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La crisis económica de 2008 y la brutal austeridad sobre los trabajadores que le siguió, abrieron un profundo proceso de reorganización política y sindical en Portugal.

Por: EM LUTA, para Correo Internacional, noviembre de 2019

La subida al poder del gobierno del PS, apoyado por el PCP y el BE –la llamada Geringonça– permitió profundizar la experiencia del movimiento obrero con sus direcciones reformistas. El proceso de organización no comenzó con la crisis económica. La caída del Muro de Berlín (y su impacto en el PCP) o el ascenso del neoliberalismo (y su impacto sobre el PS) fueron esenciales para el surgimiento del Bloco de Esquerda (1999), que se tornó un nuevo partido reformista de referencia en el país.

Pero la crisis económica y la intervención de la Troika en Portugal significaron un nuevo nivel de ataques a los trabajadores y de experiencia con sus direcciones. La UGT (dirigida por el PS) participó directamente de los acuerdos para la venta de derechos. La CGTP, la principal central sindical dirigida por el PCP, no organizó un plan de lucha que permitiese derrotar los ataques. Se hizo visible que el sindicalismo burocrático y de negociación no estaba dispuesto a llevar los combates hasta el fin.

La experiencia con la Geringonça profundiza la reorganización. En 2015, la subida del gobierno del PS, sostenido por el PCP y el BE, llevaron a un salto de calidad en el compromiso de esos dos partidos con los planes del gobierno y de los patrones. En el inicio del gobierno predominó la ilusión.

Pero el mantenimiento de la austeridad y el agravamiento de las condiciones de vida de los trabajadores llevaron a conflictos importantes que pusieron directamente en jaque el gobierno y las direcciones tradicionales del movimiento sindical. Eso fue así en los movimientos sociales, particularmente en la lucha del movimiento negro contra el racismo, que no obtuvo ninguna respuesta del PS, encontró al frente la oposición del PCP, y un BE que dijo defender reivindicaciones como el derecho a la nacionalidad pero a la hora de la verdad retrocedió y votó con el PS, priorizando siempre la conciliación con las instituciones del gobierno a la movilización del movimiento. No obstante, es en el movimiento sindical y obrero que encontramos las principales luchas, que vale la pena volver a ver para entender mejor el proceso.

Volkswagen-Autoeuropa: contra el trabajo obligatorio el fin de semana

En 2014, la Volkswagen resolvió expandir el negocio y, para tal, en 2017 impuso nuevos horarios que tornaban obligatorio el trabajo durante el fin de semana. La fábrica, que ya funcionaba por turnos de lunes a viernes, pasaba ahora a tener una especie de trabajo continuo, no porque el servicio que prestaba no pudiese parar sino porque quería hacer crecer las ganancias a costa de los trabajadores.

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La Comisión de Trabajadores (CT), dirigida por el BE, aceptó la imposición, pero fue sobrepasada por una rebelión de la base, que rechazó en plenarios varios preacuerdos con la administración e impuso un día de huelga. El sindicato mayoritario del sector, dirigido por el PCP, marcó la primera huelga, pero se negó a dar continuidad a la lucha y realizar una nueva huelga aprobada por millares de trabajadores en plenarios muy concurridos; el sindicato perdió muchos sindicalizados y el PCP perdió muchos afiliados. El gobierno hizo campaña contra las reivindicaciones “exageradas” y se ofreció a pagar una guardería para los trabajadores de la fábrica que trabajasen el fin de semana.

La anterior CT cayó y fue electa una nueva, con representantes del PCP que acabaron por negociar a espaldas de los trabajadores un nuevo preacuerdo. En este proceso, un grupo de trabajadores se organizó para hacer propuestas en plenarios para la continuidad de la lucha y dar seguimiento también a nivel judicial contra el trabajo continuo.

Ese proceso acabó por obligar a la empresa a proponer mejores condiciones para el trabajo continuo, pero no derrotó la imposición. La necesidad de continuar la lucha y defender a los trabajadores llevaron a un sector de obreros a crear un nuevo sindicato del sector: el STASA.

Estibadores: el trabajo por jornal en el siglo XXI

En el puerto de Setúbal cerca de 90% del trabajo era por jornal. Fue contra esta situación que resolvieron entrar en huelga hacia finales de 2018. Tuvieron el apoyo del sindicato independiente del sector (SEAL), que garantizó, a través del fondo de huelga, que esta se pudiese prolongar cerca de un mes. Ocurre que este es el puerto que exporta los automóviles de la Autoeuropa, con impacto directo en las exportaciones del país.

Como respuesta, el gobierno envió la policía de choque para garantizar la entrada de los rompehuelgas contratados por el puerto para embarcar los automóviles de la multinacional. BE y PCP dijeron estar con los estibadores contra la represión a la huelga pero, pocos días después, votaron el presupuesto de Estado que mantenía en funciones el “gobierno rompehuelgas”. Un acuerdo entre el sindicato y el puerto garantizó estabilidad para la mayoría de los estibadores y un plan para el trabajo regular de los restantes. La determinación de la huelga y la existencia de un sindicato independiente, democrático y combativo fueron fundamentales en el desenlace del conflicto.

