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El 16 de marzo, de acuerdo con distintas fuentes, en Ingushétia entre 10.000 y 30.000 personas salieron nuevamente a las calles en protesta. Diez mil personas ya es un número enorme para esta pequeña república del Cáucaso ruso, con cerca de 3.000 km2 y menos de 500.000 habitantes.

Por: Partido Obrero Internacional – POI, Rusia

Es la segunda manifestación en menos de seis meses. La primera fue en octubre pasado, cuando los dirigentes pro Putin de las repúblicas de Chechenia y de Ingushétia, Kadyrov[1] y Evkurov, respectivamente, a espaldas de sus pueblos, firmaron un acuerdo sobre la transferencia a Chechenia de una parte de entre 7 y 10% de Ingushétia, una república por sí misma ya minúscula. El acuerdo fue firmado incluso en contra de la Constitución de Ingushétia, que determina que para tales cuestiones es necesaria la realización de un referendo popular. El Tribunal Constitucional de Ingushétia consideró ilegal el acuerdo; por su parte, el Tribunal Constitucional de Rusia lo consideró legal, demostrando la disposición de Moscú en pasar por encima de Ingushétia en nombre de los intereses de Kadyrov. Sin embargo, la tentativa del Kremlin de hacer una concesión a Kadyrov a costas de Ingushétia no salió tan fácil como ese calculaba: los ingushes salieron a las calles a protestar contra el acuerdo.

El estopín para la segunda manifestación, la de marzo, fue justamente la tentativa de Evkurov de retirar de la Constitución ingushe la necesidad del referendo, para retrospectivamente “legalizar” la entrega de las tierras ingushes, una media vergonzosa hasta para el propio hipócrita derecho burgués. En la manifestación se exigió la renuncia de Evkurov, que hace tiempo está atragantado en la garganta de los ingushes, además de levantar exigencias de carácter económico, contra la pobreza en la región. El Cáucaso, Ingushétia incluida, es una de las regiones más pobres de Rusia, con sus habitantes muchas veces teniendo que ir a tentar suerte en otras regiones. La crisis y el empeoramiento de las condiciones de vida bajo los gobiernos de Putin es lo que indudablemente alimenta las protestas.

Los acontecimientos envuelven cuestiones mucho más allá de la territorial. La cuestión territorial, como cualquier otra contradicción, siempre fue usada por Rusia para dividir a los pueblos del Cáucaso entre sí, envenenando a unos contra otros para así poder mantener con mayor seguridad su dominio sobre el conjunto. Lo que pasa no es solo una transferencia de tierras para Chechenia. Es una recompensa de Putin a Kadyrov por sus servicios prestados en sofocar la resistencia chechena y la lucha de los pueblos de todo el Cáucaso contra la opresión. Por su papel en restaurar el dominio del Kremlin en la región y fortalecer el poder del régimen de Putin, defensor de los intereses de los oligarcas y de la FSB, sobre todo el país. Hay una cadena causal, que comienza con la sofocación de la resistencia chechena, que condujo la sofocación de las luchas de los pueblos de todo el Cáucaso, que por su parte condujo a la aceptación por parte de los trabajadores rusos de toda la política represiva y chovinista de Putin, que condujo a que estos confíen todas sus esperanzas en el “líder fuerte” e interrumpan cualquier lucha por sus intereses de clase, lo que condujo a la ascensión triunfante en todo el país del régimen oligárquico y pro FSB de Putin, lo que por su parte condujo al silenciamiento de todas las voces por toda Rusia, condición necesaria a la implementación del actual modelo colonial de total dependencia del país de la extracción de recursos naturales y de los capitales extranjeros, que condujo a la actual situación social de los trabajadores rusos de degradación, falta de perspectivas, ausencia de derechos y represión policial. Esta es la cadena causal, orgánicamente completada por la contrarrevolución en Siria y en Ucrania, que determina la pesadilla sentida por cada trabajador ruso, pero de la cual estos todavía no son absolutamente conscientes. Es en esta secuencia causal que el enviado y verdugo de Putin, Kadyrov, sigue jugando su papel fundamental. Es de donde recibe del Kremlin permanentemente algún “bonus”, en el caso en cuestión, un pedazo de Ingushétia.

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Los pueblos del Cáucaso sufren de un mal común: la secular opresión rusa. El genocidio a manos del general zarista Ermolov; las deportaciones estalinistas de chechenos, ingushes y otros pueblos; las guerras de Chechenia promovidas por Yeltsin que transformaron la capital Grozni en ruinas; el terror actual del régimen de Putin con sus representantes locales, verdaderos verdugos contra los pueblos; las agresiones de Putin contra sus idiomas nacionales.

