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El 1 de octubre entran en vigencia una serie de alteraciones al Código del Trabajo, cuya aprobación en el parlamento fue recientemente garantizada por el PS. Al final de cuatro años de gobierno, vemos que la Geringonça no solo mantuvo las leyes laborales del gobierno anterior, como ahora trae alteraciones que acentúan aún más la precariedad.

Por: Marina Peres

En los inicios del gobierno de la Geringonça, los más optimistas podían pensar que un gobierno del PS, apoyado por el BE [Bloco de Esquerda] y el PCP [Partido Comunista Portugués], revertiría las alteraciones a la legislación laboral hechas por Passos Coelho.

No obstante, las alteraciones hechas por el gobierno anterior en función de la troika –de que son ejemplo el fin del tratamiento más favorable al trabajador; la reducción de los días de vacaciones; la posibilidad de negociación individual del banco de horas; la reducción de la indemnización por despido de 30 para 12 días; etc.– no fueron revertidas.

Más allá de eso, las alteraciones nuevas, hechas por la Geringonça, siguen la misma lógica: austeridad y precariedad para el trabajador.

Las nuevas alteraciones de la Geringonça: cambios que mantienen la precariedad

Una de las alteraciones nuevas que más llama la atención es la del período de prueba para los trabajadores en busca del primer empleo y para desempleados de larga duración: antes era de 90 días y ahora será de 180. O sea, el patrón fácilmente podrá despedir a un trabajador después de seis meses de período de prueba.

Otro ataque a los derechos es la extensión de los contratos de muy corta duración. Antes, estos solo podían existir en el sector agrícola y en eventos turísticos, sectores donde existe gran temporalidad; ahora, las empresas de cualquier sector pueden utilizar este tipo de contratos, basta que digan que existe un aumento excepcional de trabajo. Además de eso, esta modalidad de contrato (en la cual el patrón ni siquiera está obligado a hacer el contrato por escrito) solo podía ser hecha para la duración de hasta 15 días; ahora puede hacerse para un período de hasta 35 días.

Además, fue aún más flexibilizada la implementación del banco de horas: una medida más que quita protección al trabajador.

Lo que el gobierno da con una mano, lo quita con la otra

Costa intenta presentar las nuevas alteraciones al Código de Trabajo como si fuesen una medida de combate a la precariedad, pues traen nuevas limitaciones a la duración de los contratos. No obstante, en la práctica, todo lo que el gobierno da con una mano lo saca con la otra. Al final de cuentas, la precariedad continúa.

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Por un lado, el patrón no podrá recurrir más al contrato a término por el simple hecho de que el trabajador es un joven en busca del primer empleo o por estar en situación de desempleo desde hace largo tiempo (más de un año). Por otro lado, esa limitación surge al mismo tiempo en que el período de prueba que esos trabajadores tendrán que cumplir para un contrato por tiempo indeterminado aumenta para seis meses. Así, el favorecimiento de los patrones, en detrimento de la estabilidad y de la seguridad del trabajador, continúa. Además, en el caso de los trabajadores en situación de desempleo “desde muy larga duración” (más de dos años), la nueva limitación no se aplica.

La nueva ley también crea, a partir de 2021, una contribución adicional a la Seguridad Social a ser paga por las empresas donde hubiere “rotatividad excesiva”. Sin embargo, la nueva contribución solo será cobrada a las empresas que recurran a más contratos a plazo que la media de su sector –así, difícilmente será eficaz para disminuir los contratos a término de los sectores donde este ya predomina–. En la práctica, permite que todo continúe como está.

Con Passos o con la Geringonça hay más precariedad para el trabajador

No es por nada que las estadísticas muestran que, en la última década (o sea, desde el inicio de la crisis), el porcentaje de trabajadores en situación de precariedad en Portugal se mantuvo sin grandes alteraciones, en alrededor de 22%, con variaciones mínimas. El gobierno de la Geringonça no fue diferente. Y para los jóvenes, la situación solo está incluso empeorando. En Portugal, desde mediados de 2013, los porcentajes de trabajadores entre 15 y 24 años con contratos precarios no baja de 60%. El peor momento en los últimos años fue el tercer semestre de 2015, cuando 70% de los trabajadores en esta franja etaria tenían contratos precarios. Entre las mujeres, el porcentaje llegó a 72,7%. No hay datos sobre los trabajadores negros e inmigrantes, pero sabemos que la precariedad, el machismo y el racismo andan juntos. Las estadísticas que tenemos comprueban lo que los jóvenes trabajadores sienten en la piel: la perspectiva de un trabajo estable, con condiciones dignas continúa lejos de la realidad bajo el este gobierno.

