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El pasado domingo (20 de enero), en el Barrio de Jamaica (Seixal), ocurrió un episodio más de brutalidad policial que tuvo como blanco la comunidad de la periferia de Lisboa. Luego de ser llamada para la resolución de un disturbio en el barrio, la policía intervino, y las imágenes que fueron grabadas por los habitantes, y posteriormente viralizadas en las redes sociales y los medios de comunicación no mienten. Ellas plantean, por enésima vez, la violencia desmesurada por parte de la autoridad del Estado contra las poblaciones negras, gitanas y emigrantes, mostrando que esta no es una excepción sino un padrón de comportamiento de la policía. Nada justifica el comportamiento de la policía y el cerrar los ojos del gobierno y los tribunales frente a la recurrencia de estos abusos.

Por: Em Luta, Portugal

La bárbara agresión a un hombre y una mujer de mediana edad que, desamparados, buscaban socorrer a su hijo, que también estaba siendo agredido, causó una profunda indignación en el seno de la comunidad negra. La juventud negra, confinada a la periferia de la capital, se movilizó hacia el centro de Lisboa el día siguiente, en una manifestación espontánea convocada por las redes sociales, que sorprendió a todo y todos, parándose frente al Ministerio de la Administración Interna, responsable por la Policía de Seguridad Pública. Se gritaban consignas contra el racismo, por el respeto a los derechos de los negros y las negras, en un clima muy combativo, pero también alegre e irreverente, propio de una juventud dinámica y nueva en las “andanzas” de las manifestaciones.

La protesta prosiguió para la Avenida de la Libertad ya con la presencia de algunos activistas más antiguos, que presenciaron primero el carácter reivindicativo, pero que atestaron también la ausencia de disturbios por parte de los manifestantes.

Podríamos haber parado en cualquier línea de este texto para destacar el problema de la violencia policial contra los negros y negras en Portugal, pero detengámonos aquí: la comunidad de origen africano en Portugal.

A pesar de su antigüedad histórica (que se remonta a por los menos 500 años) ha sido sistemáticamente marginada y diabolizada, lo que llevó a que, hoy en día, las negras y los negros en Portugal estén un nivel abajo en términos de derechos y garantías.

Basta recordar la situación de la actual Ley de Nacionalidad, que continúa sin reconocer la nacionalidad a los hijos de los inmigrantes, poniendo a muchos jóvenes inmigrantes en su propio país sin ningún tipo de documentación. La prohibición institucional del uso de la “raza” para fines estadísticos dificulta la demostración rigurosa de la realidad con que nos deparamos.

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Sabemos, no obstante, que los ciudadanos con nacionalidad de los PALOP [País Africano de Lengua Oficial Portuguesa] están tres veces más presentes en las profesiones con menos ventajas y menos calificadas, según datos de 2009 de los Cuadros de Personal del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Y el INE destaca que ellos tienen una probabilidad siete veces mayor de vivir en habitaciones definidas como rudimentarias. Si sumamos algunos resultados del estudio de la socióloga Cristina Roldão, que denuncia que dentro de los afrodescendientes que llegan a la enseñanza secundaria, cerca de 80% son filtradas para la enseñanza profesional, percibimos que, como dijimos en el pasado, “existe una política institucional” en el sentido de mantener subyugada a la población negra en Portugal.

El Racismo de Estado no es, en lo profundo, una cuestión de afectos o una cuestión biológica, sino una cuestión material. La actual condición de la comunidad negra en Portugal, en tanto trabajadores precarios, subempleados, trabajadores informales, desempleados, sirve al Estado portugués y al modelo de país volcado para el turismo y los servicios, que solo puede sobrevivir a costa del trabajo extremadamente mal pago, con vínculos cortos y fácilmente corrompidos. Por eso, nuestros niños son, en su abrumadora mayoría, sacados de la enseñanza regular, impedidos de ascender socialmente. La periferia ha servido como un gran embudo social para alimentar este modelo de sociedad. Y es con este objetivo que entran los medios y la policía.

La diabolización que los primeros promueven, con historias de arrastrones[1], invasiones de escuadrones y, ahora, pedradas de la PSP, sirven para disculpar, encubrir e invisibilizar la violencia física y psicológica de las que la comunidad negra es blanco. Somos mantenidos bajo una red apretada, para que naturalicemos nuestra condición en la máquina del capitalismo portugués.

