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La crisis mundial agrava la competencia por los recursos naturales. Los estados imperialistas, centros de los mayores monopolios mundiales, tienen interés en las riquezas minerales de los países dependientes y exigen de sus gobiernos que “dividan” esta riqueza, cosa a la que las burguesías de tales países “no pueden recusarse”. Los participantes de ese negocio lo llaman “asociación ventajosa para todos”. Hoy en Rusia, el régimen de Putin entrega recursos y partes enteras del país, ricas en minerales, a las multinacionales extranjeras.



El petróleo ruso para el imperialismo


La mayor parte de la industria petrolera rusa está en manos privadas y es la base de los oligarcas rusos. La mayor empresa petrolera sigue siendo Rosneft (“Petróleo Ruso”), que también es privada (sociedad anónima) pero las acciones siguen en los manos del Estado.

Hoy el gobierno está construyendo, con base en Rosneft, una compañía asociada al capital extranjero para la explotación del petróleo ruso. Los contratos están firmados con la americana ExxonMobil (explotación de petróleo en Karski, Mar Negro y Siberia Occidental), la británica BP (Siberia Occidental), la italiana Eni (Mar de Barentz y Mar Negro), la noruega Statoil (Mar de Barentz y Mar Okhotskoe). El mismo acuerdo fue firmado en 2012 por otra empresa “estatal”, Gazpromneft, con la empresa japonesa JOGMEC (extracción de petróleo en Siberia del Este).

Rosneft, atrasada en relación con los monopolios occidentales en cuanto al volumen de capital y a la tecnología, no puede por sí misma explotar campos de difícil accesibilidad. Por eso, para mantener el negocio y recibir las debidas ganancias, sus directores llaman al capital extranjero, que recibe hoy de 33 a 49% de la participación y la correspondiente fracción de la ganancia, y aún se aprovechan de un régimen de exención fiscal. Como compensación, Rosneft también recibe una participación en explotaciones de las compañías occidentales, pero, como es más débil que ellas, paso a paso va siendo incorporada a los monopolios occidentales. Hoy Rosneft sigue el proceso de privatización y ya está firmado el acuerdo que entrega su 20% en manos de la British Petroleum.

Este proceso de absorción de las compañías petroleras nacionales por el imperialismo es muy común en el mundo. Esta era la política de Lula y es hoy la de Dilma sobre Petrobras y la de Chávez sobre la PDVSA venezolana. Así como para explotar petróleo en el mar se utiliza como punto de apoyo una plataforma flotante, las corporaciones imperialistas utilizan a Rosneft como plataforma, con lo cual los monopolios occidentales tienen la posibilidad de acceder al petróleo ruso. Ese rol de plataforma, a través de la cual los monopolios occidentales instalan su control sobre Rusia, lo juega todo el capital “ruso”. Pero en el caso de la Rosneft “estatal”, el rol pro-colonizador del régimen de Putin es más claro.


Putin entrega Siberia y el “Lejano Oriente Ruso” al imperialismo


El “Lejano Oriente Ruso” con sus recursos, muchos de los cuales aún no están explotados, son una enorme reserva y un “atrayente activo” para las compañías de los estados imperialistas. Al mismo tiempo, la economía rusa, que gracias a Putin es fuertemente dependiente de los capitales occidentales, en los marcos de la crisis económica necesita de una nueva dosis del narcótico de las inversiones extranjeras. Eso es lo que determina actualmente la ampliación de la “asociación ventajosa para todos” entre el gobierno Putin y las multinacionales occidentales en nuestros territorios de Siberia y el “Lejano Oriente”.

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La importancia de esa “asociación ventajosa” se muestra especialmente en la disposición de Vladimir Putin de liberar totalmente del pago de impuestos a las compañías extranjeras que explotan los recursos naturales rusos. En su discurso a la Asamblea Federal, en diciembre ultimo, Putin dijo: “Hace poco, en el Presidium del Consejo de Estado, nosotros hablamos en detalle sobre los pasos concretos para estimular el crecimiento económico en el Transbaikal y las regiones del Lejano Oriente… Decidimos crear aquí condiciones de vida atractivas. El Gobierno debe, hasta el final del primer trimestre del próximo año [2014], elaborar detalladamente las medidas propuestas, incluyendo una moratoria en los impuestos para las así llamadas empresas pioneras, empresas nuevas, [para los] planes de desarrollo energético, de infraestructura, etc.”.

En esa cita del Presidente suena particularmente llamativo el “crear condiciones de vida atractivas”, por medio de una moratoria en los impuestos, o sea, “crear condiciones de vida atractivas” para los propietarios de las multinacionales occidentales y los oligarcas rusos a ellos asociados. Es decir, los recursos de Siberia y del “Lejano Oriente” estarán disponibles para las multinacionales extranjeras. En eso se resume toda la esencia del régimen de Putin, su programa antinacional y pro-colonizador, y sus métodos autoritarios.

Bajo este programa de colonización de Siberia y del “Lejano Oriente”, existe hoy el Ministerio para el “Desarrollo” del “Lejano Oriente”. “El Ministerio para el Desarrollo del ‘Lejano Oriente’ propone cancelar los impuestos sobre la ganancia, sobre la propiedad, y el impuesto territorial para las recién llegadas compañías, por el período necesario para que puedan empezar un trabajo rentable. Para eso se planea una ley federal sobre el desarrollo del ‘Lejano Oriente’ que lo garantice” (tomado del diario Nezavisimaya Gazeta, 28/11/2012).

