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Los recientes acontecimientos en Ucrania confundieron a mucha gente, empujándola simplemente a aceptarlos como “fatalidades”, como eventos caídos del cielo, como un elemento de lo cotidiano. En pocas palabras, a dejar el proceso en manos de aquellos que los provocaron.

Comprender lo que pasa en Ucrania no es simple, ni para las personas comunes ni tampoco para los activistas de izquierda. Pero, en medio del inmenso flujo de informaciones tendenciosas, es necesario encontrar una comprensión correcta de lo que está ocurriendo. Porque la ausencia de esta comprensión nos impide no solamente determinar la política correcta y dar respuestas concretas a la situación sino, simplemente, evitar, como simple seres humanos, que seamos transformados en masa de maniobra por los medios de comunicación.

Alrededor de los acontecimientos en Ucrania se crearon muchos mitos. En Occidente, todos ligados a la demonización de Rusia que llega a ser mostrada casi como la única amenaza a la paz mundial, camuflando así a los principales depredadores: los EE.UU. y los países líderes de Europa Occidental. Es indiscutible que Rusia oprime a Ucrania, pero es un mito que los imperialismos americano y europeo sean “defensores de Ucrania y de la democracia”. Esto, por su parte, es el barniz ideológico que viene justificando la expansión de la OTAN y el fortalecimiento general del control imperialista sobre Europa Oriental. Estos mitos incluso esconden la dura realidad: la propia Rusia es hoy un Estado dependiente, que viene siendo “tragado” por los bancos occidentales, lo que quedó muy claro con las recientes sanciones.

En Rusia, por razones obvias, tales mitos no son diseminados, pero son populares otros mitos, propagandizados por los medios de comunicación pro Putin. Exactamente sobre estos mitos es que queremos analizar en este artículo, dado que es justo contra ellos que aquí, en Rusia, estamos obligados a enfrentarnos todos los días.

Mitos sobre Maidan (nombre de la plaza en el centro de Kiev, donde se dieron las grandes manifestaciones que llevaron a la caída del gobierno de Yanukovich y que se convirtió en sinónimo de este mismo movimiento):

Mito N0 1: El pueblo salió a las calles, en Maidan, para defender la “integración con la Unión Europea”.

Este cliché banal está en contradicción con la propia secuencia de los acontecimientos ucranianos: la causa que llevó a cientos de miles a las calles, en la Plaza Maidan, no fue el rechazo a Yanukovich por la firma del acuerdo con la UE sino por la feroz represión de la Berkut (nombre que llevaba la tropa de choque ucraniana. Fue, finalmente, disuelta después de la caída de Yanukovich. NdR) contra la poco numerosa manifestación de estudiantes a favor de la integración a la UE.

La siguiente manifestación masiva se dio en respuesta a las “leyes dictatoriales” aprobadas por Yanukovich como respuesta a las primeras grandes manifestaciones. La cuestión central en la Plaza Maidan, en aquellos días, era: ¿conseguirían los manifestantes mantenerse en la plaza o el Berkut conseguiría dispersar al pueblo? La esencia del proceso estaba en que cientos de miles de personas fueron a la Maidan, contra las medidas dictatoriales de un gobierno oligárquico y prostituido a quien pagaba más, responsable por conducir al país a la quiebra.

Es verdad que había muchas ilusiones en relación con la UE. Pero las masas siempre están impregnadas de distintas ilusiones y esto no puede ser utilizado para condenar a un movimiento. Las personas fueron a la Maidan no por la “integración europea” ni era esta la principal reivindicación de las masas. Al contrario, a partir de la represión gubernamental, esta cuestión cayó al décimo lugar (lo que fue notado por numerosos observadores y periodistas) y en la plaza había muchas consignas anti-oligárquicas y llamados a la soberanía de Ucrania de todos los estados extranjeros.

Pero tanto los medios de comunicación rusos como los de las potencias occidentales al unísono, cada uno en defensa de sus propios intereses, insisten en llamar a la plaza Maidan de “euromaidan”, intentando manipular con este término para construir una amalgama entre la revolución y el proyecto imperialista reaccionario que es la UE.

Mito N0 2: La plaza Maidan fue organizada por EE.UU. para derrocar a un gobierno que no le era sumiso.

La inconsistencia de tal afirmación se apoya en que el Departamento de Estado americano hasta podría, por ejemplo, comprar generales ucranianos y organizar así un golpe militar, pero no puede organizar un “golpe popular” que atraiga a cientos de miles de participantes directos y millones en apoyo. Las redes de televisión pro-Putin intentan convencernos de que las personas presentes en la Maidan, en aquellas noches frías, bajo el riesgo permanente de represión por parte del Berkut, habían sido compradas con “galletas y bocadillos” americanos. Esta propaganda mentirosa simplemente revela la falta de respeto del régimen putinista al pueblo como tal.

