Compartir

La “Independencia”, la “Liberación Nacional”, han desaparecido de la palabra y acción de los dirigentes peronistas.  ¿Qué quedó de la lucha sin cuartel de nuestras y nuestros patriotas? ¿De los sueños de la juventud que abrazó el peronismo para luchar contra el imperialismo y por el “socialismo nacional´”? En una serie de notas mostraremos el papel del capital extranjero y su relación con la oligarquía y la llamada “burguesía nacional”.

Por Víctor Quiroga

Los ganaderos, la oligarquía comercial, el interior y la Independencia

La crisis de la corona española, producto de la invasión napoleónica, favoreció el proceso independentista. La declaración de julio de 1816 fue determinante en el proceso de ruptura con la metrópoli. Un hecho muy progresivo, al que le sucedió la guerra por la independencia continental que culminó con la expulsión del imperio español en 1824. Luego se sucedieron crisis y guerras civiles, expresión de intereses encontrados entre los diferentes sectores: la oligarquía ganadera exportadora de Buenos Aires y el litoral; los importadores y el interior más atrasado productor de manufacturas; Buenos Aires que controlaba el Puerto y ligada al mercado mundial y el interior abastecedor del mercado interno. Unos librecambistas y otros proteccionistas, aunque con divisiones entre ellos por el control de la Aduana. Como expresión de esta pelea, entre otras surgirán dos corrientes políticas: los “Unitarios” y los “Federales”.

El imperialismo inglés hará su entrada a partir del comercio exterior y su relación con exportadores e importadores criollos. Por esa relación Argentina sufrirá un proceso de transformación de país independiente en dependiente del capital extranjero y luego en una semi-colonia.

Desde 1815 y 1820, Gran Bretaña, además de controlar el comercio exterior se dedica a ser el prestamista del gobierno. Bernardino Rivadavia, se transformó en “comisionista”, el intermediario, como hoy lo son Domingo Cavallo o Luis Caputo. Tal es así que recibió como premio ser nombrado presidente de la River Plate Mining, una minera instalada en Famatina, con un sueldito de 1.200 libras. Además por iniciativa de la colonia inglesa de ese entonces impulsa la creación del Banco de la Provincia de Buenos Aires y el Banco Nacional, con residentes ingleses en su directorio.

Lea también  De Salazar a Vieira, el combate a los racistas no perdona a nadie

La Ley de Enfiteusis, promulgada en 1826, lejos de ser una barrera a la expansión de los terratenientes, significó la hipoteca de todas las tierras públicas.  Todo en favor de garantizar los empréstitos ingleses, mientras eran entregadas grandes extensiones en usufructo a familias amigas, como Tomás de Anchorena, favoreciendo la formación de la oligarquía terrateniente.

El grado de dependencia del capital extranjero por parte de la naciente burguesía y la oligarquía terrateniente se vio incluso en los momentos del auge como en el periodo 1850 a 1880, cuando nuestro país pasó a ser una potencia en el comercio mundial y la Argentina alcanzó un desarrollo importante. Como dice Nahuel Moreno en su obra Método de interpretación de la historia Argentina: “La rémora no obstante, seguía en pie. Para ser una gran nación había que acabar con la burguesía terrateniente

Crisis económica mundial de 1929, el Pacto Roca-Runciman 

Ya entrado el siglo XX y en medio de la pavorosa crisis mundial de 1929 (que algunos comparan con la actual), se firma con Gran Bretaña el Pacto Roca-Runciman, pasándonos a la órbita de las colonias inglesas. Inglaterra se transformaba así en la “nación privilegiada”. Argentina le vendería carne casi exclusivamente a los ingleses, faenada en los frigoríficos extranjeros como Armour, Swift, y Anglo-Ciabasa, y cuyos productos británicos en su mayoría, dejaban de pagar impuestos a la importación. Se  destruían la industria nacional y las economías regionales. Inglaterra decidía el destino de nuestras exportaciones.

No habrá Independencia sin romper con el imperialismo

Gran Bretaña salió debilitada de la Segunda Guerra Mundial. EE.UU aprovechó para tratar de entrar a la Argentina. La irrupción del peronismo abrirá un periodo de relativa resistencia y de independencia, que el golpe gorila de 1955 cerrará. Desde entonces, el imperialismo yanqui será el predominante en estas tierras y aumentará el control de nuestra economía hasta nuestros días.

Lea también  Lésbicas, bisexuales y trans negras: solo la revolución puede explotar todos los armarios que nos oprimen

Más allá de los roces y discursos, ningún gobierno rompió con la dependencia del capital imperialista. Por el contrario, la sumisión fue en aumento. Los pactos económicos con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, además de los pactos políticos y militares con las Naciones Unidas, la OEA y acuerdos bilaterales confirman lo que se ha dado en la historia: la oligarquía terrateniente, la burguesía “nacional” y sus gobiernos están atadas firmemente a los intereses del gran capital imperialista.

Ver  a Alberto Fernández, en un 9 de julio, Día de la Independencia, rodeado de los “Rivadavia” y los “Roca”  actuales, por nombrar solo algunos, es decir los comisionistas, fugadores de recursos y divisas, explotadores y sus cómplices de hoy, muestra por qué el peronismo ya no habla de “liberación nacional ni de soberanía económica”.

En la próxima nota analizaremos por qué a pesar de que millones de trabajadores apoyaban a Perón, este optó por entregar el poder a los militares fusiladores en el ‘55. Y por qué nuevamente en los ‘70, con la simpatía de los propios trabajadores y miles de jóvenes que salían a las calles a gritar “qué lindo que va ser el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel”, el peronismo no tomó ninguna medida antiimperialista, y en cambio, aplicó el “Pacto Social” y el Plan Rodrigo, que hambreó al pueblo.

Por eso decimos que será obra de los trabajadores y explotados retomar las banderas de la Independencia y la Liberación Nacional y Social. Será por la Segunda y Definitiva Independencia.

16 de Julio de 2020.-