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Se acerca un nuevo aniversario del último golpe militar en nuestro país. Si bien el rechazo generalizado lo obligó a retractarse, el llamado de Alberto Fernández a “dar vuelta la página” expresa una necesidad para las patronales y sus amos imperialistas: que «represión” deje de significar una mala palabra para un pueblo en que todavía quedan marcadas a fuego las heridas de la última dictadura.

Por Leandro Aznar

44 años pasaron desde el inicio del llamado proceso que vino a frenar un avance monumental de los trabajadores en Argentina y en todo el continente, como un plan orquestado por el imperialismo para derrotar ese ascenso revolucionario (para más información, ver nota “Plan Cóndor: un plan internacional para la represión”). La dictadura vino a liquidar a esa clase obrera que venía de protagonizar el Cordobazo y que estaba empezando a cuestionar como funciona este capitalismo que hoy sigue siendo causante de catástrofes a nivel global.

Pero la dictadura no solamente desapareció a 30.000 compañeres. El gobierno militar impuso un plan económico para someter a nuestro país a las potencias imperialistas. La más pesada herencia que nos dejó: la deuda externa. Si, esa misma deuda que todos los gobiernos democráticos se han encargado de pagar religiosamente. Y la estafa de esta deuda es tan grande que aun así siguió creciendo y creciendo.

Mientras tanto, la gran mayoría de los militares responsables de aquella masacre se encuentran en su mayoría con prisión domiciliaria o aún sin condena. Los empresarios que se han beneficiado y han sido cómplices continúan disfrutando de sus grandes fortunas. Y los trabajadores pagamos los platos rotos. Los archivos de la dictadura continúan clasificados.

Los derechos humanos, hoy

El gobierno de Macri intentó sepultar la memoria que nos mantiene diciendo “Nunca más”, mientras aplicaba su plan de ajuste, sin ningún asco para reprimir si era necesario. Quizó aplicar el 2×1 a los genocidas condenados. Mató a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel. Reprimió las movilizaciones del 14 y 18 de diciembre, que intentaban evitar que le robe a mano armada a nuestros jubilados. Metió presos a Milagro Sala, Facundo Jones Huala, Daniel Ruíz y persiguió a Sebastián Romero, llegando a pedir un millón de pesos por él, el doble de lo que se pide por los genocidas prófugos.

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Hoy tenemos un Gobierno que dice venir a recuperar lo perdido. Pero le sigue metiendo la mano en el bolsillo a los jubilados para negociar con el FMI y nos pide a los trabajadores que seamos “solidarios”. Y no solamente eso. Los asesinos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel siguen impunes. Y para colmo el propio Alberto Fernández niega que existan presos políticos mientras Milagro Sala sigue presa por realizar un acampe en contra del recorte a planes sociales. Y Sebastián Romero continua con pedido de captura y con recompensa por su cabeza, sin poder ver a su familia.

Los más elementales derechos humanos son vulnerados: Niños wichis en Chaco mueren desnutridos, una mujer es asesinada cada 14 horas, el dengue y el coronavirus arrasan con la salud pública y ya suman 7 muertes en lo que va del año. Luchar por memoria, verdad y justicia es también luchar contra la miseria a la que nos somete este sistema nefasto.

Seguir la lucha

Hoy tenemos que exigir que se abran los archivos de la dictadura, queremos saber qué pasó con los desaparecidos. A los genocidas condenados, cárcel común, ningún privilegio, y a quienes aún siguen impunes tenemos que aplicar la inversión de la prueba (o sea, que sean considerados culpables hasta que se demuestre lo contrario) como a los nazis. Si la justicia que tenemos no sirve para juzgarlos, entonces que se conforme un tribunal conformado por personalidades intachables de los derechos humanos como Nora Cortiñas, y organizaciones obreras y populares para juzgarlos.

También tenemos que luchar contra la represión de hoy, por la libertad de todos los presos por luchar y el cierre de las causas contra ellos, como en el caso de Daniel Ruíz. Y porque Sebastián pueda volver con su familia.

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Pero por sobre todas las cosas, tenemos que luchar contra la herencia más pesada de la dictadura: la deuda. Que no se le pague ni un peso al FMI ni a los bonistas buitres y que esa plata vaya a un plan de emergencia contra el hambre, contra los femicidios y las epidemias que nos azotan.

Compañeres del PST ¡presentes!

No queremos dejar de recordar a nuestres compañeres desparecides del PST, antecesor del hoy PSTU que dieron hasta su último aliento de vida por construir una herramienta para liberar a la clase obrera y a la humanidad del yugo del capitalismo. Hoy les queremos decir: 44 años después, seguimos luchando por la revolución.

Libertad a los presos de la Revolución Chilena

Como ya dijimos, la dictadura argentina fue parte de un plan internacional para derrotar un ascenso continental de la clase obrera que ponía en jaque al capitalismo. Chile no fue la excepción, la herencia que dejó la dictadura de Pinochet no tiene nada que envidiarle a Videla, Massera, Viola y compañía.

Desde octubre pasado Chile se levantó contra las consecuencias que sigue provocando hoy el modelo económico impuesto por esa dictadura. Las calles y las plazas fueron tomadas por el pueblo. La Revolución Chilena tomó fuerza. Y hoy sigue firme exigiendo la renuncia de Piñera.

La respuesta del gobierno de Piñera no tardó en llegar: Detenciones, desapariciones, violaciones y hasta muertes a manos de la represión. Nuestra compañera María Rivera, abogada defensora de los derechos humanos está recibiendo amenazas de muerte de parte de grupos de ultraderecha. Desde nuestro lado de la cordillera, este 24 de marzo, no podemos permitir semejantes atropellos a los derechos humanos.

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Es tarea nuestra apoyar al pueblo chileno y su revolución empezando por exigir la libertad inmediata de todos los presos y hacer responsable al gobierno de Piñera de toda agresión o asesinato contra activistas y luchadores populares.