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La lucha de los trabajadores de los Astilleros Río Santiago se ha transformado en emblemática. No solamente por la fortaleza de los trabajadores en la defensa de las fuentes de trabajo y sus conquistas históricas. Sino porque, es una lucha en defensa de la soberanía y la industria naval estatal.

Por: Víctor Quiroga

Los compañeros han demostrado una gran voluntad de lucha. Se movilizaron, se enfrentaron a la represión, tomaron la fábrica con todos los empleados dentro, ocuparon el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires; le arrancaron compromisos a la Gobernadora Vidal de aportar los insumos necesarios para continuar trabajando. En esto también se involucró la Iglesia, a través de la Pastoral Social, como “mediadora”, pero con el real objetivo de “pacificar los ánimos”.

 Si bien no se puede confiar en ningún papel firmado por un gobierno de mentirosos y estafadores, ni confiar en los curas, los trabajadores obtuvieron pequeños triunfos que hay que defender ahora con la lucha y la movilización. Una conquista importante fue el plenario con unos 500 delegados de diferentes gremios que votó un Plan de Lucha. Y ahora se prepara otro para continuar las peleas. Sin duda esta lucha es de todos y debemos rodearla de solidaridad. Con amplia unidad se puede ganar.

Dinamitar el Astillero”: un nuevo ataque a la Soberanía Nacional

Astilleros Río Santiago llegó a ser el Astillero más moderno de Iberoamérica, ha construido la Fragata Libertad, buques graneleros, tanqueros, petroleros de gran tonelaje y diferentes buques y embarcaciones militares.

A pesar de su capacidad de producción, y la diversidad de tareas que ha realizado (trabajos para Yaciretá, YPF, etc.) Macri-Vidal quieren destruirlo.

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El periodista Omar Zanarini de Radio Gráfica, asegura que “Vidal planificó la destrucción del Astillero Río Santiago con persecución contra los trabajadores y a los gremios”. Se habría filtrado un documento confidencial en el cual se plantea un “plan integral que contemplaría diferentes agendas, económica, Judicial, Públic”, para crear un verdadero “enemigo interno” para facilitar los ataques al astillero y sus trabajadores. De ahí la campaña “hace 10 años que no fabrican un barco” del periodista Lanata y demás medios amigos del Gobierno. El objetivo sería cerrar el Astillero o “reconvertirlo”, con un número mínimo de trabajadores, y la posibilidad de privatizar una parte.

Ya en los 90, una dura pelea frenó los intentos de privatización del entonces Presidente Menem, aunque avanzó con la privatización de los puertos, la destrucción de la industria naval y la liquidación de ELMA (nuestra línea marítima estatal), entre otros ataques.

Ahora Macri-Vidal vuelven a la carga para “dinamitar el Astillero” y además despejar el camino para el ajuste del FMI contra los trabajadores en toda la provincia.

El discurso de la gobernadora quiere ganar adeptos denunciando “las mafias y negociados” y de querer un “Astillero productivo”, pero la realidad muestra por dónde viene el ataque. Cambiemos, como han denunciado los trabajadores, ha comprado sin licitación a Francia cuatro buques de guerra, y lanchas israelíes por más de 300 millones de dólares, cuando esas mismas embarcaciones se pueden fabricar en el Astillero por la mitad de ese valor. No es culpa de los operarios de los Astilleros que no haya producción. Hay dos buques petroleros encargados por Venezuela en etapa de terminación pero que no se pueden entregar por falta de los insumos necesarios que el Gobierno se niega a proveer.

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Un programa antiimperialista para defender nuestra soberanía

Si bien durante el gobierno de Néstor Kirchner se firmó un convenio con Venezuela para la construcción de varios buques, que permitió el mantenimiento de las fuentes de trabajo, esto no fue como parte de un plan estratégico de recuperación de la industria naval estatal. Lo más grave es que las principales privatizaciones de Carlos Menem en éste y otros terrenos no fueron revertidas: los puertos siguieron en manos privadas, las exportaciones principales del país en manos de multinacionales y grandes productores al igual que el transporte marítimo.

La defensa de los Astilleros Río Santiago, es una lucha por la industria naval 100% estatal. Pero debe ser parte de un plan estratégico antiimperialista de recuperar nuestra soberanía. Nuestra producción naval y la flota mercante, la re-estatización de todos los puertos con el control de sus trabajadores. Estas primeras medidas para ir recuperando las palancas de la industria naval, y los puertos deben ser parte de un plan más general, obrero y popular, de ruptura con el imperialismo, anti capitalista, empezando por dejar de pagar la Deuda Externa, estatizando los bancos y todo el sistema financiero, las multinacionales del campo, la energía, la minería, etc.

Y junto a esto es necesario reconstruir Juntas Nacionales de Carnes y de Granos que sean quiénes compren la totalidad de la producción y comercialice nuestras exportaciones de trigo, soja, maíz y la carne.

De esta manera el Estado y los trabajadores podrán ejercer un control sobre los precios de estos alimentos fundamentales (como la carne y la producción de harina y sus derivados).

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Consideramos que las organizaciones obreras deben encabezar esta lucha junto a las corrientes sociales y populares. Los compañeros honestamente antiimperialistas deberían exigir a los dirigentes que plantean desconocer los acuerdos con el FMI y los rechazan, y apoyan la lucha del Astillero, impulsar la más amplia unidad para enfrentar al imperialismo ahora. No se puede esperar a las elecciones del 2019.

Somos conscientes que este programa que proponemos solamente podrá ser llevado adelante junto a las medidas inmediatas necesarias para poder comer, curarse y estudiar por un gobierno de nuestra clase. Es decir un Gobierno Obrero y Socialista.