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Ante los ataques patronales y la traición sindical necesitamos la autoorganización.

Por Daniel Ruiz

La crisis sanitaria y económica mundial es la consecuencia del propio sistema capitalista. No solo por los propios recortes presupuestarios en salud y educación en los países imperialistas sino que a los países como Argentina no solo nos saquean nuestros recursos naturales, sino que la dependencia económica es casi total producto de la Deuda Externa.

Ante este panorama, las multinacionales descargan sus pérdidas a los trabajadores

Las empresas aducen pérdidas, situaciones de crisis, falta de inversión, para lo cual la única manera de sobrellevar el camino es afectar a los trabajadores.  Por un lado con despidos, suspensiones, rebajas salariales, lo cual todos las conducciones gremiales avalan, algunos firmando ciegamente los acuerdos, otros poniendo algunos reparos y los menos criticando pero no haciendo nada revertirlo. Las medidas aisladas sin coordinación ni planificación solo sirven para maquillar por izquierda al hambre y miseria que vivimos.

Pero por otro lado las patronales siguen ganando porque el aumento de precios beneficia a los empresarios, y los trabajadores con la inflación siempre perdemos.

 

El capitalismo está en decadencia ¿Y los sindicatos?

No podemos centrarnos solo en que la burocracia sindical es traidora, lo que nos muestra esta pandemia es el problema de raíz que lleva a los gremios y organizaciones a actuar siempre en contra de los trabajadores, y aún más en tiempos de crisis.

La dependencia de los sindicatos y organizaciones sociales del Estado, sea del Ministerio de Trabajo, de Bienestar Social, de las mesas de arbitraje, de la regulación por las personerías jurídicas, hace que la «institucionalidad» de ese Estado nos deje con las manos atadas para enfrentar fuertemente al capital.

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No es casual que las conciliaciones obligatorias son el instrumento para frenar las luchas y como alternativa recurren a la Justicia patronal, y si todo eso falla viene su represión con las fuerzas policiales. No podemos dejar de mencionar que las patotas sindicales son los guardianes de esa institucionalidad dentro de los gremios.

 

Pero el hambre y los ataques siguen ¿Qué hacemos?

Lo que predomina es la traición de los dirigentes, decretos del Gobierno que son letra muerta en los ministerios, pero también hay resistencia. Se comienza a luchar en varias empresas y sectores, y eso muestra la disponibilidad de acción de nuestra clase y los sectores populares.

Pero vemos los propios límites de las organizaciones “institucionales” por estar reguladas por el Estado y eso se va convirtiendo en una traba para el propio desarrollo de la lucha.

Porque ante una crisis como ésta, necesitamos ampliar el grado organizativo, no alcanza tener buenos delegados que lleven los reclamos y hagan asambleas, hace falta potenciarlos con comités que tomen todos los reclamos, los que figuran en el convenio colectivo y todas las necesidades que van surgiendo. Los patrones ante la crisis no van a querer aflojar nada, por eso la lucha debe ser dura y para ello deben revolucionarse las organizaciones ampliándose sus propias estructuras.