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En estos días es evidente la desesperación de Cristina y sus funcionarios al ver cómo se reduce cada vez más el apoyo popular al Gobierno. Mientras, Massa y otras figuras de la oposición que vencieron en las PASO en la Capital y las principales provincias –Carrió, Cobos, Binner- registran la convergencia hacia ellos del “voto útil” opositor.

Algo similar está sucediendo por el lado de la izquierda, donde el FIT está recibiendo el apoyo de muchos que votaron por otras fuerzas, como el Nuevo MAS, el MST o el frente Podemos en la provincia de Buenos Aires, que no lograron superar el pisotrampa del 1,5 por ciento de los votos en las PASO.

Cristina intentó, en un primer momento, negar la derrota, diciendo que el kirchnerismo sigue siendo la principal fuerza con cerca de un 30% de los votos a nivel nacional. Luego respondió con la excención  temporaria del Impuesto a las Ganancias, y trayendo miles de gendarmes al Gran Buenos Aires (lo que los medios y los candidatos opositores dicen que son los problemas más irritantes), para contener un poco la bronca.

Sin embargo y a pesar de todos estos intentos kirchneristas, ya hay encuestas que indican que el voto opositor no sólo sigue creciendo hacia octubre, sino que si hoy fueran las elecciones presidenciales cualquier candidato ligado al kirchnerismo, incluido Scioli, perdería frente a Massa.

Prácticamente sin argumentos y viendo venir una derrota aún peor que en agosto, Cristina parece haberse desentendido ahora de la campaña, dejándola en manos de Scioli e Insaurralde. Seguramente para poder decir después del 27 de octubre que ellos son los responsables de la derrota.

Todo esto deja abierto varios interrogantes, que se pueden resumir en la pregunta del título de este artículo: ¿hasta dónde llega la bronca popular con Cristina?

Las apariencias engañan
 
Una primera lectura de la situación puede llevar a la conclusión de que es una bronca que responde exclusivamente a los problemas provocados por la inflación y la inseguridad; quizás en un segundo plano por la corrupción; pero que no alcanzaría a los problemas de fondo: el saqueo de los banqueros y fondos buitres a través de la fraudulenta deuda externa, el control de nuestras fi nanzas, y el de las multinacionales que controlan nuestro comercio exterior, todos nuestros recursos naturales y las principales industrias y servicios.

A fin de cuentas, quienes reciben la mayor parte del voto opositor, como Massa, Carrió, Binner, Cobos, el PRO y compañía, apoyan el pago de la deuda externa y defienden las “inversiones extranjeras” en el país. Y todos ellos pertenecen a fuerzas políticas, como el peronismo, el radicalismo, la coalición cívica, etc., que defi enden desde hace mucho tiempo las mismas posiciones.

Ésta es precisamente la conclusión que quieren que saquemos los banqueros y dueños de las multinacionales y sus socios locales que dominan el país y los políticos que sirven a sus intereses como Cristina y Massa: que los únicos que pueden gobernar el país son los partidos tradicionales, que basta con reducir la inseguridad y bajar un poco la infl ación, aumentando cada tanto los salarios y  jubilaciones, para solucionar los problemas de la Argentina. Y que todo lo demás siga como está.

Sin embargo, basta mirar un poco más allá de las campañas de los políticos y la propaganda de los medios, para ver otra realidad: la del desempleo y la precariedad en el trabajo que afecta a la mitad de la fuerza laboral, la de los sueldos y jubilaciones que no alcanzan para llegar a fi n de mes al 90% de la población, la de la falta de vivienda, educación y salud pública en derrumbe, la de la destrucción de todos los servicios públicos y la falta de obras que produce catástrofes como las inundaciones de La Plata y los desastres ferroviarios, la de los continuos cortes de luz y de gas, la de la contaminación y la destrucción del medio ambiente por las petroleras y mineras.

Y la bronca popular contra el Gobierno kirchnerista se alimenta de todos estos problemas. Que estuvieron atenuados o disimulados  mientras se vio una mejora momentánea de la situación económica durante algunos años, especialmente comparado con la crisis del 2001-2002, pero que ahora, con la entrada cada vez más visible de la crisis mundial en América Latina y Argentina, ya no se pueden disimular.

