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El tema del momento es la huelga por tiempo indeterminado de los conductores de mercaderías y de materiales peligrosos. Esa huelga es la segunda de este año y se debe al incumplimiento por parte de la ANTRAM, del acuerdo de principio que había llevado al levantamiento de la primera huelga.

Por: Em Luta, Portugal

En ese acuerdo, a pesar de la reivindicación inicial de un salario base de 1.200 euros, el Sindicato Nacional de Conductores de Materiales Peligrosos (SNMMP) aceptó poner fin a la huelga con el compromiso de un salario base de 900 euros hasta 2021. Cuando llegaron al momento de efectivizar el acuerdo de principio en la Dirección General del Empleo y de las Relaciones de Trabajo (DGERT), la ANTRAM se echó atrás, quedándose en los 700 euros, sin perspectivas de futuro y faltando a su palabra, como ya es hábito cuando hablamos de patrones.

Apoyamos la huelga de los conductores

Este pequeño resumen sirve, desde ya, para marcar una posición favorable con relación a la huelga. Y lo hacemos, esencialmente, por dos motivos. El primero, está relacionado con la motivación y la forma de lucha. Ha imperado, en el sindicalismo conciliador y derrotista, una forma de lucha por marcación de posiciones de desagrado, pero que no persiguen un objetivo: solo apuntan para la abertura de un proceso negociable. Esas huelgas, conocidas como huelgas de calendario, han llevado al aislamiento cada vez mayor de los sindicatos, a la desmoralización de esta forma de lucha y de los propios trabajadores.

Estos conductores, tal como en su huelga anterior y la batalla entablada por los estibadores en el Puerto de Setúbal, muestran otro camino. La huelga es, por excelencia, la herramienta para que los trabajadores persigan sus objetivos. Y para los conductores, el objetivo es un aumento significativo de su salario base, que actualmente se encuentra en 630 euros. Este objetivo difiere del adoptado por la FECTRANS (CGTP) que, en la negociación del contrato colectivo en discusión, aparentemente, consintió la propuesta de la patronal de 700 euros en contradicción con los 900 anteriores, y con la propia propuesta de su central sindical, la CGTP, de 850 euros de salario mínimo nacional.

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Por otro lado, entendiendo la preocupación de los restantes trabajadores con los posibles problemas de abastecimiento, esta huelga refleja un basta a la situación indigna en que cada vez más viven los trabajadores. Hoy, tener trabajo no significa salir de la miseria. Los salarios recibidos son extremadamente bajos y las condiciones de trabajo cada vez más extenuantes. Es necesario decir que salarios de miseria ni para los conductores ni para nadie, y envolver a todos los trabajadores en esta lucha.
Además, vale la pena recordar que las ayudas de costo no son lo mismo que salario, pues no cuentan para la reforma o para otras situaciones de baja, y para tener ese “extra” en el salario base, los conductores son obligados a hacer varias horas extras todos los días, cuando lo que precisamos todos es trabajar menos tiempo, para crear más empleo, por nuestra salud, y por la conciliación entre trabajo y vida familiar y social. Los patrones, al pagar a los conductores con ayudas de costo, en lugar de aumentar el salario base (actualmente en 630 euros) están robando a los conductores no solo su derecho a un salario digno, y a no ser obligados a realizar horas extras, como también están robando a la Seguridad Social y las Finanzas del país, o sea, a todos los trabajadores.

La Geringonça ataca el derecho de huelga

La Geringonça, al no haber revertido la precariedad en el mundo del trabajo y, por el contrario, haberla empeorado, demuestra a cada vez más trabajadores que no es solución para una vida digna. Por su parte, el PCP y el BE, al apoyar este gobierno, han servido de tapón de contención en todas las empresas en que los trabajadores se han levantado contra su situación. En este marco, comenzaron a surgir con más fuerza organizaciones sindicales que no son controladas por la concertación social o por los partidos afectos a la Geringonça. Estamos ahora frente a una reacción del gobierno y de los patrones para volver a tener control sobre los trabajadores y sus organizaciones. Es así que se puede comprender el actual ataque al derecho de huelga.

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El gobierno y sus instituciones impusieron servicios mínimos, en algunos casos, superiores a días normales de trabajo, amenazando con el recurso a la requisición civil (como si esta pudiese ser preventiva) y a la sustitución de los huelguistas por la policía. Es importante percibir que, hasta el momento, no hubo ninguna amenaza de parte de los conductores de que faltarían el respeto a los servicios mínimos abusivos que fueron decretados. Estamos, sí, frente a una declaración de guerra a todos los trabajadores.

Esta actuación por parte de la Geringonça no es novedad. En la huelga de los estibadores del Puerto de Setúbal, el gobierno dio la orden para que el PSP escoltase un automóvil lleno de rompe-huelgas para garantizar la operación de una empresa privada; en la huelga de los enfermeros, encomendó un parecer a la Procuraduría General de la República que afirmaba, sin complejo alguno, que la huelga no puede lesionar más a los patrones que a los trabajadores. Ahora, el gobierno afirma categóricamente que solo existe huelga cuando se quiere, recurriendo a abusos de la ley.

Frente a un ataque de esta dimensión, el BE permanece callado y el PCP acusa al gobierno de estar “exagerando” en los servicios mínimos, al mismo tiempo que acusa a los promotores de la huelga de crear conscientemente campo para que se limite el derecho de huelga. En estos conflictos, o se está con los trabajadores o se está con el gobierno; BE y PCP muestran una vez más que son incapaces de defender a los trabajadores y de apoyar sus luchas cuando estas salen fuera de su control. Al hacer eso, llevan agua para el molino del gobierno y de los patrones.

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El gobierno del PS y la necesidad de resistir

Las alteraciones a los derechos laborales en fase de Concertación Social, el sostén de los intereses de los patrones y, ahora, estos clamorosos ataques al derecho de huelga indican que Geringonças como esta no interesan a los trabajadores. Esta situación exige explicaciones del BE y del PCP, ya que la existencia de este gobierno y la paz social que fue posible mantener es fruto del apoyo parlamentario de estos partidos y de su trabajo por calmar el movimiento de los trabajadores.

¡Es preciso rodear de solidaridad la huelga de los conductores y construir de forma unitaria un movimiento de resistencia a estos ataques [a los derechos] democráticos, por el derecho a salarios dignos y por el derecho de huelga de los conductores y de todos los trabajadores!

Artículo publicado en: https://emluta.net, 9 agosto de 2019.
Traducción: Natalia Estrada.