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En medio de una agudización brutal de la crisis económica y con un aumento sostenido de los casos de coronavirus, la intervención de Vicentín y el anuncio de la posible expropiación fueron el condimento que faltaba para que vuelvan a escena central los sectores de la patronal agraria y sus seguidores bajo el lema “Todos somos Vicentín” y en defensa de la propiedad privada.

Por PSTU-Argentina

Aunque en su magnitud no tiene comparación, el banderazo del 20 de junio trajo a la memoria el famoso conflicto del campo del 2008 en el que la defensa de los intereses de los ricos del campo arrastró a una parte importante de la población, incluso a organizaciones de izquierda (MST, IS del FITU y el PCR y la CCC, que hoy son parte del Gobierno). En aquel entonces, también en medio de una importante crisis económica y frente a una medida ultra limitada del entonces gobierno de Cristina (como era el aumento de las retenciones a la exportación de soja y granos), saltó la bronca de quienes se llenaron los bolsillos vendiendo en dólares los commodities y no quisieron que se toque ni un mínimo porcentaje de sus ganancias.

Hoy a una empresa vaciada por sus propios dueños, (en concurso de acreedores y que debe millones al Estado) la transforman en emblema del “ser nacional” y defensa frente a una medida del Gobierno más limitada aunque las retenciones de Cristina: aún en el supuesto caso de que se avanzase en la expropiación, cosa que hoy sigue estando en duda, se les pagaría indemnización a los dueños. A los mismos que se fugaron toda la plata de la empresa, y se transformaría en una empresa mixta.

¿Por qué tanto escándalo entonces?

Porque ante semejante crisis económica mundial en la que estamos inmersos, en la que la economía de nuestro país no para de arrojar números a la baja, los mismos sectores de poder se disputan el reparto de la torta, que es cada vez más chica. Y la patronal agraria, una vez más, salió a mostrar los dientes, para avisar que no está dispuesta a “ceder” ni un mínimo porcentaje de sus ganancias.

Los verdaderos afectados por las medidas del Gobierno

Cuando se armó el escándalo Alberto Fernández salió rápidamente a aclarar que la medida de la expropiación era una medida totalmente excepcional y no mintió. Por regla, y más allá de los discursos, las medidas que ha tomado su gobierno afectaron al pueblo trabajador, y dieron permisos y garantías a los empresarios y poderosos, veamos algunos ejemplos.

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En los tres meses que llevamos de pandemia, Argentina se mostró como modelo frente a los desastres que estaban sucediendo en otros países, sin embargo, ahora los números de contagios y muertes no paran de crecer y empieza a preocupar la posibilidad de colapso sanitario ¿Por qué sucede esto? ¿Era inevitable? De ninguna manera.

Si el aislamiento social era la clave para combatir la propagación del virus, tenemos que partir de que era algo imposible de cumplir para al menos el 40% de la población, que vive en condiciones de precariedad y hacinamiento. Para garantizar eso no alcanzaba con un decreto de “cuarentena obligatoria”. Se requerían medidas para garantizar condiciones habitacionales dignas, partiendo de ocupar los miles de viviendas ociosas y hoteles desocupados.

Para garantizar la cuarentena realmente también se necesitaba la garantía inmediata de provisión de alimentos e ingresos que permitan sobrellevar la situación del 40% de los trabajadores y trabajadoras informales o precarizados, y el 10,4% de desocupados que, si no salen día a día a conseguir el pan, no comen. La única respuesta a eso fue el IFE de 10.000$ por familia, que llegó con un mes más de demora luego de decretada a cuarentena, y que ni siquiera garantiza no estar en la indigencia. Según los números del propio INDEC una familia tipo, que no paga alquiler, necesitó en el mes de mayo 43.080$ para no ser considerada pobre y 17.875$ para no ser considerada indigente.

En el “granero del mundo” el hambre es un problema diario para cada día más familias trabajadoras, que tienen que recurrir a comedores u ollas populares para sobrellevar la situación. Los bolsones que se reparten mediante los barrios y las escuelas son miserables. En los últimos meses la cantidad de niños y niñas que pasan hambre de nuestro país trepó al 15,2% en los últimos meses.

Contrariamente a lo que se ha implementado para el pueblo trabajador, con quienes sí fue muy generoso el Gobierno es con las empresas que benefició pagando el 50% de los salarios de los trabajadores y trabajadoras con los fondos del ANSES y siendo exceptuados de pagar cargas patronales. Muchas de las mismas empresas, además, redujeron un 25% el salario a los/as suspendidos/as. Grandes multinacionales como General Motors, Volkswagen, Peugeot, Techint, McDonalds, se vieron beneficiadas por esta “ayuda solidaria”.

