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Ante un crecimiento de los casos de la pandemia finalmente llegó el anuncio que hace días estaba planteado y el gobierno se negaba a tomar (por lo cual se expuso toda una semana con medidas contraproducentes como lo de la frecuencia de los trenes): el aislamiento obligatorio para todos los que no tengan trabajos esenciales que, además, será vigilado por las fuerzas de » seguridad» con posibilidad de reprimendas a quien lo cumpla.

Por PSTU-Argentina

Nada se sabe aún cuáles serán las medidas que se tomarán para garantizarle ese aislamiento a los millones de trabajadores autónomos, que si no trabajan no comen. Ni se habló de las medidas con las empresas para impedir un sólo despido o cualquier tipo de rebaja salarial (ya sea en concepto de sacar los premios)., ni de las sanciones que recibirán las empresas no esenciales que no cumplan con la cuarentena o apliquen algún perjuicio a los trabajadores por la situación.

A pesar de los discursos el gobierno de Alberto una y otra vez demuestra al servicio de quién gobierna. Los trabajadores y trabajadoras, para preservar nuestras vidas y las de nuestras familias, necesitamos medidas de fondo.

Lo primero que se debería haber anunciado es la realización del TEST de coronavirus a TODAS y TOODS para detectar también los casos asintomáticos, para eso decretar la inmediata importación de los test necesarios.

Para garantizar la cuarentena necesaria para que el virus no se siga propagando necesitamos medidas que permitan hacerla: garantía absoluta para los trabajadores precarizados, bono para todos los trabajadores informales, alimentos y elementos de desinfección y prevención gratuitos distribuidos en los barrios. Es necesario garantizar algo tan básico como el acceso al agua potable a todos y todas.

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En la realidad hay muchas industrias no esenciales que el gobierno sigue dejando trabajar (y producir ganancias): son las mineras una industria esencial en medio de esta emergencia? Y los gráficos? ¿Y los que producen snaks o golosinas? El gobierno da una apertura de excepciones que deja que cientos de empresas sigan produciendo productos o esenciales sin ninguna reprimenda.

También son necesarias medidas para garantizar la prevención de los trabajadores y trabajadoras realmente esenciales transporte garantizado por las empresas, reducción de la jornada laboral, reincorporando o incorporando trabajadores para garantizar la producción.

Si estamos en una situación de emergencia, que la estamos, toda actividad económica debe ser planificada y dirigida por el Estado: las clínicas privadas y la industria farmacéutica deben ser expropiadas al menos mientras dure la emergencia, todas las viviendas ociosas y hoteles deber ser usados para albergar a los sin techo o las familias que viven en brutales hacinamientos.

Pero el gobierno de Alberto solo quiere obligar mediante las fuerzas de seguridad a aislarse a los trabajadores y el pueblo exentos de ir a trabajar y no obliga a las empresas a rediseñar su producción en función de la emergencia.

Los milicos en las calles nada tiene que ver con nuestra salud, el cumplimiento de la cuarentena debe ser organizado y garantizado desde los mismos vecinos en los barrios, así como la distribución de los alimentos y productos de higiene que el Estado debería proveer gratuitamente y los sindicatos deberían reclamar en forma urgente, y que si no provee tenemos que ir nosotros mismos a exigir a los supermercados y laboratorios.

No confiamos en las fuerzas que persiguen a los pibes y pibas en nuestros barrios y muchas veces los matan por el gatillo fácil.
La actitud de los dirigentes sindicales tanto de la CGT como de la CTA es realmente lamentable. En lugar de ponerse a la cabeza de defender los intereses y las vidas de los trabajadores y  trabajadoras, se ponen a la cabeza de hacer que la gente trabaje: ni un reclamo en defensa de los trabajadores, ni una propuesta de poner los sindicatos al servicio de las necesidades de la población frente a esta emergencia.

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No hay forma de responder a esta emergencia sin tocar a fondo las palancas de la economía y eso implica dejar de planificarla en función de que las empresas sigan produciendo ganancias. El presupuesto de la salud y de obras públicas deberían aumentarse en función de las necesidades actuales y eso es posible dejando de pagar la deuda externa. Si al menos dejan de pagar los 29.000 millones de dólares que vencen este año hay recursos para tomar las medidas urgentes aquí propuestas.