corto plazo, por las provincias, las municipalidades y los organismos descentralizados. Un 90% del PBI. (la suma de lo que producimos). La provincia de Buenos Aires, por ejemplo, tiene deuda por U$S 12.000 millones. con su Banco Provincia en difícil situación financiera. Hasta junio 2020 vencen para el Estado central unos U$S 38.000 millones., de los cuales U$S 18.000 millones son por deudas “intra-estado”, con el sector público, como lo adeudado a los jubilados (ANSES). El país está en un verdadero “default”, al que el nuevo ministro de Economía, Guzmán, lo llama un “default virtual”, para no declararlo abiertamente, y bajo el lema de “queremos pagar pero no podemos”. uscando un acuerdo para postergar pagos con los acreedores especuladores, sin plantearse investigación en qué se utilizaron los préstamos ni quienes los recibieron y se beneficiaron. Pero Fernández ya avisó que hasta abril 2020 garantizará el pago de U$S 7.851 millones y esta semana debe cancelar más de U$S 400 millones que damos por hecho que lo hará en lugar de destinarlos a crear empleo genuino.

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DEFICIT FISCAL: luego de los colosales ajustes aplicados a las obras públicas, al mantenimiento de la salud y la educación y a los trabajadores estatales mediante cesantías masivas y aumentos irrisorios de salarios argumentó dejar un déficit primario en “cero” a pedido del FMI, pero si le sumamos lo pagado por intereses de la Deuda Pública incrementa a colosales cifras el déficit secundario.

BALANZA COMERCIAL: en cuatro años creció algo el  superávit comercial, pero más por la caída de importaciones por la baja de la actividad productiva y consumo  que por la suba de las exportaciones. El sector agro-exportador se benefició con grandes ingresos pero los impuestos y retenciones existentes fueron a cubrir los intereses y pagos de la estafa de la Deuda Externa.

CAÍDA DEL PBI (Producto Bruto Interno – lo que producimos): disminuyó en el 2019 un 3%, llegando a una caída en 3 años del 10%, en paralelo con la baja en los índices de consumo masivo afectando a los sectores más postergados económicamente.

SALARIO REAL: en los trabajadores formales cayó aproximadamente un 19% desde fines del 2015. Los acuerdos paritarios con las burocracias sindicales hoy en el Frente de Todos llegaron a lo irrisorio, con aumentos por debajo de la inflación y en cómodas cuotas para las patronales.

JUBILACIONES: con la Semi-Reforma Previsional de diciembre del 2017 acumulan una caída del 20% desde el 2015. Cuando analistas y organismos económicos fijan la Canasta Básica en uns $35.000.-  el límite de pobreza, la jubilación mínima llegará este mes a los $14.000.-

INFLACIÓN: estará cerca del 56%. Pero la real para los niveles de pobreza masivo sería mucho mayor si consideramos que los alimentos, medicamente y servicios básicos aumentaron hasta un 500% promedio.

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TARIFAZOS: aplicó colosales aumentos en los servicios de energía eléctrica, gas, agua y transporte, generadores de más inflación y millonarias ganancias a los amigos burgueses del gobierno.

NIVEL DE POBREZA: se estima que el 2019 finalizará en un 40%. Supera el 50% al considerar los menores de edad y los jóvenes.

EMPLEO Y DESEMPLEO: El desempleo llega a un 11%, y a un 40% entre los jóvenes. En el sector industrial  se registraron oficialmente unos 155.000 despidos, 12 de cada 100 trabajadores industriales. A su vez, una práctica laboral y económica calcula históricamente que por cada puesto perdido en la industria se afectan otros cuatro indirectamente, llegando por lo tanto a otros 620.000 desocupados. Conviene resaltar que nos estamos refiriendo a los trabajadores formales, sin contar los informales, en negro, cuentapropistas o de tiempo parcial, viéndose incrementados en miles los aportantes por monotributo por trabajos individuales con mínimas contenciones sociales.

ASISTENCIA SOCIAL: el macrismo argumentó que mantuvo y hasta aumentó la ayuda social. La ANSES, por ejemplo, asistió a casi 18 millones de personas. Deduciendo las jubilaciones y pensiones, asistió a millones de AUH, planes precarios de empleo, a miles de mujeres con planes miserables. Pero lo real que no se creó empleo genuino con salarios dignos, tanto en el Estado como en la actividad privada capitalista.

ACTIVIDAD INDUSTRIAL: La destrucción de la industria, en especial de la pequeña empresa capitalista, las PYME, fue una constante. A septiembre se difundió por sectores económicos  que la utilización de la capacidad instalada de producir era del 57% , o sea que el 42,3% de máquinas y equipos estaba paralizada. La industria automotriz, más allá de las colosales ganancias de otros años, utiliza solo el 37% de su capacidad.  Aprovechando esta situación muchas patronales argumentando “preventivos de crisis” expulsaron trabajadores o chantajean a sus obreros y empleados para aceptar modificaciones a sus regímenes laborales.

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CONSUMO: sufrió una caída a niveles impensados. Cerraron decenas de comercios, como los kioscos, que desaparecieron unos 3200. La inflación que no para y la pérdida en consecuencia del poder adquisitivo de los salarios genera más y más caída.

DEVALUACIONES DE LA MONEDA: permitió sucesivas devaluaciones llegando el dólar a los $64.- promedio el oficial y pasando los $70.- el paralelo (blue). El principal motor de la inflación con los tarifazos, en una economía dependiente del capital extranjero y para beneficio de los especuladores buitres y bancos.

Si resumimos las variables detalladas como las dejó el macrismo, esto no fue por error, reiteramos. Un plan bien orquestado, basado en un colosal ajuste capitalista para trasladar una crisis económica internacional y regional a los trabajadores y el pueblo, para garantizar la continuidad de las colosales ganancias de las burguesías y sectores privilegiados. A los Fernández no se les ocurrirá hacer pagar el desastre a los capitalistas que lo generaron, no sea cosa que se enojen.