Este mito también está en contradicción con un hecho obvio pero cuidadosamente escondido: el intento conjunto de los EE.UU., la UE, Putin, Yanukovich y la oposición ucraniana de interrumpir el proceso revolucionario, con base en el acuerdo del 21 de febrero, que mantendría a Yanukovich en el poder hasta la realización de nuevas elecciones (en el plazo de 10 meses), con el objetivo de reconducir el proceso revolucionario al camino “legal”. Es decir, de vuelta al lodo de las instituciones del estado burgués que estaban siendo cuestionadas por cientos de miles en las calles, con posibilidades de desarrollarse y profundizarse más y más.

La esencia de este Acuerdo es imposible de ser explicada si no se comprende que la presencia del pueblo en las calles no era deseada por nadie: ni por Putin, ni por Obama, ni por Merkel, ni por los políticos ucranianos, independientemente de a qué moneda extranjera quisiesen estos venderse. Obviamente, después que el Acuerdo fue rechazado por la Maidan y que Yanukovich fue derrocado, los imperialistas de EE.UU. y la UE se apresuraron en utilizar la situación de la mejor manera posible, en defensa de sus intereses. Pero utilizar una situación dada y crear tal situación son cosas totalmente distintas.

Mito N0 3: La revolución fue dirigida por el fascismo.

Cómo una organización (Svoboda) que habría dirigido un proceso revolucionario victorioso recibe después en las elecciones un resultado próximo al límite del margen de error estadístico (1.8%), parece un gran misterio. Pero todo regresa a su lugar si se comprende la simple verdad: que algunas decenas de militantes organizados del fascismo se había infiltrado al frente de las masas desorganizadas, bien plantados ante las cámaras de televisión, algo muy distinto del escenario mostrado por las redes de televisión rusas con “las masas dirigidas por el fascismo”. Este amalgama entre las masas y el fascismo es una manipulación muy primitiva pero muy típica de la TV pro-Putin.

Y aquel error tan popular entre los que se llaman de izquierda (avalar un proceso por el prisma de la acción de los partidos [superestructura] y no por el de la acción de las masas [estructura]), contradice las propias bases del marxismo, que comprende la revolución como un proceso que se da, antes que nada, en la estructura. Además, el movimiento de las masas es generalmente espontáneo y no se puede esperar de estas un programa político exacto. Presentar un programa, llevarlo a la conciencia del movimiento para que este no se pierda en caminos falsos, es una tarea que cabría al partido revolucionario, que mucha falta hace en Ucrania.

Mito N0 4: La plaza Maidan fue una movilización anticomunista.

Para justificar tal tesis, se usan una serie de “argumentos”:

  1. La Maidan derribó estatuas de Lenin”. Aquí, una vez más, la acción de algunas decenas de miembros del sector de derecha es presentada como una acción de cientos de miles.
  2. En la Maidan casi no había activistas de izquierda”. Bueno, esta es una cuestión para los activistas de izquierda que no fueron a la Maidan y no para los cientos de miles que correctamente fueron.
  3. En la Maidan no quieren a los comunistas”. Lamentablemente, con el comunismo, con Lenin y con las banderas rojas, las personas asocian al estalinismo, con toda su carga de represión, hambre en masa, supresión del derecho a la autodeterminación de Ucrania (que era una conquista de la Revolución de Octubre), cretinismo burocrático, escasez de productos. Y también se los asocia al heredero moderno del estalinismo, el PC ucraniano, que se orienta por el Kremlin, y, hasta el último momento, apoyó a Yanukovich. Por tales “comunistas”, de hecho, la Maidan no tiene ningún cariño, lo que está bien justificado. El hecho de que el comunismo, toda la obra de Lenin y la bandera roja y obrera de la Revolución de Octubre hayan sido asfixiadas por la burocracia estalinista y transformadas en estatuas de yeso para disfrazar toda su nefasta política, eso es cosa que debe ser pacientemente explicada, e improvisaciones de última hora aquí no ayudan en nada. Es verdad que en la conciencia de las personas todo eso está mezclado en un único bloque (y la “izquierda antimaidan” solo agrava este problema). Pero tomar la confusión en la conciencia como anticomunismo consciente no tiene ningún sentido. A propósito, este mito es diseminado no solo por los medios rusos de comunicación sino también por los medios occidentales, que tratan de mostrar a Maidan como el “último clavo en el ataúd del comunismo”.

