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La pandemia de coronavirus hizo desencadenar las contradicciones económicas que ya estaban latentes hace meses. No obstante, los patrones ya están poniendo los costos de esta situación sobre los trabajadores, transformando una pandemia de salud en una pandemia social.

Editorial de Em Luta, Portugal

En un país donde cerca de 25% de la población ya lucha para poder sobrevivir con el salario mínimo, el impacto sobre la clase trabajadora es brutal. Costa habla de medidas de apoyo a las familias y empresas, ¡pero no dio nada a los trabajadores!

La vergüenza de los despidos y lay-off

Son millares de despidos, no renovaciones y recisiones de contratos ilegales, además de la imposición de reducción de horarios y el goce forzado de vacaciones. Son más de 3.600 empresas que ya pidieron para adherir al sistema simplificado de lay-off (reducción temporaria de los períodos normales de trabajo o suspensión de los contratos de trabajo); este sistema está previsto por el gobierno en sus medidas de ayuda a las empresas, haciendo que los trabajadores pierdan 1/3 del salario (del salario pago en régimen de lay-off, 30% es pagado por la empresa y 70% por la Seguridad Social).

Muchos trabajadores miran la situación de la economía y piensan que no hay alternativa. Pero, ¿en verdad no hay? Empresas como la Groundforce, Vanpro del Parque Industrial de la Autoeuropa, Fnac, Decathlon, y Primak ya pidieron adherir al lay-off, pero el año pasado tuvieron ganancias de muchos millones de euros. Entonces, ¿estas empresas no tienen dinero pagar los salarios? ¿O quieren, simplemente, que sean los trabajadores los que paguen doblemente (a través de la pérdida de rendimiento y de la Seguridad Social) para mantener las ganancias de sus accionistas?

Finalmente, el lay-off ni siquiera garantiza que después de esto los trabajadores no serán despedidos igual. O sea, lo que aparece como alternativa al despido ni eso es.

Además, de los bolsillos del Estado (o sea, de nuestros impuestos) ya hemos pagado millones de euros para los bancos, que ahora continúan siendo protegidos por el sistema de crédito propuesto por el gobierno, o sea, hay reducción de salarios, pero no hay reducción de los alquileres, del agua, de la luz, etc. El gobierno permite el atraso de los pagos para proteger la banca, que después nos va a cobrar con más intereses aún.

La cuenta de este dinero para ayudar a las empresas, y que en nada ayuda a los trabajadores, será cobrada después con fuertes medidas de austeridad, ¡que serán una vez más cargadas sobre nuestras espaldas!

Los últimos años fueron de lucros exorbitantes para la mayoría de las empresas de la banca, a costa de los bajos salarios de los trabajadores en la pos troika. ¡Son los mismos que ganaron a costa nuestra los que ahora quieren que volvamos a pagar por esta crisis!

¡Es preciso prohibir los despidos, con efectos retroactivos (desde el inicio de la pandemia), y garantizar los salarios de los trabajadores a 100%! ¡Hay dinero para eso en los presupuestos inyectados en la banca, en las PPPs [Parcerías (asociaciones) Público Privadas], en los apoyos a la salud privada (cerca de 40% del presupuesto de la salud), y en los lucros de las grandes empresas! ¡Es necesario suspender el pago de la deuda para generar fondos para garantizar las necesidades del Sistema Nacional de Salud (SNS), pagar a los trabajadores, y ayudar a las micro y pequeñas empresas a garantizar empleo y salarios! ¡Rechazamos inyecciones de dinero a privados! ¡En los sectores esenciales, como la TAP [Línea Aérea] y la Groundforce [asistencia en escala al transporte aéreo], que se nacionalice sin indemnización! ¡Dinero público al servicio de los trabajadores y no para garantizar ganancias de privados!

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Se renueva el estado de emergencia reprimiendo aún más a los trabajadores

El presidente de la República, apoyado por el gobierno y por el parlamento, renovó el estado de emergencia. Las organizaciones sindicales dejan de tener una palabra en la aprobación de la legislación laboral (nada dice sobre las asociaciones patronales); refuerza el ataque al derecho de manifestación y reunión (no se pueden reunir más de cinco personas que no sean familia); aumenta la represión para los desplazamientos, impidiendo la circulación entre concejos y castigándola como crimen de desobediencia, mientras obliga a millares a continuar trabajando en funciones no esenciales todos los días; obliga a los trabajadores a que puedan ser cambiados de lugar de trabajo y tener reducción de horario si fuera considerado necesario por el gobierno; agrava las medidas contra el derecho de resistencia, en un momento en que las autoridades policiales cada vez más muestran la forma autoritaria y arbitraria con que interpretan la ley y abusan de su autoridad; prevé el refuerzo de los poderes represivos de las fuerzas armadas.

Finalmente, en lugar de prohibir los despidos (lo mínimo a hacer en la situación actual), el gobierno quiere arrojar arena en los ojos reforzando solo los poderes de la ACT [Autoridad para las Condiciones de Trabajo] para declarar un despido ilegal, cuando la ACT no responde a las necesidades de los trabajadores en una situación normal, mucho menos en una situación de pandemia social.

