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Los últimos días estuvieron marcados por dos discusiones centrales: la señal de alerta frente al creciente número de infectados por el Covid-19 en la región de Lisboa y la movilización convocada por André Ventura para comprobar que Portugal no es racista. Aunque parezca que estos temas no tienen nada en común, en realidad están atravesados por lo que en este momento une al Partido Socialista (PS) y el Chega: la hipocresía.

Editorial de Em Luta, Portugal

Hipocresía y fin del confinamiento

Aún no había pasado lo peor y ya el gobierno y el Presidente se apresuraban a presionar a todos para el fin del confinamiento. Fueron las idas a restaurantes, las idas a la Praia da Rocha, entre varios otros ejemplos, para incitar al país a volver a la normalidad del consumo y de la “economía en primer lugar”. Pero la verdad es la pandemia no terminó. El surgimiento sistemático de nuevos casos desde mayo, particularmente concentrados en la zona de Lisboa y el Valle del Tejo, es el principal ejemplo de eso. Pero ahora que eso puede ser una amenaza al turismo en Portugal, el gobierno hizo sonar los alertas.

El problema –dicen– no fue el fin del confinamiento; el problema son los jóvenes irresponsables, son los barrios pobres. Pero todo esto es una hipocresía completa para esconder que fue el gobierno y el Presidente que dieron el aval para volver a la normalidad. Mientras apuntan el dedo a la irresponsabilidad individual, esconden el verdadero problema y su responsabilidad en él: la reabertura apresurada de todos los lugares de trabajo (con o sin condiciones) y los transportes públicos súper llenos (la Terminal de Lisboa, por ejemplo, se mantiene en layoff, garantizando una oferta debajo de la normalidad, ya insuficiente). Estos son los verdaderos focos de propagación de la enfermedad (como vimos en el caso de Azambuja, y como puede verse en el mapa de los barrios más afectados, acompañando las grandes líneas de transportes de la región), agravados por las miserables condiciones de trabajo , de vivienda y de vida de gran parte de la población en Portugal.

La hipocresía se refleja también, por eso, en las medidas a tomar. En lugar de combatir el problema central –los lugares de trabajo sin condiciones de seguridad y los transportes súper llenos– el Gobierno decidió por mano dura en la condena pública a los manifestantes de la manifestación antirracista del 6 de junio, más multas y vigilancia para quien no cumpla el recogimiento obligatorio en los barrios más afectados. ¿Y en cuanto a las empresas que obligan a las personas a ir a trabajar sin que haya condiciones? ¿Y las empresas de transportes que no garantizan o que triplican la oferta para que haya distanciamiento? Las personas pueden concentrarse al por mayor en los transportes o lugares de trabajo, pero no pueden convivir ni manifestarse, a no ser que sean del Chega, pero ya llegaremos allí.

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Lo peor es que más represión no resuelve el problema de la pandemia, sino que ataca a los trabajadores en su derecho al placer y no en su derecho a organizarse y a luchar, cuando la austeridad del layoff, del desempleo, de la ausencia de renta, del hambre, es la realidad de cada vez más trabajadores y de la población más pobre.

Es esta la hipocresía de quien solo está preocupado, no con la salud sino con garantizar la economía y una imagen del país que no perjudique el turismo. Por eso, cree que lo fundamental es conseguir la Champions de Lisboa e incluso dice que eso será un premio para los profesionales de la salud, que querían medidas reales para fortalecer el Sistema Nacional de Salud (SNS), y no propaganda de la economía por encima de todo.

Hipocresía para probar que Portugal no es un país racista

Finalmente, esta semana estamos enfrentados con la convocatoria de una manifestación hecha por el Chega, titulada “Portugal no es racista”, teniendo por objetivo responder a la manifestación histórica que se realizó el 6 de junio a propósito del asesinato de George Floyd en los EEUU, y donde se puso a la orden del día el problema del racismo en Portugal.

André Ventura intenta con esta manifestación movilizar la agenda de su racismo –tal como ya había hecho con las propuestas de confinamiento de la comunidad gitana– con el objetivo de quitar la atención sobre su falta de alternativa a los problemas que el coronavirus y la crisis económica plantearon. Véase, por ejemplo, que en su programa defendía el fin del SNS, la necesidad de liberar aún más las condiciones de trabajo y el mercado de arrendamiento, todas medidas que harían que los trabajadores estuviesen hoy en condiciones mucho más graves en el combate al coronavirus. No hay nada de antisistema aquí, solo favorecimiento a los más ricos y poderosos. Además, su proyecto de la IV República es un proyecto de refuerzo de los poderes del Estado y de la figura presidencial, que después de 48 años de dictadura vimos bien qué significan, contra los derechos democráticos más básicos de los trabajadores, que tanto costaron conquistar.