Mito N0 5: El gobierno de Poroshenko es fascista, o algo así.

Tal afirmación no tiene base en la realidad. Regímenes fascistas o semifascistas se apoyan en las bandas fascistas, la estructura de las FFAA y la policía, la liquidación de las instituciones de la democracia burguesa y en la total asfixia de las libertades democráticas. En Ucrania, el poder se concentra en el parlamento, que es real y no decorativo como en Rusia. Las FFAA y órganos de represión están en profunda crisis, para no decir semidestruidos.

En el país se dan permanentemente acciones de protesta: actos públicos y marchas de madres contra el envío de sus hijos al frente (llegando incluso a bloquear los lugares de alistamiento para el servicio militar y varias calles), acciones de protesta de los propios soldados ucranianos, actos del sindicato Solidaridad Laboral en Kiev contra las operaciones del gobierno central en el este del país y por la unidad ucraniana, manifestaciones de los mineros en Kiev, etc. E, incluso, ocurren manifestaciones de los fascistas contra el hecho de que el gobierno no reconoce a los veteranos de la UPA (la organización nacionalista ucraniana que colaboró con el ejército nazista). Y ningún Berkut o “Gestapo” reprime ni siquiera a las madres de soldados ni a los propios soldados que protestan, ni a los actos sindicales. Nadie es enviado a prisiones o campos de concentración.

El régimen de Putin no es ni fascista ni semifascista. Pero, incluso así, en Moscú ni siquiera los nacionalistas de derecha pensarían en ir a romper las puertas del Ministerio de la Defensa, como hicieron los combatientes del batallón nacionalista “Aidar” en Kiev, protestando contra los intentos del gobierno de disolverlos.

Obviamente, Poroshenko intenta usar la guerra para unir al pueblo a su alrededor, dar un final a la situación de protestas y afirmarse políticamente. De hecho, los medios de comunicación ucranianos se comportan cada día más parecidos a los rusos y la cantidad de protestas vienen disminuyendo mucho después de la conquista que significó el derrocamiento de Yanukovich. Pero el tipo de régimen se determina por la correlación general y real de fuerzas. Para que en Ucrania se imponga un régimen fascista sería necesario, antes que nada, dar un fin a la situación revolucionaria que el país vive. Pero, la correlación de fuerzas es tal que el gobierno ucraniano está obligado a soportar las protestas y libertades democráticas y no puede asfixiarlas. Poroshenko intentó usar la guerra para obligar al pueblo a olvidarse de los demás problemas. Pero hasta ahora no ha tenido éxito con eso.

Por todo eso, las afirmaciones sobre “régimen fascista” están muy lejos de la realidad. Ucrania estuvo más cerca del fascismo en el momento en que Yanukovich intentó aplastar a Maidan, aprobando un conjunto de leyes draconianas (comparadas a las cuales hasta Putin podría presentarse como un respetable demócrata europeo si no hubiese sido él mismo el que llamó a Yanukovich a “aplastar a los gusanos en la plaza”). Estas leyes deberían poner fin a Maidan y al conjunto de las luchas de los trabajadores ucranianos. Estas leyes fueron apoyadas calurosamente, por los “combatientes al fascismo” pro-rusos. Felizmente, las masas enviaron al basurero tales leyes, juntamente con su proponente: el ex presidente Yanukovich.

Mitos sobre el este ucraniano

Mito N0 6: El pueblo de Donbass se levantó

El gran dilema, a la hora de evaluar los acontecimientos en el este ucraniano, está en la respuesta a la pregunta: ¿hay una movilización real de personas en la región o todo no pasa de ser un juego de Putin?

A pesar de que eso pueda tomar un poco de tiempo del lector, nos parece que quien mejor respondió a esta pregunta fue el propio Igor Strelkov (el encargado del FSB ruso -ex-KGB-, que centralizaba la guerra de los batallones separatistas en el este ucraniano; fue finalmente retirado del terreno por Putin, por ser un obstáculo para la vía de las negociaciones. NdR), a quien nadie podría acusar de querer calumniar a los batallones separatistas en el este de Ucrania. Tampoco decir que él no está al tanto de los acontecimientos de la región. Veamos como caracteriza la dimensión del “levantamiento popular”:

Quien detonó la guerra, de una manera u otra, fui yo. Si nuestro batallón no hubiese atravesado la frontera, todo habría terminado como en Kharkov u Odessa. Habría algunas decenas de muertos, heridos y prisioneros. Y en eso quedaría”.

