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De acuerdo con los anuncios oficiales, el 13 de mayo pasado 301 mineros perdieron la vida en un accidente debido a la desidia del patrón y del gobierno en la principal región carbonífera de Turquía, Soma.


Luego del accidente, el portavoz del gobierno intentó cambiar los números a fin de evitar acciones contra el gobierno y su partido, el AKP. El Primer Ministro Erdoğan y el gobierno sólo declararon que estaban profundamente tristes y anunciaron tres días de luto nacional. Hicieron eso para intentar evitar la rabia contra el gobierno.

Los patrones siempre intentan explotar intensivamente a sus trabajadores para aumentar sus ganancias, y organizan sus empresas con este objetivo. Un trabajador que precisa ganarse la vida tiene que someterse a todos los trabajos designados porque necesita del salario.

El accidente (o mejor, asesinato) en Soma no fue sólo un accidente más que ocurrió en Turquía. Luego de la privatización de la mina de carbón, el número de accidentes aumentó. Durante el período de doce años del gobierno del AKP las condiciones irregulares e inseguras de trabajo se extendieron. Ocurrieron ocho grandes accidentes en minas y 135 mineros perdieron la vida. Los tres últimos accidentes se produjeron en 2010 (dos veces) y en 2013. Estos dieron una pista para el asesinato de Soma. A pesar de que muchos mineros murieron en el accidente, Erdoğan dijo que “ellos son mineros y mineros deben estar conscientes de que los accidentes son normales, no es un acontecimiento sorprendente” y que “la muerte es el destino de los mineros del carbón”.

Después de cada accidente, todos los institutos responsables explican que están investigando y que todos los responsables serán castigados. Pero después todo es olvidado por el gobierno, por los medios y por el sindicato.

En el asesinato de Soma, el gobierno fue hallado “in fraganti”. Antes del accidente, el ministro de Energía y Recursos Naturales, Taner Yildiz, que controla la empresa, dijo que esta área minera tenía un alto padrón de seguridad en el trabajo. El patrón, Alp Gürkan, dijo que, en caso de emergencia, había una cámara de rescate. Lamentablemente, luego del accidente, todos vieron la realidad. No había cámara de rescate, ningún plan de recuperación, ningún equipo de intervención de emergencia, no hay planes de perforación. No hay detectores de gas suficientes. Los trabajadores que sobrevivieron explicaron que antes del día de la inspección [por el Ministerio], el equipo de inspección avisó a la empresa y dio informaciones sobre qué días y sobre lo que irían a inspeccionar.

Los trabajadores eran forzados a entrar en la mina sin entrenamiento suficiente. Además, el líder del equipo obligaba a los trabajadores a excavar para obtener más carbón. El sindicato de los mineros, que está íntimamente ligado con los patrones, explicó que el accidente ocurrió “porque Dios quiso” y que la compañía no tenía fallas de seguridad.

Flexibilización laboral, privatización, subcontratos de trabajo vienen destruyendo el sistema de seguridad en el trabajo desde hace años. Con la transformación neoliberal de la vida laboral, todos los trabajadores se transformaron en esclavos de sus empleos. Esta transformación es la base de los accidentes de trabajo. En la mina, esa transformación ocurrió por medio de la subcontratación o tercerización. A pesar de la mina ser un área de riesgo, el sector privado ignora la seguridad del trabajo, con vistas a la mayor productividad y la ganancia.

El mecanismo de control del Estado no funciona, porque los inspectores no son independientes del gobierno y de los patrones. Luego de la privatización del sector minero, la agencia estatal responsable por la regulación de las minas no consiguió cumplir con su deber. El Ministerio de Trabajo, responsable por la garantía de vida de los mineros, por la fiscalización para eliminar la ilegalidad y por el aumento del número de agentes de inspección también falló. Por el contrario, el número de inspectores fue reducido de diez a cinco en 2013. El ministro de Trabajo, Faruk Çelik explicó que esta reducción fue efectuada para utilizar los recursos públicos de forma más eficiente. Así, queda claro que el gobierno es responsable por el asesinato de Soma.

