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La asunción de Francisco trajo a muchos compañeros esperanzas y expectativas, como así también muchos opinan que es acertado que el Papa intervenga en el mapa político del país.

Aunque respetamos las creencias de muchos y su honesta expectativa, creemos que es de vital importancia dar un debate sobre el rol que verdaderamente cumple la Iglesia católica en nuestro país y en el mundo. 

A diferencia de lo que muchos compañeros creen, el Papa Francisco, lejos de pasar sus días acogido por la oración y tratando de “ayudar” a los pobres, pone todas sus fuerzas, que a nivel planetario las de la Iglesia católica son muchas, en sostener a los poderosos y en aquietar a los trabajadores que quieren salir a enfrentarlos. Basta mirar la agenda y las acciones del otrora Bergoglio para reconocer este hecho.




El año pasado, cuando el pueblo brasileño salía a las calles en las llamadas Jornadas de Junio denunciando que el gobierno de Dilma invertía millones en el negocio del fútbol y nada en el pueblo, el Papa visitó las playas cariocas para intentar desmovilizar a un país que hacía décadas no salía a las calles de manera masiva.



Su reciente viaje a Israel, donde se entrevistó con autoridades palestinas e israelíes, no fue para denunciar la terrible ocupación de Israel, la brutal represión, desalojo y violación a los derechos humanos perpetrados hacia los palestinos, sino para invitarlos a “rezar” por la paz en el Vaticano, es decir, para que en la región se acepte de una vez por todas la ocupación y se respeten los acuerdos territoriales. 

Bergoglio se convirtió en Francisco




Esta pequeña descripción nos explica un poco por qué en Argentina Bergoglio se convirtió en Francisco, es decir, todos asistimos a la tensión que había entre el Gobierno Kirchnerista y el Arzobispo de Buenos Aires.



La permanente denuncia de este coincidía con sectores de la oposición patronal, y el Gobierno lo trataba igual que a esos sectores, sin ningún tipo de diálogo, con una indiferencia permanente. Pero esto no es así ahora, ¿qué sucedió entonces?



Como decíamos antes, a diferencia de lo que muchos argentinos creen honestamente, la función papal es la del sostenimiento de los poderosos y, en este país, quien en este momento gobierna para estos sectores es Cristina.



Luego del revés electoral del año pasado y ante el aumento de la conflictividad social por la aplicación del ajuste, todo el arco político patronal (inclusive la burocracia sindical) llegó al acuerdo de sostener a este Gobierno para poder aplicar los planes necesarios hasta que logren una transición.



En este escenario la Iglesia juega un rol destacado, es por eso que a pesar de que algunos sectores eclesiásticos todavía interpretan el papel de oposición, el jefe mundial “marca la cancha” restableciendo el diálogo y apoyando al Gobierno.



Luego de sacar un documento que cuestiona la violencia en Argentina[1] y que fue interpretado como un ataque al Gobierno, desde Roma intervinieron para acercar posiciones y que la Iglesia argentina se cuadre en su nuevo rol de acompañamiento del ajuste. De ahí la invitación al Tedeum en la Catedral porteña, al que a pesar de las idas y venidas o la “mala leche” de algunos sectores, la presidente asistió luego de ocho años de no hacerlo. Allí recibió una homilía que no la cuestionó, y en donde el cardenal Mario Poli “llamó a toda la dirigencia del país a ‘apostar’ al diálogo y la cultura del encuentro”. “O se apuesta al diálogo y se apuesta por la cultura del encuentro o todos perdemos, todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo”.[2] 



El diálogo al que se refiere el cardenal, nada tiene que ver con los trabajadores sino con los patrones. A pesar de hablar en nombre de los pobres, la preocupación de la Iglesia es cómo ser parte de los sectores que pactan en nombre del diálogo para poder aplicar los planes imperialistas.



Francisco ya no representa los intereses de los empresarios porteños como cuando era Bergoglio. Ahora, a pesar de usar zapatos o un auto más barato, debe cumplir sus deberes de líder político mundial y acompañar, interviniendo activamente, los planes del imperialismo que sufre una crisis internacional y está intentando descargarla sobre los pueblos oprimidos y los trabajadores.



La Iglesia y la unificación de la CGT



Para que el ajuste se aplique “como Dios manda” no alcanza con que los referentes patronales pacten para evitar que los trabajadores sigan resistiendo y reclamando, las conducciones burocráticas deben también hacer su trabajo y desviar las luchas o evitarlas. Es por eso que la Pastoral argentina se dio como meta jugar un papel importante también en este sentido.



El ya conocido reaccionario Obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, envió las invitaciones a la “Semana Social” que realizará la Pastoral a fines de junio a Moyano, Barrionuevo y Caló, según los deseos de Francisco, para que se unifiquen las centrales.



Esta iniciativa, lejos de ser en función de lo que los trabajadores necesitamos, de la necesaria unidad para enfrentar el ajuste, tiene como objetivo fortalecer aún más el pacto patronal, para que las conducciones burocráticas acuerden en mejores condiciones cómo aplastan la resistencia obrera.



Veremos qué pasa en este encuentro pero lamentablemente para la Iglesia, no alcanza sólo con acuerdos burocráticos; la presión de las bases puede todavía obligar a estos burócratas a ir hacia donde no quieren. Esto depende de la organización que podamos darnos por abajo y de la fuerza de los trabajadores.


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[1] La Nación, 9/5/14.
[2] La Nación, 26/5/14.