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En 2010, durante el pico de la crisis económica en Europa, Portugal pidió asistencia financiera internacional, cuyo acuerdo quedó conocido como Memorando de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).

Por: Em Luta, Portugal para Correo Internacional, noviembre de 2019

La política de la Troika solo trajo más recesión, destrucción de los servicios públicos y un retroceso brutal en las condiciones de vida de los trabajadores (en 2014, la población en situación de pobreza llegó al máximo de 27,5%), y llevó a emigrar entre 2011 y 2014 a cerca de 500.000 habitantes, en un país que tiene 10 millones.

El pedido de intervención fue hecho por el gobierno del Partido Socialista (PS) de José Sócrates (que tenía a António Costa como el número dos del gobierno, hoy actual primer ministro), pero el plan de contingencia impuesto por la Troika fue aplicado esencialmente por el gobierno que le siguió, una coalición de derecha (PSD-CDS), que enfrentó gran contestación y resistencia. Aún así, las direcciones sindicales nunca quisieron unificar las luchas de los diversos sectores para derrotar el gobierno.

El PCP (Partido Comunista Portugués), dirigiendo el movimiento sindical, y el BE (Bloco de Esquerda), apoyándose en los movimientos sociales, apostaron todo en dejar debilitar el ascenso y convencer a los trabajadores de que era preciso esperar las elecciones de 2015.

El gobierno de la Geringonça

En 2015, quien ganó las elecciones fue la misma coalición de derecha (PSD-CDS). Incluso, no consiguieron formar gobierno, pues la mayoría estaba compuesta por los diputados del PS-PCP-BE. Por eso, el Presidente de la República llamó al segundo partido más votado –el PS de António Costa– a formar gobierno. El PS era minoritario, tampoco conseguiría gobernar solo; por eso, hizo un acuerdo con el PCP y el BE para gobernar.

Este gobierno, producto de los acuerdos escritos entre PS-BE-PCP, quedó conocido como Geringonça. BE y PCP no tuvieron ministros en el gobierno, pero fueron parte responsable de ese gobierno: en un sistema parlamentarista como el portugués, para que el gobierno se mantenga en funciones precisa que el Presupuesto de Estado sea aprobado en el parlamento cada año, o deja de conseguir gobernar. Sin este acuerdo de gobernación con la izquierda, Costa no hubiera conseguido mantener el gobierno por cuatro años.

La austeridad no acabó

La Geringonça fue muy elogiada por la izquierda reformista en todo el mundo, como un ejemplo positivo de unidad de la izquierda y de mejoras para el país. Pero la realidad de la clase trabajadora es muy diferente de esos discursos. El contexto internacional en que Costa sube al poder es el de una situación económica más favorable en la Unión Europea, con impacto directo en la economía portuguesa.

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Pero el crecimiento económico solo sirvió a los patrones y las multinacionales: no cambió la vida de quien trabaja. Las políticas de austeridad no acabaron con la Geringonça. Costa mantiene en lo esencial las medidas del gobierno anterior y de la Troika (que habían impuesto un nuevo nivel de explotación en el país), para sostener ese crecimiento al servicio de la burguesía. Ejemplo de eso es que incluso el pequeño aumento del salario mínimo durante esta legislatura no recupera el nivel de vida anterior a la intervención de la Troika, además de que el costo de vida del país aumentó brutalmente debido al crecimiento del turismo y a la especulación inmobiliaria. El gobierno hizo incluso alteraciones al Código del Trabajo que profundizaron la precariedad laboral, mostrando que estaba ahí para defender a los patrones.

Un gobierno de la UE y el FMI

Por otro lado, el gobierno pagó deuda adelantada, salvó más de dos bancos con dinero público, mantuvo los cortes presupuestarios que continúan asfixiando la salud y la educación. Fue con esta política de austeridad y reducción de la inversión pública a niveles históricamente bajos, que el gobierno consiguió los déficits más bajos de la democracia burguesa (una de las imposiciones centrales de la zona euro es que los países no tengan déficit superiores a 3%).

Entre la Geringonça y el gobierno de derecha anterior, los puntos son más de continuidad que de ruptura. Solo eso explica que este sea un gobierno tan reivindicado por el FMI y la Comisión Europea.

La Geringonça gobernó para los patrones y reprimió a los trabajadores y a la juventud

La Geringonça, al juntar a uno de los partidos que hace varios años gobierna para los patrones (PS) con los dos partidos reformistas (PCP y BE), fue un gobierno de conciliación de clases.

Cuatro años después, está claro que esa conciliación no sirvió a los trabajadores sino solo a los patrones y las multinacionales. El gobierno enfrentó diversas luchas de trabajadores: por derecho al descanso el fin de semana (Volkswagen-Autoeuropa), por salarios dignos (Conductores de Materiales Peligrosos), por evolución y contabilización del tiempo de carrera (enfermeros y profesores), contra la precariedad (estibadores del Puerto de Setúbal), etc.

