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Todos se preguntan: ¿qué tendrá Cristina? ¿Serán más graves de lo que se dice sus problemas de salud? El hecho es que la Presidenta que hablaba todos los días por cadena nacional, está casi desaparecida.


 Su principal aparición de los últimos tiempos fue bailando y caceroleando en los festejos por los 30 años de “democracia”, en momentos en que todo el país era sacudido por los muertos en los saqueos.



En su lugar aparece todo los días el cada vez más desdibujado Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, al que ya nadie toma en serio, tratando de explicar lo inexplicable, contradiciéndose permanentemente. Lo que sí podemos decir es cuál es la enfermedad que padece el Gobierno: la masiva ruptura de los trabajadores y amplios sectores populares con el kirchnerismo que se expresó con toda la fuerza en las elecciones de octubre fue un golpe durísimo.



Cristina y el conjunto del kirchnerismo no atinan a encontrar la manera de seguir aplicando el duro ajuste contra los trabajadores y el pueblo, que es lo que lleva a esa ruptura masiva, y al mismo tiempo, conservar algo de popularidad que les permita llegar a 2015. Por eso se dan las disputas en torno a las medidas económicas –aumentar o no los impuestos, acordar o no con el Club de París para pagar la deuda pendiente– entre Kicillof y otros miembros del gabinete, las peleas de Cristina con De Vido por la crisis energética, las continuas desmentidas por la tarde de lo que Capitanich dice por la mañana.



Mientras tanto, en medio del calor agobiante que soporta gran parte del país y de los rayos asesinos, los trabajadores y el pueblo argentino padecen y acumulan bronca por la inflación desatada, las suspensiones y despidos en la industria, el aumento del transporte, los cortes de luz, los crímenes en los barrios, etc.



La larga ausencia de Cristina, y la falta de respuestas del Gobierno para estos padecimientos populares no hacen más que agravar esa bronca. Las excusas que presenta Jorge Capitanich cada mañana en conferencia de prensa para tratar de salvar la responsabilidad del Gobierno sólo aumentan la irritación popular. Llamar “precios cuidados”al acuerdo con los supermercados no puede ocultar que se están convalidando aumentos de entre el 100 y el 140 por ciento de centenares de artículos de primera necesidad e imponiendo además un brutal aumento del boleto de colectivo en Capital y Gran Buenos Aires. El propio Gobierno reconoce que, desde que asumió Kicillof, hubo una devaluación de 30%, lo que significa 110% de proyección anual.



Las acusaciones a Edesur y Edenor por los cortes de luz no engañan a nadie: todos saben que en la “década ganada” el Gobierno permitió el derrumbe de las redes eléctricas, mientras las concesionarias se embolsaban millonarios subsidios, con jugosos retornos para las “autoridades”.



El Gobierno declara "criminales" a los policías que reclaman aumento salarial, los reprime con la Gendarmería y mete presos a los líderes de la protesta en Córdoba. Mientras, hasta el día de hoy, Cristina y los gobernadores sostienen a las cúpulas policiales comprometidas con las redes del narcotráfico, de la trata y cuanta mafia asesina existe en el país.

 

Por qué no estalla la bronca



Con tantos motivos de enojo y tanto repudio al Gobierno en crisis, llama la atención que a la ola de calor no se haya sumado una gran oleada de huelgas y movilizaciones en todo el país. En las últimas semanas, han habido luchas sectoriales, algunas de las cuales han sido triunfantes, pero no se han generalizado. Los piquetes en Capital y Gran Buenos Aires por los cortes de luz no han derivado en una movilización masiva. Sin duda el clima veraniego y de las vacaciones influye. Pero mucho más importante es la falta de alguna alternativa política opuesta al ajuste kirchnerista. No hay ninguna propuesta política distinta que unifique la bronca, y las conducciones de las centrales sindicales cumplen a rajatabla su fundamental rol de freno de la protesta obrera. Dejaron pasar diciembre sin una sola acción –más allá de los actos minúsculos y testimoniales convocados por la CTA que lidera Pablo Micheli– en reclamo de un plus o aumento. Ahora Caló y Yasky coinciden con Moyano en reclamar 25 o 30% de aumento para las paritarias. Pero todos, los que se reunieron en la convocatoria de Mar del Plata, como los que se negaron a ir, siguen sin convocar a la acción. Ellos son los garantes de la “paz social” por el lado del movimiento obrero, para sostener el ajuste y el pacto de llegar sin sobresaltos mayores a las elecciones de 2015.



Lamentablemente las organizaciones que encabezan el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) –el PO, PTS e IS–, divididas por posturas diferentes frente al conflicto policial y otras cuestiones, no han podido confluir hasta ahora en una convocatoria común a la altura de lo que el ajuste y la bronca popular están reclamando.

 

La oposición patronal se juega a mantener la gobernabilidad



Ante la creciente sensación de crisis y de vacío político, Sergio Massa anunció pomposamente la creación de su “comando nacional” con varios figurones. Y radicales y socialistas reunieron a los líderes “progresistas” en Rosario. Pero en eso se quedan. Y se entiende: su plan es que el Gobierno pague el costo político del ajuste mientras arman sus alternativas para las elecciones de 2015. Nada de promover estallidos sociales que comprometan la estabilidad y pongan en riesgo su estrategia electoral. Toda la oposición patronal, ante la crisis del Gobierno, está tratando de cuidar los intereses empresarios de cualquier estallido social que pueda “llevarse puesto” no sólo al Gobierno sino, incluso, a ellos mismos.

 

Preparar la pelea



Dentro de pocos días, la vuelta de los docentes a las escuelas y el regreso de muchos otros trabajadores de las vacaciones será una instancia importante para ir armando el reclamo salarial en las paritarias. Y junto con ello la respuesta política al ajuste. Esto debe extenderse a todas las conducciones antiburocráticas, a los activistas de los piquetes contra los cortes de luz, a los luchadores populares de todos los sectores.



Es necesario que las organizaciones que encabezan el FIT pongan la influencia conquistada en el terreno electoral al servicio de una convocatoria común con todas esas fuerzas. Para impulsar la lucha inmediata por el salario y los demás reclamos urgentes. Para denunciar el pacto de las conducciones burocráticas con el Gobierno y las patronales. Y para exigirles, con las bases, a esas conducciones que rompan sus compromisos con el Gobierno y las patronales y se pongan a la cabeza de la lucha para derrotar el ajuste.



Artículo publicado en el Suplemento de Avanzada Socialista – enero de 2014
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