La hipocresía de Ventura llega al punto de haber condenado la manifestación antirracista del 6 de junio, con el argumento de la necesidad de control durante la pandemia, pero convoca una manifestación con organizaciones neonazis, que existen para perseguir negros, inmigrantes, LGBTIS, que irónicamente se manifestarán para comprobar que Portugal no es racista. La presencia confirmada de figuras como Mário Machado, que estuvieron envueltas en la muerte criminal de Alcindo Monteiro, demuestra no solo que hay racismo en Portugal sino también que este mata.

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Si el hecho de que Portugal fue uno de los principales agentes del tráfico de esclavos, de haber mantenido el trabajo forzado durante el Estado Nuevo, de haber tenido colonias hasta hace poco más de 45 años (donde negros y blancos eran diferentes por ley), o de haber tenido la última guerra colonial de Europa no fuese suficiente, hoy hay varios estudios que apuntan no solo las enormes desigualdades en el acceso a la educación, el empleo, o la vivienda por parte de las poblaciones negras, como está también probado que el racismo, incluso cuando es denunciado, queda impune en 80% de los casos, lo que significa que las instituciones del Estado cierran los ojos a ese mismo racismo.

Ese es el caso en particular de la policía, que tiene un carácter claramente racista como institución. Estamos convencidos de que hay muchos agentes de autoridad que no son racistas y que se avergüenzan de cada acto de brutalidad racista cometido por sus colegas. Con todo, la policía, como institución del Estado burgués, actúa encarnando y reproduciendo las ideologías del capitalismo, entre los cuales se encuentra el racismo. La impunidad de la violencia policial, que a lo largo de los tiempos se abatió sobre negros y negras, sobre la comunidad gitana y sobre migrantes, es una de las mayores expresiones de cómo el racismo es estructural en la sociedad portuguesa.

Aunque muchos hechos puedan comprobar que el racismo atraviesa la sociedad portuguesa, lanzamos el desafío a aquellos que continúan queriendo probar que Portugal no es racista: pónganse a favor de la recolección de datos étnicos raciales en Portugal. El resultado de la encuesta demostrará dónde viven, cómo viven, y dónde trabajan la mayoría de los negros que habitan aquí.

Si vemos la brutalidad de lo que pasa en EEUU, tenemos que tener el coraje de mirar también la historia de Portugal de forma objetiva, y no creyendo que cada cuestionamiento es una afrenta. Si vemos la brutalidad de lo que pasa en EEUU, tenemos que ser capaces de ver que la realidad en Portugal tiene muchas semejanzas, no solo en la violencia racista sino también en la desigualdad social por causa del racismo que atraviesa todas las esferas de la vida de negros y negras de nuestro país.

Fue la lucha por la independencia de los países africanos que abrió las puertas para la caída de la dictadura y la revolución en Portugal. Miremos para la lucha contra el racismo como una oportunidad para ver que quien gana con el racismo y la división que este causa entre nosotros son los grandes capitalistas.

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Contra el gobierno y la extrema derecha, unir a los trabajadores en la lucha contra el capitalismo

Estamos en un momento de una gran crisis económica y social. André Ventura, el Chega y los neonazis que traen consigo, son aquellos que en esta crisis quieren culpar a los negros y a los gitanos como la fuente de los problemas cada vez más graves que los trabajadores viven y vivirán en los próximos tiempos, mientras los grandes capitalistas portugueses, como Ricardo Salgado y tantos otros, continúan ganando con nuestra miseria.

Estamos, como siempre estuvimos, en la línea de frente al combate contra el gobierno de Costa y la derecha, que nos han hecho pagar crisis tras crisis en las últimas décadas. Estamos por combatir también la hipocresía del gobierno, que pregona la vuelta a la normalidad para los lucros, pero condena y reprime a todos los que no están al servicio del capital. Así como estaremos en el combate al racismo y al discurso de la extrema derecha que cabalga las desigualdades socioeconómicas en la sociedad con un discurso que nos divide y que es fatal para nuestra clase.

Tenemos la convicción de que ser antisistema no es culpar a los más pobres y oprimidos por las dificultades que el sistema les impone; es unir a los trabajadores para derrumbar el capitalismo, que precisa de la opresión para explotarnos aún más a todos.

Artículo publicado en https://emluta.net, 26/6/2020
Traducción: Natalia Estrada.