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Hace poco fue publicado en la Nezavisimaya Gazeta[1] un interesante artículo de un tal Alexandr Khramtchikhin, vicedirector del Instituto de Análisis Político y Militar, con el título “La paz en el Cáucaso, ¿cuánto durará?”. El artículo de este apologista de las guerras de Putin en el Cáucaso y de los bombardeos sobre Siria nos pareció interesante en su análisis de la situación por coincidir en casi todo lo que nosotros venimos afirmando hace tiempo, pero siendo hecho desde esta posición enemiga, desde el otro lado de las barricadas.

Por: POI – Partido Obrero Internacional, Rusia

El autor comienza su artículo describiendo la actual “paz en el Cáucaso” y la forma como esta fue afectada.

“Los Ejércitos del Imperio Ruso, de la Unión Soviética y de la Federación de Rusia derramaron mucha, mucha sangre en las montañas del Cáucaso en guerras con enemigos tanto internos como externos. Ahora, se alcanzó un período de casi paz. Aunque solamente después de la segunda tentativa, Rusia venció al final la guerra contra sus enemigos internos (en Chechenia)”.

Faltó precisar que los ejércitos rusos “derramaron mucha, mucha sangre” de chechenos y otros pueblos del Cáucaso. Después de los genocidios del general zarista Ermolov, que masacró e incendió aldeas enteras, y de las deportaciones de pueblos enteros por Stalin, vinieron las guerras de Chechenia con Yeltsin y Putin, que transformaron la capital Grosniy en ruinas, además de las terribles “limpiezas” en las aldeas, que causaron la muerte, de acuerdo con distintas fuentes, de 80.000 y hasta 130.000 chechenos. En estas últimas guerras por el “noble objetivo” de someter a los pueblos del Cáucaso al gobierno de los oligarcas rusos, murieron 7.000 soldados rusos y más de 27.000 retornaron lesionados (no son contabilizados los soldados que retornaron con traumas psicológicos). Fue de esta forma que se alcanzó la actual “paz” en el Cáucaso, la paz de la opresión de sus pueblos por el régimen de Putin.

¿En qué se sostiene esta “paz” hoy? El autor en cuestión describe detalladamente la presencia militar rusa en la región: “En las repúblicas del Cáucaso Norte hay fuerte presencia militar rusa. Su base es el 58° Ejército basado en Vladikavkaz. Su mayor división es la 42° de Infantería Motorizada, dispuesta en Chechenia. En su composición, tres regimientos de infantería motorizada, uno de artillería y uno de misiles antiaéreos, además de algunos batallones y compañías. Las divisiones armadas tienen cerca de 100 tanques T-72B3, cerca de 100 sistemas de artillería motorizada, más de 400 blindados militares de diferentes tipos, lanzadores de cohetes múltiples BM-21-GRAD, morteros, misiles antiaéreos, y demás sistemas de misiles… Además, en la región están presentes las 19° y 136° Brigadas de Infantería Motorizadas, la 291° Brigada de Artillería, la 67° Brigada de Misiles Antiaéreos con los sistemas ‘BUK-M1’, así como la 12° Brigada de Misiles, formada en 2015 y equipada con los sistemas de lanzamiento táctico-operacionales ‘Iskander’ (siendo que una de las baterías de la brigada con dos sistemas de lanzamiento están localizadas en Ossétia del Sur, componiendo la 4° Base Militar Rusa). Todas estas unidades militares cuentan con tanques T-72B3 y T-90A, vehículos de combate de infantería, vehículos blindados de transporte y otros blindados, diferentes sistemas de artillería autónomos (incluyendo el “Pion” de 203 mm), lanzadores de misiles de fragmentación “GRAD”, “Tornado-G’ y “Uragan”, sistemas de misiles antitanques autónomos “Shturm-C” y “Crisantemo-C”, así como sistemas de misiles antiaéreos y antimisiles, artillería de remolque, morteros automáticos… la Flota de las Fuerzas Anfibias con la base en las orillas de mar Caspio en Daguestán posee seis torpederos modelos 21820, 1176 y 11770. Allí están presentes también la 177° Brigada de Infantería Naval, equipada con cerca de 60 transportadores blindados y una decena de sistemas de artillería motorizada de 120 mm”.

Y, con todo eso, el autor admite abiertamente que “en este momento, amenazas externas en su forma clásica están ausentes en la región”. O sea, toda esta montaña de armamento, con la tal vez excepción de los sistemas “Iskander” y antiaéreos, está apuntada para los pueblos del Cáucaso (sobrando también para el pueblo sirio, pues es desde el mar Caspio que se lanzan los misiles a Siria).

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Pero como hoy la resistencia de los pueblos del Cáucaso penetra todos los poros de la sociedad, el autor reclama que para mantener la “paz”, solo los esfuerzos militares son insuficientes. Que para mantener la situación bajo control son necesarios instrumentos más útiles: “El peligro más serio viene de los grupos islámicos radicales, pero para repelerlos la utilidad del ejército es limitada. Aquí se hace necesario el refuerzo de los servicios especiales de inteligencia y de la Guardia Rusa”. Y completa: “Por el momento, la Guardia Rusa y las formaciones policiales locales dan cuenta de la situación. Las más efectivas entre ellas se mostraron exactamente las formaciones chechenas, que sofocan con gran éxito a los radicales en su territorio, así como luchan por Rusia fuera de las fronteras del país (por ejemplo, en Georgia, así como en Siria)”.

