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El conjunto de las fuerzas políticas patronales han hecho un pacto de “unidad nacional para combatir el coronavirus”. Su objetivo es frenar la pandemia en la medida de lo posible, afectando en la mínima medida las ganancias empresariales.

Por PSTU-Argentina

Son concientes de que, ante la profundidad de la crisis económica, con el correr de los días la situación de los trabajadores será insostenible. Y pueden empezar a darse rebeliones, tanto contra las empresas que no cumplen, como en hospitales que estarán abarrotados, como en los barrios donde el hambre aprieta.

A partir de tomar medidas relativamente correctas, como el aislamiento (a diferencia de otros gobiernos como Bolsonaro o Trump), el gobierno ha sacado las fuerzas de seguridad y armadas a la calle. Bajo el argumento de garantizar el aislamiento, lo que hacen es prevenir posibles acciones obreras y populares que comiencen a tomar en sus manos el combate contra la pandemia y el hambre, poniendo en riesgo la propiedad privada capitalista.

El gobierno y  el ejecutivo, con acuerdo de los partidos patronales y las burocracias sindicales de todas las centrales, ha tomado el poder completo en sus manos. La Justicia dejó de funcionar. Y el Parlamento fue cerrado, en acuerdo de los bloques patronales. Esto es muy malo.

Sabemos del desprestigio de esa cueva de ladrones que es el Congreso. Y que nada bueno podemos esperar los trabajadores de diputados y senadores. Sin embargo, el solo funcionamiento del Parlamento sirve como una vidriera de lo que hacen, y nos permite prepararnos ante medidas erradas o totalitarias tanto del gobierno como de las Fuerzas armadas y de seguridad. Es un derecho de la población que los congresales sesionen, y pongan sus propuestas a conocimiento de todo el pueblo. Hoy están negociando todo escondidos entre cuatro paredes, a espaldas del pueblo que no conoce sus posturas.

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Por eso, no compartimos la decisión de que el Congreso deje de funcionar. Tienen sueldazos: tienen que sesionar (además de expropiarles parte importante de sus dietas para el sistema sanitario). La excusa de la pandemia no sirve; pueden sesionar en un ambiente amplio, donde estén alejados unos de otros. Y que la televisión filme los debates, de cara al pueblo.

Una cosa es que el congreso funcione, otra es confiar en él

En este marco, los diputados del  FIT-U y en particular los del PTS, han insistido en su oposición al cierre. Estamos de acuerdo con eso. Pero solo con eso.

No compartimos su propuesta general. Han sacado decenas de artículos y declaraciones, cuyo centro es la exigencia de que el Congreso se reabra. ¿Para qué? Para que la izquierda presente allí sus propuestas. Repetimos, estamos de acuerdo en que el Congreso funcione. Con lo que  no estamos de acuerdo es que ese sea el eje, el centro de la política del FIT-U.

Del Caño y Bregman, del PTS (a quien va dirigida fundamentalmente esta polémica, ya que han sido los que han sido más insistentes), proponen medidas correctas, con las cuales coincidimos, tales como la nacionalización del sistema de salud, la incautación de los artículos necesarios, dejar de pagar la deuda, etc.

Sin embargo, están preocupadísimos porque no les dejan presentar esas propuestas en la Cámara de Diputados. Una de dos: o tienen confianza en que podrán ser votadas (lo que no creemos), o tienen la  mira puesta en las próximas elecciones, y en ganar votos.

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Para la izquierda que se dice revolucionaria, la labor parlamentaria es secundaria, y complementaria de la tarea central, que es movilizar a los trabajadores y el pueblo para luchar por un programa que dé respuesta a sus grandes problemas (en este caso la pandemia). La tarea fundamental es estar en cada fábrica resistiendo los atropellos, en cada lugar de trabajo imponiendo las urgentes necesidades, en los barrios rechazando la humillación policial.

Salir en la tele junto a los demás jefes de bloque, no redundará en ningún beneficio para el pueblo que hoy está sufriendo.

Necesitamos otra izquierda, que ponga su programa y salidas en las luchas y las fábricas. Una izquierda revolucionaria, de combate, cuya actividad central sea la acción directa de los trabajadores, en su lucha por una salida que enfrente la pandemia y todas las lacras capitalistas.