El estado de emergencia no garantiza la cuarentena general en todos los sectores no esenciales, que continúan teniendo que ir a trabajar en muchas regiones del país. El estado de emergencia solo reprime a los trabajadores que quieren luchar para cerrar sectores no esenciales, que quieren luchar contra los despidos y lay-off injustos, que quieren luchar para tener derecho a la protección digna cuando están en funciones esenciales.

Además, el estado de emergencia y la campaña que atraviesa los medios de comunicación social sobre los supuestos incumplimientos individuales sirve solo para desviar atenciones y esconder la (ir)responsabilidad del gobierno de no garantizar los medios necesarios al SNS y de preocuparse más en preservar las ganancias de las empresas que nuestra salud. Si esta fuese su mayor preocupación, requisaría los hospitales privados y garantizaría la cuarentena para todos los sectores no esenciales, en lugar de atacar aún más a los trabajadores.

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Unión Europea niega solidaridad y prepara más austeridad

La UE muestra cada vez más su verdadera naturaleza. El problema no es si emite o no Eurobonds, como discuten las televisiones. ¡El problema es que la UE no discutió ni ayudó hasta ahora a ningún país en el combate al coronavirus, no prohibió los despidos, no destinó fonos para la salud de los países!

La UE permitió el cumplimiento del déficit, pero ya prevé las medidas de austeridad necesarias para cobrar esos gastos extras con medidas aún más duras que en el tiempo de la troika.

No es por casualidad que Alemania es el país que tiene más camas en cuidados intensivos y menos muertos en esta pandemia, pues mientras obligaba a los países del Sur de Europa a medidas de brutal austeridad, se enriquecía a costa de los pagos de la deuda de esos países y de la necesidad de estos de comprar productos a la Unión Europea.

Por eso, Costa dice que las declaraciones de ministro holandés son repugnantes. Y son. Pero lo que Costa no dice –porque también es su política– es la repugnancia de toda la política de la UE, que solo se importa en salvar banqueros y no en salvar vidas, con la asesoría de su ministro de Finanzas, Mário Centeno, al frente del Eurogrupo.

¡Queda claro que no hay ninguna solidaridad en esta Unión! ¿De qué nos sirve estar en la UE y en el euro? Solo para hacernos la economía más dependiente, los servicios públicos más destruidos, y a los trabajadores más pobres. ¡Esta unión solo sirve a los banqueros y capitalistas! Solo una Europa de los trabajadores y de los pueblos puede encarar una pandemia a favor de la mayoría de la población.

Contra la “unidad nacional” de los patrones, ¡la unidad de los trabajadores!

Se habla de unidad nacional, pero es la banca y las grandes empresas que están una vez más chupando el dinero de todos nosotros, mientras los trabajadores pasan dificultades cada vez mayores. No hay unidad nacional, hay sí aquellos que pretenden más lucros, y aquellos que precisan luchar por su salud y por un trabajo digno. ¡Hay lucha de clases para combatir la pandemia de salud y la pandemia social!

Pero buena parte de los sindicatos entraron en el discurso de la “inevitabilidad” y del “tenemos que estar todos juntos”. La CGTP dice que está contra los despidos y el abuso de los lay-off, pero desarmaron a los trabajadores para resistir a los ataques en curso. En la Groundforce, los sindicatos no solo recusaron defender a los trabajadores por la falta de protección para trabajar, como asumieron como inevitable el lay-off “en este momento difícil”, haciendo unísono con la empresa. En OGMA, los sindicatos aceptaron que este es un sector esencial y que tiene que continuar trabajando, cuando la mayor parte de la fábrica produce piezas para aviones, para exportación. En los call-centers, solo el STCC [Sindicato de los Trabajadores de Call Center] ha batallado para parar los servicios no esenciales; los restantes sindicatos dejan a los trabajadores a su suerte.

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PCP y BE levantan algunas medidas de apoyo a los trabajadores, pero acaban por caer en la política de conciliar la economía de los patrones con la salud pública, lo que permite a los patrones no cerrar lo que no es esencial y, por lo tanto, continuar propagando el virus. Además, son conniventes con el estado de emergencia, que impone la mordaza a los trabajadores mientras los patrones atacan. La mayoría de los sindicatos y de la izquierda parlamentaria apuesta, así, a la unidad nacional que salva a los patrones, y no a la defensa de los trabajadores.

La pandemia no acabó con la lucha de clases. Por el contrario, la agrava. Por eso, es preciso romper con el corporativismo en cada sector y con la unidad nacional propuesta por las direcciones sindicales. Es preciso construir una unidad de lucha de los trabajadores y de la población más pobre para impedir la pandemia social y construir una cuarentena organizada por los trabajadores y que verdaderamente nos proteja.

¡Frente a la pandemia, la salida no es esencialmente individual, sino social, para garantizar la solidaridad y la salud colectivas! Los patrones y el gobierno son incapaces de hacerlo. Solo los trabajadores lo podrán cumplir. El sistema capitalista es nuestro obstáculo. ¡Una alternativa revolucionaria es necesaria, por nuestra salud y por la dignidad de nuestras vidas!

Artículo publicado en https://emluta.net
Traducción: Natalia Estrada.