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El día 2 de abril de 1982, las tropas argentinas invadieron y recuperaron las Islas Malvinas, se dio uno de esos curiosos cruces de caminos que, a veces, produce la historia. Desde el punto de vista de la dictadura militar instalada en 1976, entonces presidida por el general Leopoldo Galtieri, se trataba de una manobra política para “empujar para adelante” el profundo deterioro del régimen, corroído por una fuerte crisis económica y por una creciente resistencia obrera y popular.

Por Alejandro Iturbe

Dos días ante, varios miles activistas obreros, convocados por la CGT encabezada por Saúl Ubaldini, habíamos chocado con la policía en Plaza de Mayo. Fuimos desalojados con una fuerte represión policial pero salimos al grito de “volveremos”.

El objetivo de los militares era recuperar prestigio llevando a cabo una reivindicación muy deseada por el pueblo argentino. Al mismo tiempo, creían que la acción tendría un “bajo costo” ya que, por tratarse de un territorio de escaso valor económico y geopolítico, Gran Bretaña no respondería al ataque. Y, en todo caso, Ronald Reagan y el gobierno de EEUU  “dejarían correr” la invasión en “agradecimiento” a la colaboración que los militares argentino habían prestado en la represión y en la contrarrevolución en diversos países da América Latina.

Fue un gravísimo error de cálculo político. El gobierno británico de Margareth Thatcher, entonces bastante debilitado, aprovechó el hecho para intentar fortalecerse y envió la fuerza naval británica más importante desde la Segunda Guerra Mundial, Por su parte, Ronald Reagan la respaldó claramente, aportando apoyo técnico y bases de reabastecimiento, para enviar un claro mensaje al mundo: con las posesiones coloniales no se juega.

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Empeorando las cosas para el régimen militar, el llamado a apoyar la invasión se transformó en una desbordante movilización popular que, de hecho, rompió el control  dictatorial del país. Con la invasión de las Malvinas, los militares habían abierto la “caja de Pandora” que llevaría a la caída de la dictadura.

Aprisionados entre una guerra anti-imperialista que no querían, por un lado, y la movilización de masas, por el otro, la gran mayoría de la burguesía argentina, como el futuro presidente electo Raúl Alfonsín, y los altos comandos militares comenzaron a trabajar por la derrota argentina. Divididos entre quienes querían perder la guerra y los que deseaban ganarla, el régimen militar argentino, de hecho, se quebró.

Aunque algunos sectores hayan combatido con dignidad y efectividad, como los pilotos de la Fuerza Aérea, en estas condiciones (una conducción política e militar derrotista) era muy difícil triunfar. Y la derrota llegó finalmente el día 14 de junio, poco después que, en Buenos Aires, el Papa Juan Pablo II había organizado diversas misas y actos masivos llamando a la rendición argentina. De inmediato, en medio de movilizaciones contra los militares (al grito de “los pibes combatieron, los jefes los vendieron”) y enfrentamientos con la Policía, Galtieri renunciaba e, con él, caía la dictadura.

La Guerra de Malvinas generó, e aún genera, intensas polémicas entre diversas corrientes políticas y también dentro de la izquierda argentina y mundial. ¿Qué actitud debía adoptar la izquierda frente a esta acción de un régimen militar que había secuestrado, torturado y asesinado a miles de personas? ¿Que debía tener prioridad la lucha anti-imperialista o el repudio al régimen? ¿Había que jugarse por el triunfo de Argentina, el de Gran Bretaña o ser “neutro”?

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Respondiendo a estas preguntas, la organización morenista de aquella época, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), siguió las enseñanzas de León Trotsky quien, en una entrevista de 1938, afirmaba claramente que, en la hipótesis de una guerra entre un régimen semi-fascista semicolonial y una potencia imperialista “democrática”, los revolucionarios deberían ser parte, sin dudas, del “campo militar” del país semicolonial. Y el PST no tuvo dudas: desde la clandestinidad a que estaba sometido por la dictadura militar, a pesar de haber combatido heroicamente en esos años (junto a muchos trabajadores peronistas) y haber sufrido más de 100 muertos por la represión, ocupó su lugar en el campo militar antiimperialista y, junto con la gran mayoría del pueblo argentino, jugó todas sus fuerzas por el triunfo. Del mismo modo que, después da derrota, estuvo en las calles del país impulsando las movilizaciones que derribaron la dictadura.

Soldados argentinos en Malvinas

La LIT-CI, fundada unos meses antes, y su sección argentina, el PST (en la clandestinidad) intervinieron en este proceso con una clara posición antiimperialista, derivada de principios muy claros enunciados por Trotsky. Tal como ayer, estamos orgullosos esta política y su aplicación y la defendemos de los ataques y calumnias que sufrió y continúa sufriendo.

Hoy, la continuidad de la corriente morenista en el país, expresada en el PSTU (A) continúa en la lucha por la recuperación de las Malvinas, en el marco de la lucha por la Segunda y Definitiva Independencia y de la lucha contra el gobierno de Macri, agente directo del imperialismo estadounidense e inglés.