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Los medios de difusión bombardean con la lucha contra los “irresponsables” que violan la cuarentena. Sin embargo, nadie cuestiona a los más grandes irresponsables. Y el gobierno no los combate.

Por PSTU-Argentina

En estos días de aislamiento y miedo, los trabajadores y el pueblo pobre vemos incrementarse nuestro sufrimiento. A la incertidumbre por el trabajo, por el salario, por llegar a fin de mes, se agrega el temor por las consecuencias de la pandemia sobre los hogares obreros.

No es falso ese temor. Sabemos el desastre del sistema de salud, la forma en que las patronales ponen sus ganancias por encima de todo criterio humano, y que nunca un gobierno (sea del signo que sea) ha sabido enfrentar las calamidades en beneficio de los pobres.

Todos nos hemos indignado con la irresponsabilidad de muchos que violan la cuarentena, poniendo en peligro a los demás. En general, son sectores patronales o de clase media alta. Como ejemplos están el CEO de Vicentín que quería hacer la cuarentena en su yate, el del country que obligó a esconderse en el baúl del auto a la empleada que trabajaba en su casa. O como el que venía en Buquebús  sabiendo su situación y pudo haber contagiado a 400 pasajeros. Y está bien indignarse: tienen que ir presos.

Pero detrás de esos casos y la campaña, se esconde un silencio hipócrita, que oculta a los más grandes irresponsables, los que están poniendo en riesgo a millones de trabajadores y sus familias. Desde la tele nos bombardean, para justificar la vigilancia policial (incluso sus excesos). Y escrachan a trabajadores informales que no tienen más remedio que arriesgarse para buscar los pesos que permiten a su familia comer cada día. No son esos los “irresponsables” a los que hay que escrachar y castigar. Y mucho menos humillarlos como está haciendo la policía en los barrios obreros, corriendo y encarcelando a los pibes por nada, tratando a los albañiles que quieren llegar a la changa o los vendedores ambulantes que buscan el mango como si fueran delincuentes. Todos vimos el video donde pusieron a “bailar”, como se hacía antiguamente en la colimba, a un grupo de trabajadores que iban por la calle. Parece que el problema, como siembre, fuéramos los pobres.

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Nadie toca a los máximos irresponsables: los “vivos” siguen ganando 

Cientos de empresas que producen mercancías que no son urgentes para pasar la situación siguen obligando a sus trabajadores a concurrir al laburo. Metalúrgicas, talleres textiles, del plástico, no han respetado las medidas decretadas. Hay denuncias de los trabajadores por todos lados: vineros de Mendoza, siderúrgicos de Techint (empresa del multimillonario Rocca) que producen caños para petróleo, talleres de todo tipo. Obreros de la alimentación que producen golosinas (como denunciaron los de Felfort o los de Pepsico Mar del Plata).Son cientos de miles de obreros obligados cada día a movilizarse, trasladarse en trenes y colectivos, arriesgándose ellos y sus familias, amenazadas por el contagio cada día al regresar.

Empresas que producen alcohol en gel (que viene del azúcar) aumentan los precios de manera exorbitante. Esto fue denunciado por el propio presidente, pero nada hizo. Las grandes cadenas de comercialización de alimentos están acaparando, haciendo escasear muchos alimentos, y remarcando diariamente.

Empresarios de ramas que están autorizadas a trabajar, que no proveen de elementos de seguridad suficientes a sus empleados. Otros que aprovechan para suspender o echar, amparados en la crisis.

Estos patrones negreros están muy protegidos ellos y sus familias, en sus mansiones o countryes, con personal de servicio que les hace las compras. Ellos no se arriesgan. Pero nos ponen en peligro a sus trabajadores.

Estos son los verdaderos irresponsables, los más dañinos. Pero nadie los denuncia ni los persigue. Los canales no se acuerdan de ellos, tal vez porque son sus anunciantes, los que ponen la plata. Pero ¿por qué el gobierno no los persigue y obliga a cumplir el aislamiento? ¿Por qué no cierra por la fuerza esas empresas y talleres? ¿Por qué no expropia toda la producción azucarera y la pone al servicio de la elaboración de alcohol para ser distribuido gratuitamente?

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Un párrafo especial para la burocracia sindical de la CGT  y CTA´s. ¿Dónde están y qué dicen ante todos estos atropellos? Nada de nada. Silencio cómplice y traición.

Y la policía, ¿por qué molesta y humilla a los trabajadores, pero nada hace frente a esto? El Ministerio de Trabajo debería estar recorriendo, apoyado en la policía, todas las fábricas y cordones industriales, para ver cómo miles de empresarios violan las medidas y obligarlos a cerrar sus fábricas, impedirles acaparar e incautar todo lo que escondan y sea de necesidad público.

¿Qué hace el gobierno? ¿Qué hace Cristina?

Alberto Fernández decretó (aunque con algo de retraso) una medida necesaria: el aislamiento masivo. Pidió responsabilidad y se comprometió a que “en Argentina se terminaron los vivos”.

Pero los “vivos” de siempre, los que lucran con todo y todos, y aprovechan la desgracia ajena para enriquecerse, siguen estando ahí, siguen haciendo de las suyas. Seguramente el presidente lo sabe. Estamos esperando que cumpla su palabra, que termine con los vivos: los patrones negreros que nos ponen en riesgo a todos. No tenemos confianza en que lo haga: él mismo está flexibilizando la prohibición de operar a ramas que no tienen nada que ver con la emergencia, como las curtiembres.

Reclamamos al gobierno, a Fernández y a Cristina, que brilla por su ausencia, a actuar como dicen que actuarán.  Reclamamos a los organismos de DDHH afines al gobierno actual, que denuncien los atropellos policiales o las actitudes autoritarias de funcionarios como Sergio Berni.

Mientras tanto, desde abajo, desde cada fábrica y empresa, los trabajadores tenemos que volver a demostrar una vez más, como en cada catástrofe, como en Malvinas, que la única clase solidaria, la única que es capaz de velar por el conjunto de la sociedad sin poner por delante sus intereses, es la clase obrera. Tenemos que imponer desde abajo las medidas imprescindibles para defender a todas las familias que viven en este país.