Es el mismo mal que sufren también los trabajadores rusos, a los cuales el gobierno Putin intenta atraer para su lado, envenenándolos con grandes dosis de chovinismo gran ruso, para que acepten soportar la miseria y la falta de derechos ante los oligarcas, órganos represivos, y el “nuevo Zar”, que gobiernan gracias a las ilusiones en una “Rusia Grande”, que absolutamente nada tiene que ver con la cruda realidad. Difícil sorprender que luego de sofocar el Cáucaso con su régimen represivo y oligárquico, Putin haya callado la boca de los trabajadores rusos con su porra policial y ahora los persigue con un látigo para que trabajen más y por más tiempo (sin jubilación). Al creer en la propaganda chovinista gran rusa de Putin, apoyando sus agresiones contra otros pueblos y despreciando a los trabajadores inmigrantes, los trabajadores rusos, expresando la máxima de Marx, literalmente forjan sus propias cadenas. El sofocamiento del Cáucaso es la piedra fundacional de toda la pirámide de esclavización de los trabajadores rusos.

Un ascenso de las luchas de los pueblos de Cáucaso contra la opresión, por la salida del Cáucaso del control del régimen oligárquico y represivo de Putin (así como la revolución en Ucrania) amenazan con destruir toda esta pirámide de opresión y explotación construida en las actuales fronteras de Rusia sobre las espaldas de los trabajadores de diferentes pueblos, incluso el más numeroso de ellos, el ruso. Eso es algo que el régimen de Putin no puede aceptar de forma alguna. Por eso, el Cáucaso no es solo la piedra fundamental del régimen sino también su talón de Aquiles.

Por eso, cualquier agitación en el Cáucaso preocupa al régimen. Aún más cuando en las manifestaciones fue “recordado” también el nombre de Putin, el “padrino” de todo lo que está ocurriendo: “Venga inmediatamente para acá a explicar por qué usted no gusta del pueblo ingushe. Quien no respeta a los ancianos del pueblo, a aquel yo tampoco respetaré… Si usted decidió quitarnos un parte de nuestro territorio, sepa que eso para nosotros significa lo mismo que la muerte, y nosotros pretendemos morir dignamente”, dijo a Putin el anciano Akhmed Barakhoev, acompañado por los manifestantes al grito de “¡Alá es grande!”. Por tal insubordinación, el anciano fue preso.

Por eso, en el Cáucaso están estacionadas inmensas fuerzas militares rusas. Por eso, por todo el Cáucaso hay regímenes dictatoriales que apuestan a sofocar totalmente la resistencia. Por eso, Putin, copiando lo que hizo en Grozni, destruye las ciudades sirias y junto con Assad asesinó a centenas de miles de sirios, para que la revolución en este país no incendiase una nueva lucha de liberación de los pueblos del Cáucaso. Por eso, las actuales manifestaciones en Ingushétia sufren represión. Las tentativas de la Guardia Rusa de dispersarlas por la fuerza (vergonzosamente tuvo que volver atrás debido a la resistencia de los manifestantes); la presencia de agentes especiales enmascarados en las manifestaciones y de francotiradores en los edificios vecinos: el régimen de Putin estaba pronto para, en caso de necesidad, realizar una masacre. Hubo búsquedas con agentes enmascarados en más de quince residencias. En las calles pusieron vehículos militares y blindados; cortaron la internet para que no hubiese filtración de informaciones y para que las personas no pudieran organizarse.

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Por eso fueron presos el anciano Akhmed Barakhov, Barakh Tchemurziev (del movimiento “Soporte de Inguchétia”), Musa Masalgov (de la organización de defensa de los derechos humanos “MASHR”), Abo Dobriev, Khabazh Dzaurov, Bagaudin Khautiev, Guelaniy Khamkhoev, Magomed Khamkhoev, Ibrahim Muzhakhoev, Adam Azhigov, Vakha Barakhoev, Amir Oskanov, Musa Tepsaev, Akhmed Pogorov. Varios fueron agredidos durante las prisiones. También recibieron multas de hasta US$2.500 por “participar en acciones ilegales”, “llamar al desorden” y por la “violencia dirigida contra los representantes del gobierno”, Zarifa Sautieva, Ismail Nalguiev; los blogueros Bekkhan Khashagulgov e Israpil Nalguiev, el vice-representante del Centro Espiritual de Ingushétia, Musa Meyrieva; el representante del Consejo de los Clanes de Ingushétia, Malsagu Uzhakhova.

