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El mundo, desde China hasta los EE UU, pasando por la «vieja» Europa, se está enfrentando a una pandemia global, y la reunión del Consejo Europeo terminó con los presidentes italiano y español levantándose de la mesa. El presidente portugués diciendo que las palabras del representante holandés son «repugnantes», y posponiendo las decisiones para otra reunión, dentro de 15 días.

Por Roberto Laxe

¡15 días!; y mientras la gente sigue enfermando en todas las naciones, la UE decide que las decisiones del Consejo de Europa se aplazan.

¿De qué discutían para que tuvieran que posponer las decisiones? ¿de cómo coordinar los esfuerzos para enfrentar la pandemia?, ¿de cómo hacer que los holandeses puedan acceder a respiradores que, parece, necesitan? ¿De cómo los países menos afectados ayudan a los más afectados, con camas y medios? ¿De cómo se pone la poderosísima industria farmacéutica europea a trabajar coordinadamente en la vacuna y en remedios? ¿De cómo ponen al servicio de combatir la pandemia a la poderosísima industria de la salud europea, hospitales y demás? ¿De cómo se financia un plan de emergencia social?

Es decir, de adoptar medidas coordinadas para enfrentarla, medidas que no pueden esperar 15 días; pues la gente enferma y muere. Al coronavirus no le puedes decir «para 15 días de infectar», que las Merkel, Sánchez, Conte, Macron y demás no se ponen de acuerdo, para…. no se sabe qué.

¿O si? Porque el punto de la discordia fueron los llamados “eurobonos” propuestos por Italia, España y Francia, ahora rebautizados como “coronabonos”; es decir, que la Unión Europa emitiera unos bonos a los mercados para captar financiación por la crisis que está provocando el coronavirus, es decir, recaudar de una manera coordinada fondos para la Unión Europea. Alemania, Holanda -ésta de una manera harto xenófoba- y Finlandia salieron con el “nein” de turno.

Para estas situaciones, dijeron, está el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que puede aportar a Italia y España hasta 400.000 millones de euros; además han abierto la mano para que los estados rompan la sacrosanta disciplina presupuestaria que sirvió para desmantelar los sistemas de salud en toda Europa, el famoso 3% de déficit (que no era tal en realidad, sino que por unos mecanismos contables quedaba en 0,7%), pudiendo endeudarse para sufragar los costes de la lucha contra el coronaviurus.

No discutían de esto, la política del “sálvese quien pueda” cerrando fronteras ya la están haciendo. Discutían de lo que realmente les preocupa, las consecuencias que la llamada “crisis del coronavirus” va a tener en las cuentas anuales de los bancos y empresas; y de cómo sufragar estas pérdidas.

El choque viene justo por ese motivo. Italia, España y Francia dicen que, como no es una crisis provocada por gestiones irresponsables como fue la de la deuda que acabó con los rescates y el desmantelamiento de los servicios sociales, debe hacerse de una manera coordinada, a través de los eurobonos/coronabonos. Alemania, Holanda y Finlandia, por el contrario, dicen que cada “palo aguante su vela”. Y que si los tres primeros tienen un deuda pública de narices, que no hubieran sido manirrotos.

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A la población, angustiada por la pandemia, le importa un rábano si unos fueron manirrotos y los otros son unos criminales calvinistas, el gobierno holandés, que dejan morir en sus casas a los ancianos y no los contabilizan como “víctimas” del corona virus.

La población se pregunta qué va a hacer la Unión Europea ante ella. La que se supone es el primer bloque comercial del mundo; la que alardea de tener el mejor sistema de salud público del mundo, frente a los mercaderes de la salud yankis o la dictadura china. No si después de la pandemia, el Deustche Bank, el Banco de Santander, o cualquiera de las empresas BV holandesas, van a tener pérdidas o no; y cómo entre todos vamos a pagar, a escote, la caída de sus beneficios.

El aplazamiento de la decisión sobre los eurobonos por el Consejo de Europa no es más que la demostración de lo que es la Unión Europea, un acuerdo entre mercaderes, a los que la salud pública les preocupa exactamente el tiempo que se tarda en hacer unas elecciones. Una vez pasadas, a discutir de lo que importa. Una Unión Europea que no dudó en machacar a Grecia para hinchar las arcas de la banca alemana y europea en general. Una UE que aplicó unas políticas de austeridad y recortes, con reformas constitucionales y todo, como la del artículo 135 de la Constitución Española. Una UE que impuso gobiernos a Italia, sin pasar por las urnas.

