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En un contexto de aislamiento obligatorio, se supone que es un beneficio común quedarse en casa. Sin embargo, es de imposible cumplimiento en las miles de viviendas donde se hacinan las familias trabajadoras y pobres. Y peor aún para sus mujeres, allí donde conviven con su agresor: es sumamente peligroso.  Estamos hablando de compartir techo las 24 horas del día. Antes de la cuarentena esto era una complicación con carácter urgente; hoy dar soluciones concretas a las trabajadoras y sus hijes es fundamental. Además, no es sólo violencia de género, sino familiar también.  

Solemos leer por ahí que desde que nadie sale de sus hogares no vemos denuncias por violaciones, femicidios o travesticidios. Esto es totalmente falso. El primer día de cuarentena se detectó un pico en las denuncias por violencia de género: según la Ministra de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación, los llamados al 144 aumentaron un 25%. El aislamiento siempre fue el peor enemigo de las mujeres; el “quédate en casa” no da lo mismo para victimas de violencia machista.

Arrancamos el 2020 con terrible cantidad de femicidios, uno cada 25 horas. En lo que va de la cuarentena se habla de 12 femicidios. Cinco el sábado pasado. Entre ellos la aparición del cuerpo de Claudia Repetto, en el lugar que había indicado su asesino, Ricardo Rodríguez. Dicho lugar había sido rastrillado muchas veces. La familia Repetto está indignada por cómo se llevó adelante la investigación. Fueron los mismos familiares que capturaron al femicida mientras andaba en bicicleta por el barrio y luego fueron reprimidos en la puerta de la comisaría. ¡Totalmente absurdo! Ojalá las fuerzas se seguridad actuaran tan rápido ante la violencia machista, como lo están haciendo ahora en nuestros barrios, donde nos reprimen con la excusa de «hacer cumplir» la cuarentena.

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En la provincia de Tucumán, una nena de dos años fue secuestrada y ahorcada por su propio padre, quien luego se suicidó. En Lanús, Claudia y Ada fueron asesinadas y enterradas en su propia casa. Esta más que claro que los femicidios no cesan sino todo lo contrario: es la pandemia que no sale en los medios. Mientras escribíamos esta nota, nos enterábamos de la aparición de otro femicidio en Tigre: una mujer colgada de un alambrado a la vista de todes.

En Latinoamérica se encuentran los países con más mujeres asesinadas por el simple hecho de serlo. Esto deja en evidencia que tanto Argentina como el resto de los países no tienen un plan de resguardo hacia las trabajadoras que sufren violencia machista. Y que el presupuesto sigue siendo insuficiente ante la cantidad de asesinadas por día, por mes, por año.

En este contexto de crisis social y sanitaria, el Estado debe tomar medidas concretas. En sus discursos desde que asumió, Alberto Fernández no dijo ni una sola palabra acerca de la violencia machista que azota a las mujeres y disidencias. Si bien se tomaron medidas a nivel judicial (como la extensión de las perimetrales, la exclusión del hogar, dispositivos de alerta, entre otros), estamos muy lejos de una solución. Nuestras vidas están en juego. Por lo tanto, necesitamos un plan de emergencia. Que el gobierno declare ya la Emergencia Nacional por violencia de género, para destinar presupuesto a mujeres y disidencias en situación de violencia, en base al no pago de la deuda externa. Para garantizar asesoría jurídica gratuita, campañas en los medios masivos de comunicación, mayor personal en las líneas de emergencias (como el 137 y 144) y que de allí mismo envíen personal entrenado para resguardar a la víctima. También la creación de casas refugio para mujeres y sus hijes, usando viviendas ociosas, hoteles de lujo hoy vacíos. Garantizar un salario medio para las mujeres en esta situación y para hijes de asesinadas. Todo lo necesario para combatir estas penurias.

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Si quedarnos en casa es para cuidarnos, entonces exigimos recursos para combatir la violencia machista. Si de verdad nuestras vidas importan, que el Estado dé respuestas concretas a nuestras urgencias: No basta con gestos y palabras bonitas, lo que necesitamos son políticas concretas y estas deben partir desde el no pago de la deuda externa. 

¡Basta de violencia machista! ¡Basta de femicidios!

¡Ni una menos por quedarse en casa!

¡Organización de comités barriales para tomar la defensa de nuestras vidas en nuestras manos! 

¡Mayor personal y efectividad de las líneas de emergencias! 

¡Creación de refugios ya para víctimas y sus hijes! Incluyendo casas ociosas, grandes hoteles y establecimientos de las Iglesias 

¡Salario mínimo para mayor independencia económica!

¡NO AL PAGO DE LA DEUDA EXTERNA!