Por otro lado, si bien ni siquiera los primeros días la cuarentena exceptuó solo a los trabajadores esenciales (pues hay fábricas que nunca dejaron de trabajar a pesar de no producir productos esenciales), rápidamente la lista de excepciones se empezó a aumentar y con ella, inevitablemente, la circulación. Es así que hace varias semanas, aun en donde se concentra la mayor cantidad de contagios, la movilidad es casi normal ¿Culpa de la gente? ¡No! Culpa de que la inmensa mayoría de los “privilegiados” que aún tienen trabajo tienen que ir a trabajar, y los que no lo tienen tienen que salir a ver cómo alimentar a sus familias.

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Miles y miles fueron detenidos las primeras semanas por “violar la cuarentena” ¿Quiénes no tuvieron ninguna represaria? Los empresarios que obligaron a la gente a trabajar y que ni siquiera cumplieron con las condiciones de higiene y salubridad necesarias para evitar los contagios, por eso hoy en los lugares de trabajo los contagiados se cuentan de a decenas.

Como si esto fuera poco, medidas que hubiesen sido progresivas si se aplicaran no pasaron de letra muerta como el decreto contra los despidos, o para frenar los desalojos, gran parte del “acuerdo de precios máximos” y un largo, etc. Y las patronales tuvieron la vía libre para imponer de hecho la reforma laboral.

Se siguen pagando los intereses de la deuda externa (mientras se sigue renegociando) se extiende el congelamiento de la movilidad jubilatoria y se anuncia el pago en cuotas del aguinaldo para los trabajadores del Estado, dando rienda suelta a que imiten el mecanismo los sectores privados.

Entonces, para sintetizar, que sectores nefastos como el que dirigió el banderazo del 20 salgan a protestar contra una medida del Gobierno, no significa que este gobierne en favor del pueblo trabajador. Sino que lo que significa es que los sectores de poder están disputando el reparto de la torta, y que ninguno de ellos son realmente una salida para las necesidades de la mayoría de la población.

Lo que viene

Las cosas para los trabajadores y trabajadoras irán de mal en peor si no salimos a pelear. El Gobierno no nos cuida ni del virus, ni del hambre; la oposición patronal solo pelea para que no se toquen sus ganancias y se envalentona producto de las “medias tintas” del Gobierno: en lugar de ir a fondo con la expropiación de Vicentín, y seguir con todos los empresarios corruptos, retrocede ante cada «apriete» de los grandes empresarios, la Sociedad Rural y la derecha política.

Por otra parte, la traición de la dirigencia sindical, que es la mayor garante de la aplicación de los ataques del gobierno y las patronales y el accionar la mayoría de la izquierda, más centrada en lo parlamentario y la aparición pública que en organizar desde abajo las peleas, dan aire para que importantes sectores de la clase media, incentivada por los medios, simpaticen con los sectores de “derecha”.

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Cuando pase la pandemia la situación será peor: más desocupación, más miseria, más hambre, más ataques. El Gobierno se prepara para eso ¿viendo cómo crear fuentes de trabajo genuino? No, proponiendo la permanencia del IFE (ósea un subsidio mísero, al que seguramente le querrán imponer contraprestación) ¿Viendo cómo echar atrás la reforma laboral de hecho que están haciendo las patronales? No, proponiendo una “actualización laboral” a partir de teletrabajo, entre otras medidas que se preparan.

Más allá de los discursos, los hechos son cada vez más claros: Alberto Fernández gobierna para los poderosos y es incapaz de defender realmente la soberanía. Si no puede con Vicentín quebrado, menos va a poder con Chevrón, Pan American, las mineras y todas las multinacionales que se llevan todos nuestros recursos.

Nada bueno vendrá para nosotros ni del gobierno ni de la oposición patronal, solo podremos frenar los ataques tomando la pelea en nuestras manos, con la organización independiente de los trabajadores y trabajadoras desde los lugares de trabajo, barrios o estudio, formando comités, ganando las calles para pelear por las necesidades más urgentes, para poder realmente tener condiciones de cuidarnos del virus y en la perspectiva de desarrollar herramientas para las peleas de fondo que necesitamos dar.

24 de Junio de 2020.-