Millones votan a Massa, a Carrió, a Cobos, a Binner, porque son lo primero que encuentran a mano para castigar al Gobierno. Pero la bronca va mucho más allá de lo que esos sirvientes políticos de los banqueros y las multinacionales están dispuestos a reconocer. Es una bronca que crece con ese saqueo que ni Cristina ni Massa quieren terminar.

Y las soluciones que reclaman los trabajadores y el pueblo – trabajo estable, salarios y jubilaciones que alcancen para vivir, escuelas, hospitales, transportes, luz, gas, cloacas, vivienda digna- requieren de medidas de fondo que van en el sentido contrario de lo que proponen Cristina, Massa y todos los partidos tradicionales. Requieren, justamente, terminar con el saqueo de los banqueros y las multinacionales.

Todo lo cual signifi ca que aún si Massa –o cualquier otro candidato defensor de los banqueros y las multinacionales- sigue su carrera triunfal hasta las elecciones presidenciales del 2015, estará montado sobre una gigantesca contradicción, entre los millones que le dan su voto y las aspiraciones de esos millones a una vida digna que sólo puede lograrse terminando con el saqueo del país.

La verdadera oportunidad que se ha abierto para la izquierda y los luchadores obreros y populares

Esto saca a luz también otra contradicción fundamental que se da entre lo que se ve en las elecciones y en las podridas instituciones de esta democracia sirviente de los banqueros y las multinacionales, y los problemas que viven en su realidad cotidiana los trabajadores y el pueblo y lo que están dispuestos a hacer para remediarlos.

Un caso evidente es el de Neuquén. El 11 de agosto el voto mayoritario en esa provincia fue para una de las listas internas del Movimiento Popular Neuquino, el partido del gobernador Sapag, aliado de Cristina, encabezada por el dirigente sindical petrolero, Guillermo Pereyra. Éste prometía votar contra el acuerdo YPF Repsol, pero en cuanto pasaron las elecciones se olvidó de su compromiso y dejó correr la votación del acuerdo en la legislatura neuquina.

Sin embargo, hubo un hecho inesperado para muchos. La nueva conducción combativa y democrática del sindicato docente neuquino, ATEN, fue la impulsora de un paro y movilización provincial contra el acuerdo entreguista el día de su votación en la Legislatura Provincial. Al ser duramente reprimida esa movilización masiva el 28 de agosto, al día siguiente se dio una movilización popular aún mayor. Así los trabajadores y el pueblo neuquino mostraron su repudio a la entrega a Chevron, y también a los políticos que acababan de recibir el voto mayoritario.

Este ejemplo muestra, por un lado, que la ruptura obrera y popular con el kirchnerismo y sus aliados va mucho más allá de lo que muestra el apoyo electoral a Pereyra en Neuquén. Y, por el otro, indica cuál es la oportunidad que se le presenta a la izquierda y a los luchadores obreros y populares: la de capitalizar esa ruptura en el terreno que más importa, el de la movilización de los trabajadores y el pueblo.

Hay muchos otros ejemplos que muestran cómo este proceso de ruptura se extiende a todo el país, incluyendo la convocatoria a la movilización por la derogación del impuesto al salario y otros reclamos encabezada por los compañeros de Fate, que ha logrado la confl uencia de decenas de direcciones combativas, el agrupamiento de delegados y activistas metalúrgicos de numerosas fábricas de zona sur, el fortalecimiento de la izquierda en la Universidad de Buenos Aires derrotando a las listas kirchneristas en las recientes elecciones de centros de estudiantes, el triunfo de la oposición anti-burocrática docente bonaerense en una decena de seccionales del SUTEBA, entre tantos otros.

Estos ejemplos y estas conclusiones valen para todo el país. Tenemos una gran oportunidad para que se fortalezcan la izquierda y los luchadores obreros y populares en las elecciones a través de la campaña del FIT. Pero aún mayor es la oportunidad que nos da la masiva ruptura con el gobierno kirchnerista para ganar a miles, no sólo para que den su voto a una opción clasista y de lucha como el FIT, sino también para la movilización contra el saqueo de los banqueros y las multinacionales y sus terribles consecuencias, y por una salida obrera a la crisis.
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