Resumiendo, es necesario el “soldado de infantería” Kadyrov[2], que mantiene bajo un régimen de terror a su pueblo, donde por cualquier pequeña desconfianza de simpatía por la liberación de su pueblo, cualquier uno puede simplemente desaparecer de la faz de la Tierra, y sus parientes tendrán miedo hasta de comentar su desaparición (y esta es la actual situación en Chechenia). Pero incluso este terror, según el autor del artículo no es suficiente. Él llama por más acciones de los “órganos responsables por la propaganda e ideología”, o sea, para convencer a los pueblos del Cáucaso cómo es bueno vivir bajo Putin y sus “soldados de infantería” a la Kadyrov.

Pero, en los últimos años, surgió un problema para Putin y Kadyrov: no tan lejos, en Siria, en el marco de una revolución que abarca el mundo árabe, el pueblo se levantó contra su dictador que condujo a este pueblo a la miseria con una represión cruel contra cualquier insatisfacción. Esta revolución puede llegar al Cáucaso. En relación con eso, el autor del artículo nos explica por qué hay que derrotarla: “Las FFAA de la Federación Rusa viene teniendo mucho éxito luchando contra los radicales islámicos en Siria. Cuanto mayor el éxito que ellas tengan allá, menos problemas tendremos en el Cáucaso, en una relación de proporcionalidad directa. Esperamos que esta campaña militar no sea víctima de politiquería… Ya que las consecuencias serían terribles, y en primer lugar estas se manifestarían en el Cáucaso”.

Como todos los apologistas de la agresión de Putin en el Cáucaso o del imperialismo americano en el Medio Oriente, el autor usa el espantapájaros de la “amenaza islámica radical” para descalificar lo que en verdad son guerras de liberación nacional contra el dominio de las potencias, y revoluciones de los pueblos contra las dictaduras que los oprimen. Pero dejando de lado estas manipulaciones, el autor tiene razón en sus temores: la revolución siria puede alcanzar el Cáucaso, y el sofocamiento de las luchas de los pueblos del Cáucaso fue justamente la partera del régimen de Putin[3]. Fue su piedra fundamental, sobre la cual se apoyó para derrotar el movimiento de los trabajadores por todo el país, callando su boca con el bastón policial (adosado con los lucros del petróleo y del gas), para poder construir con tranquilidad el actual modelo económico de espoliación sin precedentes de los recursos naturales rusos, abriendo el país al capital internacional y enriqueciendo con eso a los oligarcas y burócratas corruptos. El Cáucaso es el Talón de Aquiles para el régimen ruso dominado por la FSB[4] y los oligarcas[5]. El ascenso de las luchas de los pueblos del Cáucaso significaría para Putin, de hecho, el fin de su régimen.

Pero este régimen dominado por la FSB y los oligarcas está ante un peligro más: los trabajadores rusos, casa día más pobres, debido al gobierno Putin que los obliga a trabajar cada vez más, pagar cada vez más por tarifas públicas, cada vez más por alimentos, desembolsar más y más debido a los aumentos de los combustibles, y aún el aumento de la edad de la jubilación. Y no es necesario ser un especialista en política para comprender que se acumulan más y más elementos para una revolución que puede poner fin al régimen actual y a lo que él causa al país y su pueblo. El régimen y sus ideólogos están preocupados. Por eso, el autor del artículo que citamos escribe: “Es necesaria una real cohesión de la sociedad rusa… En los últimos años, la situación en este sentido mejoró sin dudas (probablemente refiriéndose a la histeria chovinista en torno a la campaña gubernamental “¡Crimea es nuestra!”[6]), pero estamos aún lejos de lo ideal (refiriéndose probablemente a que la embriaguez colectiva está poco a poco pasando[7])”. Es necesaria cohesión, alrededor de sus opresores, en torno a sus crímenes en el Cáucaso, en Siria, en Ucrania, cohesión de los trabajadores en torna a su propia esclavitud. ¿Cómo alcanzar eso? El autor responde con el ejemplo de la guerra en Siria: “Por eso es tan importante ignorar en este caso los murmullos hipócritas del tipo ‘mejor usar ese dinero para los ancianos y los niños’ dentro del país. Pues cuanto más decisiva sea la victoria en Siria, mejor vivirán los ancianos y los niños rusos”.