Mientras el costo de vida sube y las rentas, por ejemplo, están cada vez más inaccesibles, los trabajadores continúan teniendo que sustentarse –a sí mismos y a sus familias– con el salario mínimo y en empleos precarios, sin ninguna estabilidad y seguridad.

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Al final de cuatro años del gobierno de la Geringonça, el resultado es que las leyes laborales de la troika permanecieron y la precarización del trabajo continúa. Entre los jóvenes, y entre los sectores más oprimidos de los trabajadores –inmigrantes, negras y negros, mujeres, LGBTs– la precariedad aumenta. Los pocos cambios hechos por la Geringonça, así como los anteriores de Passos Coelho (y de los gobiernos que lo precedieron), lejos de reflejar preocupación con el trabajador, fueron hechos para facilitar aún más la vida de los patrones. Es con las ganancias de las multinacionales con lo que el gobierno se preocupa por dar seguridad, no para quien trabaja.

BE y PCP son cómplices: dicen que están del lado de los trabajadores pero sostienen la Geringonça que gobierna para los patrones

El BE y el PCP, en el discurso se dicen contra las herencias de la troika en la legislación laboral y los ataques más graves de la nueva ley. No obstante, nunca pusieron como condición la reversión del Código de Trabajo de Passos Coelho para apoyar la Geringonça. Además, mantienen el apoyo a la Geringonça y llaman a los trabajadores a apoyar este gobierno, en lugar de organizar la lucha contra él y contra las malas condiciones de trabajo que este mantiene. Cuando los trabajadores salieron a luchar –contra la desregulación de horarios en la Autoeuropa o por salarios y condiciones dignas para conductores de materiales peligrosos y para enfermeros– no estuvieron de su lado. Por eso, son responsables también por el mantenimiento de estas leyes laborales, así como de todo el conjunto de medidas de austeridad del gobierno anterior, que se mantienen en estos cuatro años.

Para combatir la precariedad, ¡el camino es organizar las luchas y a los trabajadores!

La Geringonça no está dispuesta a hacer los cambios que son realmente necesarios para combatir la precariedad y mejorar las condiciones para el trabajador, pues gobierna para mantener un país sumiso a los intereses de la Unión Europea y de las multinacionales.

La realidad nos muestra que no es posible un gobierno que concilie intereses de trabajadores y patrones: este discurso sirve solo para esconder al servicio de quién está el gobierno, por eso, los trabajadores no pueden confiar al gobierno ninguna tarea para conseguir mejores condiciones de trabajo, ni depositar la esperanza de ese cambio en las elecciones: es preciso tomar en nuestras propias manos esta lucha.

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Es preciso luchar por el fin de las empresas de trabajo temporario, por la efectivización como máximo después de un año de trabajo y por estabilidad para todos los trabajadores. Hay que acabar con los contratos a término con falsas justificaciones, usadas por los patrones como forma de no pagar a los trabajadores sus derechos. De la misma forma, es urgente combatir el trabajo por turnos y el trabajo continuo en los sectores donde él es realmente esencial, pero es usado porque las empresas simplemente pueden priorizar sus ganancias sobre el derecho al descanso, a la familia y a la salud de los trabajadores. Es necesario garantizar trabajo digno y con un salario mínimo para todos los trabajadores y que realmente responda a nuestras necesidades.

Ya vimos que no será la Geringonça la que garantice nada de esto. Es necesario seguir el camino que apuntaron los estibadores, los trabajadores de la Autoeuropa, los camioneros; los cambios solo vendrán a través de nuestra lucha y de la organización de los trabajadores de forma democrática e independiente de los patrones y los gobiernos. Y es preciso todavía ir más allá, pues en el capitalismo, y aún más en su crisis, los gobiernos estarán siempre por atacar los derechos que conquistamos con nuestra lucha: es preciso avanzar en nuestra organización para construir una alternativa revolucionaria, verdaderamente de los trabajadores.

Artículo publicado en https://emluta.net
Traducción: Natalia Estrada.