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Ilusos los que creen que arrancando una flor, muere la primavera

El marco de esos acontecimientos

El Códobazo (1969) abrió una gran crisis en la dictadura de Onganía que estaba en el poder desde 1966. A partir de ese momento nuestra corriente dirigida por Nahuel Moreno (PRT- La Verdad)  opinó que la dictadura estaba herida de muerte y que sí o sí se abríaría una salida electoral. Eso se confirmó en 1972, cuando la dictadura en ese momentó instrumentó la vuelta de Perón, exilado desde 1955.

Nuestro partido lanzó una consigna: “la legalidad es una conqusita de las masas, quien no la aprovecha las traiciona”, e hizo un llamado a aprovechar las elecciones para forjar una alternativa al activismo clasista que había surgido con el Cordobazo.

En ese proceso, se dio la fusión con un sector del Prtido Socialista Argentino, la secretaría Coral, que dio origen al PST. Nos presentamos a elecciones  en 1973 con la candidatuta de Juan Carlos Coral y Nora Ciappone como vice en la elección que gana Cámpora. Y en la segunda elección (después que Perón organiza el golpe contra Cámpora)  el candidato a vice fue José Francisco Paez, dirigente del del SITRAC SITRAM de Córdoba.

Con Perón como presidente, se da un punto de inflexión en ese amplio movimiento que abarcaba desde la guerrilla de los montoneros hasta la más rancia derecha que culminará formando grupos paramilitares como la Triple A: Perón define el curso que llevará el gobierno echando a los que él llama IMBERBES (los montoneros) de la Plaza de Mayo. La muerte de Perón no cambia el curso elegido por él sino que se profundiza con Isabel Martínez de Perón y López Rega y sus grupos fascistas que dieron paso a la más horrible de las dictaduras que hayamos vivido…

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Durante ese período, el PST, que se había convertido en un partido nacional y jugaba un papel muy destacado en las luchas obreras y populares, también ocupó un lugar destacado en los ataques asesinos de la triple A. Fueron 16 los compañernos que perdimos en ese momento. Entre ellos están los 8 mártires de la Masacre de  La Plata, de la que en este mes se cumplieron 43 años.

LOS HECHOS DE ESE MOMENTO

En el anochecer del 4 de septiembre de 1975, cinco militantes del Partido Socialista de los Trabajadores viajaban en un Renault Gordini. Eran  el dirigente regional del PST Roberto, Laucha, Loscertales, ex dirigente estudiantil, recién despedido de Astilleros Río Santiago; Adriana Zaldúa, dirigente estudiantil de Arquitectura, trabajadora de  Obras Públicas; Hugo Frigerio, delegado del ministerio de Obras Públicas; Ana María Guzner, delegada de los no-docentes de La Plata; Lidia Agostini, odontóloga ,recién ingresada en el partido.Iban a Petroquímica Sudamericana (después Mafisa) ocupada por sus trabajadores, a llevar el dinero solidario recolectado en la Universidad. Según versiones, en pleno centro platense, cerca de la Catedral, un comando de la Triple A los secuestró y los trasladó a la seccional policial de la calle 56 entre 13 y 14. Fue el comienzo del fin. El 5 de setiembre los diarios titularon “Aparecieron cinco cadáveres en La Plata”. Desde la mañana temprano, compañernos del partido salieron a reccorrer comisarías, hasta que lograron econtrar y reconocer los cuerpos.  Cuando se reconocieron los cuerpos. El cuerpo del Laucha estaba terriblemente golpeado y Adriana tenía las marcas de 79 balas de itakas.

Esa mañana del 5 de septiembre, Oscar Lucatti, que trabajaba en Obras Públicas; Dicky Povedano, dirigente de Previsión Social; y Patricia Claverie, estudiante universitaria,  salieron del Local Central (54 entre 8 y 9) con volantes para informar de los asesinatos a la Asamblea de Obras Públicas que se estaba relaizando. No consiguieron llegar. A media cuadra de allí, en 8 entre 54 y 55, los interceptó un auto delante de numerosas personas. En pocos minutos desaparecieron.   Sus cuerpos acribillados aparecieron al día siguiente cuando estábamos velando a los primeros cinco compañeros.

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El 5 y 6 de setiembre,  La Plata estaba vacía de autoridades. Cuando nuestro partido fue a presentar la denuncia por los asesinatos no había nadie para recibirla. No estaba el gobernador, ni el vice, ni el jefe de policía. Tampoco estaba Ricardo Balbín, el viejo caudillo radical, que poco antes había denunciado la existencia de la “guerrilla sindical”.

El miedo a la balas no paralizó a nuestro partido. Realizamos un acto de despedida en la puerta de la funeraria, con la presencia de una nutrida delegación de obreros de Petroquímica Sudamericana. Despidieron los cuerpos de nuestros compañeros, Ernesto Gonzalez por la dirección nacional del PST y Alicia Sagra por la dirección regional.

A pesar de que a 50 metros teníamos un Falcon Verde sin patente, que hacía cuestión de mostrarse,   dijimos con claridad que íbamos a vengar a nuestros compañeros con la lucha obrera y con la construcción del partido.

Hoy, junto con seguir exigiendo el jucio y castigo a sus asesinos, redoblamos el compromiso que hicimos hace 43 años: honramos la memoria de nuestros compañeros  impulsando la lucha obrera y popular hasta llegar al socialismo y al poder de los trabjadores y construyendo el partido por el que ellos vivieron y murieron.