El motivo es exactamente el mismo que el de ahora, y el mismo que defiende Trump, “que la economía no se caiga”. Discuten virulentamente entre ellos, puesto que hablan en nombre de los “IBEX-35” de cada estado, de las burguesías de cada estado, que quieren situarse en el mejor puesto de salida para, tras la crisis de la pandemia, hegemonizar el mercado europeo, conocido como UNIÓN EUROPEA. El que mejor salga de esta crisis estará en mejores condiciones para hacerse con la parte del mercado mundial que dejen las otras grandes potencias, en lucha entre ellas con el mismo objetivo.

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Sin embargo, la población trabajadora tiene otras necesidades y otros intereses, opuestos por el vértice a los de los “IBEX-35” de los estados y sus gobiernos. La primera preocupación es parar la pandemia, que deje de haber contagiados y muertos ya. Y para eso en la Unión Europea hay mecanismos tecnológicos y humanos suficientes; Europa tiene la industria farmacéutica y de material sanitario más poderosa del mundo, una de las industrias de la sanidad privada más importantes, además de los sistemas públicos propios de cada estado.

De esto deberían discutir en un Consejo de Europa realmente al servicio de las necesidades sociales, de cómo nacionalizar esas industrias y ponerlas a disposición de combatir la pandemia.

La Unión Europea tiene una industria textil, química, alimentaria, informática (impresoras 3D) lo suficientemente poderosa como para garantizar recursos materiales (mascarillas, respiradores, etc…) sin necesidad de acudir a los mercados -China, para ser precisos-, y pagarlas a precio de oro. Con la nacionalización de esta industria no sería preciso emitir los “eurobonos” de la discordia.

Claro está, medidas de este tipo abrirían otra discordia, y no sería entre los gobiernos; sino de éstos contra la población trabajadora que, siguiendo el ejemplo de las huelgas italianas de estos días contra la incapacidad de su gobierno para tomar medidas reales y drásticas contra la pandemia, se movilizará en la calle contra ellos.

Esto supone otra Unión Europea, no la del Tratado de Maastricht, neoliberal y capitalista, que tiene como columna vertebral la defensa pase lo que pase de los intereses de las grandes multinacionales y los bancos; sino una Europa de los trabajadores / as y los pueblos, que discuta y acuerde cómo resolver los problemas sociales y no enjugar las pérdidas de capitalistas y banqueros.

Algunos, con buenas intenciones, dirán; pero no podemos esperar por esos cambios estructurales. Hay que combatir la pandemia ya, y no “cambiemos de caballo en medio del río”. «Es utópico», dirán otros.

Primero, los que hacen esperar por soluciones son los que dejan que el mercado se convierta en un cuello de botella para conseguir recursos: como dice el portavoz del gobierno, “los mercados están saturados y tenemos que esperar”; el reparto de material será “escalonado”. ¿No podemos esperar para hacer cambios estructurales, pero sí podemos esperar a que los mercados respondan?

Segundo, ¿es útopico?. Es más útopico esperar que los que desmantelaron los servicios sociales públicos vengan ahora a resolverlo; es la zorra guardando el gallinero. ¿Cómo la población trabajadora puede esperar algo de los que llevan más de 10 años destruyendo lo único que puede frenar una pandemia como ésta, un fuerte servicio público?

La sociedad está educada en esperar de los gobernantes medidas y ahora que vienen “vacas flacas”, éstos nos dicen, la “solución está en vuestras manos”, “confinaros”, “quedaros en casa”, que sino os envío a la Gendarmerie, a los Carabineros, a la Guardia Civil; mientras ellos chocan, no por cómo enfrentar la pandemia y la coordinación de las medidas, sino sobre cómo solucionar los problemas de los que no tienen problemas, los generan; los banqueros y los capitalistas.

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Sí, es cierto, “la solución está en nuestras manos”, pero no para confiar en los que son parte del problema, sino para luchar por medidas reales, efectivas y prácticas para parar ya la pandemia. Y si para eso hay que meter la mano en el mercado, sustituyendolo por la nacionalización de las empresas necesarias y la planificación de la economía, se hace. De lo contrario, a cada aplazamiento de estas medidas o “repartos escalonados”, morirán personas.

Esto no es útopico; es el camino de la lucha por otro tipo de gobierno, un gobierno de los trabajadores / as en cada estado, que no dude en tomar las medidas necesarias, desde el confinamiento hasta la nacionalización, y coordine con el resto de Europa esas medidas.

Lo sucedido en el Consejo de Europa debe hacer reflexionar sobre qué Europa hay que construir.