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Cuando el día 4 de mayo del 2014 la Troika salía de Portugal, dejaba detrás de sí un rastro de austeridad y pobreza. Hoy en el 2020, el escenario de la crisis vuelve a golpear nuestra puerta.

Por José Luís Monteiro

Ya suman más de 800 mil desempleados (de los cuales medio millón está en esta situación hace más de 12 meses) con una población activa reducida a 300 mil personas por medio de la emigración. Los que mantuvieron sus trabajos vieron sus salarios reducidos y un incremento brutal en la precarización del empleo.

Pasado seis años los trabajadores portugueses están ante la eminente posibilidad, y todo indica que eso es lo que está colocado, de ser llamados para un tipo de Austeridad 2.0, que esta vez se aplicará con ese nombre, y ese será el verdadero precio a pagar por la “salud de todos”.

Una crisis con antecedentes…

En este momento es imposible prever hasta qué punto irá a profundizarse la recesión económica, que ya se venía anunciando desde finales del 2019, aunque el factor que desencadenó la crisis fue la paralización de la economía debido al SARS Cov2. Pero todos los economistas burgueses concuerdan que esta será peor que la crisis iniciada en el 2007-2008 y algunos avanzan colocando la posibilidad de que esta sea más profunda que la trágicamente célebre crisis de 1929.

Previsiones aparte, cabe decir que la posibilidad de la economía mundial entrar nuevamente en recesión era algo ya esperado. El virus vino y apenas aceleró aquello que los principales representantes del capital internacional ya venían avisando, o sea: la economía mundial mostraba señales de una desaceleración, y las tasas de crecimiento pos crisis del 2008 eran manifiestamente insuficientes para garantizar la tasa de ganancia capitalista a medio plazo. Y cuando eso se da la “crisis” es una cuestión de tiempo.

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… pero con una nueva brutalidad

Los últimos datos para el primer trimestre del 2020 indican una caída del PBI nacional del 2,4% fase igual al período del 2019, y del 3,9% si la comparamos con el último trimestre del año pasado. De modo general se espera que el PBI presente un retroceso del 10% en términos anuales, valor que supera lo verificado en el período del 2011-2014. En una economía en que el turismo representa cerca del 9% del PBI, 52% de las exportaciones de servicios y 20% de las exportaciones totales, sólo el efecto de la paralización de esta actividad económica sería suficiente para temer lo peor. Aunque también el sector automovilístico será más un factor que influenciará a nivel de la recesión a la economía portuguesa. La industria automotriz representa 6% del PBI, y 8% del total del empleo en la industria, además del 16% de la exportación de bienes negociables. Además, aunque sus principales mercados son según esta orden: España, Francia y Alemania, donde bien pueden ser producidos automóviles, pero claro falta saber dónde ellos van a ser vendidos.

Existen ya 2 millones de trabajadores que están sufriendo algún tipo de perdida en su rendimiento. Y si es verdad que en este momento el “lay off” ha servido, para disfrazar el aumento del desempleo, solo resta saber si en un futuro la marca del 15% de desempleados a la que anteriormente se llegó con la troika, podrá o no ser superada.

Las perspectivas son tan asustadoras que nos cuesta creer que todo esto pueda ser provocado por un simple virus. La metáfora de guerra ha sido muy utilizada en la aplicación de medidas sanitarias, pero la verdad es que hasta este momento estamos lejos de la destrucción de la capacidad productiva provocada por la guerra de 1939-45. También no se prevé el colapso del mercado de acciones como lo que pasó con el jueves negro de 1929 y que llevó al cierre de empresas. La economía estadounidense venía atravesando su momento más dinámico de los últimos 10 años.

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¿Es una guerra o un producto del capitalismo?

No es una guerra, pues la economía fue voluntariamente interrumpida para enfrentar la pandemia. En un sistema económico verdaderamente controlado por la sociedad colectivamente, podríamos suponer que la producción y el comercio se reiniciasen de manera ordenada después de una interrupción voluntaria de dos o tres meses. Además, más que eso sería esperar que la riqueza acumulada durante los años de crecimiento permitiese varios meses sin producción de bienes no esenciales para la vida cotidiana y con condiciones razonables de vida para todos.

Pero la economía capitalista es de todo, menos racional y controlada. El capital está concentrado en las manos de una minoría de capitalistas privados que poseen todos los medios de producción, transporte y distribución. Compitiendo entre sí, cada uno en busca de los distribuidores más baratos, de los menores costos de producción, de la mayor clientela. Porque la crisis es apenas la continuación de la competencia capitalista por otros medios y el desempleo de los trabajadores un “mero daño colateral”.

Traducción: Tana Betty