La Ley de Salud y Seguridad en el Trabajo (N.° 6331) aprobada en 2012 no es suficiente para evitar accidentes fatales. De acuerdo con esta ley, los peritos especializados responsables por la salud y la seguridad del trabajo no son independientes de los patrones. En lugar de ser independientes, trabajan para ellos, porque los patrones les dan empleos y pagan sus salarios. Además, por causa de la alta tasa de desempleo entre los recién recibidos de las universidades –la mayoría, jóvenes–, ellos trabajan en este sector. en el asesinato de Soma, las precauciones sólo estaban en el papel.

Con miedo de las movilizaciones en las calles y la solidaridad de clase, el gobierno impidió a los abogados, sindicalistas, miembros de los partidos socialistas, etc., entrar en Soma. Pero, los propios habitantes de Soma, miles de miembros de las familias de los muertos y los compañeros de trabajo se reunieron frente al hospital en busca de informaciones.

Cuando Erdoğan visitó el área del accidente, los trabajadores y sus familiares lo llamaron de “asesino” y “ladrón”, damnificando su automóvil con golpes y piedras. El primer ministro Erdoğan tuvo que huir para un supermercado. Erdoğan enfureció a las familias de las víctimas, negando cualquier responsabilidad frente a la prensa, y cínicamente declaró: “Accidentes ocurren en las minas. Son acontecimientos comunes. Hay varias descripciones de accidentes de trabajo en la literatura. Eso forma parte de la naturaleza de este negocio”. Uno de sus asesores, Yusuf Yerkel, pateó a un manifestante cuando estaba en el suelo, inmovilizado por la policía (ver foto de este artículo).

Las organizaciones sindicales de izquierda convocaron a una manifestación el 14 de mayo, en la calle İstiklal, cercana a la Plaza Taksim. Participaron veinte mil personas, pero la policía atacó a los manifestantes con gases lacrimógenos y tanques hidrantes. La rabia está creciendo en Turquía y alcanza a la clase trabajadora, porque todos los trabajadores se refieren al accidente como “asesinato” o “masacre”. La clase obrera sabe la razón: la explotación impiadosa de la clase trabajadora.

Al comienzo, la mayor confederación sindical de Turquía, la Türk-Is, permaneció sin respuesta. Después, para evitar que la rabia contra la burocracia sindical saliese fuera de control, llamaron a protestas y paralizaciones. La DISK (Confederación de los Sindicatos Revolucionarios) y la KESK (Confederación de los Sindicatos de los Trabajadores Públicos) llamaron a un día (24 horas) de huelga de solidaridad.

Una declaración conjunta de estas confederaciones, que también fue firmada por la Cámara de Ingenieros y Arquitectos, TMMOB, y por la Asociación Médica, TTB, afirma: “Centenas de nuestros hermanos que trabajan en las minas de Soma fueron forzados a hacerlo en un proceso de producción deshumano, a fin de generar el máximo de ganancia, pues la cuestión de la promoción de medidas de salud y seguridad de los trabajadores son considerados de acuerdo con los pros y contras de los gastos. Eso significa que ellos fueron llevados a la muerte desde el inicio. Quien llevó a cabo las políticas de privatización y el favoritismo de subcontratistas que pretenden matar a los trabajadores a fin de reducir los costos, y quien las envalentonó, son los autores de la masacre de Soma”.

En Estambul, miles de sindicalizados querían comenzar una marcha, pero las fuerzas policiales los bloquearon. Después de una larga negociación y una protesta local, la policía tuvo que permitir la marcha. En Ankara, cerca de mil personas de varios sindicatos se reunieron para marchar hasta el Ministerio de Trabajo y gritaban: “El fuego de Soma va a quemar al AKP” y “asesinos del AKP”.

