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En el año en que se recuerdan los 45 años de la Revolución de Abril, sabemos que la democracia de los ricos y los banqueros que hoy tenemos no resolvió los grandes problemas de los trabajadores, y que a medida que el tiempo pasa aquello que se conquistó con tanta lucha hoy es cada vez más un espejismo.

Por: Em Luta, Portugal

La austeridad no acabó con el gobierno del PS, apoyado por el PCP y el BE. Los casos de salud y de educación son ejemplares: la no reposición de años de carrera, el no reconocimiento de las categorías profesionales y los cortes presupuestarios asfixiantes para garantizar el mercado a los privados. En los enfermeros, tal como con los estibadores, el gobierno ataca el derecho de huelga para garantizar los intereses del déficit y de la UE, contra los trabajadores.

En el Novo Banco continuamos pagando el robo de los Salgado y Ricciardi: millones para un pozo sin fondo. António Costa dice que nos quedamos con un “banco malo y un banco pésimo”, pero mantiene la receta del gobierno anterior: la crisis de los banqueros y de los patrones es pagada por los trabajadores. Si durante la revolución se nacionalizó la banca, hoy se nacionalizan los perjuicios y se privatizan las ganancias.

La mayor parte de las medidas de Passos Coelho (y de Sócrates) no fueron revertidas y, sobre todo, se mantiene la dictadura del déficit –Centeno es aún mejor para garantizar la reglas de la UE– y el nuevo nivel de explotación sobre los trabajadores.

BE y PCO salen a disputar quién consiguió más medidas de “izquierda” de la Geringonça, mientras apoyan el gobierno de la austeridad. La caída de los pases sociales está ahí para esconder que, en el país del turismo, es imposible para los trabajadores vivir en la ciudad (gastando infinitas horas en transportes y filas) debido a la brutal especulación inmobiliaria, al mismo tiempo que no fue revertida la privatización y la destrucción de los transportes impuesta por la Troika.

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Las nuevas generaciones, que salieron a las calles, claman por el derecho al futuro. También aquí la Geringonça no cambió nada. Es preciso reorganizar la sociedad sobre nuevas bases para cambiar el clima, pero eso solo es posible si acabamos con el capitalismo, en el que el lucro dicta las reglas, y con el imperialismo mundial, que hace que sean los países más pobres, como Mozambique, los que más sufren con la devastación ambiental.

Homenajear el 25 de Abril no es –como dice Costa– hablar de una “fiesta que continúa siendo bonita”, sino hablar de lo que nos falta hoy. Hablar de la necesidad de una nueva revolución, para que sean los trabajadores los que gobiernen sus propios destinos. Para reconquistar la estabilidad en el empleo, para garantizar una vivienda digna para todos, para un verdadero derecho a la salud y a la educación de calidad, para el derecho al tiempo y al descanso, para acabar con la destrucción del planeta, para que la tecnología sea puesta al servicio del bienestar de la mayoría de la población del planeta y no del 1% de los millonarios del mundo, es preciso una nueva revolución. Es preciso retomar la lucha por una sociedad sin explotación y opresión, la lucha por el socialismo.

Artículo publicado en Em Luta n.° 13, marzo de 2019.

Traducción: Natalia Estrada.