Es sobre esta base que todas las negras y los negros en Portugal son, para el Estado portugués, Jamaiquinos. Como tal, no tenemos el derecho colectivo a la autoorganización y a la lucha política por derechos. Prueba de esto es el asedio del que los habitantes han sido blanco para que no se organicen.

¿Jamaiquinos o trabajadores?

La lucha contra el racismo, contra la brutalidad policial y por otra Ley de Nacionalidad es, forzosamente, una lucha contra la explotación capitalista, que saca el producto del trabajo a los trabajadores y lo entrega de forma desigual al patrón. Cambiar las condiciones bajo las cuales los trabajadores negros y negras viven, subiéndoles los salarios, significa presionar el aumento de los salarios y la mejora de las condiciones de vida del conjunto de los trabajadores.

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Siendo así, partiendo de la realidad de que la derecha y los del medio a su servicio pintan para mantener la diabolización de los “pendencieros que maman de las tetas del Estado Social”, la izquierda y las grandes organizaciones sindicales no mueven un dedo para solidarizarse, defender y juntar las demandas por igualdad y dignidad de la juventud negra de la periferia.

En su comunicado, el PCP pone el acento en la defensa de la idoneidad de los trabajadores de la PSP. Al estilo patriótico, prefiere ponerse del lado de una de las instituciones fundamentales para la represión de la clase trabajadora, al servicio de quien nos explota y oprime, como ocurrió en 2011 y 2012 durante las protestas contra la troika y la austeridad.

Por su parte, el Bloco de Esquerda (BE), en la voz de Catarina Martins, no solo no defiende a los luchadores de su partido –como Mamadou Ba (SOS Racismo y BE)–, que ha sido blanco de ataques y amenazas racistas, como tampoco busca desvincular las prácticas racistas de la organización policial, para vincularlas a “algunos elementos racistas y violentos”, a pesar de que los casos de violencia policial racista que se suceden dentro de esta institución son recurrentes y continúan impunes hasta hoy, lo que demuestra la connivencia y la estructuralidad de este problema en la policía.

¡Es necesario parar esta brutalidad racista! ¡Es preciso que los agentes en el caso de Jamaica, como en el caso de la Cova de Moura, sean duramente punidos y condenados, para que esto no se repita! ¡No bastan “declaraciones de buenas intenciones” mientras estos casos continúan sucediéndose! La Geringonça que se dice de izquierda no puede dejar impune un solo caso más de estos. Es necesario no solo acabar con esta barbaridad como hacer con que la lucha contra el racismo atraviese todas las instituciones del Estado, en lugar de, como hoy, promover su reproducción.

¡También somos solidarios con Mamadou Ba! A pesar de las divergencias políticas que nos separan tantas veces dentro del movimiento negro, estamos juntos en la lucha contra el racismo y consideramos inaceptable la utilización de cualquier insulto racista, del miedo y de las amenazas de agresión y de muerte como instrumento para desmoralizar a Mamadou Ba o a cualquier otro activista, porque eso es un ataque contra todos los que luchan contra el racismo.

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Es preciso romper con esta política de agenda, que se niega a colocarse de forma inequívoca del lado de los trabajadores, en el momento en que es más necesario. Ya había sido así en el caso de Autoeuropa y en la lucha de los estibadores del puerto de Setúbal. Es preciso construir una alternativa de los trabajadores, independiente del Parlamento y de los patrones, para jugar para ganar contra el racismo, la austeridad y la precariedad.

La impunidad de que las fuerzas de represión y de contención del Estado gozan después de asesinar a los menores Kuku (2009), Diogo Seidi (2013), así como Snake (2010) y Toni (2002), merece un llamado claro a la lucha y a la autoorganización de la población, de los movimientos y de los trabajadores contra la brutalidad policial, contra el Racismo de Estado, y contra el capitalismo que la genera y que se beneficia de ella.

[1] Ver documental “Era uma vez um arrastão” [Era una vez un arrastrón], en: https://www.youtube.com/watch?v=9pfS50Ycguw

Artículo publicado por Em Luta, sección de la LIT-CI en Portugal.

Traducción: Natalia Estrada.