En Izmir, cerca de Soma, 20.000 trabajadores se manifestaron contra los responsables por el desastre, como parte de una huelga de 24 horas. Los manifestantes fueron atacados por la policía con tanques de agua y gas lacrimógeno. El líder de la DISK, Kani Beko, tuvo que ser hospitalizado. También se realizaron manifestaciones en otras ciudades, enfrentando a la policía con tanques hidrantes, con los slogans: “No es un accidente, no es el destino, es asesinato” y “Nuestros corazones están quemándose en Soma”. “Los mineros no murieron, fueron asesinados”.

Las protestas se extendieron a otras ciudades y fábricas. Trabajadores metalúrgicos y de automotrices realizaron paralizaciones. Estudiantes secundarios organizaron actividades de solidaridad con los mineros de Soma. Tres días después, el Ministerio de Educación prohibió todas las acciones en escuelas secundarias. Los estudiantes universitarios mostraron gran resistencia contra todos los tipos de represión. Estudiantes de Ingeniería de Minas de la Universidad Técnica de Estambul (UTI) ocuparon su facultad exigiendo la ruptura de cualquier relación con el patrón de la mina de Soma, que es miembro del consejo consultivo científico. La rectoría de la UTI aceptó las reivindicaciones de los alumnos y la ocupación se levantó. Ocupaciones de edificios universitarios se extendieron a varias universidades, y es cada vez mayor.

La clase obrera está moviéndose lentamente, por ahora. Pero comenzaron a organizarse, haciendo reuniones, protestas y paralizaciones, y reivindicando la prohibición del trabajo tercerizado y la garantía de trabajo con seguridad.

Los alumnos secundarios de la escuela de Berkin Elvan (joven de 15 años muerto por la policía con una bala de gas lacrimógeno) realizaron una pequeña manifestación en Okmeydani el 23 de mayo. La policía atacó esta pequeña demostración con tanques hidrantes y gases lacrimógenos y usaron sus armas para dispersar a los manifestantes. Durante este conflicto murió Uğur Kurt, que ni siquiera estaba en la protesta. Uğur Kurt fue baleado en la cabeza mientras participaba de un funeral en un cemevi, centro religioso y cultural de la minoría turca Alevita. Después del funeral de Uğur Kurt, miles de personas ocuparon una vez más las calles y enfrentaron a las fuerzas policiales. La segunda muerte, de un hombre de 42 años, Ayhan Yilmaz, ocurrió durante los enfrentamientos de la noche.

El 31 de mayo fue el primer aniversario de las manifestaciones de Gezi. Una fuerza policial compacta, de cerca de 25.000 soldados, fue desplazada hacia el lugar el sábado para impedir a los manifestantes llegar a la Plaza Taksim de Estambul. Los manifestantes se reunieron para conmemorar el primer aniversario del inicio de las protestas en el Parque Gezi, que comenzó como una protesta ambiental pero rápidamente evolucionó hacia un conflicto contra el gobierno del AKP. El sábado, la policía, equipada con 50 tanques de agua y helicópteros, aislaron la Plaza Taksim, en Estambul y el parque circundante de Gezi. Los servicios de balsa fueron suspendidos en todo el Bósforo para evitar que los pasajeros cruzaran de Asia para el lado europeo de Estambul donde está ubicada la Plaza Taksim. El metro también fue cerrado. Pequeños grupos intentaron protestar, pero las fuerzas policiales atacaron violentamente con balas de goma. Fueron detenidos 186 manifestantes.

Todos los días, en todas partes de Turquía estamos siendo testigos de los ataques de la policía. Las protestas ya alcanzaron la parte sur de Turquía, Lice. Las rebeliones ya duran diez años.

La única solución del gobierno para evitar la rabia por la represión, es usar a la policía, gases lacrimógenos y tanques hidrantes. El gobierno del AKP tiene miedo de ser derrocado por las protestas. El primer ministro Erdoğan menciona las elecciones en todos los discursos. “Si usted no me quiere, entre en la vida política, cree un grupo y gane las elecciones. Caso contrario, cuando usted ocupa las calles, mi policía debe hacer lo que es su deber”.

Traducción: Marcos Margarido y Natalia Estrada.

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