O sea, nada de nuevo desde los tiempos de la Antigua Roma: obligar a los esclavos del Imperio a se satisfacer con las conquistas de sus señores. Conquistas que se convierten solamente en un fortalecimiento de la esclavitud. Putin y sus ideólogos, como ese Khramtchikhin, convocan a los rusos a la “cohesión” alrededor del gobierno, y sus crímenes intentan convencerlos de que la agresión contra otros pueblos les traerá prosperidad a los rusos. Pero hoy es suficiente con mirar la realidad alrededor para comprender toda la mentira de tal propaganda. Además del desastre para los trabajadores de Siria, Ucrania y los pueblos del Cáucaso, su política trae solamente estagnación y miseria a los trabajadores rusos. Apoyándose en la derrota de la lucha chechena, Putin calló a los trabajadores rusos e instituyó el actual modelo económico en interés de los oligarcas, el capital externo, y los burócratas corruptos. Un modelo de colonización del país por el capital extranjero. En este sofocamiento del Cáucaso y en las diversas patriotadas a la “¡Crimea en nuestra!” es que Putin se apoya hoy, aumentando la edad para la jubilación y haciendo a los rusos cada vez más pobres mientras los oligarcas se enriquecen en su alianza con los capitalistas externos, para juntos saquear el país.

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La Revolución Ucraniana, potencialmente capaz de penetrar en Rusia debido al deterioro de las condiciones de vida locales, y la Revolución Siria, potencialmente capaz de alcanzar el Cáucaso y levantar a los pueblos contra la opresión, representan una amenaza mortal al régimen de Putin y al modelo económico colonial por él defendido. Exactamente ahí es que se explica la agresividad de Putin contra estas revoluciones y su voluntad de destruirlas, incluso yendo más allá en la represión de lo que sus “socios” imperialistas querían. Una derrota de Putin en el Cáucaso, Siria y Ucrania obligatoriamente debilitaría su garrote sobre los trabajadores rusos. Y al contrario, su éxito allá significaría una opresión aún mayor de los trabajadores rusos. Por otro lado, si los trabajadores rusos salen a las calles en lucha contra el régimen de la FSB y los oligarcas, eso debilitaría el garrote de Putin sobre los ucranianos, pueblos del Cáucaso y sirios, entre otros. Tal es la dialéctica de vida y muerte del régimen de Putin, que soldó en una sola las revoluciones en Rusia, Cáucaso, Ucrania y Siria.

Esta dialéctica queda particularmente clara en las acciones de Kadyrov. Cuando él envía sus tropas para reprimir la Revolución Siria, hace eso con la clara comprensión de que si la revolución llega al Cáucaso, entonces él, el “soldado de infantería de Putin”, que traicionó y masacró a su pueblo, manteniéndolo bajo el dominio del más puro terror, tendrá a su espera el mismo destino de Kahadafi.

Al mismo tiempo, él envía sus tropas para Ucrania, comprendiendo perfectamente que si la Revolución Ucraniana no fuera interrumpida y si los trabajadores rusos siguieran su ejemplo y derrocaran el régimen de Putin, eso significaría que se levantarán también los pueblos del Cáucaso, que cobrarán de Kadyrov en sangre por la sangre del pueblo checheno, nuevamente reservándole el mismo destino de Khadafi. Es eso lo que explica la alta actividad política de Kadyrov en el último período.

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Para finalizar, hay que reconocer un merito al autor del artículo: este intelectual putinista, defensor fiel del régimen, dio un claro y casi honesto cuadro de cómo están las cosas desde el punto de vista de los intereses del régimen de la FSB y de los oligarcas de Putin, con una exposición clara, mostrando el sentido de la situación en el Cáucaso y de la guerra en Siria y el sentido de las acciones de Putin, sin el falso “heroísmo” o la hipocresía “humanitaria” de los canales de televisión rusos. Y del mismo modo, el autor nos mostró por qué, desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora, hay que estar contra los crímenes de Putin en el Cáucaso, en Siria, en Ucrania, y por qué la caída de su régimen es una gigantesca tarea revolucionaria de los trabajadores de los diferentes pueblos. En un sentido literal, una revolución internacional, en la cual los trabajadores rusos están llamados a ocupar un lugar de destaque.

Notas:

[1] Periódico de la oposición liberal rusa, ndt.

[2] Presidente de Chechenia, aliado de Putin en la masacre y la opresión del pueblo checheno. Encabeza un gobierno totalitario en la región, con trazos directamente fascistas. Cualquier oposición política es eliminada. Gracias al régimen de terror impuesto, en la región Putin “venció” las elecciones con más de 97% de los votos… Kadyrov se autotitula el “soldado de infantería de Putin”, ndt.

[3] Putin se hace el hombre fuerte del gobierno ruso hacia el final del período de Yeltsin, luego de comandar la derrota de la resistencia chechena en la Segunda Guerra de Chechenia, ndt.

[4] Servicio Federal de Seguridad, policía política, sucesora de la KGB, ndt.

[5] Así son llamados los grandes capitalistas rusos, que se apropiaron de los antiguos monopolios estatales soviéticos, ndt.

[6] La anexión de Crimea a la Federación Rusa por Putin fue la base de una inmensa campaña chovinista patriótica gran rusa, de apoyo al gobierno, ndt.

[7] Encuestas de opinión indican caída en el entusiasmo en relación con la anexión de Crimea en el último período, ndt.

Traducción: Natalia Estrada.