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Las elecciones presidenciales en Ucrania fueron motivo para una serie más de episodios de la interminable campaña antiucraniana en la televisión rusa. Los presentadores de los diferentes canales ridiculizaban el hecho de que los problemas más sentidos del país estaban siendo discutidos públicamente, así como las acusaciones recíprocas entre los dos candidatos que llegaron al segundo turno, Poroshenko y Zelenskiy.

Por: POI – Partido Obrero Internacional, Rusia

Hacían lo mismo con relación al debate realizado en un campo de fútbol lleno, a las polémicas sobre los datos para los debates, y hasta sobre los testes de orina de los dos candidatos para descartar el uso de sustancias ilegales, constatando así, alegremente, el “desorden” en el país vecino. De hecho, no son así las cosas en Rusia: ¿se podría por acaso imaginar una situación donde en un estadio lleno, con trasmisión televisiva para todo el país, un candidato de la oposición (¿qué es eso?) preguntase a Putin: “¿Cómo es, Sr. Presidente que el señor aumentó la edad para la jubilación alegando ‘falta de recursos’, mientras los oligarcas baten récords de ganancias?”; “¿cómo es Sr. Presidente que los alimentos están más caros cada día y llegar a fin de mes se hace mucho más difícil, mientras sus amigos en el gobierno y los propios oligarcas se enriquecen, explotando recursos naturales del país y recibiendo gordos financiamientos públicos?”; ”¿cómo es, Sr. Presidente, que la mitad de las ganancias con la exportación de petróleo va para los bancos extranjeros?”; “¿cómo es, Sr. Presidente que la mitad del mayor banco público del país, el Sberbank, fue a parar a las manos de fondos americanos?”; “¿cómo es, Sr. Presidente, que el señor dio para Kadyrov[1] un pedazo entero de la Inguchétia?”, o incluso, “¿cómo fue eso de entrar en guerra con Ucrania?”? No, entre nosotros, en Rusia, no hay este “desorden” ucraniano. En Rusia hay “orden”. En público no se discute nada, todos tienen la misma opinión. Su Majestad está hace 20 años sentado en el trono y no da señales de querer salir. No debate con nadie. Los candidatos “de oposición” que participan de las dichas “elecciones”, con su desfachatez de siempre, nunca critican al “vencedor de las elecciones”, de antemano ya conocido. Al final, no se escupe en el plato donde se come. Tampoco el gran líder se somete a exámenes de orina, al final, ¡él es el “símbolo” de la nación!

En Rusia trabajamos cada vez más y más, recibimos cada vez menos y menos, vivimos cada vez peor y peor, ¡y de yapa vivimos todos con una mordaza en la boca! Intentar reclamar más alto que las conversaciones susurradas de a dos en los pasillos, y luego funcionarios responsables de los órganos competentes le explicarán… ¡que Rusia no es Ucrania! Que es mejor quedarse en casa callado, comiendo fideos sin nada y acompañando por la televisión cómo todo va mal… en Ucrania.

En realidad, la campaña anti Ucrania de la televisión rusa, por sí misma desenmascara toda su propia propaganda goebbeliana de los últimos cinco años. Decenas de candidatos participando de la campaña electoral ucraniana, de todos los matices, incluso pro rusos (¡en medio de una agresión militar rusa contra Ucrania!!!), una campaña de verdad, con polémicas y denuncias, que discute los temas más importantes del país, debates abiertos en estadios de fútbol y televisados… Una demostración directa de las libertades democráticas conquistadas en el país tras la revolución de 2014, no dejando piedra sobre piedra de las mentiras sobre que “los fascistas llegaron al poder en Kiev”, mentiras necesarias a Putin exclusivamente, para justificar a los ojos de los rusos la guerra desencadenada contra Ucrania y la anexión de sus territorios. Dígase de paso, mentiras repetidas por el estalinismo y sus satélites por todo el mundo, cómplices de Putin en su política para derrotar la revolución ucraniana.