Tampoco cambió la vida de los sectores más oprimidos, sea los negros, que lucharon por el derecho a la nacionalidad y contra la brutalidad policial, sea las mujeres, que continúan muriendo víctimas de violencia doméstica. Estos continúan siendo los sectores más precarios y mal pagos del país, para quien una parte de las leyes es letra muerta en sus vidas.

Frente a las luchas de los trabajadores en huelga y de los jóvenes negros que salieron a la calle contra el racismo, la respuesta fue la represión y el autoritarismo. En verdad, el gobierno hizo uno de los más duros ataques contra el derecho de huelga desde el 25 de Abril: utilizó los tribunales para decretar servicios mínimos que impedían la huelga, utilizó a la policía y el ejército para sustituir a los huelguistas, y aplicó ampliamente la ley de requisición civil (que permite arrestar a los trabajadores, en caso de que ellos sean instados a trabajar y no lo hagan).

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BE y PCP tienen responsabilidades

BE y PCP dicen que las buenas medidas de Costa se deben a su presencia y que las malas medidas son un problema del PS. Pero no existen dos gobiernos diferentes: hay apenas un gobierno del PS, apoyado por el PCP y el BE, que garantizó la aprobación de cuatro presupuestos de austeridad, al servicio de los patrones. La continuidad de los cortes presupuestarios, de la precariedad, de la degradación del servicios públicos, del pago de los agujeros financieros de los bancos, etc., tiene, por eso, también la responsabilidad compartida del BE y del PCP.

Cuatro años después, para Portugal y el resto del mundo, queda a la vista el resultado de la unidad de izquierda para gobernar en el capitalismo: abdicar de defender a los trabajadores para conseguir migajas de los patrones.

La Geringonça salvó el PS y desarmó a los trabajadores

El pasado 6 de octubre se realizaron nuevas elecciones legislativas: el gran vencedor fue el PS, con 36,65% de los votos; el BE mantuvo el mismo número de diputados, pero bajó su votación; el PCP tuvo una importante derrota electoral. Queda claro que la Geringonça solo fortaleció al PS. De hecho, BE y PCP, al sostener el gobierno durante cuatro años, salvaron al PS de tener un destino semejante al del PASOK griego o de una derrota histórica, como ocurrió con el PSOE español durante el período de la crisis.

¡La defensa de los beneficios de la Geringonça dieron un maquillaje de izquierda a un gobierno de la burguesía, que desarmó a los trabajadores, a la juventud y a los sectores más oprimidos en las luchas, creando expectativas en los pactos y negociaciones con quien nos roba el pan y la dignidad todos los días!

No obstante, si en los medios de comunicación y en la izquierda institucional predominó el apoyo y la exaltación del gobierno, por abajo, un movimiento de lucha enfrentó a los patrones y el gobierno, profundizando un proceso de reorganización que venía desde la crisis económica, aunque todavía de forma atomizada. Es en este sentido que estas elecciones, siendo un reflejo distorsionado de la realidad de la clase trabajadora, expresan también una crisis del bipartidismo y llevan al parlamento a tres nuevos partidos, particularmente un partido de extrema derecha.

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La clase trabajadora busca nuevas alternativas, a la izquierda y a la derecha, porque la Geringonça no responde a sus necesidades y no cambió sus vidas. Costa es ya el nuevo primer ministro y forma un gobierno del PS minoritario, sin acuerdos escritos a la izquierda, pero contando con los votos de esta para permitir pasar su Presupuesto.

Se avecinan cuatro años de un gobierno más inestable, en una coyuntura internacional donde la recesión es una posibilidad cada vez más palpable en la Unión Europea. Los trabajadores, los sectores más oprimidos y la juventud están hartos de la política del mal menor, de la política institucional y de las negociaciones en los pasillos. La izquierda se mostró incapaz de dar voz a sus necesidades.

Los trabajadores que entraron en huelga o salieron a la calle en estos cuatro años muestran otro camino: el cambio solo vendrá de la lucha independiente, democrática y combativa de la clase trabajadora y los sectores más oprimidos. Con o sin Geringonça, el combate a la política de conciliación de clases continuará siendo una necesidad presente. Y la única manera de combatir a la extrema derecha es combatir el nuevo gobierno PS y la política de conciliación de clases de la izquierda, que desarma a los trabajadores. La necesidad de unificación de las luchas, por un lado, pero también de la construcción de una alternativa revolucionaria de los trabajadores, que dé respuesta al proceso de reorganización y de búsqueda de una alternativa antisistema, están a la orden del día.

Artículo publicado en Correo Internacional n.° 22, noviembre de 2019.