Foto tomada de Brasil Escola-UOL.

Por eso, Putin protege claramente a Evkurov, negándose a dimitirlo del puesto, ya que eso significaría para él una “expresión de debilidad”. Abrir un precedente de retroceso por la presión del pueblo, que podría inspirar a las personas a la resistencia, es inadmisible para el autoritario régimen de Putin, incluso en las regiones rusas, cuanto más en el Cáucaso.

Todo eso demuestra cuánto el sofocamiento del Cáucaso es una cuestión vital para el régimen de Putin, pro oligárquico y basado en las fuerzas de represión de la FSB. Demuestra cuánto el régimen teme perder el control en la región.

El gobierno teme que las protestas puedan dividir a las fuerzas de represión, comprendiendo muy bien que las condiciones para eso ya existen: los enviados para reprimir las manifestaciones de octubre hicieron sus oraciones conjuntamente con los que protestaban. En las manifestaciones de marzo, una división policial se negó a dispersar a los manifestantes. La división fue entonces reestructurada, con decenas de miembros expulsados por la “pérdida de confianza” (además, por esa razón, el ministro del Interior de Ingushétia, Dmitriy Kava, vaciló en dispersar a los manifestantes con fuerza policial, lo que el costó el puesto. La “honra” entonces de reprimir pasó a manos de la disciplinada Guardia Rusa). Por temor a incidentes de este tipo, el gobierno se esfuerza en utilizar fuerzas “externas” para la represión en Ingushétia. Por ejemplo, los detenidos fueron llevados a la república vecina de Kabardino-Balkária, distante de los lugares de protesta y de su pueblo. Así como las revistas de residencias fueron realizadas directamente por fuerzas bajo comando de la FSB.

Cualquier trabajador, y simplemente cualquier persona honesta, debe estar contra la injusticia llevada a caso contra el pueblo ingushe por Putin y su soldado Kadyrov, con la patética asistencia de Evkurov, lamebotas de Kadyrov, y este a su vez, lamebotas de Putin. El pueblo ingushe debe decidir por sí mismo sus cuestiones territoriales. La cuestión territorial en el Cáucaso debe ser decidida por los pueblos del Cáucaso, no por los agentes de Putin a la Kadyrov.

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Evkurov se vio obligado a retirar el proyecto de cancelación de la necesidad de referendo “para ajustes”. Lo hizo aún antes de la manifestación, cuando ya estaba claro que el pueblo resistiría. El retroceso de Evkurov ya es una pequeña victoria del pueblo ingushe contra el propio Evkurov, contra Kadyrov y contra Putin, pero solamente el primer éxito en el largo camino por delante hasta la liberación de Ingushétia y de todos los pueblos del Cáucaso de la opresión del régimen de Putin.

En la liberación de los pueblos del Cáucaso de los verdugos de Putin, será decisiva y vital la solidaridad entre los pueblos del Cáucaso contra la opresión rusa. Por ejemplo, para que las fuerzas de represión no puedan transferir a los presos a otras regiones, para que estas fuerzas represivas no tengan apoyo en ninguna región. Pero no será menos importante la solidaridad de los trabajadores rusos para con los pueblos oprimidos del Cáucaso. Hoy en Rusia, el pueblo trabajador está preso en el lazo del régimen policial y oligárquico de Putin, y siente las consecuencias de eso diariamente. El lazo aprieta más en el Cáucaso y en Ucrania, literalmente hasta sangrar. En el caso de los rusos, aún no hasta sangrar, lo que el régimen intenta hacer pasar como un privilegio. Pero es el mismo lazo en todos, y este viene apretándose. Por eso, incluso los trabajadores rusos se ven obligados a trabajar cada vez más y más, recibir menos y menos, y soportar todo callados. La liberación de este lazo es una tarea común. La libertad del Cáucaso, la libertad de Ucrania, significan también la libertad de los trabajadores rusos. Por eso, los trabajadores rusos también necesitan estar contra las agresiones de Putin en relación con los otros pueblos, lo que es indispensable también para la liberación de la opresión del régimen oligárquico-policial vigente en Rusia.

[1] Presidente de Chechenia, aliado de Putin en la masacre y opresión del pueblo checheno. Encabeza un gobierno totalitario en la región , con trazos directamente fascistas. Cualquier oposición política es eliminada.  Gracias al régimen de terror impuesto, en la región Putin “venció” las elecciones con más de 97% de los votos. Kadyrov se autotitula “soldado de infantería de Putin”, ndt).

Traducción: Natalia Estrada.