Huelga de los Conductores de Materiales Peligrosos

En abril de 2019 estalló un huelga de los conductores de materiales peligrosos que paralizó el país, por aumento del salario base y el cambio en el pago del trabajo extraordinario, en un sector que trabaja cerca de 14 a 15 horas por día pero cuya jubilación y baja médica era calculada solo sobre los 630 euros de base.

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Tomado desprevenido con la fuerza de la huelga organizada por un sindicato independiente de las centrales sindicales, el gobierno medió un acuerdo con la asociación patronal, que llevó al levantamiento de la huelga. En agosto, frente al incumplimiento de los patrones, los conductores resolvieron volver a la huelga. El gobierno decretó servicios mínimos casi a 100% para impedir el impacto de la huelga; puso el ejército para sustituir a los huelguistas, y aplicó la ley de requisición civil que obliga a todos los convocados a ir a trabajar bajo amenaza de prisión.

El BE dijo estar contra el ataque al derecho de huelga, pero no llevó ninguna solidaridad a la misma. El PCP atacó el sindicato de los conductores y la huelga, diciendo que estaban dando motivos para el ataque al derecho de huelga, en lugar de culpar al gobierno. La federación de transportes (FECTRANS), dirigida por el PCP, no adhirió a la huelga y fue a negociar con la asociación patronal del sector (ANTRAM) un contrato colectivo con valores muy por debajo de los exigidos por la lucha, a espaldas de los trabajadores. La huelga acabó siendo levantada.

El gobierno de los patrones y el fracaso de las direcciones sindicales y políticas

Estos conflictos no fueron los únicos, hubo procesos muy importantes también en profesores o enfermeros, por ejemplo. Todos tienen en común el hecho de que surgen huelgas, o de rebeliones de base o de nuevos sindicatos que no están atados a las tradicionales centrales sindicales. En todos los casos, se demuestra el fracaso del sindicalismo burocrático y de negociación, incapaz de dar respuesta a los anhelos de los trabajadores, traicionando directamente las luchas, y atacando las huelgas y a los huelguistas por fuera de su control.

La Geringonça mostró claramente que era solo un gobierno más, administrador de los intereses de los patrones y las multinacionales, haciendo, además, un ataque brutal al derecho de huelga luego de la revolución de Abril de 1974, utilizando tres veces la requisición civil, poniendo a la policía y el ejército para quebrar las huelgas de los trabajadores.

Estos conflictos mostraron incluso que no se podía estar con el gobierno y con los trabajadores al mismo tiempo. BE y PCP se pusieron siempre del lado del gobierno y, de forma más obvia o por ausencia de apoyo, contra los trabajadores.

Un proceso que es sindical, pero también político

Este proceso de reorganización sindical camina lado a lado con la reorganización política. El hecho de que las últimas elecciones portuguesas hayan llevado al parlamento a tres nuevas fuerzas políticas (un partido reformista pro UE [Livre], un partido de derecha liberal [Iniciativa Liberal], y un partido populista de extrema derecha [Chega]) es solo una expresión distorsionada de eso.

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La forma como la traición sindical del PCP, en el caso de la Autoeuropa, y de los Conductores de Materiales Peligrosos llevó a la desafiliación y la ruptura política de varios de sus militantes, y la crisis de este partido durante la Geringonça, son otra expresión del mismo fenómeno. En ese sentido, este es un fenómeno claramente marcado por la polarización, a izquierda y a derecha, y queda claro la necesidad de disputa de este proceso, y para qué estrategia.

Construir alternativas

Es fundamental luchar frente al nuevo gobierno recién elegido y unir las diversas luchas. Para tal, es preciso que no quedemos presos a representantes que venden derechos, precisamos de un sindicalismo alternativo, que tenga como centro la independencia de los gobiernos y de los patrones, y la democracia obrera. La Casa Sindical, juntando a estibadores, trabajadores de la Autoeuropa, profesores, empleados públicos, aeroportuarios, entre otros, ha servido como un pequeño e inicial polo de apoyo a estas luchas y su coordinación.

Pero está claro que eso no basta, pues hay también un agotamiento del pacto social (dirigido por la burguesía y ejecutado por el PS y el PCP) que derrotó la revolución de 1974-1975 y del modelo de democracia burguesa que de ahí surgió, poniendo a la orden del día la necesidad de una respuesta más estratégica y antisistema. Eso solo es posible luchando por una nueva revolución contra el capitalismo y por la construcción de una sociedad socialista, sin explotación ni opresión. Por eso, las luchas y la construcción de alternativas sindicales tienen que caminar lado a lado con la construcción de una alternativa revolucionaria y de los trabajadores.

Artículo publicado en Correo Internacional n.° 22, noviembre de 2019.