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Mirando los dramáticos números de países como Italia, el Estado español, el Reino Unido, el Brasil y los Estados Unidos, muchos trabajadores tienen la sensación de que António Costa ha tenido una prestación política a la altura del desafío del coronavirus. No obstante, un análisis criterioso de las medidas de gobierno nos lleva a tener una opinión, y por eso queremos explicar el porqué de no suscribir la actitud de Costa ni confiar en su política de “vuelta a la normalidad”.

Editorial Em Luta, Portugal

¿Costa preparó el país?

La primera cuestión que nos parece importante es que Portugal tiene menos inversión (y menos camas en cuidados intensivos) en el Servicio Nacional de Salud (SNS) que Alemania, Italia y el Estado español; específicamente fueron políticas de la Troika y de Passos Coelho, que el gobierno de la Geringonça continuó, los que llevaron a una situación de desinversión y destrucción del SNS, del que los gobiernos de Costa fueron parte, dejando el país sin preparación para enfrentar esta pandemia, obligando a toda una inversión de última hora.

El gobierno de Costa no preparó el SNS para la pandemia: fueron sus médicos, enfermeros y auxiliares que comenzaron a reorganizar los servicios para darle respuesta.

El gobierno de Costa no garantizó que antes de la llegada de la pandemia hubiera ventiladores, máscaras, alcohol y otros equipamientos de protección en número suficiente; no garantizó incluso testes masivos que hubiesen evitado, por ejemplo, la propagación del virus en Lares, uno de los lugares de mayor riesgo.

Por lo tanto, Costa no preparó el país para enfrentar el coronavirus mejor que otros países europeos. Lo benefició, por encima de todo, el hecho de que la pandemia llegó más tarde a Portugal (cerca de 30 días después que en el Estado español), lo que permitió tomar algunas medidas más temprano y, por lo tanto, con consecuencias positivas en la evolución inicial de los números. La expresión máxima de eso es que el 12 de marzo el gobierno dijo que no cerraría las escuelas, y solo un día después, presionado por la Orden de Médicos y por la sociedad civil, acabó por cerrar.

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¿La política de Costa garantizó la cuarentena?

Recordemos que fueron los trabajadores de los centros comerciales que protestaron para garantizar su cierre. Fueron los trabajadores de la Autoeuropa que presionaron para el cierre de la fábrica, así como los trabajadores de los aeropuertos que presionaron para que existiese protección y cuarentena.

A esto, el gobierno y el Presidente de la República respondieron con el estado de emergencia, que obligó al cierre de muchos sectores (como grandes superficies comerciales y cafés). Todavía, las fábricas en Felgueiras u Ovar, focos centrales de la enfermedad, no pararon, tal como millares de empresas de sectores no esenciales. Por eso, dijimos que el estado de emergencia no garantizó la cuarentena en todos los sectores no esenciales.

Al mismo tiempo, el estado de emergencia no fue utilizado para requisar los hospitales privados al servicio del combate a la enfermedad ni para requisar las fábricas y otras empresas para ponerlas a producir lo que el país necesitaba, ni para garantizar protección a quienes continuaban trabajando (la mayoría de las veces sin equipo de protección necesario). Por el contrario, sirvió solo para reprimir a los trabajadores, prohibiendo el derecho de huelga, manifestación y reunión, dejando así mano libre para las ilegalidades de los patrones, como se mostró en la quiebra fraudulenta en el Puerto de Lisboa contra los estibadores.

Costa no prohibió los despidos (al contrario de otros países), limitándose a decir que habría un refuerzo de la fiscalización de la Autoridad para las Condiciones de Trabajo; sabemos que la ACT no funciona en tiempos normales y tampoco impidió los millares de despidos ahora, específicamente las no renovaciones de contratos de millares de puestos de trabajo que son falsos trabajos temporarios o contratos a término para posiciones permanentes.

Al mismo tiempo, las grandes empresas que tuvieron millones de ganancia (Fnac, Ikea, Decathlon, Groundforce, etc.) pudieron recurrir al lay-off, salvando sus ganancias a costa de la Seguridad Social (o sea, de todos nosotros).

Por otro lado, la política de Costa no salvaguardó los rendimientos para los trabajadores a 100%. La generalización del lay-off se volvió, así, una austeridad para millares de trabajadores que vieron disminuir sus rendimientos por lo menos en 33%, pero muchas veces más si juntamos la pérdida de subsidios de alimentación y transporte. Mientras las empresas quedaron exentas de pagar la TSU [Tasa Social Única], los trabajadores continuaron pagando la Seguridad Social y el IRS [Impuesto sobre el Rendimiento de Personas Singulares].

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Además, los precios de los bienes esenciales y de los materiales de protección continúan subiendo, siendo diarios los casos de especulación, que en su mayoría quedan impunes.

Al mismo tiempo, el gobierno facilitó el crédito para quien no conseguía pagar casa y cuentas, pero eso solo postergó la situación para más adelante, cuando no sabremos si estaremos mejor, teniendo que continuar hoy pagando los gastos fijos de agua, luz, gas y comunicaciones. Esto no impidió los desalojos ni garantizó apoyos que permitiesen huir del hambre con el que se hoy se enfrentan millares de trabajadores, con particular incidencia entre las poblaciones negras, gitanas, inmigrantes. Finalmente, las medidas para la continuidad del año lectivo, incluso con la telescuela, no superan la brutal desigualdad en que están los millares de alumnos sin computadora o casas dignas que permitan cumplir el año lectivo en casa, y ser evaluados sin condiciones de igualdad.

¿Para quién gobierna Costa?

Hay quienes dicen que las medidas del gobierno fueron insuficientes, pero eran medidas posibles. Vimos, no obstante, que las medidas de Costa, insuficientes o no, fueron esencialmente al servicio de los patrones. Consideramos, por eso, que Costa no preparó el país para la pandemia y que su política agravó la crisis social, sirviendo a las grandes empresas y no a los trabajadores (y micro y pequeñas empresas); no protegió a los más pobres ni evitó el agravamiento de las desigualdades. Costa protegió a los patrones y expuso a los trabajadores a la crisis social. Y ahora prepara la vuelta a la “normalidad”, guiado esencialmente por la presión de las empresas para volver a lucrar.

Por eso, consideramos que tienen que ser los trabajadores quienes dicten las condiciones de esa normalidad, organizándose en sus lugares de trabajo y luchando para que estén reunidas las condiciones para volver al trabajo con seguridad, o negarse a trabajar si estas no estuvieren garantizadas. Los trabajadores deben aún prepararse para los combates que tenemos por delante. Con la llegada de una nueva crisis económica, vendrán nuevamente con el discurso de que es preciso apretar el cinto y tener medidas de austeridad, con Costa como aliado. El FMI y la UE dirán también que es preciso acertar las cuentas debido a la inversión en el SNS y en la Seguridad Social durante el combate a la pandemia. Intentarán, una vez más, que seamos nosotros los que paguemos por la crisis, ¡y no podemos aceptarlo!

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Es preciso desde ya luchar contra los efectos de esta crisis que ya comenzamos a sentir. ¡Es preciso unir a los trabajadores en la lucha por la prohibición de los despidos y contra cualquier pérdida de rendimientos! ¡Solo con la lucha unificada e independiente de los patrones y del gobierno podremos defender nuestros intereses!

Artículo publicado originalmente en https://emluta.net
Traducción: Natalia Estrada.