Había llegado el momento, cuando cada habitante de Donbass, en condiciones de portar un arma, podría venir y recibirla directamente en mano… Pero, ¿qué es lo que vimos? Todo, menos una masa de voluntarios en las puertas de nuestros QGs(Cuarteles Generales. NdT). Estando aún en Crimea, tuve que escuchar de activistas del movimiento popular historias sobre que, cuando los mineros se levanten, ellos despedazarán a todos con las propias manos. Puede ser que eso haya sucedido en algún momento pero nosotros no lo vimos. Decenas o centenas de personas se levantaron a luchar. Decenas de miles y centenas de miles acompañan todo por la televisión, saboreando una cerveza.

“¿Dónde están aquellos 27.000 voluntarios de que hablan los periodistas? Yo no los vi… En nuestro batallón de voluntarios hay cada vez más hombres con más de 40 años, que crecieron y fueron educados incluso en la Unión Soviética pero muy pocos jóvenes. ¿Dónde están todos los muchachos, jóvenes y enérgicos? Una vergüenza” (comunicado a los habitantes de Donbass, 18/05/2014).

Me están recriminando por no haber restablecido el orden allá (en Donetsk). Pero yo estuve ubicado ante una decisión clara, cuando salía de Slaviansk: o rápidamente construía un frente contra el adversario u organizaba un golpe de estado. Pero, Donetsk era, en aquel momento, un territorio perfectamente pacífico. El pueblo tomaba sol, nadaba, los atletas entrenaban, las personas tomaban café en las cafeterías. Como en Moscú, en el verano, así estaba Donetsk. Y nadie allá me entendería” (Entrevista a Prokhanov, 20/11/2014).

A la pregunta del periodista:  “¿Son suficientes las milicias que Pavel Gubarev colocó a su disposición?”, Strelkov responde: “Claro que no. Hasta para una ciudad de un millón de habitantes, que decir de toda la república, las milicias son muy pequeñas. (…) El armamento y las municiones no se reciben pronto… Si estuviesen, nosotros, sin duda, organizaríamos una convocatoria general.  A pesar de la huida de la convocatoria, 3/4 de las personas en edad de convocatoria militar, 1/4 que se quedaran ya sería suficiente… Siendo sincero, en 3 meses, los voluntarios de Donbass, con sus muchos millones de habitantes, y de la región minera, donde las personas están acostumbradas al trabajo pesado y peligroso, son muy pocos”.

Es difícil pensar una definición más deprimente de la “lucha popular” en el este ucraniano. Como existe este grave problema con el “ascenso popular”, se llegó a una conclusión organizativa y financiera bastante lógica: “A partir de este mes, se pagará a los miembros de las milicias una cuantía suficientemente alta para los padrones locales, de 5 a 8 mil grivnas (de 400 a 700 dólares). Nosotros planeamos, a partir de julio, iniciar los pagos. Tal vez, eso ayude a aquellas personas que, hasta aquí, vienen vacilando en adherir, en encontrar en sí fuerzas e ingresar en las tropas. O sea, nosotros vamos a formar un ejército profesional, pagado”. (http://www.youtube.com/watch?v=RyfuHFWZdt8, 8/7/2014).

Hasta la oficialista “Gazeta Rusa” (08/07/2014) informaba, apoyándose en Berezin, “Ministro de la Defensa de la República del Donbass”: “Los miembros de las milicias se transformaron en un ejército regular, profesional, en el cual los servidores militares recibirán un merecido salario decente”. Como se dice, “ya que por la patria no aceptan, puede que por dinero lo hagan”. No es difícil adivinar de dónde viene el financiamiento, y cuáles intereses tal ejército profesional y bien pagado defenderá también es fácil entender. En otras palabras, por detrás del cuadro mostrado por la televisión pro-Putin se esconde una realidad mucho más prosaica.

Hay otras informaciones sobre que la población del este ucraniano quedó apartada de todo eso. La población de esta parte del país no participó de la Revolución Ucraniana. Tampoco se unió a la lucha separatista. Protestas, del tipo visto en la Maidan, no ocurrieron en el este ucraniano y las tales Repúblicas Populares del Donetsk y Lugansk fueron creadas por algunas pocas centenas de personas y no representaban a los habitantes de la región de manera alguna. En el Este hubo algunos importantes casos de luchas obreras (Krasnodon, Krivoi Rog), pero que no estaban, de modo alguno, relacionadas con el proyecto de la República Popular del Donetsk. Tuvieron un carácter independiente y lamentablemente no tuvieron continuidad. Tampoco las personas mostraron interés en “defender su tierra contra los fascistas ucranianos” y tampoco, se apuran en alistarse en la República Popular del Donetsk.

