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Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, las direcciones feministas nos dicen que necesitamos hacer un día de “Huelga productiva y reproductiva”, solo un día de “libertad”, sin exigirle a las conducciones sindicales un paro por nuestras vidas y nuestros derechos, y depositando toda su confianza en el gobierno de Alberto Fernández. Desde Lucha Mujer y el PSTU decimos que necesitamos mucho más que eso. Debemos exigirle al gobierno de Fernández que tome como prioridad nuestras demandas y deje de pagar la Deuda.

Por PSTU-Argentina

POR LA SOCIALIZACIÓN DE LAS TAREAS DOMESTICAS Y DE CUIDADOS

La convocatoria del Ni una Menos en Argentina al 4º Paro Internacional Feminista como Huelga “Productiva y Reproductiva”, entre otras consignas, vuelve a poner sobre el tapete un viejo debate del movimiento de mujeres mundial: desde la campaña por Salario para Trabajo doméstico de 1972 hasta el gobierno de Alberto Fernández, pasando por la CTEP y otres, el debate está abierto. ¿Qué son esas tareas “reproductivas”, tareas domésticas y de cuidados? ¿Cómo podemos las mujeres librarnos de ese yugo? ¿Debemos reclamar un “salario” a cambio de seguir haciéndolas o el Estado debe hacerse cargo de su realización?

Esclavitud doméstica.

“Eso que llaman amor es trabajo no pago”, frase que hoy leemos en varias paredes del mundo, refiere a este problema: las mujeres seguimos siendo quienes garantizamos las tareas del hogar, tareas de cuidados a la niñez y ancianes, y enfermes.La distribución de estas tareas es de 86,3% para las mujeres y 41% para los varones siendo casi absolutamente responsables de la organización de las tareas y contención afectiva del grupo familiar.

Trabajo y capital

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Desde el punto de vista de las relaciones de producción capitalistas, el trabajo doméstico produce bienes y servicios que son consumidos por el asalariado/a y que ayudan a reproducir la fuerza de trabajo. Es decir, la supervivencia en mínimas condiciones para quien al otro día debe volver salir a trabajar (incluso si es la propia mujer quien debe hacerlo). Pero en sí mismo, no es un trabajo que implica explotación sino opresión, ya que no produce más valor que quede en manos del capitalista puesto que no es un trabajo en relación con la producción externa al hogar.

El gobierno de Fernández coloca la cuestión desde el Ministerio de Mujeres tomando la propuesta de organizaciones como CTEP que asegura que las tareas de cuidados son llevadas adelante en los barrios por las mujeres organizadas, y que el Estado debe hacerse cargo de estas tareas tomándolas en sus manos y pagando un salario (AUH por ejemplo). Las mismas organizaciones feministas reclaman un salario a cambio de esas tareas.

De ambas maneras, se naturaliza la idea de que el trabajo doméstico y de cuidados es tarea femenina. De nuestra parte, las consideramos tareas opresivas, embrutecedoras y esclavizantes que, al llevarse a cabo dentro del ámbito de la familia, se reproducen día a día hasta el infinito, e impiden a la mujer organizarse, socializar con compañeres en estructuras de trabajo colectivas y, por lo tanto, dar un paso político hacia la independencia de esas tareas y por una sociedad sin opresión ni explotación.

Coincidimos en que el Estado debe garantizar la realización de esas tareas, pero… que esas tareas sigan siendo del dominio de las mujeres en los barrios, en precarias condiciones, sin la formación necesaria y a cambio de apenas un subsidio o la AUH es precarización laboral y pauperización de salarios de quienes realizan esas tareas bajo relación de dependencia. Esa «salida» exime al Estado y les empresaries de dos cosas básicas: garantizar trabajo genuino, formal y con salario igual a la canasta familiar para el conjunto de las mujeres en edad laboral, por un lado, y por el otro lado, exime de garantizar vacantes en los jardines y maternales, comedores, etc. para que podamos salir a trabajar.

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Una salida de fondo

Es fundamental que las mujeres y la clase trabajadora de conjunto exijamos al Estado la socialización de las tareas domésticas y de cuidados, sacándolas de la órbita de lo privado, con el presupuesto necesario para la creación de todo tipo de instituciones que garanticen estas tareas. Solo de esa manera las mujeres podremos liberarnos de las cadenas individuales que nos atan.

No creemos que un Estado que sólo beneficia a la clase más poderosa, los capitalistas, pueda o quiera hacerlo. Tampoco en este sistema podremos terminar con el machismo o la explotación. Solo un Estado Obrero en camino a una sociedad socialista, como Rusia en los primeros años de la Revolución, es capaz de llevar adelante semejante tarea. Mientras tanto luchamos por reivindicaciones que ayuden a valorizar este trabajo, tales como asignaciones adicionales por tareas domésticas y subsidios por hijes dentro del salario… Y por supuesto, dar una pelea feroz por la creación de guarderías y salas maternales en cada lugar de trabajo o estudio, asilos estatales de ancianes, reducción de la jornada laboral para madres y padres, así como también la extensión de las licencias por maternidad y paternidad…