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El caso de Ramona pone al descubierto que la violencia hacia las mujeres no es solo femicidios y violencia machista, sino también la violencia del propio Estado. Ramona Medina fue una de las referentes de La Garganta Poderosa en la Villa 31 que habían denunciado el abandono del barrio en plena cuarentena y la falta de agua durante 12 días. Nadie hizo nada para salvarla, ni Larreta ni Fernández. Ramona no se murió, a Ramona la mató la violencia estatal y el abandono.

Por PSTU-Argentina

Los casos siguen en aumento, sobre todo en villas y asentamientos. El hambre y la desocupación empiezan a calar hondo en los sectores más pobres de la Argentina, con un sistema de salud que ya estaba colapsado, todo esto agravado por el levantamiento en la práctica de la cuarentena, para beneficiar a las patronales millonarias. Un ataque directo a la supervivencia del pueblo pobre y trabajador.

La cuarentena no puede ser un privilegio para pocos

Cuando más necesario es sostener el aislamiento obligatorio, más imposible se hace cumplirlo en las miles de viviendas donde se hacinan las familias trabajadoras y pobres, quienes necesitan ganarse el pan todos los días.  Antes que morirse de hambre, prefieren arriesgarse a morir de coronavirus. Peor aún para las mujeres, que cargamos al hombro la responsabilidad de garantizar la comida y el cuidado de niños/as y ancianos/as, además, en muchas ocasiones, de lidiar en la convivencia con nuestro agresor.

Lo que el Estado debe garantizar es la cuarentena en condiciones óptimas para todes les trabajadores y principalmente para los sectores más vulnerables, pero hoy está haciendo lo contrario. Fernández no hace nada para frenar la violencia machista que azota a las mujeres y disidencias, tampoco los gobiernos provinciales y municipales.

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El 3J, entonces, no puede ser una fecha de mera “conmemoración”. Las conducciones del movimiento de mujeres, como el “Ni una menos”, no están convocando a hacer absolutamente nada. Se contentan con tener lugares de poder, llámese ministerio, secretaría, etc., y ser parte del Gobierno que hoy privilegia seguir bancando a las patronales y dándoles subsidios millonarios, o seguir pagando una Deuda gigantesca, a costa de la vida de los sectores populares.

Por su parte, el FITu (partidos de izquierda) hace acciones para ubicarse mejor en la disputa política parlamentaria en vez de organizar por abajo la resistencia y las acciones necesarias para enfrentar la terrible situación que se vive en cada barrio o en cada fabrica.

Hay una salida: tomemos en nuestras manos lo que se nos niega desde arriba

La única salida es organizarnos por abajo. Los ejemplos se van multiplicando: las mujeres que salieron a denunciar la falta de agua y asistencia en la Villa 31, las que organizan las ollas populares en los barrios o las que en Salta denunciaron e insistieron para salvar de la explotación sexual a 4 niños/as. ¡Nuestra vida se va si no cambiamos esto!

Es urgente poner en pie comités barriales, comisiones o grupos que tomen en sus manos todas estas tareas y arrancarle al gobierno las soluciones que necesitamos: garantizar el aislamiento o la seguridad de mujeres y niños/as ante la violencia, generar trabajo remunerado para todas/os, decretar ya mismo la legalización del aborto libre, gratuito y en el hospital, así como un Plan de Emergencia Nacional contra la violencia machista para que dejen de matarnos. O sea, políticas concretas que deben partir desde el “no pago de la Deuda Externa”, dejando de  subsidiar a patronales, y así tener el dinero para poner en marcha todo esto.  Ya basta de ser los/as pobres y trabajadores quienes paguemos los costos de una crisis económica que no provocamos. En nuestras manos está la fuerza que necesitamos para lograrlo.