Agrade o no, el hecho es que la población del este ucraniano, tan próxima al temperamento de la población rusa, se ha mantenido extremamente pasiva y aparte de todo el proceso revolucionario. Es claro que ante el aumento de las calamidades, ataques del ejército ucraniano y con el tal “merecido salario decente”, el flujo de ingresos en las tropas de la República Popular del Donetsk podía crecer. Pero eso no altera la cuestión de principios sobre el carácter social (no popular) y los objetivos de esta guerra. Las personas en general están dejando la región y quien no puede hacerlo, se esconde en los sótanos. El deseo general es que todo acabe lo más rápido posible. Hablar de la guerra en la región como de una “guerra popular” no tiene el mínimo sentido.

Mitos sobre Rusia

Mito N0 7: Rusia se fortalece en el escenario mundial

Las sanciones occidentales y la caída de los precios del petróleo, después de los cuales la economía rusa comenzó a retroceder, muestran claramente que Rusia no pasa de un proveedor de materias primas, dependiente de créditos y tecnologías occidentales. Este es el resultado directo de los gobiernos no solo de Yeltsin sino también de Putin, durante cuyo gobierno la extracción de petróleo casi se duplicó, el endeudamiento ante los bancos occidentales casi se triplicó y la producción pasó a asentarse en máquinas y equipamientos importados, ante la degradación de los producidos en el país.

Toda la “grandiosidad de Rusia” fue bien expresada por el presidente del Banco VTB, A. Kostin: “No hay ninguna discusión sobre el no pago de nuestra parte de las deudas con los acreedores occidentales ni que nosotros nos preparemos para castigar a Occidente” (RBK, 21/01/2015). Como se acostumbra decir: “¡Ninguna provocación del traicionero Occidente obligará a la gran Rusia a parar de pagarles el dinero!

Los medios de comunicación pro-régimen, propagandistas de estos mitos tan dulces para el “alma rusa”, sobre que la gran Rusia nuevamente se estaría levantando, esconden la creciente dependencia del país con Occidente. Estos mitos no pasan de “condimento picante” con el cual Putin sirve el país al capital internacional, realizando reformas antipopulares y comandando agresiones contra otros pueblos. El propio hecho de que Putin haya perdido Ucrania y esté luchando para mantener alguna cosa en la región es testimonio no del fortalecimiento de Rusia, sino lo opuesto.

Mito N0 8: En Ucrania, Rusia está enfrentando a EE.UU. y esto es bueno

La prueba de cuánto Rusia enfrenta a EE.UU. está en el vaciamiento de la Nueva Rusia (Novorossiya, nombre de la parte separatista de Ucrania. NdE) por Putin (retiro o liquidación en Donbass, de los nacionalistas más radicales, que esperaban la repetición del escenario de Crimea en el este ucraniano, querían la guerra hasta el fin y así dificultaban al régimen ruso la negociación con el imperialismo. NdR), que tanto desagrada a los adeptos del “mundo ruso” que tan mal comprenden el verdadero lugar ocupado por Rusia en el mundo. Toda esta situación muestra claramente que el enfrentamiento de Putin con el imperialismo no pasa de una cuestión de negociación de privilegios. Esta política se llama “asegurar, para después mejor vender”. La población del Donbass fue convertida en moneda de cambio en este juego putiniano, y los miles de muertos y toda la destrucción causada, en daños colaterales.

Mito N0 9: Rusia cumple un papel de contrapeso a EE.UU.

En realidad, las acciones agresivas del régimen de Putin contra Ucrania y otros vecinos conducen solamente a que Rusia, a los ojos de los pueblos del mundo, se convierta cada vez más en un “espantapájaros”.  Así como EE.UU., Putin lleva a cabo una agresión contra Ucrania, contra nuestro pueblo hermano, con el fin de mantener el poder y los privilegios de la élite rusa. Al servicio de eso, incendió la guerra en Donbass. No hay que sorprenderse que, después de todo eso, Rusia se retire no solo de los territorios ucranianos sino también de los bielorrusos, kazajos y otros pueblos vecinos, que comprenden muy bien que lo mismo puede suceder con ellos.

Putin es el gran sembrador de la rusofobia. EE.UU. y la UE, gracias a todo eso, tienen la rara oportunidad de presentarse como “defensores” de los pueblos de la región y no dejarán de utilizar las aprensiones en relación a Rusia para colocar a estos pueblos bajo sus alas. Además, es exactamente eso lo que estamos presenciando ahora.

Traducción Laura Sánchez