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La masiva votación por todo el país en los candidatos que defienden la Maidán 2014 (incluso que sea solamente en las palabras) también desenmascara una vez más todas las mentiras sobre el tal “golpe” en Ucrania, o sea, que la caída del gobierno de entonces hubiese sido resultado de “maniobras americanas”, en lugar del resultado de la lucha del pueblo ucraniano en las barricadas de la Maidán.. Nada más lejos de la realidad. La Maidán 2014 sigue siendo la bandera común de la inmensa mayoría de los ucranianos en estas elecciones, y la acusación de “golpe” fue una invención de Putin para calumniar y difamar la Revolución Ucraniana, para que los rusos no siguiesen el ejemplo de sus hermanos ucranianos, ya que tendrían motivos de sobra para hacerlo.

La votación por toda Ucrania en candidatos contrarios a la ocupación rusa, que caracterizaban esto como siendo la principal herida abierta en el país, es por sí misma una clara indicación de que los ucranianos no perdonan y no perdonarán a Putin por la anexión, así como una clara indicación de su intención de defender su país de la agresión rusa.

El completo fracaso por todo el país de los candidatos pro rusos Boiko y Vilkul (derrotados incluso en las regiones de habla rusa, como las de Odessa y Kharkov[2]), así como el hecho de que el candidato vencedor, Zelenskiy, de habla rusa, también haya intervenido en la campaña contra la ocupación rusa, revelan a vivo color el humor general de los ucranianos y las dificultades de Putin en su intento de dividir el país entre el Este y el Oeste, entre hablantes del ruso y del ucraniano.

Así como los candidatos pro rusos, los candidatos identificados con la elite ucraniana tradicional también fueron derrotados. Yulia Timoshenko siquiera pasó al segundo turno, y Petro Poroshenki, actual presidente y oligarca, fue fragorosamente derrotado por el “no-político” Zelenskiy, que alcanzó en el segundo turno ¾ de los votos. Las amplias libertades democráticas en las elecciones ucranianas, la victoria clara de un candidato que no es ni oligarca ni ligado a la tradicional elite política ucraniana y en enfrentamiento (por lo menos en las palabras) con ella, muestra la crisis política de la burguesía del país, lo que no puede ser comprendido fuera del contexto de la Revolución Ucraniana.

Es claro que la victoria de Zelenskiy, que escenificó el papel del candidato “contra todos”, no satisfará la voluntad de la Maidán y del pueblo ucraniano. A pesar de que Zelenskiy venció como lo “nuevo”, como candidato “fuera del sistema” y a veces incluso replicando el espíritu de la Maidán en sus discursos contra los oligarcas, él no pondrá en cuestión el capitalismo ucraniano, o sea, el control de los oligarcas sobre el país. Los intereses de los oligarcas se resumen a la mantención de sus negocios, para los cuales necesitan de los créditos occidentales por un lado, y de la normalización de las relaciones con Rusia, esto es, con Putin, por el otro. De esta forma, los oligarcas ucranianos son los conductores de la colonización del país por los capitales occidentales y al mismo tiempo no están interesados en una resistencia consecuente con la ocupación rusa de Crimea y del Dombass. Los oligarcas ucranianos son obstáculos directos para la realización de la principal bandera de la Maidán, una Ucrania una e independiente. Por eso, Zelenskiy, al no poner en cuestión el modelo de control de los oligarcas sobre el país, puede solo seguir vendiéndolo, maniobrando en el estrecho espacio entre los intereses de los oligarcas, la agresión de Putin, el proceso de colonización imperialista, y la presión desde abajo, desde el pueblo, que se seguirá empobreciendo, sufriendo los efectos de la ocupación de parte de su país por un lado, y los saqueos de los oligarcas y del capital extranjero, por el otro.

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No hay salida para el país si no se libera de la ocupación rusa y si no nacionaliza las riquezas en manos de los oligarcas y el capital internacional. Y, para tal, es necesaria la continuación de la revolución de 2014. Por la ausencia de una alternativa de los trabajadores, la revolución de 2014 entregó el poder a la burguesía ucraniana. Se mantuvo, por lo tanto, inconclusa. Esta ausencia de alternativa sigue siendo el problema fundamental de la Revolución Ucraniana. Incluso con las libertades conquistadas, no hubo un único candidato en las elecciones ucranianas que representase los intereses de los trabajadores. Resultado de que la “izquierda ucraniana”, que ya era minúscula en 2014, desapareció del mapa luego, al apoyar al odiado gobierno de Viktor Yanukovich, derribado por las masas. O simplemente abstenerse del proceso, acompañando por la ventana cómo centenas de miles de personas marchaban por la calles de Kiev.