En principio, los comentarios son innecesarios. En verdad, nada de eso es nuevo. En el período Yeltsin, un sistema análogo de moratoria de los impuestos “hasta que se alcance la rentabilidad” fue implementado para la explotación de petróleo en Sakhalin [una isla en el “Lejano Oriente Ruso”, N. de T.]. Eso condujo a que las multinacionales occidentales siempre pudieran demostrar su “no-rentabilidad” en el papel, y pasar muchos años extrayendo petróleo de Sakhalin sin pagar casi nada. Eso se tornó un símbolo de saqueo de los recursos naturales de Rusia. Al llegar al poder, Putin revisó este acuerdo, que estaba más allá de cualquier límite, y sacó a los capitales internacionales de los proyectos de Sakhalin. Pero hoy él aplica el mismo sistema de saqueo en todo el “Lejano Oriente”, y, además, este sistema de saqueo deberá ahora estar garantizado por una ley federal.

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La construcción de carreteras y estaciones eléctricas en el “Lejano Oriente”, en sus duras condiciones naturales y tomando en cuenta la baja población del territorio, es un negocio exageradamente caro; las multinacionales y los oligarcas rusos no quieren gastar dinero en eso. Así, ese enorme gasto para crear las condiciones necesarias en el inicio de la explotación del petróleo, la toma el estado ruso para sí. Hoy el gobierno está poniendo más dinero en el “Lejano Oriente”, y hace propaganda sobre que eso es un acto patriótico de “fortalecimiento de la unión de estos territorios a Rusia”. Eso es un engaño deliberado. Las inversiones estatales en el “Lejano Oriente” tienen hoy por objetivo crear la infraestructura para el trabajo de las multinacionales. De hecho, a costas del dinero público (es decir, nuestro), retomando el “modelo chino”, Putin prepara el camino para que las multinacionales se apropien también de nuestros recursos naturales. A las compañías les queda solamente ir al territorio, ya debidamente preparado, y empezar la extracción y el transporte hacia afuera del petróleo, del gas, de los metales, de la madera. 



Revolución o colonia


La restauración del capitalismo abrió a las multinacionales imperialistas el camino hacia la absorción de la estructura económica rusa. Exactamente para eso fue que se dio. Hoy vemos cómo los capitales occidentales paso a paso toman el control de la industria, del sistema energético, de los transportes, de la esfera financiera y de los recursos naturales del país. Las multinacionales imperialistas ponen cada día más el país bajo su control, encontrando aquí nuevas fuentes para aumentar sus ganancias y su acceso a los recursos naturales. En el sistema capitalista mundial, entre los países imperialistas a Rusia le está reservado el lugar de “zona de materias-primas con una población miserable”.

En el mejor de los casos, gracias a la manutención de los oleoductos y gasoductos y al trabajo en las minas y bosques, nos será permitida también la condición de proveedores de mano de obra barata, para producir aún algo más en las fábricas de capital extranjero. Junto con esto va la privatización de los restos de la propiedad estatal que queda en las manos de las empresas de Occidente, la compra de armas a la OTAN –que es increíble si tenemos en cuenta la industria militar rusa–, el comienzo de producción en Rusia de armas de la OTAN y hasta la organización de la base militar norteamericana en el Volga, cerca de Volgogrado (nuevo nombre de Stalingrado), por Putin. Todo eso abre un nuevo período en el proceso de colonización del país. La ampliación de las actividades de las multinacionales occidentales en el “Lejano Oriente” y en Siberia inevitablemente pondrá a la orden del día la cuestión de quién es el verdadero “dueño” de la región (dos tercios del territorio ruso). La tendencia actual va a poner en cuestión la integridad de Rusia.

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El agente principal de este plan del imperialismo es la burguesía rusa –oligarcas, dependientes de las corporaciones multinacionales y los bancos occidentales, necesitada de sus capitales y entreguista del país a cambio de financiación–. La burguesía rusa es antinacional por su esencia. Ella recibe dividendos directos del proceso de colonización del país. Y el principal administrador de ese proyecto es el actual gobierno oligárquico, con Putin a la cabeza. Y mientras ellos mantengan en sus manos el poder político y lleven a cabo sus planes pro-colonialistas, Rusia se degradará año tras año, hundiéndose en un abismo de miseria y colapso bajo los hipócritas discursos patrióticos del régimen.

Solo los trabajadores rusos de todas las nacionalidades pueden detener ese proceso, realizando una revolución, derrocando el poder de los oligarcas y tomando el poder político en sus manos, para nacionalizar los monopolios energéticos, los transportes y todas las áreas estratégicas, acabando con el capitalismo, que destruye el país, y abriendo el camino al socialismo. En esa revolución, los trabajadores no tendrán nada que perder, excepto la amenaza de catástrofe que cae sobre todos nosotros. Esta es una gran tarea política, que para ser llevada a cabo por los trabajadores necesita de su instrumento político, un partido revolucionario, es decir, un partido de aquellos que estén listos para dar su contribución en la lucha por esa revolución. Te llamamos a formar parte de esto.