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Las presiones para que se garantice el pago de la Deuda Externa y la ganancia de las  empresas multinacionales, por parte de grupos de poder extranjeros -a los que se suman los ricos y poderosos locales, junto a los políticos que les responden- demuestran que el orden imperialista mundial piensa salir de la crisis provocada por el Covid-19 saqueando a los países que tiene sometidos, como el nuestro. Al igual que en 1810, es urgente independizarse para evitar que nos hundan en la miseria.

Por Nepo

En 1810, era la opresión aplastante del dominio extranjero, su burocracia y sus leyes, impuestas para alimentar el parasitismo de la nobleza que aún hoy gobierna España; la que amenazaba en hundir en la miseria a los pueblos del continente. Y a falta de pandemia, era la crisis exacerbada por las guerras napoleónicas, la que sacudía el dominio español.

Así, el virrey Cisneros no pudo mantener por mucho tiempo su autoridad ante la caída en manos de Napoleón de las instituciones que regían las colonias a nombre del rey -ya prisionero del emperador francés- y tuvo que entregar el poder al Cabildo Abierto convocado por las clases acomodadas, el cual formó el primer gobierno criollo. Con lo cual el Virreinato del Río de la Plata se unió a la cadena de rebeliones que desataron una revolución continental que conllevaría catorce años de guerra de liberación.

De la independencia a la recolonización

Tanto por su peso social y económico, como por el programa político de la Revolución de Mayo, los sectores criollos más ricos (comerciantes, estancieros, etc.) terminaron ocupando el lugar dejado por el poder colonial. Pero como estos sectores basaban su fortuna en colocar materia prima en el mercado mundial a cambio de productos elaborados, no pasó mucho tiempo hasta que la Argentina terminara de nuevo subordinada a los principales poderes extranjeros: primero Gran Bretaña y luego Estados Unidos; reproduciendo el atraso y el saqueo que se sufrían hasta 1810, y condenando a la miseria a los sectores populares.

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Este saqueo, esta subordinación al mercado mundial, hoy alcanza niveles trágicos frente a la pandemia: atados a empresas multinacionales que quieren volver a facturar a toda costa, con sistemas de salud devastados por el vaciamiento y las privatizaciones, y con grandes extensiones de población viviendo en la miseria; las consecuencias de décadas de saqueo nos han dejado indefensos frente al coronavirus.

Los trabajadores debemos retomar la tarea

Con las clases dominantes transformadas en apéndices del dominio imperialista, es la clase obrera (que ha enfrentado e incluso derrotado sucesivos ataques de la patronal y el imperialismo) la que debe conducir al pueblo explotado y oprimido a la lucha por su liberación. Las decenas de luchas que han estallado en las últimas semanas, demuestran que la clase obrera tiene la fuerza para enfrentar tanto a las patronales, como a la pandemia; la fuerza para evitar que paguemos con hambre y con nuestras vidas el costo de la cuarentena, liberándonos de la decadencia capitalista e imperialista, mediante una Segunda y Definitiva Independencia, obrera y socialista.

La clase obrera tiene el deber histórico de encabezar esta lucha por la liberación nacional y social. Para ello, hay que recuperar nuestras organizaciones como herramientas de lucha, barriendo de ellas a los sectores ajenos a la clase que al vivir de sus cargos necesitan sostener el capitalismo colonial que nos subyuga, e imponiendo la democracia obrera para que los dirigentes sean controlados por las bases. Y, sobre todo, forjando con sus mejores luchadores una organización política cuyo programa responda a esas tareas históricas planteadas. El PSTU está entregado a la construcción de esa organización, e invita a quienes quieran acabar con el dominio del capital nacional y extranjero sobre nuestro país y nuestra clase a sumarse a la tarea.