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Finalmente, pasaron las elecciones y arrojaron los resultados previstos, más allá de la remontada de Macri y el aumento de la polarización. Macri se va y junto con él Vidal en la provincia de Buenos Aires.

Por PSTU-Argentina

Los festejos del domingo a la noche, que no fueron solo de los militantes peronistas sino de los que vieron un triunfo en la derrota de Macri, muestran que hay un sentimiento de esperanza en la mayoría de los hogares obreros y populares. Las promesas de la fórmula Fernández genera ilusiones en que podemos recuperar lo perdido en 4 años de macrismo.

Aunque ya la fórmula ganadora empezó a hablar de lo difícil que será salir de la “herencia recibida”: casi un 40% de pobreza, donde mujeres, niños y niñas son los más golpeados, más de 11% de desocupación y para los más jóvenes el doble, 19%.

Casi 10 mil Pymes que cerraron bajo este gobierno, tarifazos en los servicios públicos y una Deuda Externa que se calcula es más del 100% del PBI. Este es el paisaje desolador que dejó Mauricio Macri en su mandato.

¿Orden o urgencia?

Con los resultados a la vista Macri felicitó a Fernández y se juntaron a desayunar el pasado lunes. Acordaron una transición ordenada para encaminar todo hacia el 10 de diciembre donde se hará el traspaso de mando. Cristina fue muy enfática en su discurso de triunfo: “tienen que gobernar hasta el último día”, aunque esto signifique para los trabajadores seguir hundiéndonos en el hambre y la pobreza.

Nada hablaron Macri y Fernández de las medidas urgentes que se necesitan contra la miseria: ni siquiera la Emergencia Alimentaria, medida sumamente insuficiente, votada luego de las PASO y de dudosa aplicación hasta hoy. ¿Es que los pibes y pibas con hambre tienen que esperar al 10 de diciembre para “solucionar” la herencia recibida para poder comer? ¿Por qué sentarse a desayunar con el verdugo de los trabajadores y el pueblo?

Un fantasma recorre nuestra América

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Hay un fantasma que recorre Latinoamérica y el mundo: la rebelión de los pueblos contra los planes de ajuste del imperialismo y sus gobiernos aliados (ver páginas centrales).

Desde Haití hasta Chile, pasando por Costa Rica, Colombia y Ecuador los trabajadores y trabajadoras, estudiantes, pueblos originarios, están enfrentándose a la miseria y la pobreza. Por eso en Chile, aunque se frenó el aumento de pasaje del subte y Piñera pidió la renuncia de sus ministros, el pueblo continúa movilizado. Porque sus demandas de educación, salud, vivienda, salarios dignos, no están resueltas. Y no van a frenar hasta conseguirlas, tirando a quien deban tirar. Las fuerzas políticas de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos temen un efecto contagio.

¿En las calles o en las urnas?

Muchos compañeros y compañeras que hoy están esperanzados con el triunfo de Fernández, se solidarizan con el pueblo chileno y ven en Macri el espejo de Piñera, y en la tremenda movilización chilena la versión callejera de lo que acá se expresó en las urnas “En Argentina el estallido fue en las urnas”, titula Alfredo Zaiat una nota de Página 12.

Llevar la bronca a las urnas fue la política exitosa que tuvieron toda la dirigencia sindical, del movimiento de mujeres y movimientos sociales, después del principio del fin de Macri, el 18 de diciembre del 2017, lo cual impuso a los trabajadores y trabajadoras dos años más de caída de nuestro nivel de vida. Y ahora la continuidad de eso, es la transición ordenada y el Pacto Social, de nuevo a costa de que cada vez vivamos peor.

Todo el apoyo al pueblo chileno

Aun así, con todos y todas los y las que quieren apoyar la lucha del pueblo chileno y enfrentar los ajustes del FMI tenemos un profundo acuerdo, hayan votado a quien hayan votado. Entonces, tenemos que preguntarnos qué hacer juntos: ¿cómo podemos apoyarlo concretamente? La solidaridad no puede quedar en expresiones de deseo o publicaciones en redes sociales: tiene que ser activa. Tanto la CGT como la CTA sacaron declaraciones de apoyo al pueblo chileno ¿qué esperan para lanzar una gran campaña de solidaridad que involucre al conjunto de los trabajadores y trabajadoras del país como un Paro General?

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En el país hay varias empresas chilenas (Cencosud, LATAM, Falabella,). Esas empresas son las que someten a los trabajadores y trabajadoras tanto en Chile como en Argentina y son responsables junto a Piñera de los asesinatos y desapariciones. Para apoyar al pueblo chileno hay que organizar el boicot de todo el pueblo argentino a las mismas, empezando por las centrales y organizaciones sindicales. Los pilotos de LATAM dieron el ejemplo al anunciar que si querían trasladarlos a Chile para que funcione la línea irían al paro.

¿Y Alberto?

La ubicación del presidente recién electo no es menor. Tiene en sus manos la posibilidad de apoyar concretamente la lucha del pueblo chileno contra los efectos del “neoliberalismo” que él dice rechazar ¿No sería una presión importante para el gobierno de Piñera que Alberto anunciara la inmediata ruptura de relaciones con Chile en caso de persistir la represión y la desaparición de personas?

Lamentablemente, el recién electo presidente parece ya haber elegido otro camino: el de responder a la felicitación a Piñera hablando de la integración de los pueblos de América Latina ¿Integración con un gobierno que mata, viola y desaparece manifestantes? Poco de progresista parece tener eso.

En Chile y Argentina

El ajuste, que produce pobreza y desigualdad que enfrenta el pueblo chileno, ecuatoriano, haitiano, etc. es el mismo que nosotros estamos padeciendo y que continuará. El FMI es el que está tras todos ellos, y aquí, a pesar del cambio de gobierno, es de público conocimiento que los Fernández quieren “renegociar”, es decir, seguirán, con más o menos rapidez sus mandatos.

Nosotros no tenemos confianza en el próximo gobierno, pero llamamos a los trabajadores y trabajadoras que sí la tienen a una lucha conjunta: reclamar ya mismo a los Fernández un compromiso de una serie de medidas que retrotraigan la situación al 2015: rebaja tarifaria, aumento general de salarios, jubilaciones y planes sociales, congelamiento de precios de alimentos y artículos esenciales hasta salir de la crisis, rechazo de toda Reforma Laboral y Previsional (comenzando por rechazar los intentos de Caló y otros sindicalistas de “reformar convenios”, abriendo la puerta a recortes de conquistas en beneficio de los patrones), prohibición de cierre de empresas o despidos por un año, estatizar a las que no cumplan con esa prohibición;  legalizando el aborto y  declarando el no pago de la Deuda Externa “hasta que crezcamos”, como prometió en campaña.

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Pelear por frenar los planes del FMI es lo mejor que podemos hacer para apoyar al pueblo chileno y todos los pueblos en lucha y para en nuestro país, dejar de pagar con nuestra calidad de vida, y la de nuestros hijos e hijas, la rapiña económica de los empresarios respaldada por los políticos patronales.