Además de sus propios enemigos representados por los oligarcas ucranianos, los trabajadores y el pueblo ucraniano tienen, por el momento, un enemigo principal, Putin, que no solo oprime a los trabajadores rusos con su régimen autoritario basado en la FSB[3] y defensor de los intereses de los oligarcas rusos, sino que además conduce una guerra contra Ucrania y su revolución, tomando las regiones de frontera con sus “hombrecitos verdes” y “personas gentiles”[4] y anexando a Crimea y el Dombass. Con la anexión, Putin asestó un golpe contra la Revolución Ucraniana y al mismo tiempo, utilizando la falta de inmunidad de los trabajadores rusos contra la histeria gran rusa y el chovinismo, pudo conseguir apoyo para su régimen dentro del país, en un momento en que la confianza con relación a él en Rusia comenzaba a caer debido al constante empeoramiento en las condiciones de vida. Además, fue en la onda patriótica de la campaña “¡Crimea es nuestra!” que pudo aprobar contra los trabajadores el aumento de la edad para la jubilación. Si el imperialismo europeo somete a Ucrania en el plano financiero, profundizando el carácter dependiente del país, en el caso de Putin se trata directamente de una guerra, con millares de muertos, centenas de miles de refugiados, y territorios ocupados. Guerra es guerra, al final.

En tales condiciones, la tarea central de la revolución ucraniana, la primera condición para la independencia del país, es la liberación de la ocupación rusa. Rusia posee el segundo mayor ejército del mundo. Que Ucrania la derrote en términos militares puramente, no está planteado hoy. Para que Ucrania se torne el Vietnam de la Rusia de Putin es necesario que el proceso revolucionario ucraniano atraviese las fronteras y contamine toda Rusia. La liberación de los territorios ocupados exige inevitablemente la caída del régimen oligárquico de Putin/FSB. La caída del propio régimen que hoy, con su abrazo de oso, conduce al empobrecimiento de los trabajadores rusos, que por eso también necesitan de su caída, imposible sin su participación directa.

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La liberación de Ucrania de la ocupación de Putin, por eso, se funde con la liberación de los trabajadores rusos de la opresión del régimen de Putin, la FSB, y los oligarcas. Y, por otro lado, el mantenimiento de la ocupación de Ucrania conduce a la profundización de la esclavitud de los trabajadores rusos bajo “su régimen”, que representa el infortunio común de los ucranianos y de los trabajadores rusos.

De esta forma, al anexar territorios ucranianos, Putin soldó los destinos de las revoluciones ucraniana y rusa en una sola revolución. Dificultó así la tarea del pueblo ucraniano en conquistar una Ucrania una e independiente, pero al mismo tiempo dificultó su propia vida, pues desde entonces, además de tener que mantener a los trabajadores rusos pasivos en medio de una situación económica adversa, tiene que enfrentar el peligro de los trabajadores ucranianos que hace mucho ya abandonaron cualquier pasividad. Por todo eso, la Revolución Ucraniana es también nuestra revolución, de los trabajadores rusos, de cuyo éxito y continuación depende también nuestra liberación. Por eso, en la cuestión de la guerra de Putin contra Ucrania, nosotros, los trabajadores rusos y el pueblo en general, debemos estar totalmente del lado de Ucrania y de su revolución, contra el régimen policiaco de Putin, la FSB, y los oligarcas, esclavizador de los ucranianos y de nosotros, rusos.

Notas:

[1] Kadyrov es el presidente de Chechenia, e Inguchétia es una república vecina a Chechenia, ndt.

[2] Estos dos candidatos solamente recibieron votación más alta en las regiones de Lugansk y Donetsk, las dos que están parcialmente ocupadas por mercenarios rusos.

[3] Servicio Federal de Seguridad, la policía política, heredera de la KGB, ndt.

[4] “Hombrecitos verdes” y “personas gentiles” fue la forma jocosa con que Putin se refirió a los mercenarios rusos en la región, cuya presencia sigue hipócritamente negando, ndt.

Traducción: Natalia Estrada.